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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, enero 31, 2006

De juegos y premios, cosas del Kurupi curte además del milenario jakembó

Reds, la película de Warren Beatty sobre la vida del periodista norteamericano cronista de la revolución bolchevique, está siendo pasada por cable. A pesar de tratarse de una película de época, arriesgué la fecha exacta de la peli, aplicando esa técnica mitad ñembo filológica-pop, mitad ñembo semiótica holmesina, y declaré que era de los 70. Mirando mis archivos, tuve que aceptar que la erré. La fecha correcta es de 1982. Todo esto me empujó a un juego absurdo que consiste en exhumar las pelis de ese año y el balance da las siguientes: Popeye de Altman, Megalexandros de Angelopoulos, Identificación de una mujer de Antonioni, Pixote de Babenco, La loca historia del mundo de Mel Brook, La cosa de Carpenter, Los fantasmas del sombrero de Chabrol, One fron the heart de Coppola, Missing de Costa Gavras, La guerra de un solo hombre de Cozarinsky (la única de la lista que nunca ví), Deadly blessing de Craven, Victor-Victoria de Edwards, Ragtime de Forman, Cabaret de Fosse, Passion de Godard, Fitzcarraldo de Herzog, Poltergeist de Hooper, Tempestad de Mazursky, Conan de Milius, Mad Max de Miller, Blow out de Palma (una vuelta de tuerca del clásico de Antonioni-Cortazar), The Wall de Parker, La amante del teniente francés de Reisz, La noche de Varennes de Scola, Blade Runner de Scott, Et de Spielberg, Mephisto de Szabo, El estado de las cosas de Wenders, etc. Para dar un panorama de la época creo que es suficiente, por supuesto he omitido pelis que nunca llegaron por el subcontinente o que yo no he pillado ni en celuloide o VHS, tanto en Asunción o Sao Paulo, las dos cidades que conozco o he curtido, las únicas. El año nos da la posibilidad de otro juego. Ese año el señor taqueño (natural de Aracataca) gana el premio Nobel. Hoy a 23 años del galardón la antaño bananera aldea está plebiscitando el cambio de nombre a Aracataca-Macondo, un cambio sutil de nomenclatura que ha divido a los taqueños, unos no están de acuerdo con la tacañería de Gabo, que no ha soltado ni un peso del premio para compra de libros de las escuelas o para la construcción de una Universidad, otros dicen que el hecho del nacimiento del novelista en Aracataca ya es suficiente aporte...Este asunto de novelistas hoy encumbrados nacidos en pueblecitos varados en la indigencia y la precariedad económica me lleva al juego de los otros días del Malayo, que imaginaba las formas futuras de la muerte de poetas chilenos. Mi moción sería barajar aldehuelas miserables que han dado figuras literarias cotizadas. Aquí en Paraguay, tenemos el caso de Areguá de Cassacia, villa mitad veraniega, mitad colonia de burguesitos con pretensiones intelectuales o intelectuales ya reconocidos que han optado por comprar un cottage subtropical en ella. Iturbe de Roa Bastos, sigue arrastrando su sino azucarero sin mayores mejorías para sus pobladores, a no ser la minoría patronística que aparentemente mora en Villarrica o Asunción. No se me ocurre otro caso, los amigos podrían agregar otros casos que recuerden. Con respecto a la tacañería de los hijos célebres para con su patria o pueblo natal, el caso de Roa hizo bastante ruido como lo recordarán los memoriosos. La promesa del autor de Yo el supremo de crear una fundación para la edición de libros baratos para todo el país se fue al mazo. Dicen las malas lenguas que nada más fue un subterfugio para evitar las altísimas deducciones fiscales de los españoles cuando ganó el premio Cervantes. Hasta hoy nadie ha visto un solo ejemplar que haya salido de tal proyecto... Para terminar este post quisiera mencionar dos hechos. Primero, que el 19 de enero perdió Wilson Pickett, soulman que acompañó nuestras veladas jointceras a fines de los 80 y comienzos de los 90 con aquel single rojo y negro que en una de sus caras tenía el impagable Don’t Let The Green Grass Foul You. Y en segundo lugar, que el infatigable autor de Noe delirante (poema que ha sido reeditado tantas veces, y cada vez con más poemas nuevos, que equivale ya en la poesía peruana a un Briznas de Hierba de Whitman o a los Cantos del fascista de Pound), el poeta peruano Arturo Corcuera acaba de ganar el premio Casa de las Américas, la cubana y no la española. Y como homenaje ponemos a continuación uno de sus últimos poemas, recibido el año pasado, creo, por e-mail, para que quienes aún no lo conozcan puedan saborear la jovialidad y picardía de este poeta venerable. EL MAKING OF DE SUPERMAN Christopher Reeve se trasforma en Clark Kent y Clark Kent en un cuerpo celeste de luminiscente S en el pecho, ángel de acero de alas niqueladas que habita con los astros y se desplaza entre los rascacielos. Pegaso le enseñó a cruzar los aires y de su impulso surgió Superman. Donde timbra un SOS más veloz que el sonido Superman, esa luz que se acerca es Superman, de pie contra la guerra Superman, la salud del planeta es Superman. Superman en los brazos de Dana y Dana en sus brazos con una flor. . Nunca fue Superman más Superman. No es un ser de ficción, es más real que Neil Amstrong en la Luna, o que la nave Apolo en el espacio. Cisne de alas plegables y quebrantado cuello, Christopher Reeve en su silla de ruedas remonta el infinito: sus alas de gigante le impiden caminar. Arturo Corcuera

domingo, enero 29, 2006

De gases humanitarios y diarios mefíticos aunque ambos planetarios

Se podría acaso elaborar una historia de los EE.UU. desde el rifle Kentucky hasta las bombas de uranio empobrecido que como lluvias de fuego bíblico fueron lanzadas sobre Bagdad últimamente. Dentro de ese juego estético-paródico, la bibliografía resultante es variopinta y fantástica. Acá deslizamos un texto de un sabio inglés, para mayor gloria y delirio carcajeante de la platea webloggeriana., sobre  el punto:















