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jueves, marzo 30, 2006
Peripecias del Pancho novelizable
miércoles, marzo 29, 2006
Sacudiendo
lunes, marzo 27, 2006
Roa bastos y el dolor de la significación
sábado, marzo 25, 2006
Huesos hábiles (primeros fragmentos de una novela inconclusa de perruno tema de Cristino Bogado)
miércoles, marzo 22, 2006
Poema de Róger Santiváñez en tsé=tsé
| 7 Vox Dei allegrum Vulgus ―dijo Pound En el arte de la poesía en la noche Nosotros elevamos un cántico hacia ti Para ser quechuas o sea bien Llamas en llamas se incendia mi país 4 paredes albicantes de su celda Vallejo Y en el rocío De la familia en la madrugada se Confundió reconociendo A los vecinos y notarios públicos que diga Púbicos tus bellos versos leídos en el Recital de tu Velvet Underground De Eucaristía, de Róger Santiváñez, editorial Tsé=Tsé, Bs. As., 2003 |
domingo, marzo 19, 2006
They live by night
martes, marzo 14, 2006
La máquina celibatoria de Oliverio Coelho (desquicia la periferia de Baires)en su última novela
domingo, marzo 12, 2006
Bustriazo Ortiz ha sido publicado por la editorial Intemperie
miércoles, marzo 08, 2006
Autor de "El GOTO" conversa con Kurupi
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José Eduardo Alcázar es cineasta, guionista y escritor de novelas como Do Breviario Karmenotti Sobre Suplicios, Tormentos, Torturas E Outras Dores (Ed. Rocco, Río de Janeiro), Porpix Termina (Asunción, 2004) y, sobre todo, esa perla del espangúes llamada El Goto. Cuasi, cuasi, señor de Madureira (Arandura editorial, Asunción, 1998). Para este año, 2006, planea filmar esta novela en el Brasil. Su última peli es US/NOSOTROS.
http://arandura.pyglobal.com/ficha_autor.php?id=26
1- José Eduardo Alcázar, podríamos empezar la entrevista hablando un poco sobre tu itinerario biográfico. ¿Dónde naciste, qué estudios hiciste, de tu familia, si es brasileña o paraguaya, etc.?
Estuve en 10 (¡diez!!!!!!) colegios, en 8 países diferentes, en 3 idiomas distintos, portugués, francés, inglés. El español es casero, salido de mi madre, paraguaya. Ich bin brasileiro, y cuando terminé el colegio hice filosofía en Río, mi ciudad. En Río dirigía películas, sobre todo comerciales, documentales y algunos largos, como director de fotografía. Mi primer libro es Do Breviario Karmenotti Sobre Suplicios, Tormentos, Torturas e Outras Dores (Ed. Rocco, Río de Janeiro).
2- ¿Cómo surgió la idea de El Goto?
El Goto nació hace unos años, a fines del 97, aunque la vaga idea de escribirlo en el estilo en el que finalmente lo escribí es anterior (quizá unos diez años anterior). Escribir no fue difícil y recuerdo ese tiempo como un gran momento de felicidad que duró tres meses. Escribía en la sala de reuniones de una oficina que pertenecía a un amigo. La empresa nunca se reunía y la mesa redonda, con lugar para veinte personas apretadas, era solamente mía. Escribía y almorzaba sentado a esta mesa amiga y compañera. Me sentaba a escribir por la mañana, digamos a las 9, y seguía hasta la una. A la una comía un filete de pescado a la grilla con ensalada, abundante aceite de oliva y pan. Fue comida repetida a lo largo de tres meses, siempre deseada, alabada, aplaudida. Después del almuerzo, caminaba unos treinta minutos por las cercanías de la oficina, ubicada en el fantástico barrio de Sajonia. Y luego volvía al ordenador, portátil, un 386, hoy una reliquia. Hasta las 5 de la tarde. A la mañana siguiente reiniciaba la misma feliz rutina. Imposible decir por qué era feliz. La felicidad, siempre posible aunque altamente improbable, se metía en el texto, se hacía lugar en el pescado con ensalada, pan y oliva y vivía sin reparos en Sajonia. Buenos tiempos. Que hoy se repiten en otros parajes, cuando cocino otros textos, para tanta cosa. Sobre la génesis