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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

viernes, marzo 23, 2007

Mal-dito, paranoico

Vicios,. obras y esplendor del virulento baron Corvo Fue. un escritor maldito, arrogante, corrupto y exquisito como una orquídea envenenada, que vivió y murió en la miseria, arropado en sueños de grandeza. Entre libros se destaca Hadrian the Seventh, visionaria y controvertida novela sobre el Vaticano en la que anticipa refor mías de la Iglesia en el siglo XX Afirma ser descubridor de fabulosos secretos tecnológicos e intenta que el Almirantazgo se interese por el desarrollo de la fotografía submarina en color Recibe de distintos editores adelantos por textos que después posterga y modifica hasta el infinito, o nunca entrega Frederick Rolfe -autotitulado barón Corvo- es una de las figuras más intrigantes y originales del decadentismo literario inglés de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Fue un talentoso escritor por derecho propio: su Hadrian the Seventh, mezcla de fantapolítica vaticana y autobiografia confesional, es una obra perturbadora y extraña. Pero si no fuera por el inolvidable Questfor Corvo, de A. J. A. Symons, (1935), es concebible que la obra y la persona del biografiado sólo fueran invocadas, quizás, en alguna nota al pie de alguna antología de las figuras menos conocidas de esa era. Desde más allá de la tumba el barón Corvo tuvo el raro privilegio de crear a su creador: A. J. A. Symons -quien publicó su "experimento biográfico" sobre Corvo a los 33 años y murió a los 41- tampoco hubiese gozado del reconocimiento de la posteridad sin su retrato del "barón". La obra de Corvo asoma como una orquídea incongruente en el férreo, opresivo y gris mundo de la Inglaterra industrializada que le tocó vivir: escrita en una extravagante caligraria renacentista, con una ortografia a menudo inventada, incrustadade pintorescos neologismos, con tintas color, málva, verde, escarlata, fue creada en una serie de pensiones y casas de familia en donde malvivia como tutor y en parroquias donde se instalaba en nebulosas funciones de "artista residente". Una breve visita a Roma -donde fue invitado por una excéntrica anciana inglesa, viuda de un principe italiano- marcó para siempre a Rolfe, católico converso, por entonces maestro de escuela y joven artista en ciernes: allí, según él, su- amiga,~~, le confirió el título de barón. Previsiblemente, Corvo era un entusiasta de la genealogia y la heraldica y una de sus escasas obras completadas y publicadas es una historia de los Borgia para la que él mismo pintó y caligrafió un gigantesco árbol genealógico exuberantemente brotado de blasones. Se convirtió al catolicismo a los veinticinco años, impulsado por razones estéticas y de conciencia, y comenzó de inmediato estudios para ordenarse como sacerdote. Pero fue expulsado del seminario por su "carácter difícil" y comenzó entonces su vida errabunda, miserable, signada por una relación de despecho y pasión no correspondida con la Iglesia que marcaría su vida y su obra. De ex seminarista a papa En 1904, Corvo publicó su obra más significativa, Hadrian the Se-venth. En sus páginas, un álter ego, el empobrecido escritor inglés George Rose, católico converso expulsado del seminario en su juventud, accede, por una serie de casualidades y causalidades suficientemente verosímiles, al papado. Adrián VII es un papa histriónico y "camp". Pero lo que hay de hilarante en esta obra es involuntario. Rolfe carecía de sentido del humor. Una de las primeras medidas de Adrián es designar a sus gentiles-hombres de cámara: dos mucha-chones conocidos en los bajos fondos de Londres. Esos perfectos especímenes humanos pasan sus horas completamente desnudos, realizando ejercicios gimnásticos neo-helenos en las antecámaras papales. Pues Adrián-como su creadores un apasionado por las duchas frías, los ejercicios con pesas y la vida sana en general. Hadrian tfie Seventh no es sólo helenismo de internado inglés. Sus páginas (ambientadas aproximadamente en la misma fecha de su publicación) describen con fascinante clarividencia algunas de las reformas más significativas que la Iglesia Católica fue realizando a lo largo del siglo XX. Adrián manda abrir la ventana de la cindadela vaticana que da sobre Roma, tapiada desde 1870, e imparte desde allí su bendición Urbí et Orbi. De esta manera borra el envenenado enfrentamiento-entre el papado y la Italia unificada de los Saboya. Y rescata para