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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, diciembre 30, 2006

STIRNERIANA

No podía un blog como éste, satírico porque rinde culto al sátiro aunque cultive la sátira y porque en él la sátira no estorba la satiriasis, dejar de conmemorar al gran “Frentón” en este año, a un siglo y medio de su solitaria muerte y a dos del berreante inicio de su vida solitaria. Además, ante la evidencia de que en el resto del orbe ya serán pocos quienes lo recuerden y aún más escasos quienes lo hagan con gusto, se impone con perfecta certidumbre la conclusión inequívoca de que en Asunción, de no hacerlo Kurupicho o moi, no lo hará absolutamente nadie. Quiénes, por otra parte, más idóneos para ello que los que se reclaman secuaces del Kurupí. Llevar el nombre del Kurupí como enseña en un blog o en cualquier otra cosa es una proclamación de virilidad. Lo es a primera vista, primariamente, en términos literales y eróticos, pero lo es también, por extensión y por analogía, en términos morales o humorales, pues remite a atributos de índole espiritual. Si pensamos en las connotaciones, en este ámbito, de la idea de lo “viril” entendido como potencia, vigor, orgullo, dominio y alergia a la sumisión, la astenia o la pasividad, tendremos entre las más obvias, por ilustres, la rebelión prometeica, la soberbia luciferina, el nihilismo fáustico, etc., y, entre las más “censurables” o “perturbadoras”, por ejemplo, el desenfreno sádico, la crueldad neroniana o la audacia baudelairiana (“¡Qué le importa la eternidad del castigo a quien ha probado por un segundo la infinitud del placer!”, escribió el poeta y dandy). Pero también tendrá que recoger esta enumeración un atributo bastante menos previsible y menos célebre pero de ningún modo menos insumiso ni menos importante ni, lejos de ello, menos amenazante ni menos revoltoso: el egoísmo stirneriano. (Breve digresión interparentética para público feminista, si lo hubiere: el sentido de “viril” aquí usado es metafórico, no “ideológico” (es decir, al menos no en mayor medida que cualquier otro término empleado en casos afines en el lenguaje humano, siempre tan lleno de sobreentendidos) ni “biológico” (o no al menos como lo sería si participara de un unilateral determinismo fatalista): se trata, como sucede siempre inevitablemente en el terreno de las palabras, en el fondo, de mera literatura, nada más (ni nada menos), y me atrevo a pensar que no hay por qué rasgarse las vestiduras ni lamentarse tan a lo trágico por cosas así —es decir, al menos para quienes se consagran a causas sociales, yo diría, personalmente, que existen problemas mucho más acuciantes; pero sólo es mi opinión, desde luego. Fin del paréntesis.) Aunque, desde estos extramuros o suburbios del paréntesis, aprovecho, antes de proseguir, para añadir que, si bien es metafórico este uso concreto del lenguaje, ello no constituye una excepción, pues el lenguaje en su totalidad, no sólo en este caso, lo uso siempre al modo stirneriano: condescendiendo a usarlo aun cuando no me “diga” ni diga lo que quiero ni siquiera de modo translaticio, pues si a mí el lenguaje me dijera, dado que no me diría sólo a mí en mi unicidad por completo excluyente sino que seguiría siempre siendo social, ello contradiría mi carácter de Único. (Por ello mismo, me tiene sin cuidado que el lenguaje sea “patriarcal” o que, por el contrario, manifieste una adecuada “equidad de género”, etc., porque en ambos casos es por igual colectivo, y si lo que en mí es único —es decir, mío en sentido estricto— poco tiene que ver con “los demás hombres” o “los seres humanos”, igualmente poco o nada tiene que ver con “las mujeres”.) Volviendo a lo iniciado ut supra, si intenté dar una idea aproximada del por qué de la afinidad de este “egoísmo” con otras cualidades (hu)morales asociadas con la virilidad, también consideré adecuado que un blog como el Kurupí, con tan satírico y satiriásico nombre, conmemorase el inicio y el fin de Johann Kaspar Schmidt, Max “el Frentón”, Max Stirner, por aludir con ello al gesto “afeminado”, si por tal entendemos gazmoño, con el cual las decentes y virtuosas puertas del instituto para señoritas de Madame Gropius se cerraron ante las narices del indigno y horrible anarquista que publicara ese libelo escandaloso, El único y su propiedad, libro que jamás leería ninguna joven de buenas costumbres ni mucho menos ninguna señora consciente de sus deberes de esposa y madre cristiana. Y como quiera que es por demás obvio que existe algo intolerable y profundamente inquietante y hasta si se quiere de mal tono en esta obra magnífica, brutal, inolvidable, también se le cerraron a Stirner en las barbas desde entonces y en lo sucesivo las grandes, solemnes y ofendidas puertas, académicamente tan serias y respetables, del vasto instituto para señoritas de la tradición oficial de Occidente. Pero, además, es lógico que así sea, y resulta comprensible que haya que dejar fuera del recinto venerable de la Filosofía reconocida canónicamente a Stirner. ¿Cómo podría admitirse en un espacio que es el del pensamiento en su continuidad y diálogo con el rico acervo de lo ya pensado y en sus expectativas de proyección o de re-pensamiento en el tiempo presente y el porvenir, si lo hay, cómo podría aquí, iba diciendo, admitirse el ingreso de un pensamiento en el que el pensamiento se suicida? ¿Cómo la Filosofía permitiría que algo que solamente puede conducirla a la afasia se infiltre en sus claustros, cómo podría inocularse a sí misma este germen tan disolvente e insidioso a menos que decidiera autodestruirse tras haber dicho ya su milenario discurso, como solían hacer los mensajes secretos después de haber comunicado una clave decisiva o la hora de una cita en las viejas películas de espías y contraespías? El pensamiento que se detiene en la irreductible peculiaridad del esto (como lo llamara Hegel) no se ajusta ya a un modelo general, se niega como lenguaje en la medida en que, neolengua exclusiva de uno solo, deviene incomunicativo, alienta en la plenitud solipsista de la cosa que meramente es y que no dice y que si articula o emite un sonido lo hace igual que la naturaleza, o lo hace como lo hace el mar, que también suena y brama, y deja, en fin, de ser pensamiento. Una vez dicté una conferencia sobre Stirner, y tomando unas cervezas a la salida, escuché a un contertulio obstinarse en “desconfiar” de “ese sujeto stirneriano tan sólido y sin fisuras”. Polemista testarudo, opuso las reiteraciones de lo por él ya asumido a todo intento de explicación, por lo que aquella vez desistí de seguir gastando pólvora, pero me resultó notorio que este amigo probablemente no había leído a Stirner. O que, si lo había leído, no había visto lo que ahora diré y que en esa tórrida tarde cervecera que a los grados del clima sumaba velozmente los de la bebida era casi imposible, en mi caso, explicar, y en el suyo, entender. Porque, al fin y al cabo, lo que quería decir era que el Único no es tal sujeto, ya que éste supondría una permanencia o estabilidad subyacente a las mudanzas del capricho o del deseo y opondría ya así por eso mismo algo general en cuanto abstracto a la unicidad propiamente dicha, a la peculiaridad irreductible del esto, que niega todo concepto; un sujeto entendido como permanencia se definiría con rasgos estables y por ende supondría