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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

domingo, abril 30, 2006

Un Kurupí reseña tertulia sobre la indigencia poética

Durante la VI Feria de escritores de Asunción, organizada por el Centro Cultural Juan de Salazar y la ONG Orbis Tertivs, se realizó una mesa redonda sobre el tópico holderliniano “Poesía en tiempos de indigencia”. Nadia Prado (Santiago de Chile, 1966; publicó libros de poesía como “Simples placeres”, 1992; “Carnal”, 1998; “Copyright”, 2003 y “Job”, 2005) basó su ponencia en un cierto Heidegger, el psicoanálisis húngaro (que salta por encima del nudo gordiano del Edipo) y una noción de poema-acontecimiento separada de la poesía literal, canónica. Habló de cambiar el tiempo: esa actualidad muerta de pasado, presente y futuro; de cómo la técnica, el capital y cierta estética han obliterado siempre el poema, atrapado hoy en una modalidad neoliberal de nihilismo. Hacer una buena inversión es una poética, es el slogan de nuestra época. Propugna, en cambio, un arte poética de anticipación del tiempo a la que llama “el tiempo de la burbuja”. La de los bordes, fronteras e intersecciones de infinita permeabilidad. No la del aislamiento místico. Jeanne Hanauer (Foz de Iguacu, 1971; publicó “Lobos nos telhados”, 2002) describió la situación brasileña como la del consenso de lo mediocre, de la educación tercerizada por la Red Globo. Y abogó por una poesía que se desgaje de la poesía-Ibope. Marcelo Silva (Paso de los Libres, 1973; publicó “Barco de condenados”, 1997, y “Diario de un argentino”, 2004) hizo un recorrido breve por el quehacer poético desde los griegos hasta hoy, donde la identidad Poesía Indigente/Tiempo Indigente es predominante. Dentro de esa excrecencia poético-social insinuó una abertura hacia concepciones poéticas alternativas como el ava ñe’ë de los guaraníes o “la poesía de los restos” del poeta paulistano Glauco Matoso. Montserrat Álvarez (Zaragoza, 1969; autora de libros como “Zona dark”, 1991; “Underground”, 2000, y “Alta suciedad”, 2005) incursionó dentro de la axiomatización de la poesía por el Kapital. Allí donde el escándalo es historia (mero gesto rebelde que debe ser antes triangulado por el Kapital para exhibir su pantomima mutilada mortalmente), a través de los ejemplos paradigmáticos del surrealismo, “The Doors” de Oliver Stone, La Polla Records y su “Punk de escaparate”… La opción coyuntural estaría para ella en una poesía no democrática, pero libre. Pues lo democrático pasa por la reiteración del juego cínico del Kapital y no por la libertad propia de la poesía en sus desplazamientos rizomáticos, en sus reposicionamientos infinitos. La Feria de escritores se desarrolló desde el lunes 17 hasta el domingo 23 de abril. Cristino Bogado Poeta y editor (Reseña´publicada en el "Correo Semanal", suplemento del diario "Última Hora" de Asunción, del día sábado 29 de abril de 2006, página 9).

viernes, abril 28, 2006

Congratulatio canum

Esta labor de recopilacion investigativa para la escritura de Huesos hábiles, que sólo alzanzará las 50 páginas o un poco más, ha dejado un volumen ingente de textos que apenas son citas o usadas como soporte contextual o aun mejor huir de verosimilitudes perrunas. A continuación va uno de esos textos que el autor de "Hh" no se podía dar el lujo de mandar al Olimpo de la trastienda escritural. Es la carta que Eca de Queiroz dirige al doctor Tomás de Carvalho con motivo de la publicación de su poema en latín Congratulatio canum, en el que se hace la defensa d elos perros a raíz de la guerra de exterminio que contra ellos se decretó en el año de gracia de 1870 y dada a conocer recién en 1932. Salute, y cave canem! "Mi caro amigo: "Recibí su Congratulatio canum. Yo soy un bárbaro que no msabe comprender ni admirar la dulce belleza plástica de la lengua latina. Pero he podido percibir, con la estrechez de mis antiguos recuerdos titolivianos, que si mi amigo, por la elección original del asunto, podía haber sido un sabio poeta de la decadencia, merecía, por el puro esplendor de su latín, haber cantado la fundación del Latium. "El perro tiene un extraordinario futuro. El hombre está viejo, absurdo, inútil; la raza va a terminar como la de los mastodontes y la de los ángeles. ¿Quién sabe si en una lejana y tenebrosa evolución, el perro será el hombre, como el hombre fue el mono? ¿Quién diría, viendo en los antiguos y cálidos paraísos al macaco balancearse en los gruesos troncos de la batata gigante, que aquel peludo y adusto personaje sería un día barón, camarista, obispo y redactor de diarios? Por eso, ¿quién sabe también si la futura democracia socialista e ideal será hecha por estos nuestros amigos perdigueros, bull dogs, falderos, king chartes y galgos? Si así fuere, en la futura biblioteca de la Alejandría canina, su libro, que fue la primera voz de aquella mudez que ladra y aúlla, que fue la entrada de la elocuencia y del verbo del perro en el forum y en la ciudad; su libro, digo, será algo tan fundamental como es ahora el catecismo. "To creo, incluso, que el amigo Tomás de Carvalho, con su admirable intuición científica, se dio cuenta de esto, y que la Congratulatio canum no es más que la hábil adulación de un futuro poder de la tierra. Et attendant, su libro será estimado como algo bello en cuanto a plástica y lenguaje, y como algo ingenioso y original en cuanto a intención. "Et nunc et semper, Eca de Queiroz" Extraído de la introducción a la versión castellana de El mandarín, setiembre de 1939, Editorial Sopena, Buenos Aires.

jueves, abril 27, 2006

Cosmos 19, IV (de Montserrat Álvarez)

4. Las puertas del ascensor se cerraron detrás de la mina que había tratado de levantarlo en el bar. Ella lo miró. -No había piso 19 en el ascensor –le dijo. -¿Perdón? -No había un botón para el piso 19. De manera que ella también venía a ver a Lukaziewicz. Él no debería permitírselo. Podía ser peligroso. Aunque, desde luego, él no era nadie para decirle lo que debía hacer o dejar de hacer, absolutamente nadie. ¿Cómo podría impedirlo sin caer en una situación grotesca? Desechó la idea. Además, todo era un bluff. No había piso 19. Ahora ella ya no miraba a Bruno, sino algo que estaba a su espalda. El joven se volvió y vio una reja de hierro artísticamente labrada tras la cual se extendía un pasillo oscuro. Aproximándose a la reja, vislumbró en la oscuridad unos peldaños. Conque aquí estaba la escalera que conducía al piso secreto. En fin, dejaría que la pendeja entrara con él, pero estaría en guardia en todo momento, listo para sacarla de allí si las cosas se complicaban. Se volvió y le sonrió, con apariencia despreocupada: -Creo que aquí está lo que buscamos –le dijo, haciéndole con la mano un gesto para que se aproximara. Ella se acercó a él, sonriéndole. Parecía intrigada e ilusionada. Husmearon por entre los barrotes de la reja, casi hombro con hombro. Ella le dijo, sin mirarlo: -¿Por qué tiraste la servilleta en el cenicero? Él la miró. Se sentía en su aliento el agradable olor a cereal de la cerveza. “Conque espiando mis movimientos, ¿eh?”, se dijo Bruno, divertido y halagado. Decidió salir del paso con una broma: -Bueno, cuando no tengo billetes de mil, dejo versos como propina. Ambos rieron. Ella le miraba al reír, y en el fondo de sus profundos y castaños ojos de miope bailoteaba el aire de una decisión audaz. -En fin –dijo, de repente-, cono vos tiraste esos versos, los guardaré yo. Desde ahora me pertenecen. Yo me llamo Silvia –añadió, tendiéndole la mano. Él le dio la suya. -Bruno –dijo, sonriendo-. ¿Por qué estás desesperada? -En realidad, ya no lo estoy. Quizá nunca lo estuve. Pero sé que si no subo al piso 19 lo estaré. Es decir, todo volverá a ser como antes. Se pusieron a buscar al unísono un timbre, una campanilla, una aldaba, un intercomunicador o algo así. No lo encontraron. Bruno descorrió el pestillo de la reja y la empujó. Le hacía falta un aceitado, porque chirrió como en una película de terror con Bela Lugosi. De pronto, a Silvia se le ocurrió una idea horrible: ¿y si, al fin y a la postre, no se trataba más que de un pedestre asunto de ventas por comisión, o alguna otra cosa igualmente estúpida, y lo insólito del anuncio no era más que una maniobra publicitaria? Había que salir de dudas cuanto antes. Cruzó la reja y atravesó el pasillo, seguida inmediatamente por Bruno. Al pie de la escalera comenzaba a sentirse un denso y penetrante olor a tabaco negro. -Lukaziewicz fuma mucho –comentó Bruno. La escalera estaba a oscuras y era curva, de manera que no se veía el final. Empezaron a subir. Llegaron a una puerta de madera. Bruno alargó la mano y la abrió. El olor a tabaco negro se hizo más fuerte. Impacientes, traspusieron el umbral y cerraron la puerta a sus espaldas. “¡Ajá!”, pensó Silvia, exultante. “Sabía que tendría que haberlo”. Sí, en el piso 19 había aire acondicionado.

miércoles, abril 26, 2006

Antologia sucinta del videoclip (fantastico) paraquarensis II

Mario Casartelli "kamba mbaepu", 2003 Claudia Galanti sambando con unos garañones en un almuerzo de negros. La bandera cubana que cubre a la teen porno se desmorona bajo el ataque in crescendo de los tambores. Peter Punk "Nunca te olvidare", 2002 Clase de sexualidad en el cole con escena de sexo explicito perruno, el famoso jaguapa'a, via Animal Planet clande.

