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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

domingo, abril 08, 2007

VENERIS DIES

Extraña atmósfera de ciudad fantasma la de este Viernes Santo en Asunción; prima facie, se diría que aquí la gente se toma por lo menos una cosa en serio. Raro país éste, de devociones y deslealtades, de corrupción y fe, me dije. Pero tal impresión, al cabo de unas cuadras de mi deambular dromomaniaco, se me antoja demasiado optimista. “Fe” parece palabra algo excesiva para la que, tras las fachadas de las casas, imagino una estancada domesticidad donde los misterios gozosos, dolorosos, et caetera, del rosario católico, se mascullan con la boca llena de chipá. Antes de llegar a cierta esquina, una casa burguesa exhibe con descaro el mosaico de la Virgen de Schoenstadt. Mosaico vergonzante, verdadero estigma o marca de la infamia. Y, desde luego, aunque le siente mal a Dama Satán decir algo como esto, indicador de todo excepto de algo digno se ser llamado “fe” —de algo tan exigente, radical y difícil como la fe lo fuera in illo tempore. Antes, por el contrario, signo de algo muelle, confortable y casi se diría que lobotomizado. Signo de gentes beatonas, ñoñas, reaccionarias, pagadas de sí mismas y su “decencia” en su craso egoísmo, conservadoras y con cierta frecuencia hasta arribistas. “Parvenues!”, desafío con desprecio en voz muy alta para divertirme con un poco de riesgo. Pero no existe riesgo, por desgracia: lo más probable es que, pese a que puedo verlos en su sala desde la ventana frente a la que camino, estén muy concentrados en el televisor para prestar atención a la vida. El televisor, sucedáneo para ellos de la existencia, la existencia con sus peligros y sus esperanzas, sus éxtasis y horrores verdaderos. Sucedáneo también de lo que fuera la fe en un tiempo arcaico, cuando tenía el carácter de una fuerza generadora de mundos y sentidos, esta seguridad tediosa y sin peligro ni reclamos heroicos que los hace sentirse tan contentos. Sucedáneo también su muñeca de Schoenstadt, tan rubia y mofletuda con su pelo de nylon, de algo más importante y más antiguo, y cuya antigüedad e importancia podría perturbar la paz de estos hogares o al menos producir una ligera pero fastidiosa incomodidad. “Dies Veneris”, me dije, se llamó en su pagano momento y en latín no eclesiástico este viernes. “Veneris Dies” se llamaba el día consagrado a la versión romana de la Afrodita del viejo panteón griego, Venus (de dónde “venéreo”), la diosa del amor. Ni el amor de ésta ni el del Dios cristiano parece insuflar ningún impulso al cuerpo ni al espíritu de un universo que hoy, en particular, parece más dopado aún que de costumbre. A tal punto ha llegado todo esto, que hasta yo, y quizá otros secuaces de las huestes satánicas, estamos casi por compadecer a nuestro tradicional enemigo, este Dios al que nadie ya comprende —salvo tal vez, por rara paradoja, justamente nosotros—. Incluso fantaseo con la idea de dar una lección a estos cristianos tibios y bovinos que cuando rezan parece que rumiaran como las vacas de los hinduistas y alzar los brazos intempestivamente para hablar con palabras encendidas a la manera de Savonarola —que, después de tantos siglos, lo confieso, cada vez me resulta más simpático—. En el colmo de la ironía, precisamente yo, que me rubrico (“rubrum”, el rojo, el color de la sangre y del Infierno —y con frecuencia el de la subversión—) como Dama Satán, llego a considerar por un momento la descabellada ocurrencia de un hipotético abandono de mis rojos emblemas de cuernitos, rabo con punta de saeta y tridente para vestir los hábitos mendicantes de una mendicancia profética y consacrata. Me llamaría entonces, por poner un ejemplo —ya que hablamos de imaginarias vidas ejemplares—, Sor Obscena, carmelita desnuda. borrador