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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, agosto 31, 2006

Nancy traducido por Tudela

«Unos con otros»: ni «unos» ni «otros» son los primeros, sino solamente el «con» por el que hay «unos» y «otros». El «con» es una determinación fundamental del ser. La existencia es esencialmente co-existencia. No solamente co-existencia de «nosotros» (los hombres), sino de todos los entes (hace falta todo para hacer un «mundo»). Ser-con, o exponerse los unos a los otros, los unos por los otros: nada que ver con una «sociedad del espectáculo», pero tampoco nada que ver con una inexponible «autenticidad».
Jean-Luc Nancy © Arena Libros S. L.
JEAN-LUC NANCY, Ser singular plural
ISBN: 84-95897-41-5
Año: 2006 Páginas: 200Formato: 149 x 220 mm Precio con IVA: 16 €Filosofía una vez, 22 Traducción de Antonio Tudela Sancho

miércoles, agosto 30, 2006

Subversión patafísica en Bouvard y Pécuchet

Se sentían un poco humillados ante la idea de que sus personas contuvieran fósforo como las cerillas, albúmina como la clara de huevo, gas hidrógeno como los faroles de alumbrado. Por fin, con gran escándalo del señor párroco, adoptaron la nueva moda de introducir el termómetro por detrás. ...no se descubre en los autores ninguna definición razonable de la salud, de la enfermedad, de la diátesis, ¡ni siquiera del pus! Abandonaron el café con leche por su detestable reputación... Morin...condena todos los sombreros, bonetes, gorros y gorras... Las legumbres causan acidez, los macarrones pesadillas... ...entraban en los corrales y preguntaban a los labradores si habían visto uniones de toros y yeguas, cerdos en busca de vacas e indecencias cometidas entre machos de perdiz. Bouvard se imaginó a Europa hundida en un abismo. Yo no creo en el reino animal. Bouvard y Pécuchet, Gustave Flaubert, Tusquets editores, Barcelona, 1999

martes, agosto 29, 2006

Soroche salado

Andrés Ajens ha contactado con más poetas predicadores a la intemperie y ha alcanzado el punto álgido de la mística, soroche apalabrado por fauna tan variopinta y proteica como Douglas Diegues, Ramiro Quiroga, Wilson Bueno, Jussara Salazar (a quien el poetakurupiense Cristino Bogado regaló alguna vez un cigarro pogasú, instrumento chamánico par excellence, y muito femenino en la campaña paraguaya), Echavarren, Kozer, Jiménez, Roger Santivánez, y un largo etcétera. Saludos y éxitos para los adictos al mal de soroche y un buen té de coca les recomienda el doctor vicioso.

En http://www.intemperie.cl/inde.html

podrán bajar el pdf de la revista.

lunes, agosto 28, 2006

Espósito viene para comer asado

Nacido en 1950, Roberto Esposito se graduó en Filosofía en la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad "Federico II" de Nápoles. Actualmente es Profesor regular de Historia de las Doctrinas Políticas en la Facultad de Ciencias Políticas del Instituto Universitario Oriental de Nápoles así como Director del Departamento de Filosofía y Política de la misma institución. Autor de numerosos artículos filosóficos y libros (entre los cuales se destaca la trilogía "Bios", "Communitas" y "Inmunitas"), fue también Director responsable y miembro de la dirección de la revista de Filosofía Política "Il Centauro", desde 1981 hasta su cierre en 1986. Es codirector de la revista "Filosofia Política", desde su fundación en 1987 y se encuentra entre los fundadores del centro por la Investigación de Léxico Político Europeo (con sede en Bologna). Es concejero editorial y político de la revista "Micromega" y dirige la colección "Por la historia de la Filosofía Política" para el editor Franco Angeli. Colabora con Einaudi, Il Mulino, Bollati Boringhieri, Bruno Mondadori y Donzelli. Entre las actividades programadas para la visita a la Argentina de Roberto Esposito, habrá dos conferencias: 1) La primera se realizará en el Coloquio Internacional Bariloche de Filosofía a realizarse entre los días 21 y 22 de septiembre del corriente año. 2) La segunda tendrá lugar en la Biblioteca Nacional el día 25 de septiembre

domingo, agosto 27, 2006

Historia sucinta del videoclip (fant´stico) paraguayo, VIII

El color del alba, letra : Elvio Romero y música: Carlos Noguera Los chamos del momento, 2006 Los niños de la calle aletargados por la cola y los jazmines luchan hasta el alba contra los demonios de la vigilia: la rutina impasible o acelerada (las dos únicas formas de la stimmung histórica-epocal del citoyen asunceno) de los fantasmas humanos. Todo en travelling de retroceso, como huyendo de esa acusación onírica. Moralismos de culpabilidad esencial de la mirada mecánica, ética de la discreción del voyeur impotente...Huir como para poder dejar de mirar, aunque la música hace imposible la separación definitiva de los escribanos, esos documentalistas fastidiados, del milagro del abandono. Disyucción del ojo fugitivo y de la oreja prendida a su presa. Escapar y quedar fascinados: la música revelando su poder aglutinador, religante; el clip, su aversión instintiva al dato real. Cuando amanezca, los protagonistas serán meros entes diminutos y difuminados para el objetivo, ahora casi humano en su miopía astigmática, y como vapor genésico, la música se camuflará en humo de café o cocido, en racimos clustéricos de calor regenerador...El dolor, moraleja, es intangible, sublime, irrepresentable, apenas le cuadra la paráfrasis de las voces filtradas por gargantas ya definitivamewnte ciegas, mas ya nunca insomnes o amnésicas. Para escuchar la versión de Vocal Dos (Carlos y Luis Pettengil) ir hasta links amigos y clickear en Che Pikachú-mi

sábado, agosto 26, 2006

LO REAL Y LO IMAGINARIO(las trampas mito-lógicas)

Un padre y una madre centauros contemplan a su hijo, que juguetea en una playa mediterránea. El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta: ¿debemos decirle que solamente es un mito? Kostas Axelos, Cuentos filo-sóficos.

La degradación de Plutón

Son malas épocas en el Hades desde que el capo máximo se enteró de que a su pálido y frío cuerpo celeste lo han degradado a planeta enano. Justamente al suyo. ¿Por qué no al gigante gaseoso de Zeus? ¿Por qué se salvó el señor de los anillos, el planeta de esa deidad que se desayunaba a sus hijos? ¿Por qué no a aquel también diminuto higo que es el planeta del mensajero de los dioses? Ese que vive encerrado y endiosado en los termómetros. Confusión grecolatina. Está furioso Hades y así lo demuestra esa certera patada inferida a su tricéfalo cánido, el guardián encandilado por la música de Orfeo. Ahora Caronte -satélite marinero de anorexia desmesurada- no estará ya girando alrededor de un planeta con todas las letras. Han agujereado su orgullo. Degradado. Baja deshonrosa. Como un director de empresa que cometió un error fundamental y que por ello fue removido de su cargo, asignado a tareas menores, como una especie de consuelo. Seguir formando parte de la empresa pero sin poder de decisión, sin degustar las mieles del mando. ¿Por qué vienen unos seniles astrónomos a turbar la paz de esta Ultima Thule del Hades y del planeta último? Oh sí, definitivamente, son malas épocas en el Hades.

viernes, agosto 25, 2006

Mburikao

Recitado Ajepa iporâ Mburikao ko nde purahéi Ahendúva osyry mba´e porâita pa´ûme Guyraita ñe´ê ndererohory. Sauce rakâ puku puku ojero´áva nde ári Amambái, culantrillo ha helechoita Yvytu peju kangymíme oñemyatimóivo Oñakaityrô guáicha nemomaitei. Yvoty ka´aguy ne añua Arroyo piro´ysa porâ Ita ygáu ha yvyku´i morotî ári Resyry ñeno pytu´úvo rehóvo Ka´aguy ryakuâvu rei pa´ûme .Mávapa ndéicha MburikaoKo yvy apére oikóva otyryry. Akói arroyo porá resyry kangymí- va chemomandú´a ajarô guare ned ypy- pe romokunu´û kirîrîhapemi ita sarambia pytégui arokañynguévo ko nde purahéi nahi´âiva´ekue chéve chemopîrîmbávo rohendu jave. Mburikao reguerokañyva´ekue kuehe che vy´a´y. Mburikao reroñapymiva´ekue che anga syry tyaipa. Mba'e ionderapyva ñaña ndoi- kuaávai mboriahu ysyry ndeveko péina apagáta che mbo´e haguére ko nde pura- héi ajéipo oiméne otro ndéicha ko yvy apére oikóva otyryry ipúpe nanembojo- jái mbói chini ni ama ni campana porâ. Mburikao Letra: Víctor Montórfano Música: José Asunción Flores

jueves, agosto 24, 2006

El culo según Merlina

Rimbaud le ha dedicado un famoso poema. Merlina, exponente de la nueva generación con pretensiones artísticas, estudiante de arte y ya premiada en algún concurso para jóvenes hasta 35 años, nos da su visión sobre este tópico, el del desnudo en su mueca pornográfica. Ha recurrido al rosario (objeto fundamental del ajuar de toda niña devota, junto al lipstick y el valium) para otorgarle al cuerpo, abandonado en pose de carretilla que debe ser impulsada, su dinamismo visceral. la música la ponen los ojos.

miércoles, agosto 23, 2006

Cine paraguayo, ¿en serio?. Hay que ver..