martes, abril 25, 2006

Breve interviu con Osvaldo Salerno

El siguiente bate-papo de Kurupi con el artista plástico paraguayo Osvado Salerno fue suscitado por dos obras: "Avión inflable atrapdo en un libro contable de 1938" y "Avión inflable atrapado en un libro contable de 1945", ambas del 2005 y que forman parte de la exposición internacional "Los nombres" que Osvaldo llevó recientemente a Chile bajo la curadoría de Ticio Escobar. Los agradecimientos para el artista por su predisposición a divagar sobre su obra van por descontado.
Kurupi: ¿Podrías extenderte sobre la gestación, el origen, el proceso de creación y particularmente la intención (si consideras que pude hablarse de “intención”, o aun, de ser así, si puede tenerse alguna consciencia de la misma en asuntos de arte) de “Avión inflable atrapado en un libro de contabilidad de 1938” y de “Avión inflable atrapado en un libro de contable de 1945”?
Osvaldo: Antes que nada, creo que no siempre, o casi nunca, en mi laburo existe una intención, en el sentido en que planteás entre comillas, por lo menos yo no me planteo y no me interesa volverla consciente; es más, me interesa mantenerla en ese estadio grisáceo del preconsciente, en ese territorio nebuloso, apremiante a veces desde el sótano. En un segundo momento (luego de ser mirado por el objeto y enfrentado a las condiciones del material presente en él), sí me planteo lo que podríamos llamar la propuesta, el concepto, la idea, los límites, los bordes, de lo que SÍ, me apetece hacer. Este momento configura una dirección, un rumbo, una intención si quieren, pero una meta posible sin ninguna garantía: el camino produce desvíos y, aun, repliegues; muchas veces, parálisis. En el caso de los aviones inflables, sin duda tendría que enumerar los insumos que ellos conforman. Un avión nos “mira” diferente después de la caída de las torres. Es una mirada contaminada ya por la historia, desviada, bizqueada. Uno debe responder esa mirada apelando a un conjunto de ideas, sensaciones, intuiciones, amenazas; siempre amenazas. Kurupi: Los objetos que emergen del excavamiento del libro de contable, o bien son productos de la sociedad de consumo más oligofrénica o infantilizada (avión inflable), o bien pertenecen al instrumental erudito (lupa), o bien se trata de remanentes corporales biológicos (vello púbico) o bien, por último, de las armas de la administración burocrática (sello), etcétera: ¿estás haciendo un discurso con cosas, en una inversión, deliberada o no, de la célebre frase de Searle acerca de “hacer cosas con palabras”, o sólo deseas mostrar la relación indisoluble entre el capitalismo y sus frutos mediante algo aparentemente tan trivial como un libro de contable?
Osvaldo: No conozco a Searle, pero me suena sugerente eso de “hacer cosas con palabras”. Las palabras son ,en cierto sentido, restos de un lenguaje anterior, de otro lenguaje; pienso que todo lo que enumerás en la primera parte de tu pregunta son todos restos, residuos. Yo vengo trabajando con esos insumos del excedente, el resto o el desperdicio del lenguaje (o de las cosas: que coinciden en el lugar de la falta o la sobra). El libro arcaico de contabilidad en su presencia artesanal y meramente administrativa permite connotar bien la necesidad (imposible?) de registrar los residuos, de inscribirlos en un lugar sin destino. El debe y el haber sin balance y sin resolución posible. Nunca checan la cosa y la palabra, aunque el resto pueda constituir un tercer lugar de (im)posible cruce, ya que no encuentro.
Kurupi: ¿Tienes la “intención”, o quizá el plan perverso y finalmente redentor (o aun vengativo, la venganza de los vencidos a través del arte) de desarrollar o incluso extremar los dispositivos subversivos aplicando ese humor ácido tan típico de Salerno, por ejemplo, reiterando el motivo del libro, pero, en vez de usar como soporte de la violación, la trasgresión o el desventramiento un libro asociado con la gran cultura erudita europea, pero no por eso desligado de la cruzada colonialista (pienso en algún incunable del virreinato, acaso en uno tasado en muchos miles de dólares en el mercado y casi rodeado de un aura sagrada entre los investigadores e historiadores), usando, por el contrario, uno asociado a los suburbios más humildes de la cultura occidental, casi podríamos decir que a sus algo sórdidos extramuros, si bien, pese a su modestia, también fundamentales? Pienso que la subversión, con todo y poder lograr un golpe de efecto más contundente a primera vista, perdería, en el primer caso, su sutileza y parte de su perversión a más largo plazo, que están logradas en otros ejemplos que ya has llevado a la práctica, pero que ganaría sin embargo contundencia e impacto, quizá incluso “masivos” o populares, al tocar la piel fina, pereri, del europeo culto y devoto de las cosas antiguas en cuanto testimonios de las conquistas pasadas de su civilización, cosas éstas (ya sean libros, o arquitecturas, etcétera; en todo caso, partes del patrimonio que testimonia que alguna vez fueron grandes o poderosos) supuestamente inocentes y neutrales, que además conservarían datos indispensables para reconstruir la forma de vida colonial, reconstrucción cuyo supuesto valor intelectual supone quizá tácitamente también el valor social de dicha forma de vida, no importando que ésta haya violado y humillado a hombres y culturas con valores distintos (y no precisamente en nombre de los valores espirituales de Occidente, sino de móviles más bien pragmáticos). Osvaldo: No me interesa la antigüedad aurática del libro gutembergiano (el valor de incunable que sella el tiempo), sino el destiempo, el anacronismo que se plantea un volumen bibliográfico ligeramente desfasado en relación a su propia contemporaneidad. Todo libro aspira a ser contemporáneo y está condenado a no serlo, porque no puede durar en el mismo registro que exige la obsolescencia capitalista (su unica redención sería la antigüedad, pero eso requeriría más tiempo: me interesa el entretiempo de la obra que no llega a ser antigua), recuerdo en este momento un trabajo que hice para un centro cultura en Lima que consistió en la adquisición en mercados de pulgas de esa ciudad de libros viejos con encuadernados eruditos (tapas símil cuero, pergamino: ediciones viejas, no antiguas…) El trabajo consistía en traer los libros a mi sitio de trabajo, Asunción, y retornarlos seis meses después a su lugar de origen, convertidos en libros-trampa, libros cavados en su interior y en su interior cargados de una amenaza (un presente griego oculto entre sus páginas o en el espesor de su volumen). Recuerdo que la obra se llamó “La reconquista de Lima” y la monté en una pequeña salita de un edificio originalmente destinado a otro uso, creo que era una entidad bancaria abandonada, quebrada. Otra vez restos: las ruinas del capitalismo y los restos de un libro que, acontecido entre su obsolescencia y su no antigüedad, circula (o se detiene) en terreno de nadie. En nuestros países no es posible encontrar incunable: ya nos resignamos a haber perdido la ilusión ilustrada erupea de encontrarnos con volúmenes valiosos, verdaderos incunables. Nuestras expectativas giran más en torno a los volúmenes símil cuero: restos de segunda. La ropa usada que se vende en nuestros comercios, previamente higienizada, no es ropa de marca es prenda masiva, industrializada, clasemediera. Lo mismo pasa con los libros (Y con ciertas ideas que ellos contienen?)

lunes, abril 24, 2006

Ysypo_paraguay_rembo III

La secta de los fumadores clandé se viste de amarillo el sagrado ju (el primer punzón motorizado) mímesis del sol del avati del hermano gemelo Se alimentan de carne de los añamemby ajurakarés norteamericano eurocomunitarios de cerebros destrozados con el hacha (tipo) celt de mango florido recargado con un escalpelo chino-kurepa pinche-rapai visten capa de piel de norteamericano aventurero Mr. taylores fogosos y estúpidos La secta de los fumadores clandé carece de una lista de adeptos estable precisa gremio de estadística indeterminable ni los dedos de manchas indelebles de la solanácea nicotinia ni el tufo característico consiguen delatarlos a la luz pública ni aun el humo que los envuelve como aureola desprestigiada aporofóbica mendicante antihigiénica contra-vitalista inhallables imperseguibles inubicables inojeables incobrables libres en sus pares de ojotas de cáñamo índigo pytajovái sin flecha del tiempo sin punta sagital unívoca destino histórico mesiánico jubilatorio asilo de ancianos de dinosaurios stonianos el wanted libelo del estado total virtual los define como “caníbales serial killers pedofílicos como el Jasy Jateré”

viernes, abril 21, 2006

Cosmos 19, III

3.

María recortó cuidadosa y subrepticiamente el anuncio en cuestión. Qué suerte que siempre compraban el diario en la oficina. Guardó el anuncio en el bolsillo de su camisa. Se reclinó en su silla y encendió un cigarrillo. Se puso de pie y caminó hasta el balcón. Lo abrió y salió al smog y al calor y al ruido. La cita era en un decimonoveno piso. Eso le gustaba. Le gustaban los lugares altos. Le parecían más inconstantes y caprichosos que los bajos, bien pegados a la tierra y llenos de buen sentido. Su propia oficina estaba en un lugar alto, en un décimo piso. Si hubiera estado en uno de los primeros pisos, habría sentido el peso de los horarios y el trabajo como una intolerable esclavitud. Pero ese balcón suspendido en el aire, al cual salía a menudo so pretexto de fumar, le permitía una intensa ilusión de libertad. Y cuando lo abría y el aire caliente y ruidoso entraba removiendo la acondicionada atmósfera, con él entraban también bramidos jubilosos, feroces carcajadas, mil deseos intrépidos y oscuros.