juzgar todo alejamiento de dicha definición como error, desviación o disidencia. Un sujeto así, “tan sólido y sin fisuras”, como decía este amigo, introduciría en la libertad del egoísmo del Único una tiránica esencia que modelaría la existencia y empobrecería su virtual infinitud de pura indeterminación caótica y amorfa. Por todo esto, el Único no es un concepto, sino un anticoncepto, que si se plantea en términos conceptuales es por hacer la concesión de emplear todavía el lenguaje pero que pese a ello lleva en sí el germen de su autodestrucción, esto es, de su destrucción como concepto, porque en donde impera el esto, el concepto se aniquila. Escribió Stirner: “Yo he fundado mi causa sobre la Nada”: esa nada es el Único; yo soy nada: no soy un “sujeto” definido de tal y cual manera, como el perro de mi vecino, Jerry, no es el mismo ahora, a las 7:30 de la noche, que el perro de las 8 de la mañana, como no será el mismo en cinco años ni lo fue hace tres, como no será el mismo en una millonésima de segundo, y en esa medida su nombre, “Jerry”, designa una ficción, una ficción que frente a la plena y vibrante concreción del esto no decible es tan conceptual y abstracta como si no fuera un nombre propio, ya que en esta perspectiva no lo es en sentido estricto: es un nombre de ficción porque no alcanza a nombrar el esto. Mi propia Nada, que es todo lo que tengo, es la base inestable de mi imposible causa, dice Stirner, que precisamente descree de todo lo “sólido y sin fisuras”, y es justamente por eso que Stirner resulta, cual decíamos antes de una manera un tanto literaria, tan perturbador y tan “de mal tono”: porque lo atomizante y corrosivo y desestructurante del anticoncepto disuelve hasta el mismo átomo, y negando todo lo que no le es propio ese sujeto se niega también en su sí mismo: su terrorismo es suicida, no colonial: grita la Nada de su rara consigna y luego se detona. Para el borgiano en la práctica y en el derecho autoral, pero stirneriano en la invención, personaje llamado Ireneo Funes, un árbol no es uno, sino infinitos árboles: en el sentido en que el ser es permanencia de algo que está siendo y que puede congelarse en la presencia del “es”, y en la medida en que es identidad que pueda sujetarse a la definición, al pensar en términos estrictos y al decir como el lenguaje dice, para Funes, que era un hombre todo ojo, todo impresión, todo plenitud de instantes innumerables y de infinito indecible de cosas, de tiempo, de esto puro o casi puro (pues si fuese en verdad puro el esto, Funes ya no emitiría sonidos articulados), ese árbol no es: de hecho, nada es. En Stirner lo anticonceptual es la culminación, el logro más completo, la conclusión más radical y coherente, el más perfecto y mejor cumplimiento del pensar de Occidente en el momento en el cual él lo caza, lo pesca, lo atrapa, lo pincha y amenaza con hacerlo estallar como un globo o como una burbuja. Si el pensamiento moderno se distinguió por su vocación crítica, Stirner la volvió contra ese pensamiento: en él, la filosofía occidental se realiza y se autodestruye, se desarrolla hasta su plenitud más impecable pero por eso mismo se suicida. Le cabe a Stirner por eso la única gloria que no equivale en el fondo a una vergüenza, la única condecoración que no puede ruborizar a un hombre libre, el único elogio que no humilla más que los insultos: no haber llegado nunca a ser verdaderamente “respetable”. Es difícil encontrar algo adecuado sobre Stirner en los manuales de historia de la filosofía, ha señalado en un hermoso texto Roberto Calasso, como es difícil encontrar en los manuales de historia de la literatura algo adecuado sobre una obra pornográfica, por digna que sea de admiración. Y parece natural que si Johann Kaspar Schmidt, el hombre, estaba fuera del círculo de los “exitosos”, los “triunfadores”, y hasta los “decentes”, Max Stirner, el autor, lo esté del panteón de los filósofos “serios”, “académicos” o “rigurosos”. El único no suele figurar en la bibliografía recomendada en las facultades por los profesores, pero en cambio acompaña a los parias, a los aventureros sin fortuna, a los presos por deudas, a los autodidactas heterodoxos y delirantes, a los filósofos excéntricos de bares y de cafés, a cuantos merodeamos en los suburbios y en los extramuros del pensamiento civilizado, a todos los grandes solitarios. Los graduados cum laude no suelen consagrarle sus tesis de doctorado, pero en cambio anima a los personajes “insondables” de Orson Welles, a los infatigables vagabundos de Jack London, a los arrogantes hobos de Robert Aldrich en El emperador del Norte, gran película llena de la alegría trágica de la vida aventurera. Es un libro que no se vende tanto como los cedés de Sabina, cuya imagen de supuesto “perdedor” lo llena de éxitos, y que no parece transpirar “sabiduría” como los libros de Saramago, con su perpetuo aire de ser la insobornable consciencia moral del orbe, por citar dos ejemplos aleatorios de "triunfo", pero en cambio inspira, qué duda cabe, al dostoievskiano hombre del subsuelo su terrible, honda, monótona, bellísima salmodia que hace enmudecer y bajar la cabeza avergonzados a todos los "triunfadores" que tienen todavía un poco de alma: “Soy un hombre enfermo, soy un hombre desagradable, soy un hombre malo”. En su manual de filosofía moderna, Fischer decidirá la expulsión de Stirner con un elegante juego de palabras (“Stirner está en la esquina de la filosofía alemana”): “el que está en la esquina”, der Eckensteher, significa también “mozo de cuerda”: Stirner, en efecto, no era precisamente un hombre de salón: en la “vida real” el oscuro y sufrido profesor Schmidt, empleado de la citada academia de madame Gropius para señoritas, había nacido en 1806 en un hogar muy pobre de Bayreuth, había tenido una larga, irregular y nada brillante carrera universitaria terminada a duras penas y a desgano e incluso llevaba el que probablemente sea el apellido (“Schmidt”) más vulgar, insignificante y plebeyo que pudo tocarle en suerte. Stirner, der Eckensteher, nunca fue más que un harapiento mozo de cuerda. Había que expulsarlo, desde luego, puesto que era vulgar, como todo harapiento, fastidioso, como todo harapiento, sucio y ordinario, como todo harapiento, pero también, primero, antes que nada, y detengamos aquí por un momento la cámara que filma la película horrible de la Historia, enfoquemos con ella algo muy grande, muy imponente y muy noble, algo que puede ser un altísimo templo, o bien un cielo negro y sin fronteras o un hondo acantilado, y ahora pongamos como sound-track de este final lúgubre y arrogante una música violenta, veloz, bella, furiosa, y ahora levantémonos, estemos donde estemos, bien firmes sobre los pies, y sin esconder este absurdo tributo, este tributo precario, escaso e imprescindible, saludemos en lontananza, en el triste horizonte del destino, al paria, al pordiosero, al solitario, a nuestro único hermano, a Max Stirner, que, como iba diciendo más arriba, era callado y triste, como todo harapiento, era un hombre rústico y de baja estofa, como todo harapiento, pero que también era, primero, antes que nada, les decía, y llegar a ser esto es el honor más grande que a alguien puede caberle en este mundo imbécil, pero que también era, les decía, un hombre peligroso, como todo harapiento.

jueves, diciembre 28, 2006

2006, año stirneriano?