Las cintas locales 18 cigarrillos y medio, transcurre durante un día, en el tiempo que le lleva al protagonista fumarse una caja de cigarrillos. Durante el día se entrecruzan las historias de él y sus amigos. Pero solo se puede ver lo que sucede mientras él fuma. El Invierno de Günter , dirigida por Galia Giménez, está basada en la novela de Juan Manuel Marcos. El filme se encuentra en etapa de posproducción. Universo servilleta, cuenta con la dirección de Luis Aguirre. Es una historia contada a través de los ojos de Félix, un joven paraguayo de 23 años. Mucho pasa a través de él, su familia y amigos. El reflejo Cinta que cuenta con la dirección de Gustavo Delgado. Trata sobre la vida de un empresario, dueño de una de las financieras más importantes del país, está casado y tiene problemas en su vida personal. Liberen a Willy, trata del secuestro de un joven adinerado que pasa 9 meses encerrado. La escena del secuestro es una copia de cómo nosotros entendimos que fue el secuestro de Cecilia. Arráncame los sueños, con la dirección de Adrián Marcos. El filme trata acerca de la lucha por los sueños y de la reencarnación. Flores para Aramí, una historia basada en la vida real. Trata sobre conflictos dentro del matrimonio y la conducta altruista que puede tener una persona para ocasionar el bien en la vida de su amante.

martes, agosto 22, 2006

Rebajándose a las crestomatías

Sympathy For The Devil - Exclusiva Fnac J.L. Godard Expedición en 24 h Idiomas: Inglés Director: Jean-Luc Godard Actores: Mick Jagger Keith Richards Brian Jones Precio Fnac: 17,95 € Tomando como trasfondo el panorama cultural de finales de los 60, Jean-Luc Godard nos ofrece en este documental un testimonio imprescindible de lo que se dio en llamar la contracultura occidental. Con un análisis profundo del movimiento de los Panteras Negras y con referencias a los trabajos de personajes tan relevantes como LeRoi Jones y Eldridge Cleaver, recorremos momentos significativos como una visita a los Rolling Stones en el estudio de grabación. En esta edición se ofrecen las dos versiones que existen de esta película: la del montaje del director y la del montaje del productor. & "Diccionario del paraguayo estreñido" es el título del último libro de Helio Vera, que será presentado el viernes 25, a las 19:30, en la Embajada argentina. La obra es editada por Servilibro

lunes, agosto 21, 2006

Tomando ora la espada ora la pluma, parte 2

Winston Churchill, el novel ladrón de premios Muchacho elegante el amigo Churchill. Este señor cuenta con un currículo interesante en cuanto a lo militar (no cualquiera te participa en dos guerras mundiales e incontables expediciones colonialistas). Pero su repertorio letrístico es algo monótono: libros sobre historia de guerras y biografías. Fácilmente acusable de nepotismo literario, puesto que entre las biografías escritas están la de su ancestro aristócrata (no nos referimos a la botella que vos sabés) Marlborough, y otra de su padre. Casualmente, en estos libros, los biografiados aparecen como angelicales y nobles seres con notables y admirables virtudes. Y por supuesto, el summum creativo, el éxtasis intelectual, ese orgasmo manual que es la escritura (¿qué pensaste, Onán?) llegó al publicar sus tan mentadas memorias en varios tomos (¿Funes? ¡Las pelotas!). Y entonces ya no había nada que discutir, ¡qué Borges ni ocho cuartos!, ¡marche un Premio Nobel de Literatura para Churchill! Y así fue. En 1953 le fue otorgado el galardón y vayan a llorarle a su abuela. La academia justificó la entrega al Winston por "su dominio de la descripción histórica y biográfica, así como su brillante oratoria en defensa de los valores humanos". Pecaríamos de osados al opinar aquí que el mayor logro de Churchill en lo literario fue haber conseguido que el bigotudo Mark Twain lo presentara una vez en una universidad de yanquilandia para dar una conferencia. Hemos pecado. Sadam Hussein, escritor de best sellers Sin dudas el más literario de todos. Sadam, el hombre que postergaba la planificación de la defensa ante la inminente invasión norteamericana del 2003 porque se encontraba ensimismado en la culminación de su última novela ¡Demonios, íos!, es el escritor por antonomasia, el homme de lettres nato que no deja pasar hecho alguno sin sacarle provecho literario. Dice el mito que al caer las primeras bombas yanquis sobre Bagdad, el otrora amigo de los Bush seguía dándole a la pluma, enfrascado en la elaboración de enrevesados retruécanos y referencias hipertextuales a otros grandes escritores de turbante. Entre sus publicaciones más destacadas se encuentra Zabiba y el Rey, una novela filosófica perfectamente encuadrada dentro de los terrenos de tradición narrativa árabe, según la oikua’ava. Una reseña proporcionada por San Google dice que la sadámica obra “es algo así como la noche 1002 de Scherezade. Una noche en la que el pueblo –simbolizado por Zabiba– debate con el Rey sobre todas las cuestiones de la vida, de la política, de la justicia, de la libertad y de la muerte”. Imaginamos a Sadam dirigiendo un contundente he’una péa, ante la atónita mirada de los escritores de corbata e intelectuales de cafetín. No nos queda más que elevar nuestra voz de protesta contra la mortal invasión gringa a una de las principales cunas de la cultura árabe, contra la matanza de su pueblo y principalmente –last but not least- por haber truncado una prominente y prometedora carrera literaria, la de este autor tan tierno y con una elevadísima sensibilidad e inventiva para la elaboración de historias. Nicanor, el omnipresente clown Paraguay, para orgullo de todos sus habitantes, cuenta también con un mandatario que esgrime la pluma, un sucesor natural para Roa Bastos. Autor del libro Diálogo con los ausentes, junto a un tal Ibáñez, al que ni su mamá le conoce. Pensamos que este libro del Nica puede ganar fácilmente el Premio Nacional de Literatura. Claro, para que ello ocurra es imprescindible que J. C. Amoroso presida el jurado. Bien, en ese libro hay divagues político-económicos. Perfecta demostración de que un político dice pensar de una manera pero actúa de una muy distinta al ejercer el poder. Aunque el mayor robo duartefrutero se da con el prólogo infringido al Quijote que publicó el MEC (muerto Cervantes vuelve a morir de la vergüenza ajena). Allí sí se aplica con todo su rigor la célebre frase de aquel filósofo presocrático: “¡dejá de robar!”. Tiene una gran suerte Nicanor de que por aquí no se profese la fe del Corán, pues si así fuera ya hace rato le hubieran cortado las manos, por ladronazo. Por Xanto y Eulo García

Tomando ora la espada ora la pluma, parte 1

Dice Cervantes en El Quijote: "Las armas requieren espíritu como las letras". "Las armas requieren espíritu como las letras", leemos en la versión corregida de Pierre Menard. Justamente en esa conjunción de armas y letras enfocaremos estas líneas, pues no son pocos los jefes de estado que han tomado la pluma y han inferido uno que otro libro a la imprenta, con temáticas que van desde la onda política, pasando por la economía, las insoportables autobiografías y llegando inclusive a los vaporosos territorios de la ficción. La lista sería extremadamente larga, y en ella no faltarían los Jeffersons, los Fernando Henrique, los Vaclav Havel, los François Mitterand, los Perón y los Clinton umía kuera. Tampoco podemos dejar de mencionar -en tanto jefes de estado- a los ensotanados/ensatanados como Juan Pablo II y Benedicto XVI. El primero, autor de la obra teatral El taller del orfebre -convertida luego en ópera rock- y el último, padre de algunos divertidísimos títulos como ¿Democracia en la iglesia? y El camino pascual: ejercicios espirituales dados en El Vaticano en presencia de Su Santidad Juan Pablo II. Es nuestra intención profundizar aquí en nada más que un puñado de estos polifacéticos individuos. Francisco Franco, generalísimo de las letras En 1922 el mundo editorial recibió estremecido la obra titulada Diario de una bandera, firmada por el entonces Comandante Franco; en ella, el culto lenguaje de Castilla alcanza nubes altísimas. Con el tiempo, el pequeño hombre de armas publicó Raza, un libro salpicado de tropos dictatoriales y metáforas militares. El eje temático de la obra literaria franquista lo constituye una obsesión antimasónica. Hay quienes dicen que la misma se originó al no haber sido aceptado en la geométrica hermandad; otros sostienen que se debió a su expulsión de la misma (famoso oñemose por puerco). Lo cierto es que Franco basaba su fobia en la comprobada filiación masónica de las principales autoridades que hicieron posible la desmembración del imperio español en América en el siglo XIX y la pérdida de las últimas colonias (Puerto Rico y Cuba). O sea que Franco opillá la onda de los masonmenos y les dio con todo -pa que tengan-, pero como sabemos gracias a Michael Douglas que toda obsesión puede ser fatal, bajo esta acusación, qué decimos, bajo esta sola sospecha de pertenecer o tener algún contacto mínimo con los nenes de la escuadra y el compás, el generalito arrasó con toda la perrada de ondaité nomás. Fito Hitler, el horror después del terror Presencia ineludible en esta selección es la del no ya tan misterioso libro Mein Kampf, del inefable Adolf Hitler. Hay que decir que intentar leer este libro es una verdadera lucha, ya que su prosa es tosca y no ofrece atractivos mayores al del acercamiento de primera mano a las megalómanas ideas nacionalistas y racistas del amigo Fito, quien no llega ni a los talones a la prosa falangista del generalísimo Franco, y esto, si tomamos en cuenta la mínima estatura de estos próceres de la literatura y otras sangres, ya es mucho decir. Pero de todas formas se podría rescatar el coraje en su publicación. Ahora, nos queda la duda sobre qué técnica hubiese adoptado Adolfito de haberle permitido su padre desarrollar su talento para la pintura ("tan fuera de duda", según sus propias palabras). No podemos evitar el pensamiento de que se hubiese inclinado por pintar una onda El Bosco, con sus orgías de sangre, fuego y mambos negros, puesto que, a juzgar por su legado político y militar, era ese el panorama que se dibujaba en su cabeza. Parece ser que, actualmente, Mein Kampf es uno de los libros más vendidos, ya que se lo puede ver en cualquier casa de venta de libros compartiendo el espacio con biografías del Che, estudios sobre los papos y verdades del Código de Da Vinci, enciclopedias didácticas sobre cómo volver a hacer el amor a los setenta, y algún que otro libro de literatura. O a lo mejor hay tantos libros de/sobre Hitler porque nadie los compra. ¡E’ana!, ¿cómo pio era el mambo ese de la oferta y la demanda?