Teóricamente, ingresaba en la oficina a las ocho de la mañana y se iba a las seis de la tarde y tenía dos horas libres al mediodía para almorzar, pero frecuentemente había demasiado trabajo acumulado por corregir y las dos horas del almuerzo se reducían considerablemente, mientras que la hora de la salida se retrasaba también de manera notable. Hoy, sin embargo, se tomaría completas las dos horas del almuerzo para despejar la incógnita de ese tal Lukaziewicz. Miró, impaciente, el reloj. Las once y media. Terminó su cigarrillo y arrojó al vacío la colilla, que se perdió de vista mucho antes de llegar al piso, como si hubiera sido tragada por la atmósfera, de modo que no pudo seguir más que el principio de su trayectoria.

-Así -dijo, en voz alta- será, sin duda, la Muerte: un ser humano cae y nuestros ojos no pueden seguirlo hasta el final. Se estrella contra el piso y en ese instante lo perdemos de vista. Pero, ¿hasta dónde llega?

De pronto, una visión llenó su mente con tal intensidad que le pareció tenerla ante sus ojos: ¿Ícaro perdiéndose en el mar? ¡No! era Lucifer, cayendo desde la altura, volviendo contra el cielo la garra amenazante en gesto de maldición y desafío. Un monstruo con más de hombre que de ángel y con más de bestia que de hombre. Grandes ojos glaciales de gigante antediluviano, voz impensante y furiosa como el rugido de diez mil leopardos o el salvaje bramar de las coléricas aguas procelosas, belleza enorme y helada que sobrecoge de espanto. Helo aquí, al Gran Rebelde, precipitándose para siempre en los misterios subterráneos de sus fastuosas noches abisales, en el país oscuro y hermoso de los muertos. Vedlo caer, como en cámara lenta, una sombra deforme tan grande como el mundo recortándose contra los horizontes incendiados de la canícula, revolviéndose imperioso contra su Creador, ardientes las titánicas pupilas con un helado fuego de reptil asesino. Ecce tabes, ecce virus, ecce locus lutulentus, ecce filius inmortalis. "Sígueme, sígueme". "Dios ha quebrado mis cuernos, Dios ha roto mi espinazo". "Sígueme, sígueme". "Mira cómo caigo con el puño en alto, mira cómo caigo y muero sin temor".

Abrió la puerta del balcón y entró en la oficina. Recogió su bolso y dijo a las dos secretarias:

-Ya es hora de almorzar. Nos vemos a las dos.

-Dale. Nosotras también nos vamos dentro de un ratito.

Evitaba siempre almorzar con ellas. Estorbarían los placeres de su soledad. Salió del ascensor e intercambió un "Buenas" con el conserje. Calculó que lo saludaba unas cuatro veces al día. Hablaba, pues, con él mucho más que con la señora Bazán, dueña de la pensión en la que vivía. Ésta solía levantarse tarde y acostarse temprano, de modo que pasaban días enteros sin que tuvieran que verse. Era una solterona obesa y anémica en pleno derrumbe, permanentemente desgreñada y sucia, que comunicaba a todo su entorno un aire de abandono, de decadencia y casi de deshonra. Tejía incansablemente largas prendas de lana sin conclusión posible mientras escuchaba la radio. Olía a viejas y húmedas medias de nylon, a escapularios apolillados, a telarañas en salmuera, a moho, herrumbre, pus, caída, abismo.

Le hacía pensar en su abuela materna. No existía el menor parecido físico entre ambas, pero había en ese tejer infinito algo misterioso que las emparentaba. También su abuela había dedicado toda su vida a tejer cosas inútiles, sin pies ni cabeza, a tejer ponzoñosas y vanas intrigas. Había invertido en esto casi todo el breve tiempo que dura una vida humana.

Y después había muerto.

En ocasiones creía verla aparecer de pronto, aquí o allá. Pero nunca era ella. ¿Cómo podría serlo? Sin embargo, mientras vivió también solía aparecérsele así, súbitamente. Caminaba sin ruido y parecía materializarse intempestivamente de la nada, a la espalda de uno, en medio de un pasillo, en el umbral de una puerta, en la ventana de una habitación, clavando a través del vidrio una mirada frecuentemente maligna.

Como aquella vez que, en el corredor que daba a la cocina, su abuela había aparecido para increparla, acercando a su rostro, amenazantes, sus largas uñas corvas. Era la tarde de un día de invierno, húmedo y ventoso, y la casa ya estaba sumida en la penumbra. “Quién te crees que eres tú”, le había dicho su abuela, llena de desprecio, se hubiera dicho que llena de asco. “Quién te crees, estúpida”. “Tú no eres nada, nada”, había dicho.

O esa otra vez que, en la puerta de su dormitorio, se había reído displicentemente. “Qué clase de antro es este”, había dicho. Por ese entonces estaba ya muy encorvada y consumida. “Aquí no querrían vivir ni los chanchos. ¿No te da vergüenza que alguien vea este chiquero?” Se reía todo el tiempo. “Aquí no querrían vivir ni los chanchos”, había dicho.

Y después había muerto.

“Ojalá pudiera verla de nuevo”, se dijo María. Había reaccionado con imperdonable aspereza ante la anciana en más de una ocasión. Ojalá pudiera tener otra oportunidad, la pobre vieja. Ojalá pudiera volver a intentarlo. “Ojalá pudiera verla de nuevo”. Parada en la puerta del dormitorio, en el pasillo de la cocina, en el jardín, en medio de la sala.

Como aquella vez que, en medio de la sala, había increpado al padre de María. “Eres un mantenido, un sinvergüenza que vive en mi casa” Se acercó a su yerno para golpearlo y éste la sujetó por las muñecas, pidiéndole que se calmara. Pero la pobre vieja había seguido escupiendo las cosas más torcidas, más abyectas, rebajándose sin remedio.

Y después había muerto.

Luego, en sus últimos años, cuando su memoria y sus facultades empezaron a debilitarse, hubo momentos en los que se mostró sorprendentemente inocua. Tenía un aire libre, ingrávido, como si hubiera regresado a la niñez, a un tiempo mítico anterior a la culpa, al resentimiento, al odio.

Como esa noche en la que María encendió en el jardín, bajo el gran mango, una pequeña fogata. Su abuela había aparecido de improviso, con una débil sonrisa de niña en su rostro anciano. “¡Cómo me gustaban a mí las fogatas!”, había dicho. “Mi tío Germán nos hacía fogatas, cuando yo era chica, en la tardecita, y nosotras (ella y sus hermanas, las tías abuelas de María) tratábamos de tostar pan en el fuego. Una vez Ida se quemó la mano”. Miraba el fuego con aire absorto y gozoso, sonriendo luminosamente de vez en cuando, tal como debió mirarlo por primera vez, cuando aún no sabía su nombre. “¡Cómo me gustaban a mí las fogatas!”, había dicho.

Y después había muerto.

lunes, abril 17, 2006

Antología sucinta del videoclip (fantástico) paraquarensis I

"Alabaré" de Deliverance.
Planeo sobre campo de mujeres (dixit W.C. Williams) como en cánonica escena hitchcockiana de persecusión en ñu de tulipanes (no tupi panes) hasta terminar invadiendo la catedral (de Asu) donde la banda de los 90 oficia su ceremonia musical vestidos de monjas (para matar) de clausura pero con make up de cat woman. Leche (el teclista cismático, actual regente del pub La viola, donde Nadia, Marcelo, Jeanne, Kanesu y Mon-Tzé leeran poems el viernes tonight) grita globitos de comic fuera de sí "Negri...Dele..u...ze...Spinoza..." Santa trinidad inmolada en la solución pospunt versión subtropical. Sí, siempre fue difícil llevar el marbete ( las polleras) de los Sisters!

domingo, abril 16, 2006

Ysypo-paraguay-rembo II

La secta de los fumadores clandé tiene forma delirante legendaria esotérica ella tiene nostalgia de asadito de ñato avaporu anticristiano sueños de poligamia de hacha celt desnucando la cerviz de un ajurakare posmoderno poscapitalista neoimperial dicen La secta de los fumadores clandé flota sobre la miseria del mundo gris-multicolor con sus paracaídas de telaraña o levita sobre la oscuridad de las ciudades patinando sobre los pombero-rekaka así consignan los informes de inteligencia trasnacional global panóptical La secta de los fumadores clandé usa de las mujeres como “drogas ilícitas” buscando el último punto que las come de pruritos el cuerpo esa música que estremece la carne no el aire Ta-Bes Oum Kalsoum de la carne determinación temporal axiomática de lo orgánico entre la ceniza y el fósil viboreante temói que saja como un tatuaje invisible la alegría del rostro la inocencia de las sonrisas esa persistencia de lo humano entre el bombardeo de neutrinos la batería incansable de los rayos cósmicos en los abismos de la línea roja: ultravioletas rayos X rayos gamma triunvirato cancerígeno humanófobo apotegma de la nada