MAX STIRNER: “YO HE FUNDADO MI CAUSA SOBRE LA NADA” Montserrat Álvarez Suele decirse que es difícil encontrar algo adecuado sobre Stirner en los manuales de historia de la filosofía. Y parece natural que si Johann Kaspar Schmidt, el hombre, estaba fuera del círculo de los “exitosos”, los “triunfadores”, y hasta los “decentes”, Max Stirner, el autor, lo esté del panteón de los filósofos “serios”, y hasta “respetables”. Ese violento Stirner que era en la “vida real” el oscuro y sufrido profesor Schmidt de la academia de madame Gropius para señoritas, nacido en 1806, en un hogar pobre de Bayreuth, y que tras larga y entrecortada carrera universitaria había conseguido un certificado para dar clases en institutos prusianos. Que había trabajado en efecto así más de un año sin salario, a prueba, tras lo cual no obtuvo salario alguno, pero que, pese a no tener empleo, se había casado en 1837, quedando viudo en seguida. Que veía esta vida tan alegre amenizada por las recurrentes “vacaciones” dedicadas a su madre demente. Cuyo empleo en el citado instituto de madame Gropius había dado inicio a la que quizá sería su única época feliz: la de la taberna de Hippel en la Friedrichstrasse y los ruidosos debates de los jóvenes hegelianos, Die Freien, “los Libres”, con Bruno y Edgar Bauer y a veces Marx y Engels en medio del barullo. Un día llegó allí una joven hermosa y brillante, Marie Dahnhardt, a quien los Libres aceptaron pronto como una buena camarada que podía argumentar, por un lado, y apurar su cerveza, por otro, como cualquiera de ellos. Stirner la desposó en 1843, en una ceremonia caótica e indecente en su departamento, donde el cura lo encontró jugando cartas con los testigos en mangas de camisa y esperando a la novia, que llegó vestida como un día cualquiera. Nadie se había acordado de comprar alianzas, así que usaron los aros de cobre del portamonedas de Bruno Bauer. Al año siguiente, en 1844, Stirner publicó El único causando un fugaz escándalo tras el cual regresó su mala suerte: perdió su empleo, quizá por rumores acerca de que el profesor Schmidt era en realidad el horrible anarquista Stirner, y, para vivir, además de hacer traducciones mal pagadas, invirtió lo que quedaba de la dote de Marie en una lechería que fracasó rotundamente. Marie lo dejó en 1847. Mucho después, concluyendo aquel siglo XIX, el biógrafo Mackay la visitaría en Australia, ya muy anciana pero con el intacto y vívido recuerdo de sus días con Stirner, del cual misteriosamente afirmó que era “muy pícaro”. Allá lejos en el tiempo, después de que Marie se fuera para siempre, Stirner había comenzado a caer en la oscuridad y la miseria, subsistiendo en sórdidos antros, apresado más de una vez por deudas y, hasta su muerte prematura en 1856, huyendo sin tregua de sus incontables acreedores. El único fue retirado de la circulación porque en él “no sólo Dios, Cristo, la Iglesia y la religión en general son objeto de la más inconveniente blasfemia, sino que también todo el orden social, el Estado y el gobierno se definen como algo que no debería existir, mientras se justifican la mentira, el perjurio, el asesinato y el suicidio”. No sólo agitó a las autoridades, sino también a los intelectuales. Cuando apareció, Engels escribió a Marx: “Evidentemente, S(tirner) es el más talentoso, independiente y preciso entre todos los Libres”. Sin embargo, en La ideología alemana Marx y Engels lo demolerán con saña. Feuerbach comentó también esta obra “de extrema inteligencia y genialidad”. Pero en su siguiente carta habrá cambiado: “Los ataques de Stirner delatan una cierta vanidad, como si quisiera hacerse un nombre a expensas del mío”. Ruge celebrará El único en varias cartas; una dice: “El libro de Max Stirner (Schmidt), que quizá también Ludwig conoce (frecuentaba de noche la taberna de Walburg y se sentaba frente a nosotros), es una extraña aparición. Es el primer libro legible de filosofía impreso en Alemania; y podría decirse que ha aparecido el primer hombre totalmente exento de pedantería”. No obstante, su simpatía también terminará pronto. Y, en 1847, el ataque de Kuno Fischer contra Stirner y los “sofistas modernos” iniciará la campaña para cerrar las respetables puertas del gran instituto para señoritas del mundo académico y la historia oficial del pensamiento de Occidente ante las narices del indigno profesor Schmidt. En adelante, El único acompañará a los parias, a los aventureros sin fortuna, a los presos por deudas, a los autodidactas heterodoxos y delirantes, a los filósofos excéntricos de bares y de cafés, a cuantos merodean en los suburbios y en los extramuros del pensamiento civilizado, a los grandes solitarios. Animará a los personajes “insondables” de Orson Welles, a los infatigables vagabundos de Jack London, a los arrogantes hobos de Robert Aldrich en El emperador del Norte, e inspirará al dostoievskiano hombre del subsuelo su terrible, honda, monótona, espléndida salmodia inolvidable: “Soy un hombre enfermo, soy un hombre desagradable, soy un hombre malo”. En su manual de filosofía moderna, Fischer decide la expulsión con un elegante juego de palabras (“Stirner está en la esquina de la filosofía alemana”): “el que está en la esquina”, der Eckensteher, significa también “mozo de cuerda”: Stirner nunca fue más que un harapiento mozo de cuerda, vulgar como todo harapiento, fastidioso como todo harapiento, pero también, primero, antes que nada, peligroso, como todo harapiento. “Yo desprecio la naturaleza, los hombres y sus leyes, la sociedad humana y su amor, y rescindo toda relación natural con ella, incluida la del lenguaje (…) Ya hago una concesión si me sirvo del lenguaje; pues yo soy el ‘indecible’, ‘yo sólo me muestro’”. Tajante autoexclusión y voluntad atomizadora, disolvente de la opresiva estructura de lo social con las que el Único no se contenta con enfrentar al Estado ni con rebelarse contra Dios sino que desafía al Hombre, los valores, la Verdad, el Bien y el lenguaje mismo, intolerable esclavitud de lo gregario que no me dice, pues sólo podría decirme una neolengua única. “¿Qué es lo bueno, qué es lo malo? Yo mismo soy mi causa, y no soy ni bueno ni malo; ésas no son, para mí, más que palabras”. Ideales y valores: simples máscaras de Dios. El egoísta no se somete a Dios ni a idea o valor alguno. ¿Por qué lo haría, si Dios no lo hace? Dios no sigue la causa del amor, la justicia o la verdad, pues todas ellas le son consustanciales: sigue su propia causa; se es su propia causa para sí: Dios es el egoísta más perfecto, y el egoísta, como Dios, se es su sola causa, y por ello será siempre el primer enemigo del Estado, la moral y cuanto represente intereses generales y principios “universales”. “Nuestros ateos son gente piadosa”: niegan a Dios pero creen en los “derechos del hombre”, en el “bien de la humanidad”, etcétera. De modo muy diferente interpela el amor del egoísta: “Si yo te brindo atenciones y cuidados es porque te quiero, porque encuentro en ti el alimento de mi corazón, la suspensión de mi angustia; si te amo no amo en ti a un ser superior de quien seas la envoltura consagrada ni veo en ti un fantasma ni adivino un espíritu: te amo por egoísmo”. “Si yo baso mi causa sobre Mí, el Único, ella reposa sobre su creador efímero y perecedero que se devora a sí mismo a cada instante, y puedo decir por ello”, escribe por fin Stirner, cerrando su extraño libro con una frase que podría haber sido su propio y airado epitafio: “Yo he fundado mi causa sobre la Nada”. Hay blasfemias más hermosas que todos los sermones, y vidas de condenados más nobles que las que narran las hagiografías. La vida de Johann Kaspar Schmidt, áspera, dura, zanjada con olvido y soledad, y el libro de Max Stirner, altanero, vigoroso, lleno de entusiasta y tosca poesía, ríen con la bárbara carcajada del orgullo, el más peligroso de los pecados capitales, y el predilecto de las almas fuertes.