de El Goto: ¡Qué bárbaro, qué pompa!: ¡La génesis de El Goto!!!!!! No tengo la menor idea o no la recuerdo. Sé que era un proyecto de escribir plásticamente, escribir como hacer música, sonidos, más que otra cosa (que tuvieran sentido, claro). Ésta fue la idea primera: escribir música, sonidos, en las páginas de un libro. Poco a poco, salió la forma de estos sonidos, y como eran mezcla de muchas cosas, español, portugués, inglés, alemán, italiano, el escenario se hizo futurista (el futuro es siempre mezcla, aunque sea de sueños, de esperanza y de una pizca de presente). Con el futuro, se escondió la luz, salieron las ratas, la lluvina mostró la cara y las ponchas, puestas en sus ponchares, tomaron las ruelas, en procesión triunfante. La música está siempre presente a lo largo de toda la historia: en el sonido del texto, en varias referencias explícitas, en la división de los días, por ejemplo. Hay un día cero, alusión a Bruckner, que compuso una sinfonía cero, indigna de ser llamada sinfonía, según el autor. Las mujeres son otra gran presencia. Todas ellas, y Carmen, la única: Presidente, por más que un hombre se mate por conquistar a mujeres diferentes, me parece que siempre desea a la misma. Uno piensa que se aleja, dueño y señor, pero se empantana, recurrente, en la misma humedad. ¿Edipo reinventado? Sure, baby. En la voz inconfundible de la pequeña melania, Melanie Klein, in a more pedestrian saying. By the way: encamusar la vida es traer a Marcel Camus para orientar el rumbo de las cosas. Hay muchos de estos juegos y sería estúpido citarlos. Creo que la gran presencia en El Goto es... tchan, tchan, tchan... tchonnnnnnnn (Karajan toca de esta forma, un poco circense). Decía que la gran presencia es.....el Quijote. No sé por qué, pero pensaba mucho en él mientras escribía lo que finalmente escribí. No sé decir en qué habrá influido este pensar en él; tampoco sé reconocer ninguna marca de su presencia. Pero pensaba en el Quijote, y, más que en el mismo Quijote, en la admiración que invariablemente oía de quienes me contaban sus lecturas del Quijote, evocando frases, dichos, situaciones. Este coro de lectores del Quijote, de alguna manera estereotipado como tal, me acompañó, estuvo conmigo, sentado a la mesa redonda, durante tres meses. Ellos, más que otros, estuvieron como música de fondo de esos días. Curioso recuerdo, redescubierto, ahora que escribo esto, en algún cajón silenciado y alzaeimereado de la memoria. Un breve paréntesis: esto de explicar lo que uno escribe me parece ridículo. A veces leo que ciertos colegas quedan en trance cuando escriben. Sufren, se agotan y, después, se explican. (¿Qué se hizo de la idea brillante de Lito Pessolani de hablar sobre el efecto del climaterio en las letras locales? Climaterio femenino y masculino, debe aclararse). Me parece que estoy cayendo en lo mismo. De cualquier manera, una aclaración: no sufro, no me agoto y no quiero explicar mucho. Hay tanta cosa metida en esta cama escritora, en esta camona permisiva, que hurgar mucho es buscar sarna para rascarse. Música, música. Una curiosidad: siempre viví del cine, pero el primer premio que obtuve haciendo cine fue por la música original de un cortometraje. La música es muy fuerte. Me dicen que El Goto es muy cinematográfico. Vicio de oficio, puede ser. Pero es también, o sobre todo, muy musical. Otra curiosidad: pienso filmar El Goto este año.
3- ¿Cómo surgió la decisión de elaborar ese lenguaje peculiar, entre dos aguas, portugués y español, y, al mismo tiempo, nuevo?
Buscando una plástica sonora muy abarcante (la compu dice que esta palabra no existe. Y, sin embargo, suena bien y es linda. La dejo), llegué a esa mezcla que se lee. Ojo: nada de cosa estudiada, pesquisada, trabajada. Todo muy sencillito, de vómito unísono.