sábado, abril 15, 2006

COSMOS 19, II

2. Bruno abandonó el café dando vueltas en la cabeza básicamente a tres temas discernibles: los versos sueltos de un poema que él juzgaba fallido y que había desechado de inmediato, el misterio del piso 19 del Edificio Cosmos y el hecho de que la pendeja de la mesa de enfrente, evidentemente, había querido levantarlo. Él había simulado indiferencia, pero, la verdad, por dentro ya estaba “casi derretido”. ¡Esos ojos! Miopes, a todas luces, es verdad, pero “¡qué mirada ardiente!”, pensaba, complacido. Se detuvo de golpe frente al Edificio Cosmos. ¿Debía volver? Era un verdadero desperdicio dejarla allí, sola. Se sentó a la sombra, en los escalones de la entrada, y encendió un cigarrillo, cavilando. Estaba en el punto de encuentro de dos campos magnéticos, se dijo. De un lado, el del imán del piso 19. Del otro, el de la pendeja. ¿Cuál era más poderoso? Por un momento, el impulso de ponerse en pie y volver al bar tensó los músculos de sus piernas. Pero eso –esta idea lo inmovilizó en su asiento- ¿no sería huir? (aunque, ¿huir de qué? ¿Qué podía haber en el piso 19, a fin de cuentas?) ¿No sería él un cobarde, a la caza de un pretexto para no preguntar en portería por el señor Lukaziewicz? Una vez que hubiera preguntado, obviamente, no podría volver atrás. Sería hacer el ridículo ante testigos –el portero, otros visitantes del edificio, la limpiadora- y, sobre todo, ante su propia severa, orgullosa, inflexible consciencia –aunque esto último no lo pensó -. “Qué pelada”, musitó para sí mismo al considerar esa posibilidad. No, nunca retrocedería. Si iba a decidirse por la mina del bar, tenía que hacerlo ya. ¡Pero no soportaría ver su cara en el espejo, al afeitarse, en lo sucesivo, cada mañana, si escapaba del famoso Lukaziewicz! Nunca podría estar seguro de que no lo había hecho por temor. “¡Qué bajón!”, exclamó, casi en voz alta, “que justo hoy, el día del anuncio, me haya encontrado con esa minita”. Pero no podía rechazar el desafío del pesado de Lukaziewicz. Porque ese anuncio era como un guante que Lukaziewicz había arrojado, y él sería un cobarde si no lo recogía. De un salto, se puso en pie, arrojó con rabia la colilla contra el asfalto y, con paso decidido, empujó la puerta y entró en el Edificio Cosmos. Se topó con la mesa del portero. Éste era un individuo de aspecto amable, despistado y aturdido, con gruesos anteojos de fondo de botella e ingrávida sonrisa de matemático demente. Bruno juzgó nulas sus posibilidades de sonsacarle algo sobre el misterio del piso 19: el person no debía estar enterado de nada. - Buenos días –lo saludó cortésmente -. Vengo a ver al señor Lukaziewicz. -¡Sí, sí, señor! ¡Buen día! –sonrió aturdidamente el portero, mirando a todas partes menos a Bruno y, evidentemente, sin ver nada detrás de aquellas lupas -. Piso 19, por favor. Adelante –y le indicó a Bruno los ascensores. Bruno esperó ante éstos un momento, pero había mucha gente en la misma situación y los ascensores se llenaban de inmediato. Impaciente, tomó por las escaleras. Cada vez que llegaba a un nuevo piso, veía a otro grupo esperando el ascensor. ¿Toda esa muchedumbre iría al piso 19? “¡Imposible y grotesca idea!”, rió para sí. El anuncio era definitivamente siniestro. Se detuvo, desplegó el diario y lo releyó: “Si la vida ha perdido todo rumbo, sentido y finalidad para ti, y si estás genuinamente desesperado, y sólo si realmente lo estás, ven a verme. Esto te interesa. Soy la última puerta que tendrás que tocar. Edificio Cosmos, piso 19, el viernes 12, a cualquier hora del día o de la noche. Pregunta en por- tería por el señor Lukaziewicz.” “Soy la última puerta que tendrás que tocar”. Se hubiera dicho algo así como un dios –o un demonio -, o alguna manifestación de una providencia omnipotente. ¿No se trataría de una especie de mafia? La idea le gustó. “Una onda La Cosa Nostra pegaría”, se dijo. Estaba dispuesto a todo. No tenía nada que perder. “No tengo nada que perder excepto mis cadenas”, parafraseó en voz alta, medio en broma y medio en serio. Descubrió que había acudido a la enigmática cita no sólo por esa suerte de intrépido y confuso sentido del honor del que no tenía clara consciencia y que solía guiar sus acciones aparentemente más descabelladas, ni tampoco únicamente (aunque sí en gran medida) por la acuciante curiosidad que despertaba en él la extraña oferta de Lukaziewicz, sino también por desesperación. “Si estás genuinamente desesperado, y sólo si realmente lo estás”. ¿Lo estaba? Tenía sólo treinta años. Su existencia podía cambiar de un momento a otro. Tal vez esta fuera la ocasión en la que cambiaría su fortuna. Tal vez por eso estaba aquí. Su mente se rebelaba contra su vida y su suerte, y la única manera de calmarla era fumando join y bebiendo alcohol y escribiendo poesía y pasando noches y noches en vela a pesar del cansancio físico tras la ruda jornada laboral. Siguió subiendo escaleras. No era un edificio de viviendas, sino de oficinas. Subía con creciente ímpetu, y ya iba por el piso 10. Sí, en realidad quizá estaba desesperado. La vida se parecía demasiado a un túnel sin ramales, era demasiado unidireccional, había demasiado pocas alternativas y se diría que su destino pesaba sobre él como una lápida desde su nacimiento, se diría incluso que había empezado a pesar sobre él desde antes de que fuera concebido en el vientre materno. No era la pobreza material de ese destino lo que rechazaba. Tal vez no fuera siquiera el progresivo embrutecimiento que esa clase de vida, según pensaba, acarreaba consigo lo que e le anudaba en torno a la garganta con la consistencia férrea de la esclavitud. Era más bien su inexorabilidad, su fatalidad lo que lo asemejaba a una condena. “Un condenado a cadena perpetua en una cárcel tan grande como el mundo”. La cárcel del músculo agotado, del sueño pesado y sin imágenes, de los salarios mendigados e insuficientes, de las cotidianas humillaciones, de la reiteración idéntica de idénticas rutinas –alimentarse, bañarse, trabajar, dormir, morir, finalmente -, más adecuadas para una máquina que para un ser dotado, al fin y a la postre, de un espíritu, de un espíritu hambriento, de un espíritu sediento, de un espíritu, sí, desesperado. Los seres humanos pasaban de largo ante su vida contemplando con indiferencia cómo moría su juventud, cómo se malgastaba y marchitaba su talento, cómo su corazón sensible se tornaba duro y amargo. Bestias, seres infernales. Las escaleras por las que subía también eran duras y frías, como el hielo, como el corazón de pedernal de aquellas bestias, como la vida. Si sólo hubiera un rincón fresco y sombreado en el mundo, donde respirar un momento, tomar aliento, sacar la cabeza fuera del agua, reunir fuerzas para luchar contra esa vorágine idiota de lo fatal, tal vez podría tomar las riendas, cambiar la dirección de su destino. Quizá el piso 19, después de todo, fuera ese rincón. Esta trémula esperanza, como una luz vacilante, intentaba abrirse camino entre las tupidas sombras de su helado escepticismo, acuñado a lo largo de treinta años de amargas decepciones. Con un gesto burlón, seco y duro, de la boca, hizo a un lado esa esperanza. De esa boca que, sin embargo, al sonreír lo traicionaba, porque su sonrisa era la de un niño, extrañamente vulnerable y soñadora, luminosa y dulce, abierta a la promesa del placer que nunca se cumplía. La sonrisa de alguien que tendría que quedar rezagado en la dura carrera de la vida, la de alguien que jamás llegaría a la meta. Y, hablando de llegar a la meta, he aquí que las escaleras terminaban en el piso 18. No había un siguiente tramo de escaleras, pero Bruno apenas estaba en el piso 18. Desorientado, caminó vagamente frente a las oficinas. Entonces se abrió la puerta de uno de los ascensores y apareció la pendeja que había tratado de levantarlo en el bar.