Espectro derridiano

Ahora sí, créame, creo en los fantasmas A partir de la lectura de algunos textos «marginales» de Jacques Derrida, pertenecientes en especial a sus últimas obras, y desde la perspectiva de las relaciones que ineludiblemente median entre la experiencia biográfica y los intereses filosóficos, esta ponencia trata, por un lado, de situar las reflexiones del filósofo acerca de la imagen –en concreto y muy especialmente la cinematográfica– en el marco de un peculiar desarrollo de cierta línea de pensamiento contemporáneo que bien podría fundamentarse en los trabajos de Hugo von Hofmannsthal y Walter Benjamin, así como hallar complicidades en absoluto casuales en los estudios de Gilles Deleuze; y por otro lado, la propuesta se centraría en el «fantasma» o «espectro»: concepto fundamental a la par que clásico tanto del cinematógrafo como del psicoanálisis, por no mencionar la literatura, territorios todos ellos sobre los que, tanto por separado como en conjunción, se ha cernido la mirada del filósofo. De este modo, quisiéramos mostrar cómo el pensamiento derridiano introduce una variación radical y original en la estética moderna (incluyendo su primera o primitiva acepción: «percepción por los sentidos»).

domingo, agosto 20, 2006

Para Somos (El comercio, Lima): versión completa

(ADVERTENCIA: ENCONTRÉ EXTREMADAMENTE DIFÍCIL, EN ALGUNOS DE LOS CASOS, SELECCIONAR UNA RESPUESTA QUE EXPRESASE MIS PREFERENCIAS DE MANERA PERFECTA Y EXCLUYENTE, OCUPANDO EL ESCALÓN MÁS ALTO DEL PODIO SIN NINGÚN LUGAR A DUDAS, POR LO CUAL HE SUMADO AL CRITERIO DE LA PREDILECCIÓN OTRO, ALEATORIO: EL DE MENCIONAR LO QUE MÁS FRESCO TUVIERA EN LA MEMORIA ―POR HABERLO VISTO, ESCUCHADO O LEÍDO RECIENTEMENTE― O LO QUE SE PRESENTASE DE INMEDIATO EN MI MENTE ―POR TENERLO A LA VISTA EN UN ESTANTE, POR EJEMPLO. SE TRATA, POR OTRA PARTE, DE UNA SUMA DE CRITERIOS, NO DE LA SUSTITUCIÓN DE UNO POR OTRO.) Quizá El único y su propiedad, de Johann Kaspar Schmidt (Max Stirner), porque minuciosamente enuncia todo lo que se siente pero no puede decirse, ya que la conciencia le es refractaria: lo impensado, y, sin embargo, pensado en cierta forma con más intensidad que nada (por la misma razón podría aquí considerarse a Sade, quien lo dice prolijamente todo, hasta lo que no puede ser dicho ―lo que sólo puede ser aullado o bramado―, pero siempre en equilibrio al borde del abismo de lo indecible). Quizá el Jakob von Gunten, de Robert Walser, porque el fracaso se palpa desde la primera frase, avanzando con una insidia que atrapa los nervios, y, sin embargo, hay en él cierta grandeza, cierta triste gloria. Quizá las Historias Extraordinarias, de Edgar Poe, porque derriban siempre la fortaleza de la razón, delgada epidermis que, en el hombre civilizado, recubre los pavores primigenios de la larga y siniestra noche paleolítica, y porque revelan que el más perfecto de los razonamientos nunca tendrá la fuerza del más débil de los instintos. Por otra parte, no hace mucho leí Middlemarch, de George Eliot: perfecta; tenía más de mil páginas y lamenté que terminaran y que no hubiesen llegado, por lo menos, a tres mil. Me parece que, definitivamente, alguno entre los poemas de François Villon; lo que no sé aún es cuál: quizá “El legado”, o bien “El testamento”, o bien aquella “Balada” que empieza: “Padre Noé, que plantaste la viña...”, o quizá la jocosa “Balada de Margot la Gorda”, con su deliciosa frase reiterada cuatro veces y de aire grotescamente “respetable” en esta, al decir de Nietzsche, “época laboriosa”: “...en este burdel donde trabajamos”. O puede que simplemente el breve y humilde “Versete”, o el noble y ridículo “Tetrástico”. Yo diría que Woyzeck, de Georg Büchner. Quizá El golpe maestro del leñador encantado, de Richard Dadd, porque esa imagen congelada del acto sacrílego detonante de la psicosis del pintor encierra el horror y el placer del éxtasis de la locura, la, por así decirlo, atracción del abismo. Pero me es imposible renunciar a la mención de Friedrich, Füssli, Piranesi, Hopper, Arcimboldo o El Bosco. Y debo también referirme aquí a Ogwa, el pintor chamacoco, etnia indígena del Chaco, cuyo nombre cristiano es Flores Balbuena: su línea clara, veloz, sintética y expresiva tiene la frescura de toda experiencia originaria. Mencionaré una que vi hace poco, La vida soñada de los ángeles, de Erick Zonca, con Natacha Régnier y Elodie Bouchez: melancólica y siniestra presencia de una fatalidad a la que sólo se escapa con la muerte (en este caso, el suicidio): la condena de los desheredados. Película amarga, aunque de un lirismo doloroso, que no por ello vuelve previsible u obvio el desenlace. No sé. Quizá Emil Jennings en El ángel azul y en El último hombre. Grupos, muchos: Steve Harley & Cockney Rebel, Nick Cave & The Bad Seeds, Eistürzende Neubauten, Cowboy Junkies, Os Mutantes... no sé, los viejos Pistols y los Clash, cae de maduro; aunque no son grupos, Paul Robeson, Billie Holliday, “Howling Wolf”. Entre los compositores tengo presente ahora a Agustín Pío Barrios, “Mangoré”. Compositor e intérprete de guitarra. Paraguayo. Su Danza Paraguaya es de un vigor brutal, alegre y elegante como el zarpazo letal de un tigre, y su Catedral es sublime en el viejo sentido que dan al término el Pseudo Longino y, ya en el XVIII, Edmund Burke. Compositora e intérprete también, merece un lugar destacado en esta enumeración apresurada e incompleta P. J. Harvey. Bluffs los hay muchos. Literarios, por docenas. Qué duda cabe. Pero hablar de ellos es perder el tiempo. Además, como puede decirse que no constituyen las excepciones sino que integran la norma, enumerarlos sería interminable y tedioso, y elegir uno prácticamente equivaldría a hacerle un honor. Un lugar en el mundo, pero no en el espacio, sino en el tiempo —que, conjuntamente con el espacio, integra el mundo—: la oscura biblioteca de mi abuelo, donde pasé casi toda mi infancia, pero no como es ahora, sino como era entonces y ya no volverá a serlo. No los lugares de la geografía, sino los lugares de la memoria, de la fábula, de la alucinación: no el viaje propiamente dicho, sino el trip. Bebida: en invierno, brandy y café; en verano, cerveza rubia muy fría, casi helada, pero no demasiado ligera (nada de Budweiser: me sabe a agua); todo el año, cerveza negra, de preferencia irlandesa, vino tinto y mucho té, sobre todo chino. Ocasionalmente, gin-tonic y whiskey. Un platillo: el que inventamos una noche en nuestro depa con unos amigos, entre ellos Edgar C., quien lo bautizó como “mascarones de proa” e improvisó un relato de marineros hambrientos llegados en noche de tormenta a la misteriosa posada de un peligroso puerto para justificar el nombre, que el plato conserva hasta hoy. Está hecho a base de crema fresca de leche, hojas tiernas de albahaca finamente picadas, cebolla roja y abundante ají del más fuerte picados también, un buen chorro de aceite de oliva extra virgen, zumo de limón, sal y pimienta negra recién molida. Se unta generosamente sobre rebanadas de pan tierno, de ser posible casero, y es buena compañía para casi todos los alcoholes, además de ligeramente afrodisíaco, por la presencia muy notoria del picante y el aroma estimulante de la albahaca fresca. En aquella ocasión lo regamos con un cóctel de aguardiente y zumo de pomelo hasta el amanecer.

sábado, agosto 19, 2006

Muchacha mala con los poetas coetáneos

Mi amigo el poeta Paolo de Lima requirió de mí ciertos comentarios sobre la obra, y el impacto de la misma en la poesía peruana de las últimas décadas del pasado siglo XX, de la legendaria poetisa María Emilia Cornejo. Me complacería poder emitir acerca de tema tan importante algo más que inverosimilitudes —considero, de hecho, que la obra de M. E. Cornejo merece sobradamente análisis más serios que los que una amateur como yo pueda hacer—, pero, como le comentara a P. en previo correo, por inverosímil que parezca (porque me consta que, en efecto, lo es), la absurda verdad es que no he leído (o, más bien, que no lo había hecho hasta hoy, cuando, por este medio electrónico, P. me hizo llegar sus poemas más citados y célebres) a María Emilia Cornejo, porque, para completar este cuadro de inverosimilitudes, sospecho que absolutamente insólitas (e incluso indecorosas) en poeta alguno que de tal se precie, lo cierto es que disto mucho de ser una gran lectora de poesía. Tengo, es cierto, unos pocos fetiches, que se pueden contar con los dedos de una mano, entre los que el erudito delincuente Villon ocupa el primer puesto de mi peculiar ranking bizarre y a los cuales sí leo y releo, pero en lo que toca a otros, permítaseme el atrevimiento de llamarlos así, ilustres “colegas”, mi ignorancia es francamente bochornosa. Debo decir que me sonroja admitir esto, e incluso que temo devaluarme ante los ojos del lector al hacerlo, pero es la pura verdad, lokos. Claro, tamaño testimonio mío pudiera interesar por pintoresco, “alternativo” —y, en ese sentido, “representativo” a su muy minoritaria o extravagante manera—, insólito o, por último, autista o aun psicopatológico. Tal fue, en efecto, la magnánima reacción de P. ante mi inesperada confesión. Aclararé aquí que, si lo ignoro casi todo sobre la obra poética de autores próximos en el espacio o en el tiempo, no es por desdén hacia ellos en particular sino por un temprano y más generalizado movimiento de repudio hacia la así llamada “realidad”. Me alejé muy pronto, ya en la primera infancia, de los acontecimientos y los seres del mundo exterior, que siempre me parecieron menos interesantes que los del reino interno del espíritu, para decirlo de una manera algo pomposa, y que siempre me dejaron bastante más indiferente que éstos. Ciertos rasgos que los demás llamaban desde mi niñez mi “distracción” o mi “despiste” (quizá habría sido más exacto decir mi “desapego”) expresaban mi distancia subjetiva del plano de lo “real”, que, por el solo hecho de estar compartido con otras consciencias, tenía ya para mí intolerables connotaciones de promiscuidad y gregarismo. La poesía, y el arte en general, tanto desde el punto de vista del mero disfrute cuanto desde el de la creación, representaron para mí desde el primer momento la escapatoria de un mundo que implicaba demasiados contactos con mis supuestos “prójimos”. Durante mucho tiempo, éstos me dejaron perfectamente impasible; mis emociones, si cabe el término, se restringían aparentemente al terreno estético. Pero un día descubrí el odio y su gran potencial subversivo y artístico, y, por así decirlo, su exquisita, venenosa belleza, y comencé a escribir mi verdadera poesía con el doloroso placer del que asesina y destruye, del que blasfema y se venga. Descubrir la poesía fue descubrir la violencia y la crueldad, el frenesí y el éxtasis sagrado de la destrucción y de la muerte, la macabra y orgásmica danza de la deidad que masacra y devora universos con la triunfal y espantosa sonrisa no-humana del jaguar en su rostro invulnerable. Mi máscara social, que procuro discreta, esconde pues, si se desea emplear estas palabras de sonido un tanto duro, la mueca sanguinaria de un artista extraordinariamente arcaico, lo bastante ancestral o primitivo como para ser básicamente ajeno “a toda ley, cultura o civilización”, o quizá incluso algo más viejo aún que lo humano, como una fuerza ciega de la naturaleza. No lo sé. Pero lo cierto es que el hecho de que para mí la poesía representara la feroz asunción de mi rechazo de todo vínculo y de toda solidaridad con mis presuntos “semejantes” determinó también que me alejara de manera espontánea e irresistible de la obra de aquellos cuya proximidad en el espacio o en el tiempo los hacía demasiado “reales” a mis ojos, es decir, demasiado involucrados con esa llamada “realidad” de la grey. De ahí que nunca leyera a María Emilia Cornejo, entre otros innumerables nombres también ilustres. Hoy he leído por primera vez su poema más difundido y famoso, “Soy la muchacha mala de la historia”, y otros tres poemas más: “Te beso en los ojos”, que sinceramente no me dice nada, “Como tú lo estableciste”, que encuentro algo más logrado pero todavía endeble, y “Mi pueblo no es”, poema limpio y honesto pero que me da la sensación de no haber sido llevado hasta sus últimas consecuencias, por decirlo una manera suave. Esto es todo lo que conozco hasta el momento de la producción de María Emilia Cornejo, y encuentro que el primero de los citados textos se encuentra a gran distancia por encima de los tres restantes. “Soy la muchacha mala de la historia” es un poema perfecto, tan cartesianamente “claro y distinto” en su sentido como un escupitajo y adecuadamente brutal en la expresión de su asco frente a la prostitución “decente” de la siniestra e insidiosa figura que enrarece la ponzoñosa atmósfera del hogar y cuya aparente sumisión esconde las trampas, las manipulaciones, los chantajes y, en fin, todo el juego sucio del rencor hipócritamente oculto de ese adversario cobarde al que se rinde homenaje cada mayo, la respetable señora burguesa. Cada verso es imprescindible y acrecienta la fuerza de la nauseabunda impresión de vileza de todos los demás: “Soy la mujer / que lo engañó cotidianamente / por un miserable plato de lentejas”: qué bien dicho está todo, talking laud and clear en este terrible decir lo que no debiera decirse, letra por letra firmemente dicha, letras amargas y ásperas como todas aquellas con las que sólo se puede escribir la verdad, en su grave ritmo de salmodia implacable y minuciosa, “Soy la mujer que lo castró / con infinitos gestos de ternura / y gemidos falsos en la cama”, en su monotonía majestuosamente despiadada, en este su no hacer concesiones y no dorar la píldora donde nada es superfluo y todo es necesario, en su secreta y honda furia agazapada tras el frío gesto de la lucidez, en la ardiente paciencia con la que se deletrea tanto horror. Si, como bien sentí siempre, el secreto universo paralelo del arte vale más que todo lo llamado “real”, entonces María Emilia Cornejo hizo bien en habitar veintitrés años el mundo para poder escribir este poema.