«...si pudiéramos utilizar las fuerzas que se han descubierto dentro del átomo, tendríamos tales capacidades de destrucción, que no conozco otro medio, sino la intervención divina, que pudiera salvar a la Humanidad de una completa y absoluta aniquilación...Para humanizar las futuras guerras, sería necesario únicamente establecer las dos siguientes reglas: No se usarán anteojeras, ni protección ocular alguna No se emplearán bombas que contengan otra sustancia que el etil-iodo-acetato y una pequeña carga explosiva ...pienso seriamente en proveer de caretas contra los gases a la población de Londres y otras grandes ciudades y en instruir a los niños de escuelas e su uso...Hemos visto que podemos establecer, respecto a los gases, el hecho de que son un arma basada en principios humanitarios...El envenenamiento pulmonar o cutáneo por gas no produce inmunidad para un segundo ataque, al contrario, por lo general aumenta la sensibilidad de la víctima...Por otra parte, algunas personas son naturalmente inmunes...20 por 100 de hombres blancos y 80 por 100 de los negros. Los síntomas del gas-mostaza vesicante y los de la quemadura del sol son muy semejantes y los negros gozan de bastante inmunidad a ésta última...Sería posible obtener tropas de color que fuesen todas resistentes al gas-mostaza vesicante, en concentraciones que serían nocivas para la mayoría de los blancos. Dichas tropas serían mandadas por blancos...Es de esperar que los indios sean casi tan inmunes a los gases como los negros...tanto más insignificantes aparecerán las potencias semi-civilizadas, por ejemplo, Turquía y Rusia, incluso como aliadas...Que el uso de gas-mostaza, en la mayor escala posible, haría la guerra menos mortífera y dispendiosa, más breve y más dependiente del cerebro que del número...Quien sea atacada por gases vesicantes debe saber que las flictenas que éstos producen son considerablemente menos peligrosas que el sarampión...».
















Del libro Calínico o una defensa de la guerra química, del sabio inglés J.B.S. Haldane, Revista de Occidente, Madrid, 1926.
Mi glosa estrábica por tanto discurso gaseoso me termina llevando por el lado del color de la piel. Montse y moi hemos recibido estos días un paquete bastante voluminoso de un famosísimo periódico limeño, y hemos mirado, y algún limeño bien pensante pude decir agora, ese Cristino paraquarensis miró el comercio limense por lo menos ya una vez en su vida, es decir ha llegado al culmen de la civilization por fin, y qué hemos encontrado, qué han encontrado mis ojillos paraguayitos, que se supone son muy miopes, pues que en Lima los zambos, negros, mulatos, cholos, cruzados, creole, mestizos y otras variantes inclasificables en cuanto a la pigmentación de piel prácticamente han sido objeto de una limpieza no étnica sino estética, massmediatico-estética, los suplementos, secciones de la farándula chic, de sociales, etc. han erigido el archivo ideal de una Lima depurada con una población ideal también, donde ha emergido un limeño ideal con aspecto de escandinavo flaco, fibroso o puras turgencias clásicas, bronceado y como con peluquines color estopa o esponja vegetal. Por otra parte, los diarios son todos iguales de aquí, Asunción, a Lambarené, África Central, aparentemente, con menos publicidad acaso, un poco más de detritus capitalista, incluso hay + falta de imaginación en los maravillosos productos a adquirir. Los limeños también toman, como yo -claro está- gaseosas yankees o Isaac, los limeños consumen levaduras de Unilever, hablan con celulares Nokia, van a los cines y ven La caída hitleriana o leen a Pablo Coelho o Carlos Fuentes en forma exclusiva, critican la última novela de Saramago, comparan el DVD de Don Giovanni aprovechando los ruidosos festejos del 250 años de birthday party del niño prodigio, pero incomprendido en su época, de Mozart, enterrado en una fosa común, y así hasta el tedio total...

lunes, enero 23, 2006

Un relato patafísico (literal) de Macedonio

«El señor Ga había sido tan asiduo, dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar. El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y meneando con grave modo la cabeza resolvió: ―Hay demasiado pie, con razón se siente mal; le trazaré el corte necesario, aun cirujano.» Del prólogo de Elvio Gandolfo* a Los Universos vislumbrados. Antología de Ciencia Ficción Argentina, Editorial Andrómeda, Bs. As.,1978 * «La ciencia-ficción argentina no existe», son las primeras palabras del prologuista rosarino, como para evitar malentendidos desde el principio.