4- ¿Podrías extenderte un poco sobre la sensación de ambigüedad esencial que se respira en la lectura de la novela? ¿A qué se debe, en tu opinión? ¿A la estructura basada en reiteraciones con mínimos pero radicales cambios, como si las escenas volvieran, lo que nos daría lo reiterado, pero como si volvieran siempre de otra forma, y ahí estaría su punto de diferencia?
Interesantísima pregunta. Sobre todo porque para mí es una novedad, aportada por un lector y que me hace pensar en la lectura. Ambigüedad esencial: no sé, amigos, si puedo aclarar esto. Confieso que busco siempre, y no siempre me doy cuenta de que busco, el plurisentido (palabra horrenda pero gráfica) del texto. Quiero que el texto tenga varios sentidos, y cuando me doy cuenta de este hurgar en los sentidos distintos, trabajo un poco más para llegar a varias capas superpuestas que tengan significados diversos. Es un juego gratificante que me encanta desarrollar. Creo, entonces, que un texto, esencialmente plural en cuanto al sentido, será ambiguo siempre. ¿Respondí? Curioso esto que dicen sobre que las escenas vuelven, que es lo reiterado, que pero vuelven de otra manera, y ahí está su punto de diferencia. ¿Tendrá algo que ver con la teoría del símbolo? Igor Caruso, último analizando de Freud, tiene un libro, Psychanalyse pour la personne, que me impresionó mucho y que desarrolla esta teoría del símbolo. Tenía yo 16/17 años, y son las cosas que impresionan a esa edad las que quedan para siempre, digo yo (y digo yo que en esa época me enamoré varias veces, de varias miradas, pero que todas las mujeres que me seducen hasta hoy tienen algo que ver con esos ojos de las miradas que entonces casi nunca podían ser). Una curiosidad: Caruso fue el último analizando de Freud. Yo, en Viena, hice psicoanálisis con Suárez, entonces analizando de Caruso. En otras palabras (atenti): Freud, Caruso, Suárez, Alcázar. Nada mal, ¿no les parece? Pero, volviendo a lo nuestro: lo que ustedes dicen no solamente es curioso, sino que tiene música. Lean el texto. ¿Tendrá esto algo que ver con el símbolo, con la repetición? Y repetimos lo que decíamos arriba. De otra manera, ahí su punto de diferencia. ¡Fantástico! (no se puede ver cara a cara. La mirada es siempre una aproximación. Nunca una repetición idéntica, siempre algo renovado, en espiral).
5- ¿Dentro de qué géneros o subgéneros incluirías la novela? ¿Novela negra virtual mezclada con novela contrautópica? ¿O te parece que es simplemente una novela de escritura experimental? Eso no: clasificar es crimen horrendorum pecatáminis (recomiéndoles la lectura de Porpix Termina, otro querido libro mío, con muchos ingredientes de El Goto. También quiero filmarlo). No sé clasificar y no me interesa clasificar. «Sueño con un archipiélago de ratones. Los rattus rattus, ratazanas de pelambre negro, cubren todo el mundo. Se multiplicaron, se esparcieron, se adueñaron de cada espacio de la tierra. Son supremos, ganaron todas las batallas y las guerras y no tienen enemigos que les pueda hacer frente. Las restantes especies animales en la naturaleza, animales grandes, animales pequeños, fueron todas subyugadas y relegadas a la condición de espacios inferiores. En el seno de la sociedad ratana, también se callaron revueltas, se reprimieron peleas, se ganaron guerras civiles. Cuando sueño mi sueño, toda oposición fue aniquilada en el seno de la sociedad ratana y se vive una calma de opresión: la dictadura de una camarilla, gobierno, que al final, todos aceptan. Soberbios, gordos, entronados, despóticos, sordos y ciegos, los rattus rattus, viven una época de bonanza, un tiempo de plenitud, una realidad sin dolores y sin sufrimientos. No digo que sean felices porque la felicidad es compleja y contradictoria, buena y cruel, de una sola vez, y estas tensiones fueron eliminadas por los rattus rattus. Amnestesiados, inmediatistas, incapaces de un juicio altruista, no evalúan a tiempo el peligro que les llega de oriente, de donde ellos también vinieron un día: aparecen los ratones de pelambre gris, que vienen del oriente porque de