martes, abril 11, 2006

Damasatan acusada de filósofa poeta-metalera

“POETISA Y FILÓSOFA” Con estos títulos se presentó la autora de un artículo para evocarnos el nombre y los méritos de un tal Teognis de Megara, antiquísimo poeta griego, quien fue puesto en escena de la mano de Hermes, el mensajero de los pies alados (“mi dios favorito entre todos los habitantes del Olimpo”, dice ella) el que a su vez, y tal como correspondía a su divinal rango, advino al suceso terrenal en un marco majestuoso: ”habiendo iluminado los relámpagos con sus resplandecientes estremecimientos los cielos nocturnos durante largas horas antes del grisáceo amanecer”. (sic) Del ilustre megárico nos han llegado solamente 1.200 versos, “ante los cuales palidece Safo de Lesbos” y hacen lucir a Anacreonte de Teos como un “relamido”, según confirma la articulista. “Quién es este Teognis?”, se pregunta la autora, tal como nos preguntamos nosotros, acicateados por el epígrafe y por la diana introductora llena de estremecimientos y relámpagos. La respuesta llega enseguida por boca de la misma opinante, con una ráfaga doctoral de trazos biográficos y ubicación histórica, a cuyo término se nos aconseja que “es mejor prestar oídos a sus propias palabras, ahora que por fin ha conquistado la plenitud postrera de la tumba”. En este punto, ya el lector está atrapado y sumiso, presto a recibir en su espíritu el hábito vital del portentoso griego. Bien es cierto que las primeras palabras no son nada edificantes, ni tan geniales como era de esperar, pues Teognis solamente dice: “De todas las cosas, la mejor es no haber nacido”. Siguen los versos, amplificando el concepto inicial, con el acompañamiento admirativo de la poetisa-filósofa, quien interpreta sin reticencias: “la muerte involucra una sucia, hedionda reíficación del individuo, es decir, el más degradante y sórdido misterio que imaginarse pueda” (sic). Pero el colmo de la profundidad del pensamiento y de la elocuencia poética se halla, según la Monserrat, en este verso: “...ya muerto, yo seré negra tierra”. Ante tamaña afirmación, el comentario no menos retumbante: “Seré negra tierra”. ¿Cabe una más breve, concisa y profunda descripción del espantoso enigma del no-ser que a todos nos acecha?. ¿Podría alguna conciencia mortal concebir una frase más horrible, más sobrecogedora, para insinuar lo atroz de la esencial transmutación que su propia finitud implica, el escarnio metafísico de la existencia terrena, creada para el fatal silencio de los cadáveres?. Y termina la andanada con :“¿Puedo haber una idea más insidiosamente terrorífica que la pérdida de la humanidad en el sujeto humano, que la nauseabunda degradación ontológica que la que la Muerte arrastrada como séquito pestilente para todos nosotros?”. Tal efusión retórico-filosófica nos deja anonadados y nos mueve a volver inconscientemente la vista al verso antes leído, con cierta desconfianza hacia nuestra eficacia mental y abrigando la duda de haber dejado escapar palabras y substancias. Pero he aquí que encontramos, -mondo y lirondo, el mismo versico, que nos repite: “ya muerto, yo seré negra tierra”. Forzosamente admitimos que es eso y nada más. Siguen más versos megáricos de la misma calidad y estilo (pedimos perdón al original griego) al igual que los ditirambos de la exégeta y el remate llega con este expeditivo y transparente mensaje de Teognis: “Adula bien a tu enemigo y cuando esté a tu alcance dale su castigo, sin darte para eso pretexto alguno”. Con lo cual creemos tener, por propio discernimiento, un perfil aproximado de este vate presocrático, si bien la articulista nos aclara que no pretende dar "una imagen acabada de Teognis -o cualquier gran poeta- en un simple y sumario articulo”, justificación por demás razonable. A decir verdad, la intención inicial de esta nota no fue criticar el artículo y lo indica el rótulo (Poetisa y filósofa) como orientación del enfoque. Ya no estamos en tiempos de dogmatismos intolerantes, ni de academicismos vacuos. Se puede hoy opinar sobre cuánto tema caiga a las manos, con las luces disponibles, en el estilo al alcance, con las pautas que obedezcan a nuestras íntimas motivaciones, sin vergüenzas ni remilgos. Digase esto en homenaje al numen de Megara y a su poetisa. Además, la Monserrat tiene un estilo fácilmente atrayente (aunque a más de uno hará salir corriendo), por lo enfático y entusiasta, con arrestos adolescentes, capaz de gustar a muchos y de merecer la tolerancia de otros tantos. Pero eso de titularse filósofa... Nuestra famosa “América morena” tiene de todo menos temperamento filosófico. Es una simple cuestión de temple, de vocación, de oficio y no hay para qué ofenderse, puesto que no está en discusión la riqueza espiritual ni el acervo intelectual de nuestra estirpe (“infame estirpe”, Monserrat?). Sencillamente no tenemos urdimbre, sangre y madera de auténticos filósofos. Y punto. Desde luego, el tema convoca a futuras conversaciones. El Paraguay tendría hoy un filósofo si no hubiera muerto el Dr. Juan Santiago Dávalos. Filósofo no fue mi querido Profesor Laureado Pelayo García, a pesar de sus brillantes y legítimos títulos, de su barbita señorial, sus tic españolescos y dicción perfecta. Tampoco lo es otro maestro, uno de los espíritus más finos y enaltecidos que conozco: el Prof. Dr. Adriano Irala Burgos. Filósofo no fue el Dr. Juan Vicente Ramírez con sus “Disertaciones Filosóficas” (nuestro texto del ler. Curso de Fil.) libro que conocía él de memoria con puntos y comas. Y mucho, muchísimo menos lo soy yo, con mi cuarto de siglo de egresado, mis libros de cabecera, y a pesar de mi infinito respeto y mi admiración sin límites al impar linaje espiritual, cuyos orígenes resplandecen, entre otros, con el venerable Thales de Mileto, el gran Parménides de Elea y el inefable comadrón de almas, Sócrates de Atenas, maestro de maestros. A pesar de todo, sabemos que la filosofía es inevitable, como nos lo recuerda Ortega y Gasset; es un lujo del cual no podemos prescindir, a despecho de taras y subdesarrollos. Por eso, nos agrada -y hasta nos enaltece un poco- ver el título de “filósofo” como adorno enriquecedor de una página periodística. Es algo que podemos tolerar perfectamente, con más razón si el suscribiente es un tenaz obrero que por muchos años ha procurado honrar su vocación filosófica con innumerables -y tolerables- artículos. Pero que ahora se sume una “filósofa”, que además es poetisa pre-socrática, romántico-barroca y “underground”, ya es demasiado. Fermín Portillo Urunaga.

lunes, abril 10, 2006

Michele Bachelet fanática de Roberto Carlos!!!

Hoy a las 2 de la tarde cayo (es un decir, aterrizó) el avión presidencial de la muy cotizada presidente de Chile. Bajo, como ya todo el mundo acá ya sabía, para hacer aguas menores, tanto en el toilette del presidente paraguayo de nombre griego, como en en el toiltte del Banco central del país, donde fue homenajeada por la turba afiebrada de feministas. Aqui fue donde la Bachelet demostró toda su erudición en literatura feminista y citó a la infaltable autora feminista paraguaya en estos encuentros cortesanos, a la Serafina Dávalos.ya kurupi le dedicará algunas tundas a esta fémina Serafina en algun otro post tekorei, por en cuanto diremos que entre las mujeres que pretedia liberar no figuraban ni las chicas de la plaza uruguaya ni las domesticas infrasalariadas.Bueno que satisfecha en sus rinoñes la presi partió pra brasil, donde el presi marisco Lula, kua chapí (el del dedo mutilado) la esperaba con su regalo rapai correspondiente (!todo joia y alegría): el corpus musical completo de Roberto Carlos (si, el mismo de "amada, amante", ah...aquellos teclados!!). Nunca mejor momento para citar la frase "Dime que escuchas y te diré quien eres". da que pensar como una luchadora infatigable de la democracia en tiempos oscuros pinochetianos haya tenido tiempo para perder en baladitas mainstream del peor gusto planetario. De gustos musicales presidenciales, sabíamos que a kill Busch le copa John Cage y que Sedam Huu'sei'n editaba anualmente en discos vinilos preciosos música folklorica religiosa iraki de aquella de la puta madre de aláaambique.

domingo, abril 09, 2006

Ysypo-paraguay-rembo, I.

La secta de los fumadores clandé de tabaco transgénico suele instilar historias del ysypo-paraguay La secta de los fumadores clandé fuma más allá de la inversión subversión reversión deconstrucción mitologemas cristiano-europeos, mero humo para sus pipas de pezuña de jurumi sus volutas alcanzan la cerrazón lacrimosa de la tatatina auroral purga sacrificial propiciatoria humo-lustral de la fecundación del avatiju cosecha primaveral antropofagia esa triada mongoloide-melanesio-ava triángulo natural geometrizado en las tinajas de kaguy o urnas funerarias: posición vertical de la muerte preparada más para el despegue que para el descanso