jueves, enero 19, 2006

Parto retardado de la cédula de indentidad

En octubre hice las gestiones de renovación de mi inminentemente caduca cédula y en aquella ocasión me indicaron que pasara a retirarla 3 meses más tarde. Angustiado por tan dilatado espacio de tiempo y, paradójicamente, al mismo tiempo tantálicamente ansioso por la relativa proximidad del objeto del deseo, estuve indagando sobre los rumores que se propalan al respecto. El chico de la imprenta me dice que la obtuvo en 1 año. El dentista, que retiró la suya y la de su señora en 6 meses, pero que la de la hija lucía la foto de otra niña. Entonces se me iluminan las neuronas y echo un vistazo a mi contraseña y compruebo que sólo indica la fecha de entrada pero que nada dice oficialmente sobre el día de su entrega. Por vía oral, una voz había soltado, burocráticamente monocorde y neutral, un “vuelva en 3 meses”. Bueno, se me ocurre que podría demandar a la oficina policial encargada de la expedición de los documentos de identidad (Identificaciones). Las sonrisas escépticas pululan en torno a mi comentario extemporáneo e ingenuo. Me queda, entonces, el consuelo de teorizar, sucedáneo intelectual, no penado todavía, del terrorismo. Las explicaciones o motivos se pueden reducir a dos: 1) Vulgar y consuetudinario apetito burocrático por la coima, la corrupción y la venalidad. Una opción que nos saque del dilema establecido entre esperar / obedecer y demandar / reaccionar, aparentemente, no existe. No puedo hacer nada sin cédula: ni cobrar un cheque, ni viajar, ni entrar en un pub, ni tener acceso a una pc sin filtro anti-porno en los locutorios o cybercafés públicos, etc. Pero el problema reside en cómo saber a quién deslizarle el dinerillo. Uno puede terminar desvalijado y sin conseguir nada si se dedica a soltar dinero a diestra y siniestra. 2) El presidente de la República del Paraguay, Nicanor, promueve la torpeza, la demora y la postergación casi infinita en la entrega de cédulas. Teme quedarse solo, gobernando únicamente sobre plantaciones de marihuana y loros, súbditos mudos que no pueden embriagarlo bramando sus consignas, desgañitándose vanamente ante ellos con sus peroratas traspasadas del malhumor causado por las palizas que le propina la Primera Dama, temor especialmente acuciante desde que la gente, por una desesperación elemental, se precipita a partir rumbo a España para laburar y después mandar dinero a sus parientes. (Los peninsulares, dicho sea de paso, ya han resuelto el problema representado por esa fuga de capital semi-proletario, prole-informal, prole-ilegal, aumentando la tarifa de los despachos de correo.) Ya se sabe: las mujeres fungen generalmente de niñeras de hermosos viejos limpios (cita del Buck Mulligan joyciano) en Tenerife; los hombres, de bigotudos travestis en las Ramblas barcelonesas. Hay que aclarar que la entrega de cédulas nunca se caracterizó por su eficacia y puntualidad, pero a lo más tardaba un mes, si bien por tradición y no por oficialidad escrituraria y burocrática. Hoy tarda, según rumores fantásticos, entre 6 meses y 1 año, y a veces, después de ese año, te la pasan con una foto equivocada o con un doble nombre (o un cognomen, para decirlo al latino modo) inventado. Prácticamente te puedes pasar la vida esperando tu DNI con tu ridículo papel llamado contraseña, ridículo por su pequeñez y por la ligereza que lo hace tan susceptible de traspapelación; lo mejor que se te puede ocurrir es fotocopiar la vieja y obsolescente, pero aún real, cédula poseída. La cédula paraquarensis tiene una validez de 10 años, pero en la practica, cuando por milagro la has llegado a pillar, ya sólo le quedan unos 8 o 7 años de legalidad: su primera infancia habrá transcurrido lejos de tu alcance, encarpetada por las coimeras garras de la burocracia paraguaya. Si Paraguay fuera Brasil, ¿cuánto tardaría la expedición bendita de cédulas? (Somos 6 millones de bichos, muchos de ellos menores de edad e incluso bebés gateantes o lactantes aún, que tienen considerables excusas para no engrosar la cola que lentamente repta en Identificaciones, y, no hay caso, de igual manera la demora es interminable; y, repito, si fuéramos Brasil ―no lo permita Dios―, supongo que viviríamos nuestra existencia civil de urbanícolas o trascampesinos sin documentos identificatorios.) Digresión: el ansia de exhibición de cédulas es, una vez más, un resabio de la dictadura. Se cuentan historias de la última década stronista, la de los ochentas del new romantic, según las cuales, por ejemplo, un fulano se pasaba con su socio viejo y kaigue o con una protuberante fémina delante de su propia casa, digamos por la acera, a 1 metro de la sacrosanta propiedad privada, y la cana caía allí mismo con su afán de solicitar la exhibición de las cédulas . De ahí procede esa compulsión o reflejo condicionado casi pavloviano de ver a un policía o tahachi y palparse rápidamente los bolsillos en busca de la cédula. Los inconvenientes de la vida de posmoderna de PC con tereré son muy fastidiosos. Loas bolsillos del vaquero atiborrados de monedas, nikel o calderillas para los pasajes en el bolsillito bajo la ingle derecha; celular o teléfono móvil en bolsillo trasero derecho; billetera con la foto de Kim Novak en bola, desnudíma, detrás de la cédula de marras vencida, tarjetas personales de poetas y escritores varios, el presupuesto del dentista (en cuya sala de espera garrapateo todo esto, ahora), la boleta de la lavandería (donde se lava muy a menudo el vaquero ya mencionado)y algún que otro guaraní arrugado y mellado en sus bordes ya no susceptibles acaso para el test de ultravioletas. La mochila, impedimenta posmoderna también de todo treintaañero ñembo pendex eterno o postpendex con aire juvenil e informal, repleta de periodiquillos amrilentos, pasquines conservadores, afiches, stikers, libros usados, agendas de todos los tamaños y otras yerbas muy pesadas siempre. Reloj no porque el celular a subsanado esa molestia del siglo XX. Ah, y si no sobran huecos en el pantalón, van en algún bolsillito con cierre relámpago los cigarrillos, abundantes cigarrillos...

