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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

viernes, marzo 23, 2007

"Contra el día" reseña de Ñ

Ñ. 17-03-07 Pynchon regresa con un pasado imperfecto Fermín Rodríguez. Cultural@clarin.com Después de casi una década, Thomas Pynchon volvió a publicar una novela: “Against the Day”. Considerado uno de los escritores más notables de la narrativa norteamericana, la crítica ya celebra esta ficción de más de mil páginas donde a partir de una catástrofe a escala mundial, el autor reinventa el pasado que va de 1893 a fines de la Primera Gran Guerra. En sus cursos sobre literatura en la Universidad de Cornell, Vladirnir Nabokov solía trazar el mapa de una nove¬la antes de comenzar a enseñarla para hacerle ver a sus estudiantes el espacio ficcional por el que iban a moverse (y del que no debían salir). El método de Nabokov tiene sus límites, pero maduró de manera tortuosa, excén¬trica y desmesurada en uno de sus alumnos, el joven Thomas Pynchon, futuro autor de las no¬velas más importantes de la lite¬ratura norteamericana de los últi¬mos treinta años. Los mapas de las novelas de Thomas Pynchon están hechos de líneas vivas, mutantes, en constante transformación. La alu¬cinada red de correo clandestino de la Subasta del lote 49 (1966), la esquiva y misteriosa identidad que se escabulle a lo largo de V. (1963), la enredada trama de in¬formación científica y militar que se despliega de manera paranoi¬ca en El arco iris de gravedad (1973), la contracultura hippie de Vineland (1990) o la oscura línea de exploración que hunde al lec¬tor de Mason & Dixon (1998) en el corazón de las tinieblas norteamericanas son, antes que nada, geografías fluidas e inestables hechas de velocidad y lentitud, de metamorfosis súbitas y cambios irreversibles, de la vida misma en lo que ésta tiene de inacabado e imperfecto. Es difícil entonces no confundir a Pynchon, maestro del disfraz y del arte de volverse invisible, con la literatura nortea¬mericana misma, una literatura que creció salvajemente viajando hacia el Oeste, donde la frontera es menos un limite que el nom¬bre de algo a superar; donde la identidad es siempre una incógnita que se va determinando so¬bre la marcha. Un universo fluido e ines¬table Para leer a Pynchon hay que sa¬ber perderse, algo relativamente fácil tratándose de las 1085 pági¬nas de Against the Day (Contra el día). Más que avanzar, la nueva novela de Pynchon prolifera por entre un hervidero de aconteci¬mientos: la Exposición Mundial de Chicago en el año 1893, las luchas sindicales en Colorado, un catastrófico fin de siglo en Nueva York, sociedades secretas en Londres, expediciones al Polo Norte, debates matemáticos en Göttingen, conspiraciones maquiavélicas que desde Venecia se ramifican por el Lejano Oriente, movimientos de liberación nacional esparciéndose por los Balcanes, una misteriosa explosión en Siberia, la revolución mexicana, la posguerra en París y, final¬mente, el cine mudo de Los An¬geles. Borges se burlaba del realismo imaginando un mapa de China tan grande como China. El mapa de Against the Day es tan fluido e inestable como el mun¬do de esos años, como si la mo¬rosa y obsoleta máquina carto¬gráfica de la novela histórica tu¬viera que acelerarse para poder seguir un tiempo histórico des¬bocado que no deja nada en pie. Ni siquiera las nubes son iguales, barridas por ondas electromagnéticas invisibles que trans¬portan por el cielo el murmullo sordo e inquietante de intereses sin nombre. Son los años en los que la ciencia y el trabajo libera¬ban energías desconocidas, donde los avances tecnológicos eran pura promesa, donde la luz eléc¬trica expandiéndose por todo el planeta despertaba sueños de un futuro mejor. Son los años en los que todo podría haber sido de otra manera, antes de que la gue¬rra y el capitalismo a escala pla¬netaria, explotando todo y a to¬dos, terminaran por torcer las co¬sas para siempre. Pynchon inventó una forma pa¬ra expresar el cambio. Sus nove¬las viven de dividirse, de desdo¬blarse, de bifurcarse incesantemente, según una lógica del “y entonces...” que agrega más y más dimensiones a la historia. Un absurdo plan político se transforma en una aventura, para dar paso a una exposición científica que termina con un pa¬so de comedia o una canción (in¬cluido un tango antivegetariano que se lamenta por el sabor per¬dido de la carne). Desde el aire -nueva frontera del imperialis¬mo-, un grupo de intrépidos aeronautas salidos de los libros infantiles de aventuras, “Los ami¬gos del azar”, observan cómo re¬des ferroviarias y eléctricas se extienden como grietas por la su¬perficie del globo, mientras cap¬tan en el aire voces del mas allá viajando en forma de ondas elec¬tromagnéticas. Mientras tanto, ondas explosivas sacuden la tie¬rra. Se trata de Webb Traverse, un anarquista que vive haciendo volar por los aires puentes y vías, contestando con explosiones a la explotación de los trabajadores en las minas. Matemáticos que multiplican con sus cálculos las dimensiones del espacio son lle¬vados de un lado para otro por poderes militares y económicos bien concretos. En México, en Venecia, en los Balcanes, anar¬quistas y aventureros se entregan con entusiasmo a cuanto deseo revolucionario se les cruce, a cuanto experimento sexual se les presente, a cuanta comunidad utópica los