http://www.nietzscheana.com.ar/safranski_stirner.htm

De 1806 a 1856, itinerario ùnico de Stirner

Junio de 1856, muere Max Stirner, se dice que a causa de la infección, por una mosca, de un forúnculo que le había salido en el cuello (uno de esos dolorosos ántrax que torturaron a Marx durante años, en el ano, mientras escribía El capital). Hace 150 años. Y había nacido en 1806, hace 200 años. En 1866, después del silencio que ya empezaba caer sobre su nombre, vuelve a hablarse de él, en dos obras de historia del pensamiento destinadas a tener gran influencia: el Gundriss der Geschichte der Philosophie de J.E. Erdmann y la Geschichte des materialismos de F.A.Lange. Un joven escocés, John henry Macxkay se encontrará en el British Museum con el libro de Lange. La biografía de mackay es la primera y la única biografía de Stirner hasta el momento (Max Stirner. Su vida y su obra. Berlín, 1898, y sucesivas ediciones, en 1910 y 1914) Las pocas reliquias de San Max, básicamente recogidas por Mackay, las adquirió en 1925, por una suma modesta, el Instituto Marx-Engels de Moscú (hoy Instituto de Marxismo-Leninismo) en donde presumidos seguirán yaciendo. En esto han sido fieles por lo menso los soviéticos a Marx y a Engels. Un tal H.G.Helms en su La ideología de la sociedad anónima, colonia, 1966, adjudica paranoicamente todos los males del mundo a Stirner, del nazismo a la TV alemana, de la homosexualidad al revisionismo, del culto de la vacaciones al del Ser, del Kitsch al imperialismo, de la contrarrevolución a las colonias nudistas, del libre mercado a la antroposofía. Nadie antes de este loco de Helms se había puesto a pensar en establecer determinados nexos, por ejemplo, el triunfo de la contrarrevolución en Rusia después de 1905 coincide con la aparición de hasta tres traducciones de la obra de Stirner entre 1906 y 1910. Un caso de paranoia stirneriana ha sido expuesto por Ernst Schultze. Se trata de una joven que robaba, se desnudaba y cometía otras indecencias porque estaba convencida de que cualquier manifestación de su voluntad coincidía con el derecho. El único psiquiatra ilustre que ha tomado en consideración a Max es Ludwig Binswanger (en un libro de 1942, publicado en Zurich). Oskar Panizza, en su panfleto de 1895, dedicado a la memoria de Max Stirner “El ilusionismo y la salvación de la personalidad”. De premisas stirnerianas deduce una imagen del mundo como perpetua alucinación en la línea de la epistemología budista.”Si no destruimos el pensamiento, el pensamiento nos destruye”, dice este narrador y anrquista en perfecto lenguaje stirneriano. Henri Albert, el traductor de Nietzsche al francés, es el primero en traducir a Sirner. En 1900 saldrá otra versión francesa en Éditions de la Revue Blanche, que, junto a la primera del Mercure de France, conformaban el centro de la crema francesa de esos años, allí se publicaba a Schowb, Jarry y Mallarmé. Gustave Kahn es uno de los primeros en escribir en Francia sobre Stirner. Y Gide suspiraba entre Stirner y Nietzsche.

martes, diciembre 26, 2006

"Elpoder en el no-lugar" en colecciòn "Bestias-oràculos" de Jakembò editores

Este sàbado 30 de diciembre, a las 19:30 horas, en el Pub La Viola (República Francesa entre Mariscal López y Eligio Ayala), Jakembó editores y Helvetas Paraguay presentarán el libro El poder en el no-lugar. Reflexiones sobre el uso del poder en la vida cotidiana, de Francisco Franco Gauto, con el que se inaugura la colección de ensayos «Bestias-oráculos» del «alternativo, akähatä y noisy» sello editorial, que para la ocasión también ha convocado al grupo punk «Los Nietos del Papa» y al clarinetista Gustavo Díaz Meyer, quienes invadirán esa noche el local con su inspirada y briosa música en vivo. Estamos orgullosos de abrir la colección, cuyo nombre es un homenaje al anarquista Rafael Barrett, quien emplea el término en, precisamente, un artículo, con este libro, que es la opera prima del autor. Estudio sobre el uso del poder, abarca tanto exposiciones teóricas (así, las relativas a las tesis del panóptico de Bentham como sistema de control de los presos, los enfermos y la sociedad en general), hasta análisis de la experiencia inmediata (por ejemplo, los relativos al panóptico descentralizado en el caso concreto de la cotidianidad de las personas). Desfilan aquí las consideraciones sobre la disciplina y la sumisión, el liderazgo y los dirigentes sociales, las mujeres y el poder, el poder del conocimiento, el poder sobre la vida y la muerte, la promesa y la palabra empeñada, la certitud y la incertidumbre, lo formal y lo informal, la verdad y la razón. Como señala en el prefacio Giorgio Gianinazzi: «El lector podrá darse cuenta fácilmente de que la escritura de Francisco es fuerte, a veces de disenso radical (…) Escritura del descontrol, de las frases que deambulan dejando al lector suspendido, una escritura casi de seducción, que difiere la terminación del pensamiento, como si Francisco nunca quisiese terminarlo, sabiendo que terminar es morir. Escritura honesta, escritura de lo hablado, escritura de lo temporal, que si se re-escribiera sería diferente, rodada en otra dirección, en otros meandros… y qué bien que sea así: interdefinida, nunca arrogante, nunca pretenciosa de ser definitiva en ningún momento… escritura del no poder…» La entrada es libre y gratuita.