sábado, abril 08, 2006

COSMOS 19, I

1. El anuncio detallaba una dirección. Faltaban, calculó Silvia, unas cinco cuadras, pero el calor dentro del colectivo era sofocante y decidió seguir a pie. Un perro amarillo se guarecía del sol a la sombra de un quiosco. Se detuvo y compró un Phillip Morris de veinte, caja blanda, y una helada botella plástica de agua mineral. Se pasó la botella, antes de abrirla, por la frente y la nuca. Reflexionó y compró otro Phillip Morris. Dobló en la esquina y empezó a subir por una calle empinada. El sol picaba. Hubiera podido cruzar a la acera de la sombra, pero ni siquiera pensó en ello. Estuvo a punto de derribar a una anciana que bajaba en la dirección contraria. Se disculpó atropelladamente. Iba con las manos en los bolsillos del vaquero y el diario bajo el brazo izquierdo. Pensaba en algo con intensa concentración, pero no hubiera sabido decir en qué. Al cabo de un rato, se percató de que había subido dos o tres –más bien tres- cuadras más de la cuenta. Su calle –la calle del enigma, la calle de la clave- estaba más abajo. Dio media vuelta y empezó a volver, intentando esta vez prestar más atención. Llegó a la esquina señalada, inexorable, fatal, que había permanecido allí, esperándola, sin moverse. Si caminaba media cuadra a la derecha llegaría al Edificio Cosmos. Observó con entusiasmo que sus habituales indiferencia y aburrimiento se derretían como hielo bajo el sol. Miró en derredor, descubriendo que estaba dando la espalda al bar de un hotel. Sin titubear, empujó la puerta de cristal ahumado, en pos de una cerveza (‘¿sería la última?). el hálito glacial del aire acondicionado le llenó de un entusiasmo inexplicable y una ligera taquicardia. ¿Habría aire acondicionado en el piso 19 del Edificio Cosmos? ¡Sí, tendría que haberlo! Se sentó junto a la ventana. El mozo acudió veloz, eficaz, alado. El mundo era una sonrisa de la existencia, luminosa, sorprendente, promisoria. Pidió una cerveza, sonriendo también, casi cantando. Mientras se la traían, miró en torno, presa de una especie de expansividad, de ansia de extroversión. Le hubiera gustado contarle un chiste a alguien y reír con él a carcajadas. Sentía el impulso de leer en voz alta a los demás parroquianos el anuncio del diario, para ir todos juntos al piso 19 del Edificio Cosmos. La parusía había llegado al fin, y el Mesías aguardaba en el piso 19. Una nueva existencia para todos. Bebió con avidez. Sintió que la cerveza fría llenaba su cuerpo de vigor. Aspiró el cigarrillo que había encendido sin darse cuenta. Pero, reflexionó de inmediato, y este pensamiento detuvo su acelerado corazón en medio del pecho, ¿no había algo ligeramente siniestro en ese anuncio? "Soy la última puerta que tendrás que tocar". "La última puerta"... es decir –y aquí creyó haber resuelto el acertijo- , la Muerte- ¡Pero no, pero no! ¿Qué sentido tendría una cosa así? Además, ¿qué importaba? ¡Si era la Muerte, bienvenida a cambio de esta espléndida palingenesia, bienvenida a cambio de que su corazón volviera a palpitar por algo, de que volviera a circular con calor la sangre por sus venas, de que el soplo de un alma volviera a animar su apático esqueleto! Volvió a mirar en torno, esta vez con atención. Un señor con aspecto de jubilado desayunaba en la barra empanadas y café. Miró su reloj: las once de la mañana. ¡Hace bien en desayunar!, pensó, contenta. Nos espera una larga jornada. Nos espera la aventura de la vida. A pocas mesas de distancia, dos secretarias escapadas de una oficina o un consultorio o algo así (llevaban una especie de uniforme gris y rosa –"lindo uniforme", pensó Silvia-) susurraban algo, acercando las cabezas sobre sus vasos de jugo, al parecer de naranja. Silvia puso el respaldo de su silla contra la ventana para observar todo el recinto. A la mesa que quedaba a su espalda se sentaba un joven rubio, o, más bien, castaño claro, o, más bien, rojizo (no se podía determinar esto con exactitud en la semipenumbra del local), de aspecto vagamente familiar. "A éste lo he visto antes", se dijo. ¿Dónde? ¡Ah, sí! En el ciclo de cine de Fritz Lang, en el Paraguayo-Alemán. No era fácil olvidar a los asistentes: no eran más de diez, y se habían visto durante una semana, cada noche. Hacía dos meses. Recordó con repugnancia aquellos días en los que nada –ni el cine, por ejemplo- lograba disipar su aburrimiento, su hastío, esa suerte de frío interior. ¡Ah!, pero si viera ahora esas películas, cualquier película, incluso una muy mala película, en su actual estado de ánimo, sería diferente. ¡Estado de ánimo! Sí, volvía a tener estados de ánimo, humor, vida, alma. Todo gracias el enigma, al peligro, a la promesa que ese anuncio implicaba. Lo releyó con renovada maravilla, en voz casi alta: "Si la vida ha perdido todo rumbo, sentido y finalidad para ti, y si estás genuinamente desesperado, y sólo si realmente lo estás, ven a verme. Esto te interesa. Soy la última puerta que tendrás que tocar. Edificio Cosmos, piso 19, el viernes 12, a cualquier hora del día o de la noche. Pregunta en por- tería por el señor Lukaziewicz." El mozo puso una taza de café humeante frente al joven rubio. Éste sacó una petaca de caña del bolsillo de su vaquero y echó en el café el contenido que le quedaba. Hora temprana para esa bebida, pensó ella. Se diría que se está entonando, o dándose valor para algo. Entonces reparó –y el corazón le dio un vuelco- en que el muchacho tenía el diario abierto, sobre la mesa, en la sección de clasificados. Aguzando la vista, confirmó que un aviso estaba encerrado en un círculo, con bolígrafo rojo. ¿No sería...? no había motivos para suponerlo, pero tampoco para suponer que no lo fuera. No había datos suficientes para juzgarlo probable, pero, cuando menos, era posible. Debía hablarle. Debía detenerlo. Quién sabe lo que les esperaba en el piso 19. Tal vez fuera algo horrible. Esto era serio. ¿Por qué podría estar desesperado? Era joven, tenía todo el mundo por delante para comérselo a mordiscos, a dentelladas, para desgarrarlo con sus fuertes dientes jóvenes. Sus hombros también eran fuertes, debajo de la camisa celeste. Daba una impresión de gran vitalidad. Tal vez se dedicara a algún trabajo manual, rudo. Esbelto, fuerte, bronceado. ¿Por qué? Debía detenerlo. ¿No era su deber hablarle? Lo miró de reojo. Le faltaba valor. Se sirvió otro vaso. El joven encendió un cigarrillo. No, no lo haría. Sería impertinente, sería insolente, sería casi brutal, peor aún, sería ridículo entrometerse en sus asuntos. "además, a fin de cuentas", se dijo, malhumorada, "?en qué me concierne a mí? ¿Acaso es problema mío?" Por otra parte, reflexionó con interés, quizá en el piso 19 les esperaba la felicidad. Por último, ¿cómo sabía ella que él también iba al piso 19? El muchacho podía haber encerrado en el círculo rojo cualquier otra cosa. Bebió un largo trago de cerveza. Ahora su vecino escribía algo en una servilleta de papel. Lo leyó, hizo un gesto de fastidio, la arrugó y la tiró en el cenicero. Llamó al mozo y pagó. Ella se sirvió en el vaso lo que le quedaba de cerveza. Cuando se volvió a verlo, él había desaparecido. Se levantó rápidamente y rescató la servilleta arrugada del cenicero. La desplegó ante sus ojos. Una letra verdaderamente críptica. Al fin , como un nuevo Champollion, logró descifrar aquellos jeroglíficos. Decían: "Alejandro conquistó un imperio Yo conquistaré los lúgubres espacios umbríos de los sueños Las nubes como cúpulas de mármol en los horizontes del Infierno"

viernes, abril 07, 2006

Stelarc y lo cyborg

La tecnología, "nueva piel" del cuerpo El artista australiano Stelarc, que lleva más de 20 años trabajando con la tecnología, muestra en el Centro Galego de Arte Contemporáneo de Santiago de Compostela en una conferencia-performance cómo sus teorías sobre la "arquitectura evolutiva" del cuerpo humano y las posibilidades que la tecnología ofrece, llegan a convertirse en una "segunda piel" en el hombre, y concluyó su demostración, con cuatro voluntarios que accedieron el experimento de las acciones involuntarias a las que cuerpo se ve sometido mediante la estimulación eléctrica. Esta conferencia forma parte del ciclo sobre arte y robótica que se celebró en el Centro Gallego de Arte Contemporáneo. Stelarc, que en la actualidad trabaja como investigador sobre el arte digital en la universidad Nottingham Tren (Reino Unido), mostró en su conferencia, con diversos vídeos, algunas de sus experiencias con robótica, como el "tercer brazo". Se trata de una estructura electrónica con forma de brazo que adherida a su brazo izquierdo permite que el derecho realice continuos movimientos involuntarios espasmódicos, por medio de estimulaciones eléctricas de entre cincuenta y sesenta voltios. Explicó, como en varias otras ocasiones como Luxemburgo o Paris, como el cuerpo se convertía en un huésped de la tecnología, y también de los deseos y comportamientos de agentes externos. "Zombies y Cyborgs, cuerpos involuntarios, autómatas y en avatar" es el título de esta "performance" en la que el artista australiano argumentó su teoría de que con las tecnologías podemos comportarnos como otros "seres", como zombies (cuerpos que actúan involuntariamente) y "cyborgs" (máquinas humanas). Así, colocó a los voluntarios electrodos en sus brazos, que dirigía por control remoto y que provocaban movimientos espontáneos. Estelarc mostró, igualmente, su proyecto de adherirse una "tercera oreja", "jugó" con el público durante la demostración de una "cabeza pensante" realizada por ordenador, con sus facciones, que contestaba a las preguntas que los participantes le hacían, e incluso respondía a peticiones como la decantar o "rapear".

jueves, abril 06, 2006

Discurso del Mons. Lugo en la marcha "Dictadura Nunca Mas"