viernes, agosto 18, 2006

Ars poética II

































ARS POÉTICA II
Claro que es bello el nombre del Mar Rojo, del Mar Muerto,
del Mar Mediterráneo,
pues se ha de saber que la verdad de un nombre no se refugia
en su etimología
sino en lo que sobre él han depositado muchos hombres
e incontables siglos, sucesivas edades
de glorias y de muertes: la palabra no es sólo su raíz
también y más aún está hecha de historia
por eso entre otras cosas es que sabe decir
mucho más de lo que su pura raíz dice
He ahí uno de los secretos del arte del poeta:
decir lo más importante donde está la mudez y no la voz
−en apariencia, claro−
Pero también está toda esa humana vanidad de las palabras
y de cuanto celebra o tan sólo registra
los hechos y los sueños de los hombres
(¿no es el mundo, a fin de cuentas
la gran trampa de Satán?)
Para volver al ejemplo ya aludido, son por supuesto bellos
los nombres dados al mar
pero acaso el mar en sí, en su propio corazón oceánico,
no se quiso nombrar
No pensemos necesariamente en un mar
muy significativo o importante
tal vez meramente en un pedazo tan brillante y azul
como cualquiera
pero adorablemente irrelevante, no sé, el Mar
de las Sirtes, verbigracia: puede que incluso éste,
tan distante del gran protagonismo de los más memorables de sus pares,
en su móvil voluble musical corazón −que bonita
palabra para el mar, corazón,
palabra tan horrible en los humanos−,
hubiera preferido o prefiera pensarse sin un nombre, sin
la definición
que un nombre encierra, sin su pertenencia, sin sus límites
Lo que no es propio como el nombre propio quizá quiere saberse
de todos y de nadie, quizá incluso
ni siquiera le baste con saberse para todos los hombres
y ninguno en concreto, quizá no sepa entienda ni desee siquiera ser humano
Hay en todos los mares, según creo, organismos vivientes
del sistema zoológico inferior y más primario
con hermosísimas pestañas vibrátiles: no tienen
pensamiento y no conocen
la vanidad del nombre
Tan primitivos son
que esas pestañas en ellos representan
la sensación químicamente pura,
no especializada conforme a un carácter sensual dado
−el tacto,
por ejemplo, la vista o el oído−
La sensación en su forma más general y primera,
no sólo incontaminada de consciencia,
sino antes de toda determinación en uno
o más sentidos: la relación-en-sí
de alguien con un todo
sin distancia sin juicio sin vanas logorreas
Así están estos gentiles organismos en el Mar de las Sirtes
Para ellos es sin nombre, y tampoco se nombran a sí mismos
Y quizá todos los vastos corazones de los mares, sus oceáni-cas gargantas que cantan o que susurran o que braman
no pronuncian tampoco nombre alguno   puede que digan
lo que siempre han dicho           sin nombres ni palabras y
qué bien y qué hondo lo dicen sin embargo
la evidencia pura   lo real que se desnuda amante y hermoso como un joven dios              habla sin mediación de conceptos ni sílabas ni letras
como el Mar de las Sirtes sin ser tal para ellos habla a los bailarines de pestañas vibrátiles que pueblan muchas
aguas con sus coreografías  ignoradas   como a veces
el amor habla a los hombres                                       
para enseñarles que saben y que han sabido siempre algo vital pero que no se aprende y ninguna palabra registra
ni transmite   algo que ya conocen por sí mismos los
labios y la piel y el  corazón −que sólo aquí es puro−
Así, como el mar llega, como el amor enseña, y no con
las cansadas palabras de este mundo, quiere hablar el
poeta








[de Bala perdida, México, Billar de Lucrecia, 2007]



miércoles, agosto 16, 2006

¿45 kilos nada más pesaba la dictadura?

Amóntema Tembelo, el rubio, Tiranosaurio rex, "el gran abuelo", el primer mandatario de esa paraguayidad sumida ab eternum en el letargo de los sonámbulos. El ke mereció libros o poemas de parte de la crema de nuestra intelectualidad más preclara, el ke ganó su última (n)reelección con 88 por ciento de los votos allá por el 88, el tirano de siempre, aburrido como todos, pasto fácil y complaciente de las zalamerías y adulaciones más remanidas (escuela, burdeles, colegios, ciudades, plazas, barrios enteros, puentes, clubes de fútbol de salón, manicomios, casas de empeño, empresas de karumbé, marcas de CD pirata, asociaciones de pedofílicos, clubes de yacarés, coros de música jahe'ó, etc.) han kerido perpetuar su nombre adoptándolos generosa y voluntariamente. La fiesta is over, esta vuelta, sus fieles hoy reconocen su "amistad" pero no piden perdón por su glotonería vandálica, el FMI y el BM lo estrañarán suponemos, Diario Patria debería ser reeditado urgentemente mañana mismo para que su cohorte piratesca sea reconocida, nosotros que paseamos nuestra ingenuidad ñembo clasicista por sus pagos hemos rescatado del mercado de pulgas, y através del filtro de Fredi, el blanco y negro de su corte cool war, la cotidianeidad siniestra de sus tratados donde se jugaba nuestra felicidad acaso. !Qué tiempos aquellos! Como decía la leyenda en torno a la guerra de Troya (que Helena nunca existió), hoy nos damos cuenta que su matonismo apenas pesaba 45 kilos, que los cobardes que lo sostuvieron eran en el fondo simples alucinados que lo adoraban hasta los tuétanos. Wilhem Reich tenía razón: el tirano no es nada sin su pueblo. Ese pueblo hoy esconde la jeta y dice ¿qué pasó, yo no sé nada?

martes, agosto 15, 2006

Capital de mis dolores

El esperado e incruento final de nuestra señora de la Asunción Disparen sobre Asunción a discreción a bocajarro a placer a destajo ad honorem sobre su triste y provinciana alma de arcilla globos de agua naranjas huevos tomates podridos sueños etc. Disparen, ya se desmoronan sus muelles, donde atracaba la estulticia se desgajan los palafitos donde se guarecía el gato afelpado de su inocencia se retuercen las articulaciones estertóreas de su congénita arteriosclerosis espiritual rechiflan las coloreadas flatulencias que almacenaba su gorda interioridad Pero también sean honorables y circunspectos eleven el solemne canto del adiós a su agonía grotesco-jansenista fotografíen el momento sagrado cuando la paloma políglota revolotee sobre su mártir carroña guarden respetuoso silencio cargado de disparatadas imágenes masoquistas ante su frágil cenotafio aguas abajo traqueteando en una tempestad apoteósica y nula No olviden su atareada peregrinación a través de los reinos de luz cegadora del intermnable sueño de enanos deformes oligofrénicos inválidos inútiles en general que llenó sus horas de Dandy ante el vértigo, de Cristino Bogado, Jakembo editores, Asunciòn, 2004

lunes, agosto 14, 2006

Mal de cien años

Para mí el stronismo fue ser fastidiado todo el tiempo con la presentación de la cédula de identidad, aun frente a tu propia casa, en la vereda de enfrente, tomando tereré por ejemplo. También recuerdo la farras en torno al barrio infantil lanzando hurras al son de la polka colo'o, y las chorizadas y chupis como sustento de tan estentórea labor proselitista. Ke gente que lo aduló aún sea vista ostentando un tren de vida para mí altamente envidiable, hay un ñato ahi que se dedicaba en el colegio a dar reverendos akajepeté, chipiu, tukes y demás artes manuales y suasorios signo enequívoco del matonismo necesarios para medrar y demostrar fidelidad . Mi primer laburo mercenario fue hacer de office-boy de un negociante en productos para el campo, y una vez me dieron la misión de reirar unos papeles de otra oficia colega. El punto era ke mi patrón era del partido liberal y los otros del oficialista partido colorado. Estábamos en la agonía del régimen de Strossner, en la apocalipsis feliz digamos, y los colo'o me interrogaron inmediatamente si suservidor era del partido de mi patrón de entonces. Tuve ke mentir, es decir, decir la verdad: por supuesto ke era colorado como ellos, seguir la pauta de la normalidad ideológica, rsepetar la unanimidad del verbo político encarnado (literalmente). Mentí, primero porke ser colorado me parecía<>Adiós a Strossner.