El paseante suizo regresa como un clásico

  • Oliverio recuerda al paseante Walser
  • Amóntema James Brown

  • Soul
  • sábado, diciembre 23, 2006

    Farra pro-cine paraguayito en acción

    estaremos por ahí seguro danke Ray

    Contraexplosión parkeriana-macluhaniana

    Counterblast, 1969 de Marshall McLuhan Versión castellana, Isidoro Gelstein Diseño y traducción gráfica de la edición castellana, Isabel Carballo Trabajos de fotomecánica a cardo de: Tecnipress Argentina, Reconquista 642 Buenos Aires editorial Paidós 1970 El kurupi promete alzar integramente su versión de tapa roja en pdf próximamente allí en la sección de rarezas "To denóitaton" junto a Murena y Barrett. Saludos anti-navideños pa toa la perrada de la blogosfera!

    jueves, diciembre 21, 2006

    El infierno con fotito

  • El infierno de nuestra amiga Vero
  • Changes, es una canción de Bowie de los 70

    Una patada en el culo una patada mosh metalera es lo que falta dar a la mediocridad miren nomás el peor actor del mundo Vizoka ha sido nombrado director de eventos por la nueva autoridad municipal, Tito "cualkier huevada" Chamorro, famoso guionista con Tamba Chembori del vaudeville para adormecer tercermundistas boluddos ha si sido tambien "premiado" con una sinecura, HABÍA SIdO TODOS ERAN LUEGO NOMÁS COLO'OS. Guionista de la re-fashion "La chuchi" coloradoto rae.

    miércoles, diciembre 20, 2006

    Partido Colo'o Suicida

    Como Lugo se ha lanzado a la escena de la real politik esta semana, Oviedo keriendo transar con la desesperatio colorada, repentinamente hemos constatado la emergencia de un particularísmo movimiento político: El Partido Colo'O Suicida.

    PCS, es el último avatar del nefando partido colorado paraguayo. Su proyecto existencial-político es el siguiente: desde el día 1 de su creación su obsesión es ir muriendo de poco y de a uno por lo menos, por ejemplo, si empieza, digamos, lunes 18 suicidándose calé, sigue el martes 19 filizzola, miercoles 20 Rubín...y así hasta la noche mil que es el infinito (y el fin del Partido Suicida). Cuando muera, se suicyde el último miembro del partido, el proyecto se cumple y se cierra al mismo tiempo. Fin de mamuts dirán ustedes, pero la diginidá a veces llega aunque sea tarde. Felicitaciones, mil veces malditos, quue les den fuefo de petropar y luz de ande por el ano hasta la eternidad !

    El Monseñor guaraní tumbará un coloso de tobatí hu'ümbavamavoi, pero lo tumbará.

    Salud, futuro divinoo trasero !

    lunes, diciembre 18, 2006

    Web sobre DD.HH. en el Paraguay

    La Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (CODEHUPY) se forma días después de los sucesos de marzo de 1999. Anteriormente, desde la caída de la dictadura stronista (1989), algunas de las instituciones asociadas ya realizaban tareas conjuntas como las “Jornadas por los Derechos Humanos” del 10 al 22 de diciembre y desde 1996, el informe “Derechos Humanos en Paraguay”. Actualmente es capítulo nacional de la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo- PIDHDD, integrada por 18 países americanos. Fundada por 25 organizaciones, hoy la componen 35 organizaciones.

    *www.codehupy.org/www/index

    Asunción y su población oligofrénica

    Asunción es como La Habana está traspasada de apagones hoy a la mañana nomás ya tuvimos dos en Sajonia sin corte la Ande nos deja sin la felicidad de los ventiladores... A los admiradores del régimen castrista no les será necesario tomar vuelo hasta la "isla resistente" para experimentar semejante éxtasis de los privilegiados. Asunción es una Habana sin su Infante y su Barbudo. Ya que la Evanishing toma el timón de la municipalidad de Asunción hoy, es decir, empieza oficialmente la política de no hacer nada que durará unos 5 años, al menos me quejo: nuestra recoleta city carece de lugartes adecuados para la inhumación de bichos domésticos, sean gatos, yacarés, canes, loros, etc. Prueba inequívoca de nuestra somnolencia consuetudinaria tambien descrita por otra parte por la peli de Paz Encina: "Hamaca paraguaya" es inmóvil como el país, donde el tiempo es casi imperceptible, el kaiguetismo nacional campea, nuestros intelectuales duermen el sueño de los imbéciles y el borreguismo mayoritario se autoflagela en un déja vú automático y resignado desde la cuna hasta la tumba, a pesar de que tenemos seguro más parientes en el otro mundo que en España aunque ninguna encuesta lo registre por ahora.

    jueves, diciembre 14, 2006

    Punto Pacheco para probar en luna de miel el bloggerman Nico

    Hoy es el casorio de Nico nuestro cuate en la blogosfera así que como regalo le enviamos esta carta de marear de prodecencia caribeña, el famoso punto o zona p de pacheco curtible al ritmo hot de la salsa grossa y el humo del cannavis para gloria y elevación el matrimonio contractual y burgués... Todo el mundo se casa por el chupi...Potlach alcohólico. Debemos el nombre de la flamante señora para ulteriores posteos. Traeme la liga, compay!

    NO a matanza de perros

    El presidente chino ordena detener el sacrificio masivo de perros en ChinaEl presidente chino, Hu Jintao, ha ordenado detener el sacrificio masivo de perros en el paí­s, iniciado el pasado verano para prevenir la rabia y que se encontró con la fuerte oposición de los dueños de esas mascotas, informaron hoy fuentes gubernamentales a la prensa independiente.La decisión de Hu de tomar partido en la cuestión canina, que se ha convertido en un verdadero problema social este otoño, se produce después de que el presidente recibiera por escrito las quejas de 60.000 dueños de perros, aseguró el diario South China Morning Post http://www.scmp.com/

