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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, marzo 15, 2007

Microbios de Diego Vecchio

Microbios En esta segunda versión de la historia de la humanidad, Eva no es una criatura de carne y hueso, propensa a las tentaciones, sino un ser de materia córnea y semitransparente, con las vísceras a la vista, que no deja de crecer varios milímetros por día. El primer hombre no es ni guerrero ni cazador ni agricultor sino manicuro. («El hombre del tabaco») -No hay hombre en el mundo que no haya deseado más de una vez no despertarse al día siguiente; por eso mismo, lo mejor de la existencia es su brevedad, de que tan a menudo nos lamentamos, olvidando sus dolores y tormentos; si el más obstinado optimista visitara los hospitales, lazaretos y clínicas operatorias, o bien las cárceles, las salas de tormento y los ergástulos; si se le condujera a los campos de batalla y a los lugares donde se erigen los cadalsos; si se le hiciera penetrar en los oscuros rincones donde pulula la miseria; desearía con todas mis fuerzas ser una cucaracha para que alguien tuviera la amabilidad de aplastarlo, por descuido o piedad («La niña de los huesos») Nacieron siamesas pigópagas (…) En virtud del nuevo plan educativo, ambas tuvieron que aprender a manejar un tractor, ordeñar una vaca, recolectar una cosecha de remolachas. («Las damas de las focas») “Evaristo Robustiano Torres hoy pudo, después de quince años de postración y parálisis, volver a caminar. Es el cuerpo de la literatura el que vuelve a caminar” decían. Decían: “Evaristo Robustiano Torres volvió a estornudar. Es el cuerpo de la literatura el que vuelve a estornudar”. Incluso una vez, cuando lo sorprendieron tocándose por la mañana, excitado por la erección matinal, las enfermeras del sector dijeron: “Evaristo Robustiano torres volvió a masturbarse. Es el cuerpo de la literatura el que vuelve a masturbarse”. En esta nuez, blanda y húmeda como un budín de pan, se encuentra la misma cantidad de información que estrellas en el universo. Hay tantas neuronas en este órgano que pesa apenas 2.000 g, que si tomáramos cualquier cerebro humano y pusiéramos las células que lo componen, una detrás de otra, desenrulando sus dendritas, obtendríamos un hilo que iría de la Tierra la Luna. («El hombre de los sesos») Así, rezar equivale a10 g de paracetamol. Contar hasta cien, a 50 g. Imaginar una historia, a 750. Traducir, a 275. Timócrates, uno de los pacientes de Hipócrates, s ele reencarnó en el hueso temporal y Tésalos, uno de sus hijos, en la arteria temporal. La crítica de ultratumba estudiaría aquello que escapaba a la crítica terrenal: las literaturas desaparecidas de todas las épocas y lugares, por culpa de pillajes, incursiones, hogueras, guerras, inundaciones, terremotos. («El hombre de las hormigas destornilladoras») -Sí, el apéndice. Es más que probable. Se conocen varios casos como el suyo: apéndices que, acomplejados por su inutilidad, quieren acaparar funciones que no les corresponden, como por ejemplo, la función respiratoria. Como es d esperar, el organismo rechaza rotundamente este capricho. Bastante tiene con ambos pulmones para estar dándole trabajo a órganos que para colmo no presentan las competencias necesarias. Herido en lo más profundo de su visceralidad, el apéndice trama entonces una venganza. De apéndice, se transforma en anti-apéndice. De glándula, se transforma en anti-glándula. Pero el Dios de la señorita Pécsely era un Dios a imagen y semejanza de un vegetal: un Dios Clorofílico, que se confundía con los bosques y que lo único que le interesaba era absorber luz y agua, florecer en primavera y deshojarse en otoño. («La dama de las flores») El cirujano empezó a seccionar estos hilos hasta dar con una próstata descomunalmente inflamada, que no vaciló en amputar, con un golpe seco. La próstata cayó como la cabeza de una reina cercenada por al guillotina. Y como un dragón atravesado por la espada de un arcángel, la tenia lanzó su bramido de muerte. Este microbio era el último libro el libro que produciría en los hombres de letras una parálisis general progresiva. («El hombre del último libro») de Microbios, Diego Vecchio, Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 2006, 190 pp.

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