domingo, agosto 13, 2006

Horas que pudieron ser poemas

BOTELLA AL MAR DEL FUTURO Los grandes amantes que saludan con las locas carcajadas de su unción esquizofrénica las primeras crudezas del invierno, su rutina cíclica, rigurosa y ruda Los grandes amantes que aplauden la llegada de la noche con su ultrajante barbarie clandestina con sus dolorosas alegrías crueles con sus gozosos locos maravillosos éxtasis psicóticos Los grandes amantes que caminan de prisa tomados nerviosamente de sus manos sudorosas fumando con frenesí y besándose y moviendo las piernas mirando al frente sin decirse nunca nada porque ya lo saben todo como si estuviera dicho Los grandes amantes que consumen cerveza y aguardiente que despilfarran hasta lo que no tienen que caminan de prisa ciegamente persiguiendo un sentido que no está en ningún lado que intentan comportarse cual personas normales pero no logran esconder del todo el vigoroso afán que los consume entrelaza sus cuerpos mueve sin fin ni tregua sus piernas porque persiguen algo que no se encuentra en ningún lado Los grandes amantes que van al dentista sacan la basura dicen buenas tardes pagan la luz el alquiler el agua viven a salto de mata con su incierto porvenir terreno se colocan su máscara social cada día guardan las apariencias enfrentan y sonríen al ubicuo enemigo plural de miles de ojos Que a tal destino terreno apenas si consiguen atender porque están ocupados terca y ávidamente en su persecución insomne hambrienta de algo que no está en ninguna parte Pero que sin embargo sacan la basura dicen buenas tardes pagan los honorarios del dentista trabajan pierden en el trabajo horas preciosas de su única vida horas que pudieron ser poemas horas que pudieron ser de amor horas en fin hurtadas a su búsqueda fiera y decisiva Los grandes amantes que sacan la basura pagan la luz el alquiler el agua Los grandes amantes que refrenan su impulso de echarse a correr aunque no saben a dónde se dirigen y a veces de madrugada se despiertan anhelosos y se unen y se besan pero no consiguen nunca quedarse tranquilos porque persiguen algo que no está en ningún lado Que no está en ellos mismos que en ningún lado está que no habla ya nunca que nadie les esconde que no se hace visible que no mora en su centro que ya ha sido olvidado que ha dejado su corazón vacante que nadie ya recuerda ni ha conocido nunca que a nadie le interesa Que un día tuvo un alma grande como el espacio que hablaba con setenta veces siete sonoras fauces setenta veces siete gigantescas y hondas que ellos aún llevan dentro de sus gargantas Algo de lo cual ellos son los espectros sin saberlo las sombras proyectadas la lucha la agonía la última batalla que los hace bramar sus voces toscas negras groseras peligrosas Que es su fuente su médula su intempestivo núcleo el motor de su vida y de su fuerza el feroz combustible de sus potentes piernas que persiguen la Muerte el Absoluto la Última Verdad Definitiva la única cosa que podrá saciarlos eso que los agita y alimenta con su enorme maldad con su odio ciego que quiere destruir con su demente también ciega patética bondad alucinada que no habla por ellos sino en nombre de todos que en nombre de todos se rebela y maldice que desea matar y morir por los otros por millones por algo que no se encuentra ya en ninguna parte Que a nadie le interesa a fin de cuentas que nadie ya recuerda aunque todo este amor y todo este odio pudieran haber sido importantes un día casi vitales que cosa tan ridícula aunque tantas palabras hechas con tanta vida hechas con tanta muerte hayan podido ser importantes un día para todos los hombres Los grandes amantes que tanto caminan los dromomaniacos delirantes que se entrelazan y unen en la desolación de su grandeza en su impresionante vigor improductivo en su hermosura insólita en su desconcertante desamparo en su exilio de un Olimpo deshabitado y ruinoso porque se saben solos solos solos Persiguen en sus ciegas caminatas y quieren y no quieren encontrarlo el gran trono vacío de su deidad arcaica Oh Señor de la Noche Por qué te manifiestas como ausencia Quién te ha asesinado Los grandes amantes escriben escriben y con tinta invisible y fieros criptogramas interpelan a los que llegarán en tiempos más dichosos Oh vosotros desde este mundo de mudez inerte desde el gran sinsentido de este mundo tan feo desde algo tan vulgar como este mundo desde este mundo televisado en vivo y en directo os saludamos Muchas felicidades Porque lo que hoy se dice desde dos solitarios corazones dementes os lo sabrá decir en voz alta el mañana desde muchos millones desde todos

sábado, agosto 12, 2006

Lo intangible como nueva medida de valor económico-cultural-metafísico

Tema para elaborarlo alguna vez: dividir las culturas en dos, entre las que han kerido dejar huellas y en las ke, como en la canción "Atmosphere" de Joy Division, preferieron "pasar en silencio", sin fastidiar al mundo con monumentos o archivos. hasta agora mi trabajo de recopilación de datos consigna tan sólo a Willa Cather, cuando habla de los indígenas de Nuevo México y Arizona como sabios representantes, de bellos y dignos silenciarios, pasajeros del silencio. Vislumbro que las grandes culturas europeas peretenecerían al primer y nefasto caso, culturas museísticas por antonomasia, rapiñeras y codiciosas por definición,conkistadoras y de pura voluntad de potencia señorial. El siglo XX, el siglo del petróleo y de su derivado cultural más notorio y resistente, el plástico como prueba en contra de su valor positiva. La poesía solitaria del chamán chaqueño disuelta en la humareda de la Vía Láctea, único testigo insensible de su sacrificio, como la opción opuesta y positiva desde nuestra modesta opinión. O el road-movie de una Bárbara Loden (Wanda, 1971), ansiosa de gastar su feminidad en el fuego del asfalto americano, con la voracidad ardiente e inoxidable de la simultaneidad de la famosa secuencia final en donde come, bebe y fuma todo al mismo tiempo, simultaneidad plena del vivir, ansias de gastar, devorar y no de acumular, guardar y luego exponer.

viernes, agosto 11, 2006

Que no se termine nunca la música

En el 2003 la fundación neruda participó invitaciones a poetas tutti cuanti, entre ellos a Leonard Cohen y a sabina. Ahora que todos los días al laburar en la compu escucho y reescucho "waiting for the miracle" me digo que suerte ke haya fracasado esa tentativa provocadora. La distancia abismal entre música y "movida" es tal que hubiera sido una puesta en ridículo la perfomance del peninsular. Música sin resentimientos música por antonomasia la del judío canadiense. Nos reconcilia con los paisajes del ser, lo incognoscible convocado en su instantaneidad casi fantástica pues todo vuelve a su miseria después de los 3 minutos que dura el pop. Hemos soltado las amarras de nuestra maldad, nos sentimos bestias monstruosas, la aureola que concede el hongo incluso briila con su inexpugnable caris, somos libres por una vez y podemos por fin sonreir, acaso estemos insuflados de la alegría que restañaría la deuda infinita que como un grifo mal cerrado no se cansa de chorrear, gotear, fluir... tiene ke ver con el inglés, con su inadecuada coomprensión, con la melodía que surge natural y como sin esfuerzo, como los dibujos de un bantú: objetividad pura y claridad total más allá de las particularidades babélicas. Sí, Emil, definitivamente, la única actividad que nos salvaría, que nos da dignidad: la música. El resto es polvo, humo, nada. como una naturaleza amable y bella, antítesis absoluta con respecto a nuestra experiencia profana. La abstracción, la pura forma es lo que agita el corazón y la caja de recuerdo se desempolva.

Fútbol y Relatividad

Estábamos en un bar de Asunción, charlando luego de un almuerzo tardío. La conversación derivó repentinamente hacia la Relatividad de Einstein. Uno comentó que Sábato se había visto en problemas al intentar explicarle la teoría a un neófito que se perdía con términos tales como tensores y geodésicas. Un gracioso se preguntó qué hubiera sido de la Teoría de la Relatividad sin los trenes, puesto que éstos eran empleados en gran parte de los ejemplos que involucran móviles. El más versado en cuestiones físico-matemáticas entre nosotros empezó a divagar sobre Gauss, Riemann y geometrías no euclideanas. −Lo cierto y lo concreto es que la Relatividad sigue obligando a ajustar los relojes terrestres en los GPS. La curvatura del espacio-tiempo se crea por el estrés de la masa y la energía −aseguró nuestro matemático amigo. Ensimismados y con los rostros invadidos de silencio nos quedamos pensando en esa cosa tan rara a nuestros sentidos que es la curvatura del espacio. Un espacio curvo, ¡qué loca esa parte! El mozo encendió el televisor y buscó el canal ESPN, el cual estaba mostrando un juego de la liga española de fútbol, un partido del Real Madrid. Hubo una falta cercana al área a favor de los merengues. Tiro libre. Travesaño y afuera. Pocos minutos después, otra falta. Tarjeta amarilla. Tiro libre. Comba perfecta. Gol. Súbitamente, en la repetición del disparo, Cristino se levanta, señala el televisor y dice: −Muchachos, ¡aquí se puede apreciar que el espacio es curvo! Efectivamente, se podía ver a la pelota pasar al costado de la barrera y curvar luego su trayectoria para anidar en un ángulo de la portería.
El brasileño Valdir Pereira (Didí), inventor de la folha seca, con un didáctico regalo para la posteridad. La curvatura del espacio-tiempo demostrada en un remate desde la cabecera del área grande. Si bien es cierto que sería arriesgado proponer a Roberto Carlos y Beckham como candidatos al Nobel de Física no es menos cierto que un doctorado honoris causa sería de estricta justicia.

jueves, agosto 10, 2006

El sueño censurado de Trasímaco

Dictador cruel y feliz. Tengo ke divagar en torno a esta idea, que puede ser una oda a la ambigüedad, ke se me ocurrió durante las lecturas lunáticas (pues va siempre los lunes'ro, de resaca insustentable) de La republica de Platón del Sergio Kreis. Y de su nefanda y aun indesarraigada influencia sobre la novela de dictadores en la literatura llamada latinoamericana. La perla: encontrAR UNA NOVELA O SU FRAGMENTO IRÓNICO que rompa ese esquema en donde vemos siempre sufriendo sus crueldades en carne propia al tirano. Siempre desgraciado, en una sospechosa simetría entre su política opresiva (exterior) y las pesadillas psicosomáticas ke lo embargan y estimulan a más terror (interior). Claro, esa simetría es inexistente en la realidad, donde claramente predomina lo opuesto, eso que rompe las formas claras y bien delimitadas, aquello que se sustrae a la axiomatixación y el vaticinio, el reino de los bestiarios y las monstruosidades, de la paradoja más enervante, que ya el rumano había intentado de definir : "Vivimos en el fondo de un infierno dentro de cual cada instante es un milagro". El sueño inoído, incomprendio y silenciado de un Trasímaco, de ke puede darse honestidad y maldad, la inauguró para la modernidad Von Klesist, y ese texto lo conoce todo el mundo: La marquesa de O...

