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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, octubre 13, 2007

Cuádruple alianza

EL TRATADO DE LA "CUÁDRUPLE" ALIANZA

El Mcal. López y la guerra
Por Rubén Bareiro Saguier
La figura del Mariscal Francisco Solano López fue largamente -y sigue siendo- objeto de opiniones radicalmente opuestas. Se trata de un monstruo, un tirano que "provocó" la guerra cuya consecuencia fue la ruina del país, por poco su aniquilamiento como estado independiente. Esta posición sostenida por "los roedores de los mármoles de la patria", se opone frontalmente con la de los partidarios encarnizados -y también fanáticos- defensores de la figura del Mariscal Juan O' Leary a la cabeza. El largo y enconado enfrentamiento persiste hasta nuestros días. Y fue mezclado con los acontecimientos políticos diversos, como la bastarda utilización del nombre del Mariscal por el dictador Alfredo Stroessner como uno de sus "predecesores", con lo cual terminó de acumular basura sobre Francisco Solano López, quien llegó hasta Cerro Corá, en donde murió "por su patria", y no abdicó cobardemente en el cuartel de la presidencia.
(continúa en

4 comentarios:

Geraldo dijo...

Este blog realiza um excelente srviço, contribuindo para mostrar aspectos da cultura do PARAGUAY.
Minha congratulações.
do Brasil
Geraldo

kurubeta dijo...

Y del mundo, también, no s{olo do Paraguai, mio amigo rapai, danke, muitas abrazom pra vocé, chera'ato!

kurubeta dijo...

Contra estas posturas, más que enceguecidas, totalmente cínikas va el post de Bareiro saguier:


Domingo 14 de Octubre de 2007


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Inicio / Artículos / Maldita guerra



Fecha: 16 DE Enero DE 2006


Medio: DEBATE




OTRA VISIÓN DE LA TRIPLE ALIANZA
Maldita guerra

El historiador brasileño Francisco Doratioto ayuda a deshacer algunos mitos del conflicto que enfrentó a paraguayos con argentinos, brasileños y uruguayos.



Un senador proclamó en Río: “La maldita guerra nos atrasará medio siglo”. El Marqués de Caxias le escribió a otro prominente militar brasileño, Joaquim Luís Osório: “Esta maldita guerra nos ha arruinado”.

Maldecir la prolongada marcha contra Francisco Solano López se hizo hábito, en el Imperio y en la Argentina.

El historiador brasileño Francisco Doratioto eligió la imprecación —Maldita Guerra— para titular una nueva historia de aquella campaña: 636 páginas, fruto de trabajosas investigaciones que insumieron 15 años.

El trabajo no conformará a quienes esperen el relato de una epopeya libertadora.

Tampoco a quienes quieran probar que la Triple Alianza fue armada por Inglaterra para liquidar el “modelo paraguayo de desarrollo autónomo”.

Doratioto ayuda a deshacer mitos.


Mito N° 1. “Solano López quería saciar su sed de riquezas y de sangre”. Solano López fue ambicioso y feroz; pero no sólo eso. Con su país aprisionado entre dos gigantes, procuraba un “espacio vital” (Mato Grosso, Misiones, el Gran Chaco) y un puerto marítimo (Montevideo). Cuando invadió el Mato Grosso y Corrientes, hizo dos apuestas: 1) Conflictos internos e intereses nacionales contrapuestos impedirían la alianza brasileño-argentina, facilitando así la expansión paraguaya. 2) Caudillos argentinos, resentidos con Buenos Aires y Río, ayudarían al ejército paraguayo a tomar Uruguay, ocupado entonces por Brasil. Solano López repondría entonces a los blancos en el poder, y lograría acceso permanente al puerto montevideano.

Mito N° 2. “Paraguay fue el agredido”. Solano López comenzó a preparar una fuerza ofensiva cuando era Ministro de Guerra de su padre, Carlos Antonio López. Hacia 1860, Paraguay tenían 77.000 efectivos militares, contra 18.000 de Brasil, 6.000 de la Argentina y 3.000 de Uruguay.

Mito N° 3. “La Triple Alianza fue un mero instrumento de Inglaterra”. La Corona y los comerciantes británicos apoyaban todo cuanto favoreciera sus intereses. Sin embargo, algunas alegaciones revisionistas carecen de fundamento:

“Inglaterra quería el algodón del Chaco porque la Guerra de Secesión norteamericana había dejado a su industria textil sin materia prima”. Cuando se formó la Triple Alianza, la Guerra de Secesión ya había terminado. Además, los molinos ingleses ya habían sustituido el algodón norteamericano por el egipcio.
“Inglatera necesitaba el mercado paraguayo para colocar manufacturas”. Solano López cerró, en vida de su padre, un duradero trato con la Blyth & Co. de Londres, que proveyó armas, entrenó a jóvenes paraguayos y mandó 250 técnicos a Asunción; entre ellos, William K. Whytehead, ingeniero jefe del país; y Thompson, ingeniero jefe del ejército. Las obras públicas las hacían los ingleses, convertidos, a la vez, en grandes proveedores: antes de la Guerra, 65% de las importaciones paraguayas eran manufacturas británicas.
“Los aliados eran títeres de los ingleses”. Brasil había roto, en 1863, relaciones con el Reino Unido. Fue a raíz del bloqueo británico de la bahía de Guanabara y la captura de cinco naves brasileñas.
“Inglaterra impulsó la guerra”. Los británicos querían evitar la guerra, perjudicial para el comercio. En 1867, el Secretario de la embajada en Buenos Aires, G.F. Gould, llegó a un acuerdo con Solano López: se sellaría la paz y las disputas (Mato Grosso, Misiones, Chaco) se someterían a arbitraje. Los aliados dijeron “no”.
“Solano López luchó solo, contra la Triple Alianza y las grandes potencias mundiales”. Estados Unidos simpatizaba con Solano López. En 1866, el Departamento de Estado propuso a los aliados, sin éxito, un armisticio o el arbitraje del Presidente Andrew Johnson. El embajador estadounidense M.M. MacMahon trabó amistad con Solano López y lo acompañó en parte de la guerra. Cuando el paraguayo murió, MacMahon alabó en el New York Times a aquél “verdadero caballero”, “académico” y “valiente”.


Mito N° 4. “El gobierno argentino fue el más belicoso e intransigente”. Pedro II sospechaba del Presidente Bartolomé Mitre, a quien juzgaba demasiado conciliador.
Durante la guerra, Mitre mantuvo, en Yataytí-Corá, una conferencia de cinco horas con Solano López. Quedó —según confió a su vicepresidente— “bien impresionado” por aquél hombre, que defendía sus posiciones en forma “digna y conveniente”.
Tras el encuentro, Pedro II dijo: “Tengo mucho miedo a la diplomacia de Mitre”.


Mito N° 5. “La Guerra del Paraguay fue una aventura unitaria, resistida por los federales”. Juan Manuel de Rosas nunca reconoció al Paraguay (independiente desde 1842), e hizo falta el advenimiento de Justo José de Urquiza para que se firmara el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación: un acuerdo que dejó en suspenso, por seis años, las disputas limítrofes.
Es cierto que algunos federales —partidarios de la fragmentación del país—procuraban el cobijo de Solano López. Éste, sin embargo, tenía más claridad que algunos caudillos: “La integridad territorial de la Argentina es una condición para el equilibrio regional; sin ella, Brasil se tornaría hegemónico”.
En cuanto al unitario Sarmiento, fue crítico implacable de la Triple Alianza, y aguardaba la intervención de los Estados Unidos, con la esperanza de que —al llegar la paz— Brasil no se quedara “con todo”.




Vidas Paralelas

Las comparaciones son discutibles. No obstante —como lo descubrió Plutarco— son útiles al historiador. En las siguientes, no hay Alejandros ni Césares. El método, de todos modos, sirve:

Solano López y Galtieri. Solano López creyó que Paraguay podía enfrentar con éxito a una potencia (regional). Confió en el “factor sorpresa”, que le permitiría una ganancia inicial; y en la “ventaja defensiva” que —en un territorio casi inaccesible— le bastaría para consolidar aquella ganancia. Pensó, además, que la otra potencia (regional) no estaba en condiciones de entrar en la guerra. Su planteo inicial pudo no ser errado, pero se volvió suicida cuando las dos potencias se aliaron.

La Triple Alianza y el Mercosur. Según Doratioto, tanto el Partido Conservador de Brasil como la “política tradicional” argentina promovían el desacuerdo crónico entre ambos países. Entre 1862 y 1868, una coincidencia favoreció el entendimiento. En Brasil, llegó al poder el Partido Liberal, pro argentino. Aquí triunfó Mitre, para quien “la Argentina y el Brasil debían establecer una política de cooperación, ejerciendo una hegemonía compartida”.

Mitre y Bush. Cuando comenzó la guerra contra el “monstruo” paraguayo, Mitre prometió: “En 24 horas [estaremos] en los cuarteles, en 15 días en Corrientes, en 3 meses en Asunción”. El 1° de mayo de 1868, Mitre justificó ante el Congreso una decisión que, a esa altura, era harto cuestionada: “Esta guerra que no buscamos, que no deseábamos, era inevitable debido a la naturaleza del poder despótico e irresponsable del gobierno del Paraguay, que constituía una amenaza perpetua [...] debido a la concentración de elementos militares en su territorio”.

parapiti pora dijo...