invite a sumarse. Hay, además, científicos locos, magnates capitalistas, magos, shamanes, espiritistas, fantas¬mas, viajeros en el tiempo, explo¬radores, traficantes de armas, matones, espías, diplomáticos, huyendo y persiguiéndose por el mundo, peleando en “una guerra no declarada e imperceptible que transcurre desde hace años” pa¬ra “facciones que nadie conoce demasiado”. Como si fueran dados arrojados con fuerza, los personajes de Pynchon se mueven en todos los sentidos posibles por un mundo cargado de promesas y amena¬zas. Son viajeros, exiliados, deste¬rrados, fugitivos, expatriados, va¬gabundos, desertores, peregri¬nos, que parecen agotar las posi¬bilidades del movimiento y de la fuga. Nadie está en su lugar, porque el sentido del lugar se ha trastornado. Todos gozan de la ceguera del aventurero entregado a lo que viene, tratando de hacer pie en un campo de fuerzas que no controlan. Es difícil encontrar en Pynchon algo así como una unidad narrativa mínima, un personaje, una voz, un género, algo que se quede quieto, que no cambie ni se mueva y permita de este modo estabilizar el sentido. Habría. que invertir el orden y decir que no son los personajes los que viajan, sino el viaje mismo –esto es, el cambio, la diferencia, el fluir– lo que se mueve a través de los personajes, como si el via¬je fuera, de acuerdo a uno de los personajes, “una especie de ser vivo”. “Ellos” y “Nosotros” Como ocurría con Byron, la 1amparita que en El Arco iris de gravedad llamaba a sus compañeras del mundo a unirse, en Against the Day las cosas tienen vida. Las redes ferroviarias que crecen Co¬mo “un organismo vivo” sin un centro ni un plan consciente, las nuevas corporaciones transnacionales creciendo por encima de las fronteras nacionales como “u¬na nueva especie viviente”, la pla¬ta que parece un mineral vivo, ¿no recuerdan las travesuras teológicas de la mercancía, a las que Marx hace hablar y presen¬tarse como caídas del cielo mien¬tras ocultan el trabajo, la explota¬ción, el sufrimiento, las injusti¬cias que les han dado origen? Sergei Eisenstein y Jean Luc Go¬dard coquetearon con la idea de filmar El Capital; Pynchon lo vie¬ne novelando por medio de li¬bros que tienen la forma fluida, flexible y descentrada del capital en su etapa tardía, tanto como de sus resistencias. Against the Day es una historia posible de la ex¬pansión por la totalidad del espacio de un nuevo aparato de domi¬nación capitalista que se alimen¬ta de su afuera, que vive de apro¬piarse, disciplinar o eliminar lo que se le resiste. Corporaciones transnacionales, sustitutos secu¬lares de Dios, actúan desde las sombras a favor de la muerte y sus coacciones cotidianas. Se trata por momentos de una teoría conspirativa de la globalización, aunque la mano invisible que mueve los flujos se pierda en el sinfín de organizaciones y socie¬dades secretas que proliferan por la novela. Pero a toda fuerza, su resisten¬cia: la red global y parásita del ca¬pital es una respuesta a la red in¬ternacional de anarquistas, explo¬tados, libertarios y revolucionarios que, en contra del día y de la luz (los dos sentidos posibles de Against the Day), buscan la som¬bra, la clandestinidad, los márge¬nes, la invisibilidad de lo que no se deja cartografiar. La energía, la vitalidad desbordante que define la escritura de Pynchon, está alia¬da al poder de esa fuerza creativa, un “'nosotros” incluyente, ebrio de vida, contra el “ellos” de la pa¬ranoia y la pulsión de muerte. El novelista político Pynchon trabaja con el cambio político como sólo un novelista puede hacerlo: usando la ficción para mantener vivas las prome¬sas de la historia. En lugar de do¬cumentarse para volver a lo que pasó, Pynchon escribe a partir de situaciones y personajes reales lo que podría haber sido: sueños de futuros no cumplidos, explosio¬nes de deseo o saltos afuera del tiempo que buscan romper con un contexto y sus condiciones. Por algunas de esas fisuras tem¬porales, el futuro (nuestro pre¬sente) irrumpe con fuerza en los agitados tiempos de Against the Day. Pynchon lee el presente en el pasado por medio del anacro¬nismo deliberado: un meteorito que cae sobre Nueva York evoca los acontecimientos del 11 de se¬tiembre, la misteriosa explosión que arrasó miles de hectáreas de bosques de Siberia (el evento de Tunguska) se lee a través de Chernobyl. También hay viajes en el tiempo, que llevan persona¬jes al futuro para volver con los ojos rojos cargados de presagios; o que, en el sentido inverso, traen hasta 1900 gente del futuro que busca refugio de “un tiempo de hambre en todo el mundo, reservas de petróleo agotadas, Po¬breza terminal”. Según uno de los ingenuos, afanosos y eternamente jóvenes aeronautas de los “Amigos del azar”, vienen del fu¬turo “a capturar nuestra inocen¬cia”, antes de que el experimento capitalista rompiera irreversiblemente el equilibrio moral del mundo. Relato de advertencia, Against the Day permanece fiel a la di¬mensión utópica de una era no tan lejana donde la explosión y la ebriedad revolucionaria no habían sido traicionadas todavía por el poder totalitario del merca¬do o del Estado que se apoderó del día después. Si Pynchon es el gran novelista político de nuestro tiempo, es porque permanece fiel no a lo que pasó, sino a un deseo de emancipación que espera ser realizado.

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