miércoles, agosto 09, 2006

Helio deshiela su convicción de ke la poesía es un juego de niños

Que la poesía es cosa de los primeros escarceos escriturales, paso previo, superable por la prosa. Que la prosa es cosa de intelectos demiúrgicos, que labran con piezas monumentales, munidos de conocimientos matemáticos, cabalísticos, que es una lucha de titanes. Que la poesía es adolescencial. Que la prosa es obra de la madurez vital, intelectual, cerebral, dental (ya asumidas con estoicismo las muelas del juicio), económica, sexual, Que la poesía es producto del desahogo instantaneísta, mero juego lúdico, de pasatiempo, ocio y sin plan previo. Que la prosa narrativa implica corregir, planear, trabajar, conquistar ideas, respetabilidad, metamorfosis pontificiales. Que la poesía no prueba la valía de un joven o viejo. Que la prosa narrativa es la iniciación a la mayoría de edad laboral, sublunar, impositiva, matrimonial, democrática-electoral. Que Blake, Rimbaud, Keats, Lermontov, Bachmann,Pushkin, Novalis eran unos vagos que emborronearon ciegamente unos cuantos papeles y a los cuales el señor helio diría con gusto:"No valis nada sino publicas novelas a los 20" Que Pound(Cantos), Whitman(Briznas de hierba), Zukofsky(A), Duncan, Olson, Rexroth, Corcuera (Noé delirante),autores practicamente de un solo y único libro,una y otra vez corregidos y aumentados a lo largo de sus vidas, nunca probarán lo suficiente su rigor intelectual, erudición, densidad y profundidad ideológicas porque sólo jugaban en las ligas menores de los versos. Viejas supersticiones de individuos engreídos tontamente por encaramamrse al gremio solemne de los narradores, que aparecen siempre en la edad madura y por eso si un perucha gana el estatus social y político de Último y Más Joven Premio Alfaguara sí hay que sacarse el sombrero ante él y no ante las raquíticas hojas llorosas de los poetas con acné. Déjese de joder con liviandades anacrónicas de ese tipo señor OsteoBuscador y Paraguayólogo epigonal (sabemos que tal "ciencia" fue sacada de la galera susurrealista de Giménez Caballero a partir de boludeces pensinsulares como la hispanidad). Hay muchísima gente que escribe desde muy jóvenes novelas tanto en América como en Europa y que usted ni yo recordaremos en los próximos años y sin embargo la poesía "infanto-juvenil" de Rimbaud cada vez más parece el manifiesto definitivo de la modernidad.

Hacha de hierro por muchacha cambiamos

"En el Paraguay se cogen todas las frutas de Castilla en abundancia, y mucha caza de todas manera... De este puerto de Buenos Aires hay dos caminos, el uno para el Paraguay y el otro para Tucumán, y también para Chile y para el Perú. El río arriba es el camino de la ciudad de Santa Fe, que es el primer pueblo del paraguay, pueblo donde hay dos conventos, de San Francisco y de la Merced. Hay desde el puerto de Buenos Aires hasta esta ciudad ochenta leguas... De aquí se va a otro pueblo que se llama Las Corrientes, por el mismo río, que hay sesenta leguas. Este es un pueblo nuevo, que habrá catorce años que se pobló... ...se va a la ciudad de la Asunción, cabeza de la tierra de Paraguay. Hay desde las Corrientes a esta ciudad cincuenta leguas, por el mismo río por donde van los bergantines y barcas. aquí está la catedral y el obispo. Tendrá esta ciudad casi tres mil hombres, y mujeres más de siete mil, y muy buen mujeriego, hermosas. Aquí también está el gobernador. Hay frailes de san Francisco y de la Merced y padres de la Compañía de Jesús. Aquí se hacen los bergantines y las barcas para bajar al puerto de Buenos Aires; y en ellas bajan todo género de mantenimientos para llevar a vender al Brasil. Aquí se coge mucho vino y bueno, mucha caña dulce y mucha azúcar, y las huertas están cercadas de limas y naranjas muy espesas y es muy buena cerca, y de cidras y toronjas, porque tiene muchas púas y se enredan unas con otras y no se puede romper por ellas. Desde aquí se va a La Guairá, que está a sesenta leguas d eAsunción... La nación más principal es la d elos guaraníes, que por otro nombre los llamamos los españoles chiriguanaes. Estos tiene a todos los demás indios por esclavos, y éstos son de más razón y más belicosos; y su lengua es como general, porque se habla en más de dos mil leguas, que hay desde el Brasil a Santa María. Hay otra nación que se llama guaicuros y guatataes, que también no se han sujetado a mnadie. Sirven solamente cuando hay guerras de ayudar a los españoles, y esto sin que los llamen, sino ellos se convidan por solo el vicio que tiene de matar y comer a los que matan, sin perdonar a ninguno... Las casas de tdos estos indios son como balcones largos, con muchas puertas, de suerte que todo un pueblo es un balcón; y esto hacen porque se hallen todos juntos cuando hay algún rebato, para estar prestos para pelear. Y son tantos estos indios, que de los que cautivan dan a un español, por una bacinita de azófar o una hacha de hierro, dos muchachas; y dan antes las muchachas que no los muchachos. Y los que hacen esto son los indios de Guairá, y Corasidera y otro que se llama Santiago. Hay otras naciones de cchanaes y quirandíes, y pasan en canoas de una parte a otra del río. Y al tiempo de dormir, se va el dueño de la casa fuera y le entrega la misma mujer suya o alguna hija o hermana con as cuales duerme el huésped todos los días que allí está; y el otro no vuelve a su casa hasta que se va el huésped, ni a dormir ni a comer, sino que queda el huésped señor de toda la casa." de Un viaje fascinante por la América hispana del siglo XVI, Fray Diego de Ocaña (y el editor, Fray Arturo Álvarez), Stvdivm ediciones, Madrid, 1969

martes, agosto 08, 2006

Dónde baby, mi chúlina

Dónde están los bellos, las bellas? Luciano de Samósata Dónde están los bárbaros que nos prometía el cosquilleo del día? Dónde el chiquillo que quería someter al compo de mujeres que es el mundo? Dónde el Iskander paraguayo el césar de los sótanos el napoleón de las tabaquerías dónde? Dónde la vida, la imaginación, la genialidad, la demiurgia cegadoras, dónde que no los veo? No veo dónde están los pasos dionisíacos de la infancia los himnos sacrificiales de la adolescencia dónde se oculta tanta mentira fue allí acá allá? ya no lo sabe la memoria ni el corazón dónde ese mundo privado foucaultiano de la masturbación promovida por los padres monopolistas dónde guardó ese su canicas sus juguetes de madera su vitalidad insomne? Dónde están esos jóvenes que querían destruir el mundo amasado con dolor?

Moro mata al César

la sangre que me nombra Eran cuervos la vida un charco de agua Hipócrates la eternidad un papel retorcido por el que voy a los ojos de los gatos veo los cielos la golondrina ciega el alba la ausencia rutilante el silencio la aurora la amargura el bosque el yunque y vivo y canto y todo está embriagado y la vida recobra su sentido y soy libre 20 de agosto de 1953 Trafalgar Square traducir la loca marcha de las algas a Trafalgar Square Me sé Eterno Dimitir es la ausencia de vencer la ausencia de nacer Ser el atrio del alma vomitar la fe Soy aquel que no muere aquel que existe desde siempre Simple pero no fácil de tener Diómedes para los caballos de Démeter Poner a Dios en el clavo 13 de abril de 1955 Hay que llevar sus vicios com un manto real, sin prisa. Como una aureóla que se ignora, que se aparenta no percibir. No tiene sino los seres viciosos cuyo contorno no se esfuma en el barro hialino de la atmósfera. La belleza es un maravilloso vicio de la forma. Y luego ¿qué? Uno ha desagradado. Se desagrada. Se desagradará. Mi púrpura real está manchada; como los tigres, animales con piel y con plumas. 8 de agosto de 1955 Extraído de Últimos poemas (Derniers poémes) 1953-1955, César Moro, ediciones Capulí, 1976, 200 ejemplares, edición no venal distribuida con la revista "La manzana mordida", traducción de Ricardo Silva-Santisteban, edición bilingüe