martes, enero 17, 2006

Carta de un sudacamericano (ilegal) en Yankeelandia

Hola Montserrat. Aqui G. una vez mas para saludarte y hacerle extensivos los saludos a Cristino, por cierto es peruano o paraguayo o de donde es? La vez pasada te conte acerca de los trabajos que he tenido que realizar aqui y en lo que estoy ahora qur por cierto es bueno, seria injusto quejarme pero hay algo mucho mas importante que me ocurrio por estos lares y que gracias a Dios ( si, soy creyente aunque a mi manera porque discrepo de muchas ideas acerca de Dios, pero creo en El) aun puedo contarlo. Te empiezo a contar: Mas o menos la historia comenzo en febrero del 2004, aqui en pleno invierno, laburaba de " fercho" manejando un camion haciendo deliveris hacia otros estados (creo que no te conte este laburo) , por este trabajo conoci las dos carolinas, georgia, Ohio, West virginia, philadelfia, y te puedo asegurar que todas las ciudades se parecen salvo aquellas que son muy pequeñas, que en realidad son como pueblitos pero con todas las comodidades habidas y por haber. Bueno como te decia estabamos en pleno invierno y entraba a trabajar a las tres o cuatro de la mañana, cargabamos el camion ( la empresa era una panaderia de iranies) y a las cinvco saliamos rumbo a la ciudad que nos correspondia. El bendito camioncito no tenia calefaccion asi que era como un congelador rodante y cuando llegabamos a destino descargabamos el camion directamente a los congeladores de las fabricas, asi que el frio era un amigo tanto mas inseparable que la sombra. El momento bonito venia cuando los viajes eran muy largos y nos quedabamos a dormir en hoteles ruteros. Cada uno ( eramos dos en el camion) tomaba una habitacion y era de lo mas reconfortante tomar una ducha con agua tibia y luego disfrutar de una habitacion con buena temperatura y porsupuesto la comida servida al cuarto. Genial. Sucedio que por ese tiempo me resfrie, cosa comun por ese tiempo y sobre todo por mi trabajo, llego Marzo y seguia resfriado, deje de trabajar en esta compañia y estuve parado un poquito de tiempo pues en los banquetes, ya estaba metido en esto, en esa temporada estuvo lento. En abril empezo nuevamente la temporada de banquetes y empeze a trabajar pero la gripecita de miercoles no se me quitaba, es mas, poco a poco se acentuaba. Siempre he sido remilgon con las medicinas pero no me quedo mas remedio que empezar a tomarlas, pero en vez de mejorar me empeoraba. Los sintomas eran agitacion , no podia respirar con facilidad y temi que me fuera a dar asma asi que contra mi voluntad fui a la doctora, una chinita muy delgada ,filipina por sus padres y muy buena gewnte por cierto. Penso al igual que yo que eran los bronquios pero mezclado con algo de alergia, muy frecuente por estos lares, al polen; para esto ya estabamos a mediados de mayo. Me receto algunas pastillas y jarabes que tomaba religiosamente pues como te dije lo que mas temia era que me de asma, imaginate yo gordito y con asma no hubiera podido hacer nada. La receta de la doctora era para unos veinte dias y de peru me enviaron para un mes mas. A fines de junio me salieron unos bultitos en el cuello pegado al hombro izquierdo y yo mismo me burlaba de ellos pues no sabia que eran. La gente me decia que eran "secas", no se que son, que tenia que enguagarme esa parte con orines cosa que por cierto nunca hice, hasta que un buen dia hablando con una amiga peruana, me dijo que en peru a una amiga de ella le salieron esos mismos bultos y que habian sido muy peligrosos. Al dia siguiente me apersone al consultorio de la doctora y le manifeste que en vez de curarme estaba peor y le mostre los dichosos bultitos, dijo que no eran buenos y que tenia que hacerme uno rayos x y ultrasonidos a esa parte de mi cuerpo. Al dia siguiente fui a una clinica y por el ultrasonido pude ver que los bultos eran muchos y de muchos tamaños, el mas grande del tamaño de una molleja de pollo. El viernes enviaron el resultado a Michaelle, asi se llama mi doctora, y me llamo por telefono para que vaya a su consultorio. Desde el mimento que entre supe que no era nada bueno, la recepcionista me miro y te juro que vi una incipiente lagrima en sus ojos que me miraban como despidiendose, pase al cuarto y cuando llego michaelle su cara era de una pena tan grande que hasta pena me daba. Le dije que de una vez me diga que era lo que tenia sin rodeos, y lo primero que hizo fue irse por las ramas, que lo sentia mucho, que eso no era culpa de nadie y que dios sabia porque hacia las cosas pero que para todo teniamos que tener esperanza o/y resignacion. Resultado : Cancer a la sangre.Pero no era leucemia, era cancer al sistema linfatico, esto fue un viernes primero de julio del 2004, el martes 6 me internaron al hospital por una semana, me hicieron tantos analisis y tantas radiografis y tantos ultrasonidos que perdi la cuenta, me operaron del corazon, el cancer me habia atacado mas que nada a la parte comprendida desde la parte superior del cuello hasta la mitad del estomago, en especial las vias respiratirias, tenia muchos tumores en toda este area pero el mayor era uno ubicado entre los pulmones y que los aprisionaba, por ello la dificultad parA respirar, este tumor era de 21 centimetros de largo por 19 de ancho.Recibi quimioterapia por siete meses y en enero me hicieron un examen llamado Pet Scan que es muy preciso para hallar particulas de cancer en el cuerpo. Resultado: los tumores habian desaparecido salvo aquel que estaba entre los pulmones perolo bueno era que en ese momento era "solo" del tamaño de un puño cerrado. Por este motivo tuve que recibir radiacion por un mes completo, todos los dias, fue en febrero del 2005. Ahora, gracias a Dios y a la ciencia, puedo decir que estoy sano, la semana pasada me tomaron un pet scan y el resultado fue negativo, no tengo cancer pero tengo que estar chequeandome cada seis meses y cada tres tengo cita con mi oncologo. la proxima cita es a mediados de febrero. Ahora veo la vida de otra forma, es mi segunda oportunidad ya que muchisima gente penso que iba a morir, tan es asi que parientes mios andaban averiguando cuanto costaba enviarme muerto a peru pues yo no pensaba regresarme por nada del mundo. Bueno mi querida amiga Montserrat, aqui te cuento una de las cosa que me sucedieron y de las que me salvo Dios y la ciencia, cuando hablemos por telefono te voy a contar mas en detalle estas experiencias. Disculpa la forma de escribir, no soy muy bueno para eso aunque me gusta mucho, yo creo que tu me vas a ayudar en aprender a escribir algo relativamente decente, inclusive para escribir se necesita algo de teoria y sobre todo mucha practica. Bueno my best friend te dejo por ahora hasta el proximo e-milio como tu les llamas. Saludos a Critino y cuando vengan los va a estar esperando un chivas 18 años especial para su visita. G.M.T

miércoles, enero 11, 2006

Nueva política de la librería El Quijote

El Quijote, cadena de librerías-disquerías de los shopin asuncenos, ya no acepta de parte de las editoriales nada que se encuadre dentro del género poesía. Novela, sí, supongo que tal gracia divina se debe a la moda Dan Brown, a Tolkien y a la señora fashioned Rowling. Dicen que “molesta y ocupa lugar en las estanterías”. Y parece que la prescripción se reduce a la producción local, pues los Neruda y Benedetti siempre tienen su rinconcito bien reservado. Claro, como miembro de Jakembo editores no debería quejarme, considerarme víctima exclusiva, farmakon de esta campaña más bien desorganizada y pragmática. La micomística, la neuroteología y otras ramas del saber más esotéricos ni siquiera entran dentro de la prohibición porque nadie siquiera considera su existencia. Todo es cuestión de géneros. Se puede alegar que en realidad tal libro en realidad va de novela en versos, qué se yo. Buscarle la vuelta a la flamante ley. De hecho Cuadernos de la Ura ya se había negado desde el principio a trabajar con esta gente que considera los libros de poesía como productos de consumo masivo, como si se tratara de gaseosas y papas fritas, negociando la transacción a consignación que se pagarán cuando a su burocracia se les cante las ganas. El frente de ataque se reduciría desde ahora a la plaza uruguaya y al Café literario, allí donde monsieur Cucurto sacó buenos dividendos en su primera y última visita a Asunción, el Cucu, y su profética aversión a los refrigerados y asépticos shopin. Bueno, la denuncia está hecha. Para todos los turistas culturales de Asunción, cuando pasen por la ciudad de los naranjos y las flores, no encontrarán poesía autóctona en las librerías de los shopin.