- Mis queridos Compatriotas: Estamos congregados, aquí cerca del Congreso Nacional. El Congreso Nacional donde se elaboran las leyes, donde juzgan los hombres de estado. Donde se declara la paz, cuando es necesario y justo. Y aquí, aquí está la Resistencia Ciudadana, representando a la gran mayoría, a esa mayoría muchas veces silenciosa, que aparentemente calla pero no otorga. Somos la mayoría los ciudadanos que queremos un destino mejor para la Patria. Un destino mejor para los niños y jóvenes y estamos convencido que eso es posible. Nos convocan hoy a esta plaza pública dos cuestiones bien concretas: La violación de la Constitución Nacional por parte de cinco miembros de la Corte Suprema de Justicia, y la intención presidencial de inaugurar en el país una nueva dictadura. Y nuestra respuesta es bastante clara: ¡Dictadura, Nunca más en el Paraguay! Y que a ningún antojadizo se le ocurra intentar instalar de nuevo una dictadura de ningún signo en el Paraguay, porque como dice la canción en este caso: Allí, nuestros pechos serán las murallas que detendrán y condenaran definitivamente al olvido todas las intenciones autoritarias. Si los Ministros de la Corte, que pisotearon la Carta Magna, aún tienen sangre en la cara, les pido, les suplico, les ruego en nombre de este pueblo paraguayo que presenten su renuncia. Y si no lo hacen, que el Congreso Nacional, ¡viabilice el juicio político que se merecen!, por haber defraudado la confianza de los ciudadanos paraguayos. No nos cansaremos de gritar justicia para todos, e igualdad ante la ley. Y si al Presidente de la República, al ciudadano compatriota Nicanor Duarte Frutos, si a él le resta algo de mesura, que renuncie a sus pretensiones autoritarias, pidiendo perdón ante todos por todos sus últimos descabellados y absurdos. Tanto los Ministros de la Corte como el Presidente de la República, juraron ante Dios y la Patria defender y respetar la Constitución. Hoy, ¡La Patria les demanda!. Y les demanda poniéndose en pie. Hijos de una sufrida y castigada Patria, han renunciado a sus diferencias para converger sobre los sueños e ideales democráticos, y libertarios, que nos aproximan. Y el resultado es claro, incuestionable. Es posible avanzar juntos, y esta imponente movilización es el testimonio vivo de ello. Las organizaciones civiles, los gremios de trabajadores urbanos y rurales, los partidos políticos, los jóvenes y las valientes mujeres han dado una muestra de madurez inédita para hacer posible este gran encuentro. Y quieren de una sola vez, y con una sola voz que habría que poner a la Patria en primer lugar. ¡El pueblo unido, jamás será Vencido! Así nació la resistencia ciudadana, espontáneamente. Sin que a nadie se le arrée ni le obligue. Sin que a nadie le presionen de ninguna manera, y sin despilfarrar ni un centavo del Estado Paraguayo. Y estamos aquí libremente, para gritar con firmeza que sea respetado el Estado Social de Derecho. La razón es simple de entender. El Paraguay soporta en estos últimos años días sombríos. Los campesinos, nuestros compatriotas, viven en condiciones de pobreza, sin que se les asista de manera adecuada. Se los asiste con mentiras y engaños. Los productos cada vez tienen menos valor, y en muchas regiones campea el hambre. Los trabajadores urbanos han experimentado una pérdida salarial, sin que se les atiendan sus reclamos. La realidad de los centros urbanos está dominada por rasgos como el desempleo, la violencia y la prostitución. Y miles de jóvenes salen, lastimosamente, forzadamente, de nuestra patria dejando sus familias, sus novios, sus novias, su terruño buscando días mejores en países lejanos como España. Mientras nuestros jóvenes salen, conocidos exponentes de grupos mafiosos, pasean sin descaro sus tristes existencias por las calles de esta capital y por las páginas sociales de los diarios. Soporta Paraguay, y es triste admitirlo, una dramática inversión de valores. Hoy por hoy, los decentes y los íntegros son relegados. Mientras que se premia a los mediocres y a los delincuentes. Se soporta también una tremenda crisis de credibilidad. La hipocresía y el cinismo han ganado grandes proporciones. Es necesario que los dirigentes políticos de nuestro país sean responsables, en particular aquellos que fueron elegidos como representantes de la ciudadanía en el parlamento, para recuperar los valores históricos de la ciudadanía en Paraguay. A nadie escapa que existe una falta de credibilidad de la ciudadanía, hacia sus dirigentes. Para que recuperen esa confianza es imprescindible que veamos señales concretas de que hay una voluntad de cambio, y dejar los pequeños pactos bajo la mesa y pensarlo todo en beneficios personales o sectoriales. Este tipo de práctica son los que alejan a los ciudadanos de sus dirigentes. El problema que nos obliga hoy a los ciudadanos a manifestarnos, es la falta de integridad de los Ministros de la Corte, nos demuestra que en la designación de estos altos Magistrados deben tener una importancia central: La probidad moral, la capacidad intelectual, la honradez y la valentía antes que la pertenencia a tal o cual partido político. Que triste compañeros, que triste y denigrante es ver a los candidatos de la Corte pasearse por los pasillos del Congreso, haciendo lobby, pidiendo votos, para después encadenarse a tal o cual bandería política. El mensaje que hoy deben entender sus magistrados, el Presidente y sus Ministros, los parlamentarios en general y quienes ejercen cargos de representación en el Estado es que la ciudadanía está siempre alerta y no admitirá ni mentiras ni medias verdades que intenten ocultar las ambiciones de poder absoluto de ninguno de ellos. Y cuando hayan abusos, cuando se pisoteen la Constitución y las Leyes, cuando no se cumplen las promesas, el pueblo se va a movilizar y va a reclamar a sus representantes, pero con firmeza y con el convencimiento de que quienes ejercen esos cargos lo hacen en nombre de la gran mayoría, y solo deben responder a los intereses de todo el pueblo antes que a grupos de poder, o a personajes con ínfulas monárquicas. Esta manifestación, esta unidad de organizaciones sociales y políticas, demuestra claramente que la ciudadanía está cansada de esta situación a que han llevado a nuestro país. ¡Ikueráima Paraguái! Y sería bueno y prudente que las autoridades nacionales y los que ejerzan cargos de responsabilidad en la República que existe este hartazgo y hagan algo al respecto. Compatriotas, que Dios ilumine a todos en la búsqueda de un futuro distinto para el Paraguay. Se quiere un Paraguay próspero, con mayor equidad social, y con respeto irrestricto a las normas de convivencia democrática. ¡Viva el Paraguay! ¡Viva la juventud paraguaya! ¡Viva la mujer paraguaya! ¡Viva el Paraguay Democrático!

martes, abril 04, 2006

"Porno", el libro más robado

Los libros más robados y su autor El escritor escocés Irvine Welsh, famoso por su novelaTrainspotting, habla de su nuevo relato, Porno (Anagrama), en elque retrata la época posterior a Margaret ThatcherLONDRES.- Drogas duras, violencia, música tecno. Al cocktailhabitual en las novelas de Irvine Welsh -el autor de culto de libroscomo Trainspotting, que operaron la mayor revolución en laliteratura escocesa desde Sir Walter Scott y Robert Burns, y que loconvirtieron en la figura estelar del realismo británicocontemporáneo- sólo le faltaba sexo explícito.Ya no más. En Porno (su nombre lo dice todo), los "adorables"personajes interpretados en la célebre versión fílmica por Ewan McGregor, Johnny Lee Miller y compañía vuelven a las andadas en losde Edimburgo cuando descubren que hay un floreciente negocio enlos videos amateurs para adultos realizados en las trastiendas delos pubs? y con los clientes como estrellas."La pornografía es como el Karaoke -explica Welsh a LA NACION -.En los pueblos de Escocia, cuando traen la máquina al pub, nadiequiere ser el primero en pasar a cantar. Pero en cuanto se larga elprimero, y el segundo, todos se desesperan por hacerlo, y esto es lomismo, ¿me entiendes?".A lo largo de toda la entrevista se nota que Welsh se esfuerza pormantener cierto respeto, como un gesto de gentileza -con una pizcade lástima- hacia esta redactora que viene de tan lejos. Habladespacio y en un inglés apenas acentuado, algo que se aprecia sise tiene en cuenta la famosa historia del reportero del New Yorkerque, para hacerle una gran nota, se reunió con él y unos amigos delbarrio y se fue del encuentro sin haber entendido nada de lo quedecían en su escocés de monoblock violento. No usa ni una malapalabra a lo largo de casi una hora de conversación, se muestraamable e interesado por la literatura argentina que no conoce enabsoluto ("Me hablaron de un tal... ¿Burgis? ¿Borges? ¿Es bueno?¿Qué libro te parece que compre?") y hasta se le escapa algunacondena a la cocaína con tonito de maestra de escuela ("Me enteréde que Maradona ahora está ?limpio´ y baila en un programa de TV.¡Muy bien por él! ¡Así se hace!").Irvine Welsh nació en 1961 en un conjunto de viviendas económicasen las afueras de Edimburgo, donde creció rodeado por losdesempleados, borrachos y drogadictos de la era posthatcherianaque se imprimieron como la marca registrada de su ficción. A pesarde haber ido a la universidad, donde estudió computación, suscuentos nunca abordaron personajes que salen adelante en la vida.Por el contrario, siempre mantuvo el mensaje sofisticado dedesolación urbana y desilusión política propio del momento de susinicios, en el que Edimburgo se convertía en la capital mundial de laheroína.Con Trainspotting (1993), su primera novela, Welsh se transformóen el rey de la literatura joven británica y, después de la adaptacióncinematográfica de la novela bajo la dirección de Danny Boyle (otroartista de culto), su estatus de chico malo -verdaderamente malo-de las Letras quedó firmemente establecido.Los libros que siguieron, como Maribou Stork Nightmares (1995),Extasis (1996), Escoria (1998) y Cola (2001), también merecieron laaprobación de la crítica. De hecho, The Sunday Times escribió queWelsh no sólo "escribe con la habilidad, inteligencia y compasiónpropias de un genio", sino que es incluso "lo mejor que le pasó a laliteratura británica en décadas".La idea de Porno, que acaba de editar en castellano Anagrama, sele ocurrió a Welsh pensando en sus amigos "que entran en la crisisde los cuarenta, se separan de sus mujeres, empiezan a consumirpornografía y acaban haciendo sus propias películas en videodoméstico". No era en principio una continuación de Trainspotting,hasta que se dio cuenta de que el novio de uno de los personajesfemeninos era uno de los jóvenes violentos de su primera novela, yno pudo resistirse a revivir a toda la banda original."El primer libro es como la chica con la que perdiste la virginidad.Uno siempre se queda pensando cómo le hubiese gustado haberlohecho bien, y bueno, volver a tu primer libro con una secuela te da,de alguna forma, esa oportunidad".-Su prosa fue definida como "la lengua inglesa metida en unalicuadora con un manojo de navajas de afeitar", y cuando empezó aescribir haciéndose eco del lenguaje de los bajos fondos deEdimburgo fue muy revolucionario. ¿Cómo se le ocurrió la idea?-Yo crecí en un lugar donde todo el mundo era un relator dehistorias, pero nadie escribía. Siguiendo la tradición oral celta, todostenían una buena historia para contar en el pub o en las fiestas, auncuando estuvieran destruidos por el alcohol y las drogas en lasdiscos y en las raves. ¡Y eran todas historias fascinantes! A mí meencantaba leer, pero las historias que encontraba en los libros meparecían, en comparación, muertas. Se me ocurrió que muchopodía tener que ver con el idioma. Y en realidad empecé a escribir apartir de la música: generaba ideas para canciones, que seconvertían en cuentos, que a su vez se convertían en novelas, ybuscaba reproducir en la página el tipo de excitación que sentíamosen el boliche. La forma más natural me resultó trasladar el lenguajede un ambiente al otro. Es decir, nadie usa un lenguaje literario en elcine ni en la tele, nadie suena así en una canción. No hablamos deesa manera en ninguna otra representación cultural. ¿Por quéinsistimos en hacerlo en la novel-¿Y cuál es su respuesta?-En Gran Bretaña, los que escriben son los que tienen el tiempo y eldinero para bancarlo. Alta burguesía. Escuela privada. Oxford yCambridge. Son escritores profesionales. Consecuentemente,tienen la misma voz en la narrativa. Pero la gente no habla así.Cuando empecé con Trainspotting, era así como los personajesvenían a mí, como sonaban en mi cabeza, y me pareció pretenciosohacerlos hablar de otra manera en la página. Además, el inglésestándar es útil para llevar información a lo largo del mundo, perono es el idioma más copado en términos de entretenimiento, y encambio mucho del escocés vernáculo viene de la cultura gitana, quese instaló en los márgenes de Aberdeen a Newcastle y esincreíblemente poético.-El resultado es que sus libros son leídos por gente quenormalmente no lee?-Si, son un gran éxito en la cárcel; tengo un par de amigos queestán detrás las rejas y me dicen que todo el mundo los tiene, ycuando voy a dar charlas a las prisiones los bibliotecarios me dicenlo mismo. Cuando estoy de gira promocional de un libro y me llevana las librerías comerciales a que firme ejemplares, también me pasaalgo curioso: se me acercan personas que me confiesan que el libroes robado, que nunca compraron un libro pero que no quierenperderse los míos. ¡Parece que son los libros más robados de todala historia de la literatura!-¿Por qué cree que los jóvenes no leen más?-Los jóvenes ven la narración de manera distinta y las novelas nosupieron adaptarse. Están acostumbrados a una narración no lineal,como la que ven en los videos musicales o en los juegoselectrónicos y, además, es una generación que usó todo tipo dedrogas, no sólo alcohol, por lo cual casi físicamente estánacostumbrados a narrativas distintas en sus cabezas; sólo hay quesaber traducirlas a la página.-Sus libros rompen tabúes respecto al sexo y a las drogas. ¿Notiene miedo de que sean leídos como un "todo vale"?-No. Que rompamos tabúes no significa que rompamos tambiéncódigos morales. Nadie nace queriendo violar y matar. La gentetiene una moralidad básica que viene de su humanidad y que luegose institucionaliza en un marco común para que sea posible laconvivencia.-¿Por qué siempre está metida la droga en su narración?-Una ficción urbana sin drogas es como un campo sin árboles. Si seestá escribiendo una novela sobre jóvenes de clase baja en lasciudades industriales, las drogas son una parte tan significativa deese paisaje que no incorporarlas a la historia es también un pocopretencioso.-¿Qué hay de las mujeres? Porque sus novelas siempre son sobrebandas de muchachos desagradables?-Bueno, en realidad, en Porno, era una chica el personaje central dela novela, hasta que se convirtió en una continuación deTrainspotting por accidente, al seguir la vida del novio de ella, queera uno de los chicos de la banda original. Pero mi idea era contaruna película pornográfica desde el punto de vista de una mujer, y elcírculo en el que se ve forzada a entrar. Siempre quise tener másmujeres en mis novelas, pero la realidad es que escribo sobre unambiente de tipos muy siniestros y con la cabeza destruida, y esdifícil poner allí personajes femeninos fuertes porque, en la realidad,cualquier chica con personalidad saldría disparada con sólo verlos.Finalmente, las chicas que terminan con estos tipos son víctimas,dispuestas a ser abusadas, y desde un punto de vista narrativo a mísiempre me interesaron las personas que, para bien o para mal,forjan su propio destino.-¿Cuáles son los autores preferidos, los que más influyeron sobreusted?-Algunos de los que más me marcaron son los que menos megustaron, porque me llevaron a escribir como una reacción contraellos. Jane Austen, George Elliot y las hermanas Brontë están entremis autores preferidos, pero no diría que su influjo es tan importanteen mi caso como en el de algunos autores contemporáneos queprefiero no mencionar .-¿Jane Austen, George Elliot, las Brontë? ¡Nunca hubiese dicho queeran los autores favoritos de Irvine Welsh!-Siempre lo fueron. No sólo sus libros están maravillosamente bienescritos sino que tienen la capacidad de transportarte a un mundodistinto. Yo volvía de una noche dura un año que fui DJ en Ibiza,abría Orgullo y prejuicio y era fantástico, era entrar en otro planetatan distinto del mío? Por eso también me gustan mucho la cienciaficción y la novela histórica: leer desde mi barrio obrero enEdimburgo sobre la Rusia imperial me partía la cabeza.-En las bibliotecas, sus libros aparecen en el rubro "literaturaescocesa", junto a los de Sir Walter Scott?-¡Pobre Sir Walter! ¡Debe de estar revolviéndose en la tumba! Scottfue el gran renovador de la novela, pero a la vez un psicópata quese la pasaba chupándole las medias al Príncipe Regente paraconseguir un protector.-¿Qué dice la pornografía de la cual escribe sobre la sociedadcontemporánea?-La pornografía es una forma de autoafirmación de la clase obrerabritánica de más de 40 años que, después del período de Thatcher,se quedó sin estatus y sin trabajo, y se siente fuerte y seautopotencia detrás de una cámara.-¿Pero eso no es muy chocante para los valores tradicionales deese grupo social?-No demasiado, porque si bien las dos grandes influencias enEscocia fueron la iglesia presbiteriana y el socialismo, ambos sedesmoronaron en los años 80 con la sociedad secular, el colapso delos gremios y el movimiento del partido laborista hacia la derecha.Lo que las reemplazó es el culto al individualismo. Pero como estecapitalismo consumista no es un código moral como el cristianismoo el socialismo sino sólo un juego de relaciones sociales, la gentecomún incorporó el derecho a descartar lo que no le conviene-Ya están llevando Porno al cine con los mismos actores deTrainspotting, pero sé que usted quedó defraudado cuando sereencontró con ellos.-Sí, yo los necesitaba diez años más viejos, quemados por la vida,pero estos muchachos se nota que usan protector solar y cremahumectante. ¡Están iguales! De cualquier manera, es algo que sesoluciona fácil, basta con que los actores acepten salir una nochede tragos conmigo y mis amiguetes.Por Juana LibedinskyPara LA NACION--2006