    miércoles, diciembre 13, 2006

    Texto kurepa

    1. El problema de «pensar en» Nos convoca un desafío problemático: pensar en Latinoamérica. Un desafío que en su formulación puede leerse como un imperativo. Y así leído, cómo no referirlo al sapere aude kantiano. A ese atrévete a pensar que, en el siglo XVIII, Kant proponía como necesaria propedéutica para ejercer la libertad del individuo moderno. De este modo, invitaba al ejercicio de una libertad de pensamiento sin tutelas. Pero postergaba la libertad de acción, durante el período de aprendizaje del uso de la razón. Si aprender a pensar se asemeja a aprender a nadar, podríamos decir que el uso de la razón se logra también tirándose al agua y procurando flotar. Pero hasta hacerlo bien, con estilo, parecería que aún ni se nada ni se piensa. Sólo al buen uso de la razón correspondería calificar de pensar. La analogía con el nadar termina aquí. Habrá distintos estilos para nadar, pero uno sólo en el caso del pensar. Para Kant, el ejercicio responsable de la libertad moderna requería pensar por uno mismo conforme a las reglas universales de la razón. Aquello sobre lo que se pensara podría ser diferente y variado, quizá inducido por las circunstancias de los individuos que piensan. Pero en todos los casos, acatando las reglas del pensar comunes a todos los seres humanos; las que todos comparten por ser racionales. La universalidad conjura así las diferencias en el pensar. El buen uso de la razón homogeniza los pensamientos. Abstrae, esto es, separa, el pensar de sus motivaciones y condiciones empíricas. Prescinde así de la particularidad y la contingencia, para abrir la posibilidad de los acuerdos intersubjetivos (para lograr la objetividad), excluyendo toda referencia a las coordenadas espacio-temporales del pensar. Sin embargo, pensar en Latinoamérica nos convoca a pensar a partir de una ubicación espacio-temporal, a partir de un lugar geopolítico en donde pensar y a la vez, sobre el que pensar. Parecería entonces que habría que preguntarse por la posibilidad misma de hacer un buen uso de la razón de un tal pensar en. Para sostener nuestro problemático desafío deberíamos primero decidir si las coordenadas socio-históricas determinan el pensamiento o si se piensa desde un «no lugar». Y tal reflexión nos llevaría a interrogarnos acerca de quién piensa: ¿lo hace el pensar mismo, es decir, un pensar descarnado (tal vez el sujeto trascendental kantiano)? O bien, ¿todo pensar corresponde siempre a un sujeto situado, encarnado en un cuerpo, un sujeto sujetado, que aun en la mayor abstracción sigue enraizado en un lugar determinado social e históricamente? Pero estas alternativas surgen por la forma en que predominantemente se plantea el problema de pensar en. Y en nuestra región, a esta encrucijada se han enfrentado y se enfrentan las discusiones provocadas cada vez que se ha propuesto pensar en Latinoamérica. Una encrucijada bien señalizada, ya que nos indica el peligro de la pérdida del estilo de pensar, del estilo que se impone como el único valedero, el que corresponde al buen uso de la razón, por ser precisamente universal, y que casualmente se expresa en el pensar que se realiza en lugares específicos (geopolíticamente determinados). Tampoco avanzamos mucho en el objetivo de abrir la posibilidad de un pensar en Latinoamérica, si entendemos el «en» como «sobre». En tal caso, todo está dispuesto para plantear la cuestión en los términos acostumbrados de «explicación de» o «aplicación a» Latinoamérica. Pero explicar significa oficialmente subsumir en un concepto o una ley el caso. Y a la aplicación concierne al extraer las implicancias y consecuencias de las generales de la ley para un objeto empírico. En cualquiera de las dos alternativas, pensar sobre Latinoamérica requiere una ley universal. Una ley que no depende de los lugares específicos desde donde se piensa y sobre lo que se piensa, ni capta diferencias. Por el contrario, las anula en aras de una presunta universalidad. Con el agregado que se propone de tal manera que si se llegara a perder esa universalidad, se da por hecho que ya no se estaría ni siquiera pensando, y por tanto se entraría en un delirio ajeno al uso de la razón, en la sin razón. Desde esta visión dominante, aunque la llamada filosofía latinoamericana adujera en defensa de su proyecto la aceptación usual de la apelación a, por ejemplo, una filosofía alemana, francesa, italiana, anglosajona, etc., su tarea se consideró que estaba destinada al fracaso desde su inicio. Y hoy mismo, se aduce que el presunto fracaso de los intentos de los ‘70 habría atestiguado suficientemente la inviabilidad de un pensar en Latinoamérica. Pero todavía cabría preguntarse sobre ese fracaso: ¿radica en haber emprendido un camino imposible, o en que sus resultados no han logrado el reconocimiento (la acreditación) que sí logran la alemana, la inglesa, la francesa…, es decir, las filosofías situadas pero que sin embargo se proponen con pretensión de universalidad? Es que hay un cierto poder de la abstracción (sugestivamente similar al del dinero) que, en asociación con la universalidad, permite hacer olvidar ¾sólo olvidar¾ la génesis socio-históricas del pensar y del pensamiento, así como las luchas que llevaron hasta su reconocimiento como auténtico pensar. Pero además, este poder opera como un dispositivo de clausura: desautoriza los caminos que no converjan en los aceptados y dominantes del pensar; impiden la aparición de novedades que pongan en riesgo lo ya establecido, que acaso pudieran competir con el pensar y los pensamientos ya instaurados y hegemónicos. En pocas palabras, intenta hacer desaparecer las diferencias. En consecuencia, creo que el problema que nos plantea la invitación a pensar en Latinoamérica supone empezar por establecer alguna diferencia, que habilite otras posibilidades, que abra nuevos senderos al pensamiento, nuevos recorridos que no nos repongan en las mismas encrucijadas bien señalizadas a donde nos conducen los dispositivos de clausura.
    de "El sapere aude kantiano en nuestra actualidad latinoamericana", Mario Heler, en Pensar en Latinoamérica, Jakembó editores, 2006, Asunción, Paraguay

    martes, diciembre 12, 2006

    Blog de cucurto: El curandero del amor

    http://elcuranderodelamor.blogspot.com/

    Texto austríaco

    1. Benjamín y el mundo como pasaje

    A Benjamin, último pensador que trataba de reconciliar las formas narrativas del mito con las de la modernidad, le gustaba a veces, introducir sus análisis de crítica textual con un cuento, una saga o una parábola. Tratemos tímidamente de amoldarnos a ese estilo comenzando con una anécdota. Mi familia vivió muchos años en Hamburgo, muy cerca del jardín zoológico de la ciudad, que se presentó como el primer zoológico del mundo sin rejas, pues el fundador pretendía construir para sus animales un biótopo que fuera lo más natural posible. Las calles del barrio tenían nombres correspondientes: le llamaban Esquina de Gamuza, Campo de Gacelas, Camino de las Jirafas. En esa época, el aeropuerto de la ciudad creció considerablemente, lo cual se podía oír en el barrio, situado cerca de la pista de aterrizaje. Entonces, lo que despertaba a sus habitantes por la mañana era el ruido de los aviones.

    Hace algún tiempo participé en un congreso en La Habana. Me alojé en el centro de la ciudad, en una casa particular ubicada en la esquina de las calles Industria y Tráfico. Esos nombres insólitos eran por supuesto el resultado de la revolución de 1959 y de su objetivo: destacar el nuevo contexto de producción del hombre moderno. Sorprendentemente, lo que me despertó por la mañana era el canto de un gallo. En La Habana Central casi no hay autos, debido a la escasez de gasolina y la pobreza de sus habitantes.