jueves, enero 05, 2006

ret marut- Ben Traven

Mucho más que Gracq y que Salinger y que Pynchon, el hombre que se hacía llamar B. Traven fue la auténtica expresión de lo que conocemos por «escritor oculto».

Mucho más que Gracq, Salinger y Pynchon juntos. Porque el caso de B. Traven está repleto de matices excepcionales. Para empezar, no se sabe dónde nació ni él quiso aclararlo nunca. Para algunos, el hombre que decía llamarse B. Traven era un novelista norteamericano nacido en Chicago. Para otros, era Otto Feige, escritor alemán que habría tenido problemas con la justicia a causa de sus ideas anarquistas. Pero también se decía que en realidad era Maurice Rethenau, hijo del fundador de la multinacional AEG, y también había quien aseguraba que era hijo del kaiser Guillermo II.

Aunque concedió su primera entrevista en 1966, el autor de novelas como El tesoro de Sierra Madre o El puente en la selva insistió en el derecho al secreto de su vida privada, por lo que su identidad sigue siendo un misterio.

«La historia de Traven es la historia de su negación», ha escrito Alejandro Gándara en su prólogo a El puente en la selva. En efecto, es una historia de la que no tenemos datos y no pueden tenerse, lo que equivale a decir que ése es el auténtico dato. Negando todo pasado, negó todo presente, es decir, toda presencia. Traven no existió nunca, ni siquiera para sus contemporáneos. Es un escritor del No muy peculiar y hay algo muy trágico en la fuerza con la que rechazó la invención de su identidad.

«Este escritor oculto —ha dicho Walter Rehmer— resume en su identidad ausente toda la conciencia trágica de la literatura moderna, la conciencia de una escritura que, al quedar expuesta a su insuficiencia e imposibilidad, hace de esta exposición su cuestión fundamental.»

Estas palabras de Walter Rehmer —me acabo ahora de dar cuenta— podrían resumir también mis esfuerzos en este conjunto de notas sin texto. De ellas también podría decirse que reúnen toda o al menos parte de la conciencia de una escritura que, al quedar expuesta a su imposibilidad, hace de esta exposición su cuestión fundamental.

En fin, pienso que las frases de Rehmer son atinadas, pero que si Traven las hubiera leído se habría quedado, primero, estupefacto, y luego se habría desternillado de risa. De hecho, yo estoy a punto ahora de reaccionar de ese modo, pues a fin de cuentas detesto, por su solemnidad, la obra ensayística de Rehmer.

Vuelvo a Traven. La primera vez que oí hablar de él fue en Puerto Vallaría, México, en una de las cantinas de las afueras de la ciudad. Hace de eso algunos años, era en la época en que empleaba mis ahorros en viajar en agosto al extranjero. Oí hablar de Traven en esa cantina. Yo acababa de llegar de Puerto Escondido, un pueblo que, por su peculiar nombre, habría sido el escenario más apropiado para que alguien me hubiera hablado del escritor más escondido de todos. Pero no fue allí sino en Puerto Vallarta donde por primera vez alguien me contó la historia de Traven.

La cantina de Puerto Vallarta estaba a pocas millas de la casa donde John Huston —que llevó al cine El tesoro de Sierra Madre— pasó los últimos años de su vida refugiado en Las Caletas, una finca frente al mar y con la jungla a la espalda, una especie de puerto de la selva azotado invariablemente por los huracanes del golfo.

Cuenta Huston en su libro de memorias que escribió el guión de El tesoro de Sierra Madre y le mandó una copia a Traven, que le contestó con una respuesta de veinte páginas llenas de detalladas sugerencias respecto a la construcción de decorados, iluminación y otros asuntos.

Huston estaba ansioso por conocer al misterioso escritor, que por aquel entonces ya tenía fama de ocultar su verdadero nombre: «Conseguí —dice Huston— una vaga promesa de que se reuniría conmigo en el Hotel Bamer de Ciudad de México. Hice el viaje y esperé. Pero él no se presentó. Una mañana, casi una semana después de mi llegada, me desperté poco después del amanecer y vi que había un tipo a los pies de mi cama, un hombre que me tendió una tarjeta que decía: «Hal Croves. Traductor. Acapulco y San Antonio».

Luego ese hombre mostró una carta de Traven, que Huston leyó aún en la cama. En la carta, Traven le decía que estaba enfermo y no había podido acudir a la cita, pero que Hal Croves era su gran amigo y sabía tanto acerca de su obra como de él mismo, y que por tanto estaba autorizado a responder a cualquier consulta que quisiera hacerle.

Y, en efecto, Croves, que dijo ser el agente cinematográfico de Traven, lo sabía todo sobre la obra de éste. Croves estuvo dos semanas en el rodaje de la película y colaboró activamente en ella. Era un hombre raro y cordial, que tenía una conversación amena (que a veces se volvía infinita, parecía un libro de Carlo Emilio Gadda), aunque a la hora de la verdad sus temas preferidos eran el dolor humano y el horror. Cuando dejó el rodaje, Huston y sus ayudantes en la película comenzaron a atar cabos y se dieron cuenta de que aquel agente cinematográfico era un impostor, aquel agente era, muy probablemente, el propio Traven.