lunes, abril 03, 2006

Suicidio de uno de los tres "hijos" de Josefina Plá

En su solitario y último fin de semana, que en realidad fue para él el fin de todas las posibles semanas, al parecer durante el transcurso de la noche del sábado primero al domingo 2 de abril (en la mañana de ese domingo —ayer —se encontró su craso y feo cadáver yacente en el lecho revuelto y vagamente sórdido de su caótico departamento de solterón sexagenario), quien fuera sin duda un mal escritor, pero también un hombre desdichado, el obeso y sombrío pederasta Roque Vallejos, se quitó la vida. Las supuestas autoridades en materia literaria de nuestra irrisoria escena local, entrevistadas para la ocasión hace unos momentos en algunos medios de prensa, han reconocido unánimemente, y lo seguirán haciendo, qué duda cabe, la grandeza del difunto como poeta y escritor y su “peso” (le mot juste, realmente, en este caso) y relevancia como intelectual. No ocultaré, aunque sea extemporáneo tratándose de un muerto, que discrepo de tales pareceres y que siempre encontré cómicamente pomposa y algo vacua la producción de Vallejos (que sin embargo, lo admito, he frecuentado muy poco), e incluso algo impostados su pretenciosos alardes de una erudición libresca que nunca me convenció del todo. Ni siquiera consideré jamás que escribiera con la intachable corrección que cabría esperar en un académico de la lengua, y debo decir que, en particular, nunca entendí en dónde tenía la cabeza cuando puntuaba (excúseme el vicio profesional: he sido correctora de texto desde los dieciséis años, y creo, sin falsas modestias, que pocos manejan como yo el idioma, incluyendo a docenas de escritores de presencia más barbuda, venerable e imponente que la mía —así como, in the other hand, huelga decirlo, a mis pedantes y contemporáneas “jóvenes promesas” casi sin excepción). Por ir hasta el fondo de esta cruel memoria, ni siquiera podía evitar cierto espontáneo desdén ante la paquidérmica apariencia del poeta en persona, desplazando con esfuerzo su mole inverosímil entre soplidos disneicos y pronunciando cada sílaba con tanta dificultad como si su propia lengua padeciera sobrepeso y le costara moverla. Pero esta mañana escuché unas líneas, escritas por él antes de darse muerte, que modificaron definitivamente mi opinión. No recuerdo textualmente ese párrafo póstumo, pero intentaré reproducir, aun cuando de forma inexacta, lo que decía: “Declaro que nunca he robado, asesinado ni cometido felonía alguna. Pero también declaro que me he inclinado, en el pasado, públicamente ante el dictador, cometiendo traición a mi consciencia. Me he vendido, y cuando un intelectual se vende, pierde la única riqueza que le será dada en toda su vida: su capital moral, que es irrecuperable. Me mato porque no puedo soportar la vergüenza que me abruma permanentemente y porque no puedo escapar por otro medio a los remordimientos que me atormentan sin descanso”. Escuché esto, y el sarcasmo con el que siempre había reaccionado ante Roque Vallejos se esfumó. Pensé brevemente en los numerosos seres que hacen eso y mucho más y llevan longevas y felices vidas sin ningún tipo de tormento interior, y que, si tuvieran noticia de los motivos del suicidio de Vallejos, reirían groseramente y escupirían: “¡Qué pobre idiota! Yo hago cosas peores todos los días y estoy de lo más contento”. Así que ahora, si bien ya es tarde, no tengo más deseos de reírme a costa de este hombre desgraciado que fue tan tonto (para muchos, todo lo que posee algún rastro de grandeza denota estupidez) como para tener escrúpulos. Aunque no dudo que para los más comenzará a serlo precisamente ahora, para mí Roque Vallejos ha dejado por fin de ser ridículo.

domingo, abril 02, 2006

Murió Roque Vallejos

El cuerpo sin vida del conocido escritor y siquiatra Roque Vallejos, de 62 años, fue hallado esta mañana en su departamento. Fuentes del ministerio público presumen que se trataría de un suicidio, en el lugar se encontraron diversos medicamentos que el intelectual habría mezclado e injerido con jugo. Su secretario privado Cristian Garcete realizó el macabro hallazgo cuando fue a visitarlo en la mañana de este domingo. El galeno atravesaba un fuerte cuadro depresivo y sufría además otros problemas de salud, unas cartas pegadas a la puerta de su dormitorio solicitaban a la Municipalidad de Asunción y al poder Judicial correr con los gastos de su sepelio y entregar como donación un lote de sus libros a la Universidad Católica.
Fuente: ABC color