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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, diciembre 02, 2006

Adiós

Alguien que estaba entre los vivos deja de estarlo, y cuantos de entre los suyos quedan se congregan, siempre desconcertados, como si algo así no hubiera sucedido nunca antes sobre la tierra. En cierto momento, alguien debe hablar, y también está perplejo el que manifiesta en público el adiós póstumo, interrumpiendo con ello el silencio recogido o el murmullo pudoroso de los otros, haciéndolo porque se le ha honrado con tal solicitud o porque piensa que alguien tiene que hacerlo y en ambos casos con la certidumbre de que lo hace "porque es su deber", un deber penoso, pero también con el profundo sentimiento del absurdo y el sinsentido de decir esas palabras. Porque, en realidad, esas palabras no se dirigen a quienes están ahí y pueden oírlas, ni verdaderamente a nadie que pueda a ellas replicar ya nada, porque el adiós se dice justamente y en exclusividad al que ya no está y ya no escucha, al que ya no discutirá lo que uno diga ni tampoco celebrará ya nada de lo pueda decir uno nunca más. "Nunca" es una palabra extraña, estupefaciente, que ciega o que deslumbra con su denso vacío , que impulsa al que pretende decir su adiós a callar, a replicar con el vacío recíproco de la mudez, del silencio, de la pregunta huera "¿Para qué?", que de antemano lo descarta todo porque su obvia respuesta es "Para nada". Y, sin embargo, piensa entonces uno, "Para nada: exactamente, pues, por eso mismo": porque es inútil pero necesario, como el deber de hacerlo carece de sentido y es absurdo, pero por eso mismo es imperioso, porque su gratuidad manifiesta su hondura, como el pragmatismo de las acciones sensatas evidencia su banalidad. Qué experiencia extraña, antigua como el hombre, la de la insensatez urgente, ineluctable, de dirigir a un ausente palabras que para él están siendo pensadas, que para él habrían sido dichas si estuviera. A ti te gustaba imaginar esas largas tinieblas paleolíticas de terrores y magia, y pienso ahora que en la inutilidad y el sinsentido de actos como el presente pudo aparecer la palabra inaugural, decisiva. Próxima primero a lo sagrado y sólo rebajada después a lo profano, poesía primero y sólo después prosa, quizá fue un nombre con el que un primer ancestro, asustado al descubrir la soledad, quiso suplir una ausencia, traer lo ido de nuevo hasta el ser de lo presente, hasta su superficie luminosa: ¿no decimos de niños la palabra para designar lo que no está allí para señalarlo con el dedo? Bien sabido es que el signo se pone en el lugar de lo designado. Tal vez un primer hombre solo y triste encontró de pronto ese lugar vacío, y en su miedo tuvo que pronunciar entonces la palabra, nacida de la Muerte, pero fértil en mundos de ideas y de historia, y así puede que la designación naciese para conmemorar: originaria palabra sagrada, palabra de la veneración y del ritual, primitiva palabra cargada de memoria, pasión y pesadumbre, palabra de la poesía. Hijos, pues, de la muerte, lo que a ella le debemos lo debemos también a no haber permitido, en esa antigua noche, que ella dijera la última palabra. Y qué otro sentido puede tener algo tan insensato como decir para quien no puede ya escucharlas cosas como éstas, sobre las que tanto disfrutabas conversar, si es a todas luces un manifiesto absurdo pronunciar lo que ya no llegará hasta ti. Qué sentido, sino el mismo y viejísimo sentido que tuvo para aquel imaginado primer hablante o primer poeta pronunciar torpemente, con reseca garganta e indócil lengua inexperta, desde su solitario pavor y su tristeza, nuestra primera, tosca, ingenua poesía, que abrirá las puertas a tantos siglos y milenios de hechos y palabras, a todo un universo tan complejo y difícil, lleno de horror y de magnificencia, que tú conocías tan bien; qué sentido sino el de no dejar que la muerte diga la última palabra. Pensar en que la diga finalmente, al cabo de eones y eones de desarrollos cósmicos, puede volver absurdo y sinsentido este deber, pero no hacerlo menos imperioso, como bien sabes tú, que en el fondo siempre encontraste grandeza en el absurdo y que tanto gustabas de aquella bergmaniana partida de ajedrez que jugó el Caballero con la Muerte, porque no tenía en realidad ningún sentido que el Caballero moviera sus piezas. Así que digo pues esto, y también lo diré por quienes guarden tu buena memoria, en tu ausencia pero para ti, ya que el "adiós" se dice a aquel a quien se despide y a nadie más, y no significa un "término" o "conclusión", como si la frontera ente la vida y la muerte fuera la misma que media entre el ser y la nada de tal manera que, hundido aquel que parte en el no-ser, quien queda se tuviera que desentender de él como de lo que no existe: el "a Dios" encomienda a Dios al que se marcha, y lo que importa aquí no es ese Dios, sino la persistencia con que acompaña al viajero quien así manifiesta que se queda, pero que aunque se quede se cuida de él, que con este cuidado lo acompaña: el "adiós", como "a Dios", no marca el fin, sino que, desafiando la alternativa entre el ser y la nada, sigue saludando para siempre al otro más allá del ser. Dijo el poeta Rainer Maria Rilke: «Es éste el sentido de lo que un día fue: que no quede hundido por su peso. Que regrese a la luz en nuestro ser, tejido en él, profundo y milagroso.»

3 comentarios:

Anónimo dijo...

En esta noche oscura
la luz girante y ciega de mi faro
me trae el eco de palabras
que, por inanes, regresan a la nada.
Y, abandonado el libro,
me siento en la penumbra
de mi balcón florido por mis plantas
y en el verdor creado por mis mimos
me digo que estoy sola,
que me faltas.

Sonia Marcus Gaia dijo...

Monserrat:

En estos días, quizás en los próximos meses, incluso hasta la próxima vida, estas líneas serán una escalera en crechendo. Aún hoy se muestran estáticas, sobrevolteadas, con un dolor perenne, sobrecomprensible. Ya en la tarde parecerán ir disminuyendo, ocasionalmente. Mañana, te deseo con toda mi alma, como conocedora genuina de tales amores, que sean un embudo.

un fuerte abrazo,
sonia

Rain dijo...

Ausencias que son enormes tristezas, de soledad extrema. El bólido tiempo se lleva tanto . A
veces no se lleva más que raatros...
Pnndría una rama dorada en tu mesa, y una oración por tu padre.