Cuando se estrenó la película se puso de moda el misterio de la identidad de B. Traven. Se llegó a decir que detrás de ese nombre había un colectivo de escritores hondurenos. Para Huston, Hal Croves era sin duda de origen europeo, alemán o austríaco; lo raro era que los temas de sus novelas narraban las experiencias de un americano en Europa occidental, en el mar y en México, y eran experiencias que se notaba a la legua que habían sido vividas.

Se puso tan de moda el misterio de la identidad de Traven que una revista mexicana envió a dos reporteros a espiar a Croves en un intento de averiguar quién era realmente el agente cinematográfico de Traven. Le encontraron al frente de un pequeño almacén al borde de la jungla, cerca de Acapulco. Vigilaron el almacén hasta que vieron salir a Croves camino de la ciudad. Entonces entraron forzando la puerta y registraron su escritorio, donde encontraron tres manuscritos firmados por Traven y pruebas de que Croves utilizaba otro nombre: Traven Torsvan.

Otras investigaciones periodísticas descubrieron que tenía un cuarto nombre: Ret Marut, un escritor anarquista que había desaparecido en México en 1923 y los datos, pues, encajaban. Croves murió en 1969, algunos años después de casarse con su colaboradora Rosa Elena Lujan. Un mes después de su muerte, su viuda confirmó que B. Traven era Ret Marut.

Escritor esquivo donde los haya, Traven utilizó, tanto en la ficción como en la realidad, una apabullante variedad de nombres para encubrir el verdadero: Traven Torsvan, Arnolds, Través Torsvan, Barker, Traven Torsvan Torsvan, Berick Traven, Traven Torsvan Croves, B. T. Torsvan, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut, Traven Robert Marut, Fred Maruth, Fred Mareth, Red Marut, Richard Maurhut, Albert Otto Max Wienecke, Adolf Rudolf Feige Kraus, Martínez, Fred Gaudet, Otto Wiencke, Lainger, Goetz Ohly, Antón Riderschdeit, Robert BeckGran, Arthur Terlelm, Wilhelm Scheider, Heinrich Otto Baker y Otto Torsvan.

Tuvo menos nacionalidades que nombres, pero tampoco anduvo corto en este aspecto. Dijo ser inglés, nicaragüense, croata, mexicano, alemán, austriaco, norteamericano, lituano y sueco.

Uno de los que intentaron escribir su biografía, Jonah Raskin, por poco se vuelve loco en el intento. Contó con la colaboración, desde el primer momento, de Rosa Elena Lujan, pero pronto empezó a comprender que la viuda tampoco sabía a ciencia cierta quién diablos era Traven. Una hijastra de éste, además, contribuyó a enredarlo ya de forma absoluta al asegurar que ella recordaba haber visto a su padre hablando con el señor Hal Croves.

Jonah Raskin acabó abandonando la idea de la biografía y terminó escribiendo la historia de su búsqueda inútil del verdadero nombre de Traven, la delirante y novelesca historia. Raskin optó por abandonar las investigaciones cuando se dio cuenta de que estaba arriesgando su salud mental; había comenzado a vestirse con la ropa de Traven, se ponía sus gafas, se hacía llamar Hal Croves...

del libro de Enrique Vilas.Matas Bartleby y cia, editorial Anagrama, s/f, pillado en word gracias a un envio de Nico Granada, danke chera'a

lunes, enero 02, 2006

Texto leído...

