kurupí akärakú paraguay akärakú kurupí paraguay akärakú paraguay akärakú paraguay

KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, junio 21, 2007

Hijos como estrellas

Para las que no dudaron un minuto en suicidarse de su frivolidad
El origen de mi paternidad viene de la época de los carteos promiscuos con personas a quienes conocía apenas efímeramente como estrellas fugaces bombardeando mi horizonte y recién, cuando se refugiaba de vuelta a su terruño, comenzaba una larga relación epistolar. Generalmente se trataba de chicas que habiendo ahorrado guita en un laburo, como bancarios de rango inferior en Suiza, Llegarzones veraniegos en Malmö, becarios en Bezançon, recalaban por Britania Pub donde caían en el lazo de este zorro.
La idea me la dio indirectamente, la suiza con quien tuve un encontronazo en el baño de hombres, donde la hallé boquiabierta por la confusión ante el milagro erecto de mi pija de un jeme y medio agitándose furioso sobre el lavabo, goteando su agónica orina suprema, antes de embarcar de nuevo para la mesa como de hostal donde la cerveza gargajeaba su espuma…La tomé de la cabeza y mi gemen y medio de pene cuando erecto fue atrapado entre los arrecifes coralinos de sus dientes alimentados hasta alcanzar los blancos de esa leche de cabra a lo Heidi, claro la eyaculación y la brevedad el compartimiento incluido su impertinencia social, cortaron profundizar o continuar la relación.
Meses después recibí en mi casa de Lambaré, cercana al canal 13, una carta atiborrada de estampillas tirolesas que contenía dos hojas gruesas de carta manuscrita, en un inglés macarrónico salpicado de retorromano rijoso e interrumpido de risas de niña aficionada a masturbarse mientras la madre lee su Biblia calvinista. Su posdata daba el santo y seña del chisme intercontinental: tenía pegado como stickers 4 estrellitas multicolores, de relumbres juvenilmente sádicos. Tres de las estrellas, por la célebre lentitud suiza de su correo, se marchitaron en el trance de cruzar el charco, la cuarta, estrella de la liberación y del nacimiento de mi hijo primogénito, este cuento hardcore, de un azul Prusia, respondía al nombre de Pink Floyd, la lengua lo fue masticando en principio como un chicle sin azúcar pero Lambaré se fue llenando de púberes transparentes jaspeadas en sus tornos ebúrneos de colores de piedras preciosas, puro dante psicodélico, cuatro hojas de puro chorro espermático…de Lambaré invertida por un ínfimo «brilla brilla estrellita» lanzado a cruzar la línea de la civilización, su autor o demiurgo, en este, caso esta suiza doida, montñesa con olor a chico, fungía de Mozart hembra, suiza, borrougsiana…
Desde entonces, despachar cartas es todo un arte para mí. Mi última obra, el motivo de estas líneas, es no solo un relato sobre la paternidad del hasta entonces tierra baldía de este paraguayo.
Empecé una historia de amor a distancia, por web cam, chat y comunicación virtual como se estila en estos siete años recientes, como si jugar al amor fuera hacer literatura oral. Ella era una turca fantástica de voz tibia como el café que se tomaba tres veces al día en la metodología que hizo famoso el país de la media luna desde que Viena fue defendida por sus sitiadores de aljabes de 5 jémenes de amor mahometano por el barón Munchaussen. Como era tan bella y distante como una dama medieval, mi cortejo virtual debió ser vencido no con el pañuelo que originó el fetichismo sino con el genio que guarece la lámpara de Aladino suponiendo la existencia de un Aladino hermético y sexual.
Después de dejar el sobre de Manila matasellado con la cara de Sigmund orbitada de pájaros gua'á, maracaná, campana, chovy, pykasumí y otra aves nativas de jetas enormes como falos de gemen y medio, compré la novela de un lacaniano argentino de la librería que queda en un shopin de nombre heroico en su significación.
Ella relató su parte. A los 7 días exactos en que según todas las versiones bíblicas dios completó el mundo recibió mi correo certificado y erizado de pájaros lujuriantes. Una de las hojas tenía un escáner del remitente, en bolas, mojado de semen de pura paja rememorante. Ella se la frotaba religiosamente con la cara absorta boquiabierta proyectada hacia su altar donde un dios pagano sonreía cachia’i y churro, contra su botón suave y metódicamente hasta que un mínimo de vida fecundante se incrustó en su útero semita. Los augurios de las pitonisas aborígenes hablaron de, si nacía niña, que tendría una belleza de sulamita como la madre, pero de sangre pervertida, neurótica, mórbida, es decir su interior saldría por el padre tardío. A los siete meses de embarazo, de redondeada tibieza esteatopígica, calitopígica, de tetas pletóricas de prolactina cayó en mi Asunción madre de ciudades y cuna de pijas dulces para tantos extranjeros, tomó hospedaje en un hotel 5 estrellas sin efectos ostensibles sobre las neuronas, por allí en el centro, cerco de otro shopin... Comía carne paraguaya no sólo por prescripción médica, sino con delectación antropofágica en su restorán de la planta baja de tanto en tanto tarareando en los cafés desleídos las composiciones de los Mozart mestizos...Durante las noches la visitaba y teníamos sexo aprovechando al máximo el tiempo que quedaba antes de la veda del amor en nombre de los fetos ansiosos de luz y vida, hasta los 8 meses exactos, en que me limitaba ya apenas a llevarle periódicos y leerle algunos de mis relatos disparatados poblados de esquizoides asuncenos.
Llegado el momento del parto, la llevé a Cruz Roja, donde el padre primerizo había dado sus rabietas budistas hace cuarenta años. El plan, de una precisión yemenita, era que cuando naciera la Sherazade, la niña de mis ojos estrellados como los ojos de los niños manga, la madre por cuarta vez, la dejaría y volvería junto a sus otros hijos, ya grandes para ser metaleros de carta cabal y ocupar colegios chetos protegidos por el muro erizado de porras, del largor de 3 jémenes a lo sumo, del gobierno socialista de turno. Volver junto a sus adolescentes progres, ayudarlos con su patada espontánea de madre contra los carabineros gubernamentales, salvarlos del los gases lacrimógenos, luchar allí junto a ellos en las barricada, alcanzarles sus remedios contra enfermedades crónicas que no interferían de todos modos en la varicosidad de sus luchas de esplendor juvenil, de la belleza de la vida mordiendo fascistas.
El plan era perfecto pero Sherazade —lo olvidamos como lectores distraídos del vida que somos— nunca viene sola…Su gemela, 30 gramos más ligera, cinco minutos más vieja, apenas un gemen de vida latiente, Leila, tuvo que volver con la madre bifurcando nuestro destino con dos ahoras atónomos independientes paralelos vertigionos en su plenitud que arrancaba ahora. Ahora seguro su madre, Ima Sumac multípara, estará esperando está carta, que acá en mi tierra de incrédulos piensan que es mero cuento sucio elucubrado por un mal parido que odia a todo gobierno de izquierda latinoamericano.
Sherazade gusta de Mozart le digo a la turca y ella a su vez me comenta que Leila es más fanática de su vecino de siglo, el irónico y amado por los plagiarios, Vivaldi, autor de la opera Montezuma, legitimador de una América de indias en toples montada en pumas y yaguaretés de mirada masculina, nuestra fantasía que no terminan de cantar su brillo en el cielo que cae con su convexidad maravillosa como si fuera otra estrellita enviada por un cartero amable y culto como los carteros de Tarkovski. Y ama más el atardecer que la noche, acaso hipnotizada por las estrellas vertiginosas en su alineación numérica, en su giro lácteo., del derviche que algún abuelo fue que surca su sangre mitad árabe mitad mancebo de la tierra, de la Asunción que la vio nacer.
Asunción, invierno del 2007, 3 a.m.
Cristino Bogado