esa forma gira la tierra, no por otra razón cualquiera; la ratazanas albinas avanzan implacables, con sus ejércitos indisciplinados, desordenados, hordas acéfalas, masas avasallantes por su número gigantesco. Los de pelambre gris, obedeciendo a impulsos primitivos, bárbaros, insaciables, invaden los territorios que ven por primera vez, cubren la tierra con la marca fácil de sus patas, pisotean los esconderijos íntimos de los inválidos, las oscuridades remotas de los inocentes; se apoderan de los nidos, de las basuras necesarias, atropellan las reservas, se llevan todo por delante, empestan, contagian a los líquidos, sacuden sus parásitos mortales sobre toda vida, aplastan, muerden, descarnan al enemigo, sin ninguna piedad. Los rattus rattus, en desespero, conclaman a sus hermanos para la defensa, pero es imposible detener al invasor. Los rattus rattus perdieron la capacidad de defenderse, indolentes por los fármacos de la estirpe de los brozak, las líneas rectas del bien estar adquirido como moneda suprema. Los que llegan, miserables, infelices, dolidos, sufridores, tienen sed d e sangre, de poder, de territorio, y al cabo de una guerra final, humana por su crueldades, se proclaman los señores nuevos de un nuevo mundo gris, el reino de los rattus norvegicus»
(Fragmento de El Goto, pp.160-162) |
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sábado, marzo 04, 2006
El uso del guaraní en “Mar paraguayo” de W. Bueno
En la página 12 dice: Ñe’e, pero debe decir Ñe’ë, con signo diacrítico –diéresis o vírgula— que marca la nasalización de las vocales, y no acento circunflexo, que a veces aparece (en el elucidatorio), y otras no, como en esta página.
En la página 15 dice: Ñemomirî y Ñemomirîha. Tiene que decir: Ñemomirï y Ñemomirïha: obediencia, sumisión, pleitesía. Achicarse, acobardarse, rendirse.
En la página 17 dice: Tecové. Debe decir: Tekove (vida, existencia). En la misma página, donde dice: Tecovembiki, debe decir tekovembyky: vida breve (en la escritura guaraní, la “y” es un fonema que no se confunde jamás fonéticamente con la “i” latina ni con la “y” griega. Incluso puede asumir la función de una sexta vocal, como en este ejemplo, y aun la de una vocal nasalizada, que se grafica añadiéndole una diéresis o una vírgula).
En la página 17 dice: Andîrá, pero debe decir andýra: murciélago, vampiro. (Como la inmensa mayoría de las palabras guaraníes son agudas, por lo general no se marca gráficamente en estos casos la sílaba tónica; sí se la indica, en cambio, cuando se trata de palabras que no son agudas, como en este ejemplo, donde la presencia del acento ortográfico indica que se trata de una palabra llana o grave.)
En la página 18 dice: Tiegui, pero debe decir tyeguy: bajo vientre, pubis, abdomen. En la misma página se lee: Guarânias; debe escribirse simplemente: Guaranias (término que alude a un género musical surgido en el siglo XX, con músicas de José Asunción Flores. Una guarania famosa últimamente es “Che pykasu mi”, “Mi pequeña paloma silvestre”). Siempre en la página 18, aparece el término: Morangú; debe decir: Morangu (neologismo por fábula).
En la página 20 dice: Tasî tapiá, pero debe decir tasy tapia: dolor, enfermedad frecuente.
En la página 21 dice: Pi’aberete, y en la página correspondiente al elucidatorio, la 64: Pi’amberete. Debe decir: Py’a mbarete: corazón fuerte, resistente, intenso, poderoso.
En la página 27 dice: Tahiî. Debe decir: Tahýi (hormiga). Dice también: Quaicuru, pero debe decir: Guaikuru. El término alude a una de las etnias de la familia lingüística mbayá; actualmente, la única superviviente de estas etnias es la caduvea, que, si bien se encuentra extinta en Paraguay, se mantiene en Puerto Alburquerque, Brasil, al sur del Pantanal. Los caduveo existían todavía en Paraguay a comienzos del siglo XX, como testimonian las fotografías de Guido Boggiani. El nombre “guaikuru” es la denominación que los guaraní daban a dicha etnia, famosa por su belicosidad y virtudes guerreras (de ahí también el nombre de tahýi guaikuru que se da a cierta hormiga de picadura muy venenosa).