Musica ficta es la música fingida por joaquín morales para obliterar/contrarrestar/resistir la barahúnda cotidiana elaborada por la real-elite (realité, real-eté) paraguayo/a. Cincuenta, acaso cien años machacando nuestros pobres oídos complacientes en su sordera y pasividad. Contra ese canto secular asirenado (a nado de sirenas patrioteras), grecoguaranítico (invención bienintencionada europea, Montaigne aunando los guahus con Anacreonte), truculento y melo-dramático. Es subintellecta porque nos imanta y atrapa por los sentidos alucinados de estupor y jamás pretende rozar el umbral de la razón. Pan y música, sugiere el epígrafe/homenaje, contra el panis et circensis. Aunque no rehuye la escenificación y el caleidoscopio de danzas de éste, ni sus giros dervíchicos y sus movimientos, pero sólo los acepta para alterarlo mejor desde su propio interior. Viaje musical soñado aguas abajo, en lo subterráneo e infernal, hacia las rutinas susurrealizantes, grotescas y distorsionadoras de la música patria-poética dominante. Choque de orquestas (más que de civilizaciones) encontradas, ideológica y formalmente. La teoría de obertura, variaciones múltiples e inagotables, rondós, pavanas, gallardas, preludios, duetos, cadencias, ragtimes, virelays, saltarellos, basse dance, blues, es carnavalescamente presentada como en una cinta sin fin clusterizada ante el lector, orejudo o no, prójimo o inaccesible (en medio de ese torbellino de formas musicales escuchamos el retintín solapado, embrionario, pujante, de la cachaca y del purahei jahe’o). Pero la muñeca madre, principal, contiene muñecas hijas, muñecas en miniatura. Un poema (el de la páginas 17/18) se despliega a su vez en una mutación inercial y cíclica, madrugada, mañana, siesta, tarde y noche, ésta como última danza del día, “ruido que músico sensible tacha / borra del libro, virutas: / oscuridad descantillada”. La semitonia comparece en la página 19: “entonces el corazón de todo autómata es / retórica imprimible en semitonos”. Nuestro aedo subtropical, poeta/músico, práctica una estrategia de pequeñas escaramuzas, una guerra de guerrillas, contra la gran Música: “pura pintura no suena”, que engloba y enerva a sus alabarderos agitados por los reflejos aprendidos hace siglos, “el terco pigmento de la historia” (página 24). Musica ficta surge, “de quien más ve y más oye, pero duda” (página 30), de un poeta cuya misión última, y acaso imposible, la de un grupo comando de un solitario miembro (jm), es “...dar cuerda a tu ataúd, / resucitar canción de entre los verbos” (página 35). Entre musica ficta, música molecular, y la otra, que es marcha militar a lo Platón, molar, estupefaciente, se puede aparejar la dicotomía neurológica de la disyunción entre el hemisferio izquierdo y el derecho: “te confieso, hermano izquierdo, / mitad de mente mía, / que tu contigüidad no adoro, / ni apruebo tu inversa semejanza” (o la esquizofrenia de la musica ficta entre la mano derecha, artística, idealista y espiritual, y la mano izquierda, erotómana, lasciva, prosaica, que al fin, aleatoriamente, termina segregando música subversiva). Guerra musical en varios planos y frentes. Metátesis en la pronunciación, en el sentido de la frase, hipérbaton, catacresis, homofonías interidiomáticas (creo que en hurras aparece uno canónico: “virelay, vyro lai, very light”), ruidismo sintáctico (“no importa la palabra justa”, página 57), y, claro, jopara, adopción plena de las oscuridades de la diglosia y la jerga tribal, de las gracias neologísticas. [ Este arsenal, que se contrae y se expande como la vejiga de una gaita o como un acordeón, reaparece en Sermo, anticipo fragmentario plaquetero de un libro más extenso, e inédito, llamado Tratado de glosas e analecta de discursos exemplares, y en donde ya habíamos señalado lo siguiente: « Es un grito estructurado (o pretende erigir una plata-forma desde la cual histrionizar su rito, mito, grito) como una petit sinfonía cageana que empuja a un tal Lito al escenario del poema apostrófico, remotamente lírico o totalmente anti-líriko, con una batuta en mano en forma de batata, bardo loco, diglósico, macarrónico, con sus mil y una lenguas de fuego para azotar el letargo hiper-realista de su platea pati-difusa por interpósita persona que sirve de mediación-traducción: un coro que supuestamente filtra el mensaje violento, divino, para que éste se metamorfosee en blancas-azulosas (por lo de Darío) palomas espirituales o pájaros a lo Hitchcock… más que fusión de música y palabras, espectáculo de cabaret (volteriano) o exhibición de freaks en un circo, concierto de estómagos arremetiendo sobre el aparato fonador con sus regurgitaciones inhumanas (“Todos los hombres usan el lenguaje”, traducción gadameriana de la clásica definición aristotélica), teatro de marionetas c-úbicas agitando el avispero de sus manitas inerciadas por el hilo invisible sobre la gravedad del sentido, a veces alcanzando la luz de un protolenguaje o lenguaje del porvenir en el que el español paraguayo es curepizado, el inglés asume un rostro de paraguayo simulando hablar curepa ("shame sha shame sha"), el alemán es desmembrado por una interjección concretista o estirado como un chicle pos-caligramático o el latín es guaranizado (“ne-quá-m-qum”) o el griego se acuesta leve junto al guaraní en una helenización del guaraní (“olorosa Pilsen ñande mba’e Teeteto”)… sueño jesuita al fin cumplido en la ucronía que monta y habita éste poiético mester de ceremonias, un tal Ortiz Toledano. Se evocan todas las sectas lúdicas, como la del OULIPO (“aiseopoesia / iseopoesi / seopoes / eopoe / opo / p”), comparece Khlevnikov para romper el plano único de la lengua, esa dimensión tiránica que niega que lo puramente fonético signifique. Son los padres mentados con quienes practica la respiración boca a boca para salvar el cuerpo de la poesía. Sobre esta plata-forma, y no forma-plana, las perversiones tienen uniforme (“sadomaso -verde’o- quismo”). Gran fiesta cumbiambera del lenguaje cuyo tema leimotívico posible es la cachaca, esa murga supra nacional, pero intervenida microscópica y cronométricamente como una partitura aleatoria y a la vez cósmica (“6.180.339 segundos”). Los instrumentos perfilan a veces una panoplia erudita (que va desde el Dolce Stil Novo o las rimas internas gongorinas hasta la fascinación por formas perfectas muertas, como el soneto de la parte final) y otras incurren en fonetizaciones multilinguísticas en su anhelo de acercar lo más posible el sentido al sonido, el significado al significante, el arpa paraguaya a la celta –que tienen ambas un denominador común, pues tanto los paraguas como los nativos de la verde Erín las tañen con las uñas largas, muy largas–, las flautas medievales a las de la narración fantástica, creadas para salvar y usadas para acorralar al lector junto a los abismos de la albúmina originaria de la lengua, antes de la mítica división babélico-política. Y, por encima de todo, resuenan las onomatopeyas sacadas del cómic más barato, las disonancias del virtuoso y estricto atonalismo, y ruido, mucho ruido, para evitar toda, aun la más mínima, eclosión lírica, pues se trata de despertar y no de narcotizar con los opios de la biblioteca de la evasión formalista convencional. El espacio burocrático se imprime de letras con una alegría de funámbulo desencantado. La electricidad del sistema nervioso central mentada por MacLuhan carbonizando su soporte como salvajes malones nómadas para que toda hierba lírica para rumiantes anacrónicos sea extirpada. La erudición latina colabora con sus rivales bárbaros en esta ruina que revela en su autopsia filo-lógica la dislexia de fondo que nos alimenta. El vértigo esquizoide de las letras ya no encuentra apoyo para sus certezas enraizadas antaño en el Diccionario de la Real Academia. La Gramática general del cristiano nuevo Nebrija (citado en algún punto del remolino verbal) sólo sirve para lanzar estertóreos crujidos en la orquestación final. Música para estos tiempos, el texto alcanza su cenit en el desmoronamiento de las vocales de su arquitectura ideal. El tiempo no es más que la cuarta dimensión del espacio poiético. Pero en el continuum espacio-temporal el texto se sitúa más bien del lado del estatismo de la extensión que del dinamismo musical del devenir. Texto fijo y como taxidermizado en la imagen, en lo icónico de la grafía, sin los altibajos emocionales de la melodía, fría música no para los oídos, órganos del sentimiento, sino para el ojo, correlato sensible del cerebro. No hay gradaciones en la intensidad del tiempo, del allegro molto vivace del júbilo a la perezosa lentitud de la melancolía, de la vivaz aceleración de la furia al tempo ralentizado de la serenidad: la lírica se ha congelado. Una instantánea que aquieta y desnuda la vida en la crudeza de sus estructuras inmóviles: música para el ojo. Sin embargo, algo se mueve, a la manera de una arborescencia pétrea, acaso las ramificaciones de la imprenta dentro de la composición de campo; incluso se puede hablar de una plasticidad de lo inmóvil que explicaría las metamorfosis constantes que aquejan a las palabras, la dinámica de los deslizamientos visuales y conceptuales, cuanto más ínfimos mejores, la mudanza de las letras de su emplazamiento ortodoxo, que nunca es mera errata sino cambio de lengua, de cultura, de mundo, bajo el imperio del “efecto mariposa”. El todo, si tal cosa existe, remite, no a una orquestación, sino a un landscape. A un paisaje que fusiona lo futurista y lo prehistórico: panorama del mundo mega-lítico. La emoción no habita en las variaciones sino en el golpe de vista sobre algo quieto, en la inmersión en un espacio predeterminado. Tinta sobre papel como piedras y hierbas sobre la tierra o como descarnadas osamentas de hierro y hormigón sobre el cemento. El sobrio metabolismo de lo inorgánico. Sólo estratos fijos en el espacio de la hoja, contrayéndose en el rectángulo vertical como la torre de un soneto, o desparramándose en una prosa que busca explicar su inadecuación poética. La realidad, la “verdadera”, la que ha expelido esta infamia literaria, es el fondo silencioso irredimible que acoge este grito atonal, estos versos polirrítimicos, este calidoscopio poético-visual, que volverá a cogerlo en su trampa ancestral si el lector no se despoja de sus antiparras y sus orejeras, si no patea el sillín del paraíso, si no se desanuda su black-tie ad hoc, si no la mastica y no salta, “a la mexicana” o con saltos de pogo punkiñho, para gritar a su chamán pos-apocalíptico: ¡da capo, da capo! » ]. El español (“madre lengua literaria indeclinable”, página 67) carcome, traspasa, permuta, trasviste el inglés, el alemán, el italiano, el latín, y aun alguna cita griega asoma tímidamente, y el ultrapresente en su ausencia pletórica, el guaraní, sombra bilingüe, excipiente esencial para todo tipo de mezclas locales, esa otra música que sueña sus futuras rebeliones (“insanorum deliramenta’i”, página 69, termina diciendo Castiglione abruptamente). Otras armas contra el Opresor poético/musical son la ironía, las citas mal leídas, manipuladas, el ajuste de cuentas con las normativas del lenguaje excesivamente sordo en sus ortodoxias (“y todo es Berdadero, / salvo las letras que así lo declaran / con error de ortografía”, página 81). En suma, poesía que coquetea y abusa de las “cuartas aumentadas, / diabolus in musica!”, página 71, poesía definible en términos musicales, pero no en los de la música de las armoniosas esferas pitagóricas, ni en los de la música de supermercado de Herr Muzak y adláteres, ni en los de las radiofórmulas, hits descartables que terminan su sino empujadas por el último grito del marketing. Las rimas están en bruto, como un inconsciente colectivo en donde abrevan las palabras gastadas por su deambular insomne, sin sentido, constreñidas por el prosaísmo automático infanto-juvenil. Música para aprender a cantar nuevamente. Poesía que no marcha ni mancha, sino que marca sus fronteras, allí en el borde mismo de la tradición y del futuro.