lunes, agosto 07, 2006

Libros Pusados da vida de civil parawayensis

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Solo, de Strinberg

I
Después de diez años viviendo en provincia estoy de vuelta en mi ciudad natal y me encuentro cenando con los viejos amigos. Somos todos más o menos cincuentones, y los más jóvenes están por encima o cercanos a los cuarenta. Nos asombramos de no haber envejecido desde la última vez que nos vimos. Se insinúa por cierto un poco de gris en las barbas y en las sienes, pero también hay algunos que parecen más jóvenes que antes, y éstos reconocen que al llegar a los cuarenta se produjo un extraño cambio en sus vidas. Se sintieron de pronto viejos, creyendo estar en el final de sus días; descubrieron enfermedades que no existían; los brazos se ponían rígidos y les costaba ponerse el abrigo. Todo les parecía viejísimo y gastado; todo se repetía, volviendo como eterna monotonía; los jóvenes arremetían amenazantes sin ningún respeto por las obras de los mayores; lo más irritante era que los jóvenes hacían los mismos descubrimientos que habíamos hecho nosotros, y lo peor era que traían sus viejas novedades como si nunca antes hubiesen sido vividas.No obstante, mientras hablábamos de viejas memorias, que eran las de nuestra juventud, vivíamos literalmente en el pasado, nos encontrábamos veinte años antes, de modo que alguno se puso a pensar si el tiempo realmente existía.-Ya lo ha resuelto Kant- informó un filósofo. -El tiempo es tan sólo nuestra manera de entender la existencia.-¡Vaya! También yo he pensado eso, porque cuando recuerdo pequeños sucesos de hace cuarenta y cinco años, me resultan tan nítidos como si hubiesen sucedido ayer; y lo que sucedió en mi infancia está tan cerca de mí en el recuerdo como lo que he vivido hace un año.Y entonces nos preguntamos si todos han pensado igual en todas las épocas. Un setentón, el único que considerábamos anciano en el grupo, señaló que él todavía no se sentía viejo. (Estaba recién casado y tenía un hijo de pecho). Ante esta valiosa información tuvimos la sensación de que éramos muchachos, y el tono de la conversación se hizo muy juvenil.Yo había notado en el primer encuentro que los amigos estaban como siempre, y esto me había asombrado; pero también había observado que no sonreían tan rápidamente como antes y que empleaban una cierta cautela al hablar. Habían descubierto la fuerza y el valor de la palabra hablada. La vida no nos había suavizado el juicio, pero la sensatez nos había enseñado que uno recibe de vuelta todas las palabras; y asimismo habíamos reconocido que no es suficiente utilizar los tonos mayores, sino también los menores para aproximarse a expresar la opinión sobre una persona. Ahora, por lo contrario, nos liberábamos; las palabras no eran adornadas, las opiniones no eran respetadas; volvíamos al viejo trote y todo se volvía apariencia; pero era entretenido.Entonces sobrevino una pausa; varias pausas; y de pronto, un desagradable silencio. Los que habían hablado más sintieron una congoja, como si se hubiesen expuesto a sí mismos. Sentían que durante los últimos diez años, nuevos lazos se habían establecido entre ellos; que nuevos, desconocidos intereses se habían alzado entre ellos; y que los que se habían expresado libremente habían chocado con arrecifes, se habían enredado, habían pisoteado tierra recién cultivada, lo cual todos habían percibido, y habían visto miradas armadas para el ataque y la defensa, esas contracciones de las comisuras con las que los labios ocultan una palabra silenciada.Cuando dejamos la mesa fue como si hilos recién tendidos se hubiesen roto. El ambiente se cortó y cada uno se halló en situación de defensa; cada uno se encerró en sí mismo; pero entonces, cuando también era necesario hablar, se dijeron frases que por los ojos se notaba que no seguían las palabras; y por las sonrisas, que no coincidían con las miradas.Fue una noche insoportablemente larga. Los intentos de revivir viejas memorias, en grupo y de persona a persona, fracasaron. Se preguntaba, por pura ignorancia, sobre cosas sobre las que no se debía preguntar. Por ejemplo: -¿Cómo está tu hermano Herman? (Una pregunta formal, sin sentido, para saber de algo que no interesaba. Abatimiento en el grupo). -Bien, gracias, está como siempre. ¡No se le nota mejoría alguna!-¿Mejoría? ¿Acaso ha estado enfermo?-Sí... ¿no lo sabías?Alguno se echa en medio de la conversación y salva al infeliz hermano de la dolorosa confesión de que Herman ha estado enfermo.O algo así: -Hace tiempo que no veo a tu mujer.(Mientras ella está pidiendo el divorcio).O así: -Tu hijo debe de estar hecho un hombre. ¿Ya se ha graduado?(Y el muchacho es la esperanza perdida de la familia).En una palabra, se había perdido la continuidad y ésta se rompió. Pero también se había probado la seriedad y la amargura de la vida, y por lo menos, ya no éramos muchachos.Cuando nos separamos por fin en la puerta, sentimos la necesidad de dispersarnos rápidamente y no como antes, de alargar el grupo en un café. Los recuerdos de la juventud no habían tenido la esperada influencia refrescante. Todo lo pasado era paja de establo en la cual había crecido el presente, y esa paja había fermentado, se había consumido y comenzaba a enmohecerse.Y se notó que ya nadie hablaba del futuro, sino sólo del pasado, por la simple razón de que estábamos en el soñado futuro y ya no se podía fantasear sobre él.
Próximo lanzamiento de Jakembo editores, en su flamante colección de traducciones "70 traidores", en octubre del 2006

POESIA IRAQUI

Muhammad Mahdi Al-Basir Nace en Hilla, en 1896. Empieza a escribir a los 14 años. En 1919 ingresa en el partido "Haras al-istiqlal" y en 1921 es condenado por las autoridades británicas a dos años de prisión. En 1922 es enviado al destierro en el golfo arábigo. Vuelve a Basora en 1923, y al año siguiente a Bagdad.Obra: El volcán, Bagdad, 1959 El eufrates SI EL lIBRO DE LA VIDA ALUMBRARA UN POEMA, DE LAS PLAYAS VENDRÍA EL ALBOR DE LAS RIMAS. Fawzi KarimBagdad, 1945 Tiene publicado el diván Donde empiezan las cosas, en Neyet, 1969 Canción del guerrillero Entonces tú fuiste quien me enseñó cómo lanzar mis versos a la faz del día. Cómo sacar del fondo de tus ojos mi rostro, el de aquella que dejóme por mi miedo, el rostro de mi amigo, al que los vientos del mar bendijeron. Extraído de Literatura Iraqui Contemporánea, Instituto Hispano-árabe de Cultura, Madrid, 1973Traductores: Pedro Martínes Montánez, Federico Arbós, Fernando de Agreda Burillo,Mahmud Sohb, Carmen Ruiz.

domingo, agosto 06, 2006

Payaso miembro de la Academia

La fiesta infantil de los nuevos ricos, de repente alguna madre o hija estará enviando euros desde la madre península, entonces han homenajeado al cumpleañero con la contratación de los numeritos de un payaso glamouroso. Claro, según la estracción originaria de la family el idioma de comunicación y por ende de humor debería haber sido el guaraní o el jopará en todo caso. No, el payaso enrimelado como robert smith, hace caso omiso de todo matiz visceral y le mete nomás sus witz y chistes en la lengua de cervantes. y me he dado cuenta que la misión del payaso en Paraguay va más allá que la de simple proveedor de entretenimiento, también horacianamente educa, enseña, a hablar, a gastar bromas en la sacrosanta Lengua de la Real Academia Española. No sólo cuida la Lengua sino que es más y peor la hace proliferar como un virus extraterrestre a lo william borrughs. La cura de la lengua de un robert smith ñembo gracioso y barullento.

Los inconvenientes de habitar en una megalópolis

Asunción: siesta, calma, mujeres perfeccionadas por el mestizaje de las razas,con las piernas musculosas por el aire no viciado, nada del vaivèn del rojo sobre la piel blanca, coloraciòn cetrina o terrosa, levemente chamuscada, paul robeson piratedo de intenet cuando la polka jahe'o y la polka-burro llegan a cansar. Nueva York, amontonamiento enervante de las calles, como si se viviera en una discoteca de sàbado a la noche, o en colectivo en hora pico, un metro cuadrado de libertad fìsica es inalcanzable, y, lo fatal, porta simbolos del capitalismo y del cinismo global apetecibles por las bombas anònimas... Asunciòn, en cambio, te ofrece, si eres de la minoría linda y rica, adoptar a un tagua para que retoce con tus hijitos chùlina luego...

viernes, agosto 04, 2006

Consejo para los noctámbulos de Asunción

Al caer la noche, la planificación racional del tiempo mediante agendas y horarios termina; esto la hace el territorio de lo inesperado y le da un matiz siniestro. Y, por ser la antítesis de toda previsible rutina, oculta promesas que el día ignora. La alegría de la noche es nerviosa. Programarla como se hace con el día borra su sombra inquietante al convertir en hábito lo que es aventura, pero merma su perturbador encanto. La experiencia se regirá en ella sólo por lo fortuito. No es preciso seguir los caminos tópicos que la geografía urbana contempla como espacios para un cierto desorden, que así delimitado se inserta dentro de un orden. La noche no respira a gusto en una jaula. Cuanto hay en ella de más exquisito, la sutil perversión del placer de la noche, puede estar en cualquier parte, “careta” o “alternativa”, “under” o meramente anónima y ajena a los “circuitos” que se ofrecen, de manera explícita y “comercial” o secreta y “de la pesada”, porque la noche se encuentra en todas partes y en ninguna. El insomne que quiera descubrirla, y por ello no recomendaré ningún lugar en concreto, no necesita buscar un punto específico con este o aquel nombre, sino salir (u omitir hacerlo) hacia los espacios no domesticados donde se respira el aire de la libertad. MONTSERRAT ÁLVAREZ.