KIRCHNER, MITRE Y SOLANO LÓPEZ.Artículo publicado en Siglo XXI de España

Por Luis Agüero Wagner*

Gran indignación ocasionó entre los editorialistas del diario La Nación de Buenos Aires el elogio que hiciera del Mariscal Francisco Solano López la nueva presidenta de la república Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ante la decisión de honrar la memoria del héroe paraguayo confiriendo su nombre a un regimiento de artillería argentino.
Desenterrando un enfoque histórico decimonónico, hoy perimido en círculos académicos argentinos, desde el diario familiar de los Mitre se establecieron paralelismos entre el jefe de estado paraguayo que enfrentó a la Triple Alianza y el dictador alemán Adolf Hitler, y por extensión, entre Bartolomé Mitre y las democracias europeas que enfrentaron a la Alemania Nazi.
Se entiende la interpretación de la mandataria por su conocida militancia en el movimiento peronista de izquierdas, notoriamente imbuido de la contextualización, matización y tono que dio a su obra el gran revisionista de la historia argentina José María Rosa, ex embajador de Argentina en Paraguay durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Sobre Rosa debe precisarse que al contrario de lo señalado por los que maliciosamente lo relacionan con el general Alfredo Stroessner buscando descalificarlo, en realidad era un declarado admirador de Fidel Castro y entrañable amigo del Dr. Agustín Goiburú, acérrimo adversario de la dictadura paraguaya.
Sin profundizar sobre la evidente carga emotiva que puedan tener episodios de la historia sudamericana como la guerra del Paraguay (como se conoce en Argentina al genocidio sufrido por el pueblo paraguayo entre 1864 y 1870) para los familiares y descendientes de quien fuera jefe del ejército aliado en gran parte de ese infame capítulo de la historia, las asimétricas analogías del diario La Nación de Buenos Aires ameritan algunas observaciones que intentaré hacer tan objetivas como humanamente sea posible.
En primer lugar, Bartolomé Mitre estaba lejos de ser un Winston Churchill, quien llegó al gobierno con el voto de confianza de sus propios adversarios políticos de la Cámara de los Comunes y encabezó un gobierno de coalición durante una guerra que jamás buscó con ambiciones o intrigas, y que ya llevaba nueve meses cuando asumió el gobierno.
Quien algo conoce la historia argentina sabe perfectamente que Mitre jamás fue un jefe de estado electo en elecciones democráticas, sino un simple caudillo que detentó el poder por la fuerza de las bayonetas, que además se impusieron en la batalla de Pavón a su ocasional adversario, merced a un contubernio masónico y no por dotes militares. No era el caso de Solano López, quien accedió a la presidencia por herencia, es cierto, pero de la forma más pacífica que hubiera podido soñar una Argentina envuelta en una interminable guerra Civil cuyo casus belli era la anglofilia y los prejuicios étnicos por parte del bando porteño de Mitre. Es conocido por haber sido repetido hasta el hartazgo por la historiografía argentina el consejo que recibiera de Sarmiento de no ahorrar la sangre de los gauchos y utilizarla como abono para el país, que cumplió al pie de la letra enviando a miles de sus compatriotas al exterminio en episodios como la batalla de Curupayty.
De ese exterminio ni siquiera se salvó el hijo del ilustre boletinero de ejército de Urquiza, gaucho de las letras y montonero intelectual hoy presentado como gran educador ante la niñez argentina, el talentoso periodista Dominguito Sarmiento, quien murió desangrándose a corta distancia de las trincheras paraguayas porque Mitre y su estado Mayor negaron autorización para su rescate bajo fuego enemigo solicitado por gallardos oficiales del ejército argentino. Tal vez conociendo la indolencia y falta de cualidades de su Comandante en Jefe, el mismo Dominguito había dejado una conmovedora carta antes de la batalla presagiando tan injusta muerte en aquel hermoso día primaveral de 1866.
El escritor inglés John Berger dijo alguna vez que en algunos casos extraños la tragedia de la muerte de un hombre completa y ejemplifica el sentido de toda su vida, frase que da una clave para comprender el entrelazamiento entre Solano Lòpez y los montoneros, un lugar muy común en el revisionismo argentino, al que recurre para explicar su visión histórica con modelos que forman parte de su bagaje conceptual. El mismo Juan Bautista Alberdi había señalado a la invasión de Corrientes agitada por La Nación hoy como si estuviéramos en 1865, como un episodio de la guerra civil argentina, que había suscitado en Argentina más levantamientos contra Mitre que sentimientos adversos hacia el Paraguay, del mismo modo que los descalabros mitristas eran festejados en Entre Ríos, Catamarca, Mendoza y otros puntos de la geografía argentina con mayor entusiasmo que sus victorias.
No es del todo fácil comprender lo que un Mitre pueda sentir y opinar sobre Solano López, cuyo cadáver se pretendió desaparecer en el olvido como el de Eva Perón. Más fácil es entender la contrariedad ante la resistencia del mito paraguayo al significado de derrota donde lo quiso instalar el Poder, batalla que sigue tan vigente para los descendientes de quien prometió tomar en tres meses Asunción, y lleva 142 años fracasando en el empeño.


*escritor paraguayo, autor de “Las Banderas de Mitre” y “Fuego y Cenizas de la Memoria”