Hurras a bizancio precipita todo lo anterior en una coctelera glósica, glotona, para aprender de una vez por todas qué es ser paraguayito, en especial en lo relativo a la poesía paraguaya en español del nuevo milenio, la del 2011, bicentenario de la independencia política y centenario del nacimiento del Canto secular de don Eloy. Si usted nunca leyó a Eloy no entenderá el libro. Si usted no leyó nunca a aquel que pretendió atrapar lo paraguayo en 1190 versos medidos pero sin rima, quedará in albis. Pues hurras es un dilatado diálogo / desafío / ajuste de cuentas cínico de la poesía paraguaya-castellana. Asunción, bizancio subtropical, queda prácticamente apabullada, sepultada por las hurras que le propina morales. Éste es un lector minucioso, concienzudo, paciente y aplicado del magister humaiteño. Cabalista legañoso que se agita como un mamanga alrededor de su presa, exegeta heterodoxo, caraíta guaraní de tan sagrado Autor y de tan místico Libro. Es imposible, hoy, ahora, demorarnos en toda la riqueza de este poemario conceptual, en el sentido de los discos conceptuales, pues todos los poemas que lo integran giran, conforman, inciden en un todo perfecta y matemáticamente orgánico en su fondo y su forma. Fiesta del lenguaje, alegría de la palabra, triunfo de la Ironía (de ser paraguayito y buen y auténtico poeta), de las letras que parodian la Última Cena de la Poesía nuestra, ordalía para editores y windows xp. Libro parricida que busca a su padre (irresponsable, bocón y entregado a los azules arielismos, a las melopeas dóricas, a las fantasías orientales, a la hermenéutica cromática de la bandera, a la ornitomancia, todo en un mismo tiempo y lugar); solicitud de filiación, no sólo del autor, sino, latamente, de la poesía paraguaya, huérfana a la deriva de los intereses extrapoéticos, de la que hasta este libro no sabía, no quería saber, quién era, quién su padre, a quién debía seguir, a quien destronar. “Falanges hechas de metros / eufónicos pies / costillas de terminaciones / radios de raíces / rótulas de versos / tibias de flautines/ reverberencias de azúcar / crocanterías de hojaldre / frutescencias de confites.” Este autor, “carcajeante drácula de radionovela / Calibán! antiariélico antídoto”, gusta, y mucho, de “un plato de fariña nutritiva”, tanto como del arte que inventa en este libro, la poliglosa y la periglosa. “El amor de la pura palabra en pura forma”, página 111. Incipit, poesía paraguaya! Nuestro futuro es claro después de leer hurras a bizancio: un cruce Fariña / Morales, nuestro demorado, trabajoso, pero rozagante Darío, piedra fundacional, padre-héroe cultural, figura demaizada, por usar una expresión del antropólogo Jensen, de la nueva poesía paraguaya.

Texto leído por Cristino Bogado en la presentación de los libros musica ficta y hurras a bizancio de Joaquín Morales el viernes 30 de diciembre 2005,en el CCCR El Cabildo, Asunción.

Asunción, viernes 30 de diciembre de 2005.