el papado la residencia veraniega de Castel Gandolfo. Ambos hechos ocurrieron bajo el papado de Pió XI, con los Pactos Lateranen-ses de 1929 (Corvo ya llevaba dieciséis años muerto). Adrián también prefigura el Concilio Vaticano II: descarta el latín para sus cartas, pide a fieles y clerecía que huyan de "la inexistente unidad que ha sido la maldición del catolicismo" y que cultiven los usos y ritos locales. Canoniza a Juana de Arco. Y termina con las barreras que se interponen entre el Pontífice y los fieles, a tal punto que, como Juan Pablo II, sufre un atentado a tiros. El retorno de un espectro Por momentos, el Papa de Corvo recuerda a otro esteta mediocre convertido en líder mundial: su vestuario -diseñado, naturalmente, por él mismo- consiste en una túnica blanca orlada de esvásticas. Sus medidas para la paz mundial incluyen un acuerdo con el kaiser Guillermo II, convertido, gracias al genial juego geopolítico del Papa, en "Emperador del Norte". Bajo la inspiración de Adrián VII, Alemania anexa Austria e invade y sojuzga a Francia y Rusia, países donde ha triunfado la revolución anarquista. El Questfor Corvo de Symons es,en cierto modo, el reverso de la fantasía de poder absoluto y redención que Corvo desarrolla en Hadrian the Seventh. Symons rastrea con patético detalle e infalible sentido del ridículo la tristísima peregrinación de Corvo por el mundo: primero, en grises medios clericales y suburbanos de su Inglaterra natal; después, en la crepuscular Venecia de los expatriados anglosajones. La existencia de Corvo-Rolfe quedó definitivamente envenenada por un cruel y desopilante exposé centrado en su persona publicado en 1898 en la Aberdeen Free Press. El climax de la pieza era el desalojo por la fuerza de un Corvo moroso y aferrado literalmente (de los barrotes de la cabecera de su cama) a su mísera pieza en una pensión familiar .Este-articulo mal intencionadoaparecido en un oscuro diario de provincia fue una espina que laceró el espíritu del desdichado Corvo durante toda su vida. Una de las escenas más singulares de Hadrian the Seventh es aquella en que el Pontífice convoca a los príncipes de la Iglesia para rebatir punto por punto ciertas acusaciones hechas contra él en la prensa. La campaña de difamación contra el Papa es idéntica en todos sus términos a la nota que tanto ensombreció la vida de Corvo. Se trata, en realidad, de nada más grave que una angustiosa aunque inofensiva historia de deudas impagas y sórdidas rencillas. Perseguido por la sombra del artículo del Aberdeen Free Press y por sus enemigos imaginarios y deudas verdaderas. Corvo cambia a menudo de paradero. De todos sus temporarios domicilios y empleos -que muchas veces son ambas cosas a la vez- se va en medio de una tormenta de acusaciones cruzadas, rencores mezquinos, tragicómicos enfrentamientos y, ante todo, infinitas, bizantinas y claramente injustas exigencias pecuniarias. También aplica su singular talento para envenenar las relaciones humanas a su vida literaria. Una y otra vez recibe de distintos editores adelantos por obras que después posterga y modifica hasta el infinito, se niega a publicar bajo su nombre o, más frecuentemente, nunca entrega. Estas querellas van siempre acompañadas por un imparable torrente de cartas de Corvo: vi-triólicas, acusadoras, autocompa-sivas, irracionales. Podemos imaginar con simpatía el estremecimiento de hastiado disgusto con sus exeditores ex amigos y ex colaboradores verían en el correo diario esos sobres tan abultados, escritos con letra gótica de colorines"" que parecerían rezumar la amarga ponzoña de sus contenidos. Cuando escribe sobre las ficticias encíclicas de su Adrián VII, Corvo se refocila en una apoteosis de su propia manía epistolar: ahora todos se verán obligados a leer y releer sus cartas. Como puede, Rolfe-Corvo sobrevive gracias a sus dones como pintor de asuntos sacros (función en la que combinó, a la manera prerra-faelita, un minucioso detaüismo y una artrítica rigidez), músico y, claro, escritor. Tal vez debido a su obsesión por el Renacimiento italiano, la era por definición del genio múltiple, afirma también ser descubridor de fabulosos secretos tecnológicos, que nunca dio a conocer al mundo. Intenta, con inquebrantable e infructuosa insistencia, que el Almirantazgo de Su Majestad se interese por el desarrollo práctico de la fotografía submarina en color, cuyos aspectos teóricos Rolfe afirma tener perfectamente resueltos. El inventor sólo pedía un sustancial aporte