En la página 37 dice: Heitaicoé, pero debe decir: He’i taikoe (dice que amanezca).
En la página 51 dice: Michîmira’ymi. Debe decir: Michïmira`ymi, hijo de lo más pequeño, infinitesimal.
En la página 53 dice: Brinksmichîmira`ytotekemi. Tal vez esto quiera decir: Brinksmichïmira`ytokemi (que se duerma el chiquitititísimo Brinks).
En la página 57 y en el elucidatorio dice: Haîhu (taîhu), pero debe decir: Tayhu, o bien: Hayhu (querer, amar, apreciar).
En la página 61 (elucidatorio) dice: Mboiraihu, con el sentido de hacer el amor. O es un neologismo creado por Bueno a partir de mboi, serpiente, y ahayhu, amar: amor de serpiente –tal vez el autor quiera hacer del ayuntamiento de las serpientes una metáfora del amor-, o es un error de interpretación. Mborayhu es el término para amor, cariño, estima, enamorado, amado. (Dicho sea de paso, se diferencia apenas por una letra de mboriahu: pobre, pobreza.)
Otro exceso, u otra licencia poética, aparece en la página 63 del elucidatorio, donde se traduce Mongetá por amor y por hacer el amor. En realidad, ese significado no aparece en ningún diccionario actual, ni es propio tampoco del lenguaje popular, que yo sepa. Mongeta es, simple y llanamente, “hablar, conversar, dar labia, batir papo”. La palabra de uso actual, que no parece en algunos petit diccionarios, para “hacer el amor” es: Poro’u, “coger”, pero también, al mismo tiempo, comer. Es en relación a este segundo sentido del vocablo que los jesuitas hablaban en sus escritos de “Ava poru” (sic), para aludir a ciertos rituales antropofágicos: “poru”, es decir, “poro’u”, indica la acción de comer “ava”, “hombre, ser humano” (tal es el sentido de la palabra entre los ava katuete, una de las etnias guaraní existentes en Paraguay). Curiosamente, el llamado “caldo ava” es un típico y popular plato del menú paraguayo; podríamos relacionar su nombre con una posible alusión a algún primigenio ritual antropofágico.
NOTAS:
Durante el lanzamiento del libro de Kanese, Luli Miranda —antropóloga paraguaya residente desde hace años en Brasil y traductora, conjuntamente con Josely Vianna Baptista, de “Cuadernos de Amerindia”, tres tomos de mitos y poemas Mbya-Guaraní / Nivaclé (1996)— me comentó que había asesorado o ayudado a Wilson Bueno en la escritura de la parte en guaraní de “Mar paraguayo”, por lo que cabe atribuir los deslizamientos e inexactitudes presentes en el texto de Bueno a la propia inestabilidad de la gramática guaraní.
Sobre la “sopa paraguaya” de Perlongher: nuestro autor toca de oído, y desafina, cuando afirma que ésta consiste “en una especie sui generis de tortilla o empanada” (sic). Quizá sea así la que se vende a los turistas en el Barrio Once. La sopa paraguaya, que es la única sopa sólida del mundo, se prepara de acuerdo a un ritual, que yo he contemplado muchas veces en mi infancia, que empieza con la mezcla, en proporciones rigurosas, de harina de maíz, huevos, queso paraguay, cebolla si se desea, manteca, de preferencia (de leche, por supuesto, no vegetal), o, en su defecto, aceite, prosigue con el engrasado de un molde metálico rectangular y termina (idealmente; hoy es más frecuente recurrir al horno de gas común) con el ingreso de esta especie de budín en el tatakuá, horno de barro previamente encendido con rajas de madera. El ofrecimiento de “un pedazo de sopa” suele producir en oídos no paraguayos el mismo divertido desconcierto que podría suscitar la invitación a beber “un vaso de queso” o “una copita de pollo a la brasa”.