La eternidad, II

(Mueca estúpida. Si hasta el mejor teatro actual –el del absurdo, verbigracia Beckett– ha hecho retroceder las palabras ya sin fuerzas hacia el silencio y se basa en su totalidad en lo visual de su escenografía, y si la música más criticada pero más exitosa comercialmente de la primera mitad de los 70 ha sido calificada de SeeMusic, entonces cómo nosotros, cotidianos y feroces en nuestras pulsiones, podríamos rechazar la influencia decisiva de la imagen sobre la libido; es más, el magnetismo de lo iconográfico dentro de nuestra órbita sexual. Hay que decirlo una vez más: el esperma es de color rojo psicotrópico y el orgasmo es de un azul cobalto cuasi místico.) Trece o catorce años, esencialmente sumisa, flotando en ese trajinar silencioso de la fermentación de la adolescencia, cuya inminencia sólo era transparentada por un rostro deformadamente abultado y soso: en fin, representaba toda una metafísica de la pedofilia. Para tratarse de la primera incursión de un tigre teórico-práctico, el acercamiento fue lo más logrado. Pero los perfeccionistas hubieran preferido la mano derecha fuera del bolsillo del pantalón, como para aparentar una desenvoltura atávica; en cuanto a la corriente verbal, yo sabía que era esencial mantenerla dentro de una continuidad pre-cuántica, de saltimbanqui, porque la pubertad es una época totalmente proclive a las distracciones de todo tipo, de modo que cualquier discontinuidad, ya fuera una ruptura gestual o un punto muerto de la oratoria, un balbuceo mental, una digresión visual sobre las pantorrillas pubescentes, bastaría para desbaratar el acorralamiento. Durante los primeros cuatro minutos la estuve poseyendo sostenidamente por el orificio llamado oído. Para probar si su pasividad y su atención callada se debían más que nada al encantamiento de mi logos-sexual, paré de hablar. Verificada la potencia verbal, me sentí ya a mis anchas, y entonces llevé mi perorata hacia el disco que había sido el objeto de distracción de la púber y el pretexto para la aproximación –cuya iniciativa, dicho sea de paso, había sido asumida por ella, quien diera este primer paso movida por su deseo de usufructuar el objeto mediante un préstamo–. Para precisar, se trata de The dark side of the moon, de los Pink Floyd. La convencí de irnos a tomar un par de… gaseosas (“no, no tomo bebidas alcohólicas”, me dijo, contrita, ante la propuesta inicial) a su casa escuchando Athom heart Mother (“sincretismo posmoderno”, pensé para mi coleto, súbitamente lúcido). Hicimos a pie las pocas cuadras hacia la casona, con un servidor, charlatán y desenvuelto, convertido repentinamente en catedrático ad honorem de pop music. Ya inmersos en un clima contracultural –platónicamente degradado, obviamente–, con el tocadiscos girando con los pequeños saltos que el zafiro –último galeote de la edad de piedra sobreviviendo a la tempestad de la modernización acelerada– imprimía a los surcos, y sintiéndome un poco avergonzado por la presencia de la coca-cola que la muchachita bebía bastante complacida, no me quedó, lógicamente, más opción que empezar a entrar en materia y hablar de mariguana, amor libre y toda esa cantinela anacrónica y aburrida pero siempre eficiente en estos casos. Hoy a la tarde estuve por el video club, alquilé una película y me fui a verla a casa. Tenía que emborronar un reseñita mercenaria para el periodiquillo miserable que ni siquiera me pagaba por esa molestia intelectual. Lo que logré fueron unas cuantas notas sueltas con un tufillo a algo entre Cahiers du Cinema e Imagen y movimiento, sin los emolumentos de Toubiana ni la fama de Deleuze, y visiblemente “apiñadas” y necesitadas de “espacio” y de un más lento desarrollo, ardua tarea en la que no estaba dispuesto en absoluto a gastar energías. Las enviaría tal como estaban. “ ‘Cazador blanco, corazón negro’, de Clint Eastwood “John es la sensación que sólo habita en el Instante y Peter es construcción (razón, cultura), permanencia en la eternidad de la Memoria. La película que debe filmar John Wilson es postergada todo el tiempo por la cacería del elefante (el peligro y el placer: las caras del Instante). Ésta recién tiene lugar cuando la Muerte entra en escena. Hay un salto dialéctico en John desde el Instante (sensación) hasta la Eternidad (cultura, arte), desencadenado por la Muerte accidental de Kubi. John llega a ‘comprender’ el arte a través de la experiencia de la muerte (el arte como un intento de eternizar una realidad). El filme (arte, cultura) como subproducto, a pesar de todo, de la realidad, que es sensación. Como recuerdo de lo real. Como energía desvitalizada (Nietzsche). Cuando la muerte de Kubi acontece, entonces se tiene el permiso para caer en el arte. Arte: ¿piedad por la realidad que va a ser estrangulada por la muerte? Pero el Instante implica también esas imágenes siempre borrosas y obscuras que agitan al individuo. Incomunicabilidad. La eternidad del arte es la fijación de imágenes bien contorneadas y claras sobre el humus de la corriente de las sensaciones borrosas e intransferibles, imágenes necesarias para alcanzar su condición de comunicabilidad, de hecho público, de bien común. John (o Peter Verneil o Clint Eastwood, guionista y director respectivamente, cuyo alter ego o dramatis personae sería el personaje John) da otro salto: del individuo a lo colectivo, de la incomunicabilidad a la comunicabilidad. La llave es la muerte. En realidad, no hay por qué ser tan hijos del relativismo nihilista (Gorgias) o tan apologetas de la mayor vitalidad de lo real por sobre la razón y sus abstracciones (otra vez Nietzsche). No hay mayores razones para pensar en un abismo insalvable entre vida y cultura. La Sensación, encerrada siempre en el individuo, ante la presencia de la muerte, literalmente, ha sangrado y rebasado su recipiente tradicional, rompiendo su circularidad mítico-metafísica. Pero el flujo de las sensaciones, una vez cristalizado por la cultura, sigue siendo tan real, vital y verdadero, dentro de la cultura (memoria), como antes lo había sido en el individuo (olvido). En suma, hay continuidad entre vida y cultura. Entonces, Freud no tiene por qué inventar el concepto de sublimación y colocar a ésta por debajo de (o subsumirla en) la sexualidad.” En un principio combatí el letargo asunceno-paraguayo, por ejemplo el literal de la Semana Santa, en el lejano tiempo stronista, tratando de profanarlo. Entonces practicaba con afán cismático el consumo de carne y la cópula en pleno período de prohibición. Posteriormente me percaté de que ese acto de conculcamiento carecía de verdadera fuerza, de que pecaba de ingenuidad, de una doble debilidad práctica e inerte. Comprobé que toda la mojigatería aletargada y enfangada en el tedio y el sopor animal practicaba estas profanaciones clandestinamente tanto como yo, pero con una coherencia tal que no sé cómo nunca la había imaginado, y entonces me burlé de mi mismo. Intenté una variante. Organicé el Primer Día Internacional del Ruido, en pleno corazón de la Semana santa, un Viernes Santo pacato y devotamente silencioso. Los más despiertos e inteligentes de mi generación, personas de ojos realmente bondadosos y acaso con una chispa de “espiritualidad” y de vida allá en el fondo de su pereza y de su anonadamiento, me recriminaron primero y, luego, intentaron disuadirme de mi actitud “fuera de foco” pidiéndome que omitiera, por el amor de Dios, tamaño exabrupto y acusándome de parecer un niño que armaba berrinche y bochinche por un sadismo nostálgico-narcisista atascado en las praderas más anacrónicas y zonzas. Que me enfundara por fin una vida más adulta y unos vicios más acordes a nuestra contemporaneidad. Robar, por ejemplo. O amasar una fortuna lo más rápidamente posible, sin escrúpulos o censura alguna. Sólo atiné a esbozar como defensa el gesto inútil y decadente de excusarme en mi falta de talento y concentración para el caso. Comprendí (con semejante sosegate a mis ínfulas anarcointempestivas) que la Semana Santa era la totalidad del territorio donde me había tocado en suerte nacer, vivir y sufrir, y el Viernes Santo su atmósfera habitual, su tiempo (metafísico y meteorológico) regular y constante. No me quedó otra opción que cambiar de metodología contra el tedio, el silencio y la existencia vegetativa que integraban el triunvirato de este reino y que al mismo tiempo formaban el suelo común sobre el cual resonaban mis pasos rudos y atolondrados de hijo despistado y obstinado en su egoísmo fastidioso y exótico. Me refugié en la somnolencia fantasmal que obsequian los pequeños comprimidos rosados del Neurotol. Suficiente para tapar el noise que brotaba no sé bien si de los rizomas esquizoides del cerebro o de los laberintos de mi oído. Vivir así, como los bueyes uncidos, con los ojos fijos en los zapatos, agobiado el pescuezo por la insustentable carga del Neurotol, me cansó rápidamente. En especial porque la gracia del día empezaba recién a la noche y yo a esa hora, agotado, ya empezaba a dormir como un bebé, cuando lo que me interesaba era salir volando hasta las ventanas iluminadas de alguna princesa bañándose y acceder a su visión, como los budistas voladores de que hablan ciertas fuentes. (La iluminación soltaba las amarras del cuerpo, mientras que el apego a los engaños del mismo nos atornillaba a la tierra. El Neurotol sería más bien un colaboracionista de la “dictadura de las apariencias de lo real “, en el sentido de esta secta budista. En el mismo sentido se entendía el escolio de Montaigne a Platón en el que afirmaba que el problema del griego se hallaba, no en que no pisara tierra, sino en que, en realidad, no se elevaba lo suficiente.) Quebré la estatua in progress del Neurotol (o me sacudí de ese gradual sueño pétreo, de ese entumecimiento progresivo del cuerpo), que no era otra cosa que la continuidad de ese paisajismo petrificado y paralizado que constituía la cotidianidad. Como en aquellos cuentos de hadas o en las historias medievales de viajes, el encantamiento del héroe era posterior al del topos en el que se introducía o en el que irrumpía o se arraigaba. Estúpido de mí, intenté alcanzar la fluidez de un pescado estando en el desierto. Me encontraba definitivamente atrapado en el viejo e infatigable dilema: salvar lo mínimo, el individuo y su egoísmo, o el todo, el sistema y la ley. La radio era grumo solidificado, el diario un pedazo de granito que taladraba los sesos. La gente no caminaba ni cambiaba, apenas posaban como estatuas de yeso en un jardín rococó y silencioso. Me quedaba el recurso, no de reanimarlos con inofensivas cosquillas en los sobacos, sino de rajar lo duro, de resquebrajar lo detenido, de abrir paso al dolor, de mutilar su forma preclara y neta para que lo que los renacentistas llamaban el “alma” circulara de nuevo como sangre entre la cabeza, el torso y los miembros, entre el cielo, la tierra y el infierno. Me queda aún, antes del frío final y de la inmovilidad, la opción vislumbrada en lo oscuro de la sala con el VHS rodando su sugerencia subtitulada. Camino ahora hacia ella. Mientras ustedes me acompañan hacia su posible materialización, les cuento. Su propia brillantez me hace estremecer. No termino de creer que pudiera surgir algo tan sólido y palpable de mi mísero cerebro de provinciano subcontinental que desde el principio de todo estuvo fuera de la Historia y que sólo ingresó en ella al precio de ser ultrajado en su ADN por los europeos y después por los otros, mis compatriotas. Sacrificar mi juventud, mi brillantez intempestiva o “fuera de foco”, o definitivamente imposible, mi nada, a una idea, a la realización de una idea. Como Gavrilo Princip (de la Joven Bosnia) ante el príncipe heredero del Imperio Austro-húngaro, como Bruto ante Julio César, como el italiano aquel ante Sissí, como Lee Harvey Oswald ante Kennedy, como el asesino de Lincoln ante el presidente abolicionista, quedar, a través de un acto atroz, unido de por vida a una figura del panteón de la Historia, sellar una alianza de origen espúreo, pero inderogable, con la Historia, con los poderosos que son los héroes de esa Historia. Entrar mau en esa maldita epopeya mítica sin la cual el mundo no avanza, o no simula avanzar. Lo bruto del poder o la belleza unido por la transgresión de la sangre, acaso, a lo ínfimo, a lo minúsculo, a lo insignificante, a lo irrisorio, a lo vulnerable, a lo feo (¿a lo inteligente?), conformando ad aeternum una hermandad (por una especie de consanguinidad adquirida e indeseada, o deseada unilateralmente, pues es el asesino el que elige a su víctima –y entonces se le impone, y entonces el poderoso es él–) como la de los grandes amantes que se suicidan juntos. Cuantas veces la Historia mencione, para legitimarse o engatusar, las peripecias de su Heroína, ahí, sutilmente callado, sordo pero tangible, como una sombra obstinada, como un bulto deforme o una desarmonía estética, ahí yo, el débil, el don nadie, el fracaso de la Historia, el perdedor, el alma sin cenotafio del señor Kis, el dolor obliterado benjaminiano, estaré riendo para siempre con mi risa fálica más que sádica. Inseparables hasta el infinito. Si el que mató (en su virginidad, en su esplendor juvenil pletórico de deseos e ideas, etc.), cruzando las vicisitudes de los astros y de los que los contemplan con expectativas inexplicables, atravesando las banalidades que exudan las palabras de los historiadores, logra imponer su enormidad, allí nuestra unión artificial acaso soporte los embates de la nada y aun los de los historiadores-narradores. Sí, ustedes dirán, al final se trata simplemente del Placer petrificado, eternizado, monumentalizado en ese horizonte difuso llamado Eternidad. Pero piensen que, además de divertirlos (con el morbo, por lo menos), por lo menos les he hecho aprender –lo que nunca ha sido función del relato–. De mí aprendieron la existencia resentida de un fracaso pujando, hozando por echar un vistazo sobre el esplendor de las porquerías que a ustedes el destino les regala y que ustedes pisotean diariamente. Es algo, ¿no?
De Cristino Bogado.