    Esa anécdota nos permite entrar en el mundo de las imágenes urbanas dialécticas, elemento clave del pensamiento de Walter Benjamin. Nos permite también acercarnos a lo que Benjamin definía como una «técnica» y que le servía como modelo de su historiografía: el despertar (V/2, 1006). Su trabajo sobre los pasajes de París, proyecto incompleto de gran envergadura, era el intento de recorrer la decadencia de la burguesía «con la intensidad de un ensueño», representado por esos lugares híbridos, los pasajes comerciales del centro de la ciudad de París. Benjamin los caracterizaba como «ciudad de ensueño» (V/I, 490-523), y el recorrido en estado de ensoñación por sus interiores era el paso obligado para llegar a una peripecia revolucionaria: el despertar del materialista que hace uso consciente de la historia. Benjamin presentaba el nuevo método dialéctico de la historia como «arte de experimentar el presente como mundo despierto al cual se refiere en verdad ese ensueño que llamamos pasado… Pues el Despertar es el giro dialéctico, copernicano de la conmemoración.» (V/I, 491). De tal manera, se entiende por qué Benjamín dio tanta importancia a sus experimentos con el hachís. En la embriaguez se abre un espacio de visiones que franquea el abismo entre palabra y objeto, entre la representación y lo representado. Aplicando ese modo de percepción, los pasajes se convierten en espacios poéticos donde el lenguaje se ve en una «identidad originaria con la imagen óptica.» (VI, 417)

    Entonces, el ensueño que resultaba de esos viajes a los estratos más profundos del inconsciente colectivo de la sociedad del sigo XIX no debería ser el final de la investigación del historiador. Debería llevar sus hallazgos a la superficie de la consciencia para disolver el mito que los rodea en una imagen súbitamente iluminada por las necesidades del presente.

    de "Racionalidad vs. Contingencia: ¿Cómo pensar la urbanidad latinoamericana actual con los conceptos de la modernidad europea?", Ralph Buchenhorst, en Pensar en Latinoamérica, VV.AA, Jakembó editores, 2006, Asunción, paraguay

    lunes, diciembre 11, 2006

    Pensar el viernes 15-XII

    Este viernes 15, a las 19:30 horas, en la biblioteca "Augusto Roa

    Bastos", Manzana de la Rivera, (Ayolas 129), el Colegio de

    Investigaciones Filosóficas y Jakembó editores presentarán el libro

    Pensar en Latinoamérica, con el que se inaugura la colección de textos

    colectivos «Fuera de la grey» del «alternativo, akahata y noisy» sello

    editorial. Este volumen, que reúne 28 textos compilados por Antonio

    Tudela Sancho y Jorge M. Benítez Martínez, brinda un panorama del I

    Congreso Latinoamericano de Filosofía Política y Crítica de la Cultura

    realizado en setiembre en Asunción con conferencistas locales e

    invitados venidos de España, Chile, Argentina y Colombia. Como dice A.

    Tudela en el prólogo, este libro parte de un «punto cero» de la

    filosofía en Paraguay y representa las búsquedas e iniciativas de una

    generación «del páramo, la isla o el erial», «sin el más mínimo

    "maestro" al que asirse», sin tradición, magisterio, discipulaje ni

    «homenaje» posible, «punto cero» que, esto es lo bueno, nos ahorra

    servilismos, pleitesías e imposiciones, pero también que, esto es lo

    malo, evidencia que en Paraguay no se escribe ni se crea con claridad

    y no se sale de intereses particulares «que (…) simplemente alimentan

    el bucle de una enciclopédica repetición de lo caduco...». Pero si

    esta «generación aislada y con obligada vocación autodidacta» tiene la

    tarea de escapar a la esclerosis y la asfixia que la acosan, el

    Congreso, y el libro que lo registra y que ahora se presenta al

    público, pueden ser el punto de partida. Propuesta con la que apechuga

    muy bien el doctor de la UBA Mario Heler, uno de los autores

    incluidos, que nada con destreza entre las aguas turbulentas de la

    temática latinoamericana y reclama «que pensemos en condicional como

    un modo de poder explorar una posibilidad de pensar en Latinoamérica,

    para, a la vez «poner a prueba lo que se diga, en el sentido de

    apreciar su posible productividad, su capacidad de establecer alguna

    diferencia».

    La entrada es libre y gratuita.

    domingo, diciembre 10, 2006

    Las trillizas...

    El último gran fenómeno del cine europeo y la película francesa más vendida al exterior en los últimos tiempos, Las trillizas de Belleville es obra de un dibujante e historietista francés devenido director de cine de animación. Fanático confeso del trabajo del británico Nick Park, el japonés Hadao Miyasaki y el estadounidense John Lasseter, Sylvain Chomet apunta a convertirse en el nuevo autor de lo que él llama una tercera vía de la animación. La de aquellos que no piensan en el estilo Disney ni en el de la animación televisiva, que piensan en la obra antes que en el público, que a la hora de pensar en sus películas no piensan solamente en los niños. Algo que sucede con todos los directores nombrados anteriormente, pero aún más en la película de Chomet. Luego de haber trabajado para Disney en Canadá, Chomet parece haber conseguido con Las trillizas... un lugar propio dentro del mundo de la animación más personal. Y lo hizo con un debut en el largometraje que fue aclamado el año pasado en el festival especializado de Annecy, pero también fue unánimemente celebrado en Cannes, y que llegó a ser nominado al Oscar compitiendo con un megaéxito como Buscando a Nemo.

    Exhibida en el último festival de cine porteño (2004), Las trillizas... arranca como una celebración de la animación más tradicional, aquella en blanco y negro de los hermanos Fleischer y de Betty Boop. Pero rápidamente deviene en casi una versión animada del más clásico humor del cine francés, con Jacques Tati como abanderado. Su verdadero trío protagónico es el integrado por Madame Souza, un nieto ciclista y un perro torpe y querible llamado Bruno. A la megalópolis del título –Belleville– llegará primero el nieto, casi directamente desde una carrera de bicicletas que recuerda al Tour de France, y detrás de su pista irán abuela y mastín. Y una vez allí se encontrarán con las trillizas, un trío de avejentadas hermanas musicales, con basquetbolistas atrapados dentro de sus largos cuerpos –como bien las describió el director–, y un espíritu joven a pesar de los años.

    Obra de climas y personajes, Las trillizas de Belleville es una película descriptiva antes que narrativa, que ofrece una visita a un mundo regido por otras leyes. La de la observación asombrada y cómplice antes que la del espectáculo vertiginoso, aun cuando su visión asegure un espectáculo para los ojos. Prácticamente muda, su historia se va presentando con mucho garbo y bastante ingenio. Hay un estudio de personajes familiares y también la trama de un secuestro, y detrás de todo eso el tesón de Madame Souza, la torpeza de Bruno y el universo personal de las trillizas, cuyas historias constituyen el principal encanto de una película muy particular, a la que es muy fácil querer y difícil no entregarse a disfrutar. Y que sería limitado describir apenas como un dibujo animado para adultos.

    peli del 64

    El verdugo es Nino Manfredi harto de lavurar en una funeraria solo piensa en hallar una changa en Alemania pero conoce a la hija de Pepe Isbert (el verdugo a punto de jubilarse) -actor bastante desagradable por una elemento contradictorio de su rol: viejito de voz flemosa y cascada, de viejo, pero de una movilidad que hace sospechar su auntentica veteranía. Así que cae en una tramoya femenina y tiene que casarse pues y heredar la posta verduguesca, ese oficio nefando. En realidad la peli describe las ansias de ascenso de la clase media española durante un boom-i economico franquista allà por los 60 y vive planilleando de verdugo cobrando puntualmente su sueldo-sinecura pagando su pisito petit-bourgois etc, hasta que alguien debe ser agarrotado por el vil verdugo "virgen". Claro olvidó su contrato mefistofélico y pensó que la farra era eterna y el mal era un sueño de los antifranquistas nada más. Me parece exagerada esa tendencia de considerarla "La dolce vita española"... La distancia es abismal, y acá va de gente que quiere flotar más que temerosa de caer a la realidad.

    martes, diciembre 05, 2006

    Nuevo Jakembó, nueva colección: "Fuera de la grey"

    Colección de textos colectivos "Fuera de la grey" http://jakembo.blogspot.com/2006/12/pensar-en-la-latinoamrica-abre.html

    Brian Eno por Moretti

    BY THIS RIVER
    Here we are Stuck by this river, You and I Underneath a sky that's ever falling down, down, down Ever falling down.
    Through the day As if on an ocean Waiting here, Always failing to remember why we came, came, came: I wonder why we came.
    You talk to me as if from a distance And I reply With impressions chosen from another time, time, time, From another time.