6 comentarios:

Rain (v.m.t.) dijo...

Rítmico como jakembó de palabras.
Los Rolling Stones, Sherezade y el zooom de la vida, todo sintonizando.

Grandes salutes, Kurupí.

Cristina Chain/ Huir dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vero dijo...

¡Qué bárbaro! Un texto al galope, como para quedar absorta y boquiabierta. Buenísimo.

kurubeta dijo...

Mis proximos cuentos, si dejara de correr como un maldito personaje de POlanski, mientras ustedes toman manhattans..serán "Los putos de Strosner" y "Esta noche saldremos a m/atar lesbianas"...Sí, empiezo por los títulos, me desahogo, soy un solitario, ke se desahoga, pero soy sincero, dejo salir mis furias, mis resentimientos, hago literatura con el "mal"...

kurubeta dijo...

Rain, jakembó es con la j aspiraDA...y SIGFNIFICA EL JUEGO DE PAPEL PIEDRA Y TIJERAS, EN PERU CREO SE DICE YANKEMPÓ.
vERO,LO ESCRIBÍ EN UNA DE MIS NOCHES DE INSOMNIO, A VER SI VOLVÍA LOS ANIMOS A MI CUERPO Y A MI ALMA, KE ME EXCITE DE NUEVO, QUE SE PARE LA VIDA Y PENETRO LOS CUERPOS OPACOS EN SU JASPEADO LUJURIOSO...gENEROSIDAD MORDIDA, FUE AL PEDO, A GRACIAS EN CAMBIO A VOS POR LA BUENA TOS...

Carlos dijo...

sí, a mí también me gustó