económico para poner este secreto en manos de la Marina. Previsiblemente, la propuesta de Rolfe -repetida en una y mil cartas dirigidas a distintos funcionarios-fue rechazada, en el mejor de las casos, con unas pocas líneas corteses. A la espera de ese seguro negocio, Corvo dirige también sus infatigables solicitudes al obispo católico de la diócesis que tuviera la infelicidad de contarlo entre sus feligreses. Suplica y amenaza a las autoridades eclesiásticas para que liberen en su favor los fondos -que está seguro poseen- para católicos en apuros. Cuando se le informa que el escaso dinero del que se dispone para caridades se distribuye entre las familias pobres de la diócesis, Corvo lanza sus terribles anatemas sobre la Iglesia toda, completada, cree, para su ruina. Muerte en Venecia Llegando al medio siglo, Corvo forma la única relación de su vida que no terminará en catástrofe. La familia Piríe-Gordon, uno de cuyos hijos ha entablado amistad con él, lo toma bajo su ala. Corvo se luce en toda su espléndida excentricidad. Su raleado guardarropas conserva cierto raído smoking de terciopelo gris. Así vestido. Corvo es una figura un poco amenazadora y un poco patética, pero ciertamente fascinante. Es el centro de la vida social de la casa y exhibe con orgullo su capacidad de entender el lenguaje de los gatos, así como un anillo dotado de una afilada punta con el cual, explica, puede causar un tajo en la frente de sus eventuales oponentes. Estos, cegados por su propia sangre, quedarán a merced de su pretendida víctima. Los supuestos agresores son, según Corvo, los jesuítas, quienes ya han pretendido raptarlo. La inesperada bonanza le permite a Corvo tomar lo que, en principio, serán unas vacaciones en Ve-necia. Nunca regresará a Inglaterra. Se demora infinitamente y las cuentas impagas crecen. Aun así, la vida le sonríe durante el verano. Pero el invierno veneciano no tarda en descargar su glacial humedad sobre el paupérrimo Rolfe, expulsado finalmente (tras una prolongada, feroz y altiva resistencia) del hotel donde vive. Malvive en las calles lóbregas y ofrece sus servicios como "gondoliero auxiliar" -que son prudentemente rechazados- a todos y cada unos de los británicos residentes en Venecia. Con la primavera, Corvo revive, gracias al inesperado aporte económico de un visitante inglés a quien ha persuadido, una vez más, de escribir obras en colaboración. Y escribe a amigos en Inglaterra prometiéndoles acceso a las incomparables delicias de la corrupción de niños venecianos, emprendimiento que afirma tener arreglado en todos sus detalles. Llega otro invierno, el último. Al borde del colapso, Corvo es alojado por compatriotas caritativos. En el palazzo que éstos alquilan, habita un sucucho improvisado bajo el descanso de una escalera. Allí escribe una novela, The Desire and Pursuitof the Whole, cuyo objetivo es satirizar salvajemente y exponer (o inventar) la viciosa corrupción de la colectividad inglesa de Venecia. Su anfitriona, enterada del proyecto, se espanta y le retira su hospitalidad. Rolfe sobrevive en una góndola abandonada. Las laberínticas cartas de demanda se reducen al mínimo esencial: la última sólo dice: "por el amor de Dios, manden cinco libras". En 1913 muere, a los 53 años, de frío y hambre en su amada Venecia ¿Hasta qué punto el Corvo que conocemos es una creación de Sy-mons? Las fuentes que éste invoca incluyen una serie de cartas "quemadas por la viuda de su propietario", y también material suministrado por un deus ex machina sin nombre ni apellido, paquetísimo bon vivant, mezcla de agente de inteligencia y operador de altas finanzas, coleccionista, de paso, de todo lo relacionado con Corvo. ¿Y la curiosa definición de Symons como un interesado en "el arte de la falsificación" en la nota biográfica de la edición inglesa de su obra? No cabe duda, sin embargo, de que Corvo existió y escribió: allí está su obra, que se completa con The Weirdof the Wanderer, The Borgias (Symons, por su parte, es autor de una biografía de los Tudor) y Tales Toto tola me. Questfor Corvo y Hadrian the Seventh coinciden en su retrato de Rolfe: mezquino, miserable, carente de sentido del humor, imbuido de una inmensa idea de su propia importancia y al mismo tiempo dotado de un genuino talento, injustamente ignorado por el mundo. Y la sonrisa de Symons flota, desencarnada como la del gato de Cheshire, sobre la mueca amarga de Rolfe. origen de datos: diario la nacion

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