    This song appears in the Italian film La stanza del figlio (The Son's Room), de nani Moretti http://www.cinencuentro.com/radio/Brian%20Eno%20-%20By%20This%20River.mp3 Danke Edgar chera'a por el mp3

    lunes, diciembre 04, 2006

    DVDzine Rosa Parks

    DVDzine

    que lleva

    el nombre

    de la

    pionera

    de las luchas

    por los derechos

    civiles. Aqui

    les damos

    la sección bajable

    micro-docu sobre

    Lali Puna

    banda islandesa.

    http://www.rosaparks-zine.net/rosaparks_oo/lali.html

    domingo, diciembre 03, 2006

    Camper van Beethoven

    web recomendada pra lectores del kuru rembo kuera poeguará: http://www.campervanbeethoven.com/ Bon apetit este grupo post-kaleidoscope eclectico y variopinto les copará.

    sábado, diciembre 02, 2006

    Adiós

    Alguien que estaba entre los vivos deja de estarlo, y cuantos de entre los suyos quedan se congregan, siempre desconcertados, como si algo así no hubiera sucedido nunca antes sobre la tierra. En cierto momento, alguien debe hablar, y también está perplejo el que manifiesta en público el adiós póstumo, interrumpiendo con ello el silencio recogido o el murmullo pudoroso de los otros, haciéndolo porque se le ha honrado con tal solicitud o porque piensa que alguien tiene que hacerlo y en ambos casos con la certidumbre de que lo hace "porque es su deber", un deber penoso, pero también con el profundo sentimiento del absurdo y el sinsentido de decir esas palabras. Porque, en realidad, esas palabras no se dirigen a quienes están ahí y pueden oírlas, ni verdaderamente a nadie que pueda a ellas replicar ya nada, porque el adiós se dice justamente y en exclusividad al que ya no está y ya no escucha, al que ya no discutirá lo que uno diga ni tampoco celebrará ya nada de lo pueda decir uno nunca más. "Nunca" es una palabra extraña, estupefaciente, que ciega o que deslumbra con su denso vacío , que impulsa al que pretende decir su adiós a callar, a replicar con el vacío recíproco de la mudez, del silencio, de la pregunta huera "¿Para qué?", que de antemano lo descarta todo porque su obvia respuesta es "Para nada". Y, sin embargo, piensa entonces uno, "Para nada: exactamente, pues, por eso mismo": porque es inútil pero necesario, como el deber de hacerlo carece de sentido y es absurdo, pero por eso mismo es imperioso, porque su gratuidad manifiesta su hondura, como el pragmatismo de las acciones sensatas evidencia su banalidad. Qué experiencia extraña, antigua como el hombre, la de la insensatez urgente, ineluctable, de dirigir a un ausente palabras que para él están siendo pensadas, que para él habrían sido dichas si estuviera. A ti te gustaba imaginar esas largas tinieblas paleolíticas de terrores y magia, y pienso ahora que en la inutilidad y el sinsentido de actos como el presente pudo aparecer la palabra inaugural, decisiva. Próxima primero a lo sagrado y sólo rebajada después a lo profano, poesía primero y sólo después prosa, quizá fue un nombre con el que un primer ancestro, asustado al descubrir la soledad, quiso suplir una ausencia, traer lo ido de nuevo hasta el ser de lo presente, hasta su superficie luminosa: ¿no decimos de niños la palabra para designar lo que no está allí para señalarlo con el dedo? Bien sabido es que el signo se pone en el lugar de lo designado. Tal vez un primer hombre solo y triste encontró de pronto ese lugar vacío, y en su miedo tuvo que pronunciar entonces la palabra, nacida de la Muerte, pero fértil en mundos de ideas y de historia, y así puede que la designación naciese para conmemorar: originaria palabra sagrada, palabra de la veneración y del ritual, primitiva palabra cargada de memoria, pasión y pesadumbre, palabra de la poesía. Hijos, pues, de la muerte, lo que a ella le debemos lo debemos también a no haber permitido, en esa antigua noche, que ella dijera la última palabra. Y qué otro sentido puede tener algo tan insensato como decir para quien no puede ya escucharlas cosas como éstas, sobre las que tanto disfrutabas conversar, si es a todas luces un manifiesto absurdo pronunciar lo que ya no llegará hasta ti. Qué sentido, sino el mismo y viejísimo sentido que tuvo para aquel imaginado primer hablante o primer poeta pronunciar torpemente, con reseca garganta e indócil lengua inexperta, desde su solitario pavor y su tristeza, nuestra primera, tosca, ingenua poesía, que abrirá las puertas a tantos siglos y milenios de hechos y palabras, a todo un universo tan complejo y difícil, lleno de horror y de magnificencia, que tú conocías tan bien; qué sentido sino el de no dejar que la muerte diga la última palabra. Pensar en que la diga finalmente, al cabo de eones y eones de desarrollos cósmicos, puede volver absurdo y sinsentido este deber, pero no hacerlo menos imperioso, como bien sabes tú, que en el fondo siempre encontraste grandeza en el absurdo y que tanto gustabas de aquella bergmaniana partida de ajedrez que jugó el Caballero con la Muerte, porque no tenía en realidad ningún sentido que el Caballero moviera sus piezas. Así que digo pues esto, y también lo diré por quienes guarden tu buena memoria, en tu ausencia pero para ti, ya que el "adiós" se dice a aquel a quien se despide y a nadie más, y no significa un "término" o "conclusión", como si la frontera ente la vida y la muerte fuera la misma que media entre el ser y la nada de tal manera que, hundido aquel que parte en el no-ser, quien queda se tuviera que desentender de él como de lo que no existe: el "a Dios" encomienda a Dios al que se marcha, y lo que importa aquí no es ese Dios, sino la persistencia con que acompaña al viajero quien así manifiesta que se queda, pero que aunque se quede se cuida de él, que con este cuidado lo acompaña: el "adiós", como "a Dios", no marca el fin, sino que, desafiando la alternativa entre el ser y la nada, sigue saludando para siempre al otro más allá del ser. Dijo el poeta Rainer Maria Rilke: «Es éste el sentido de lo que un día fue: que no quede hundido por su peso. Que regrese a la luz en nuestro ser, tejido en él, profundo y milagroso.»