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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, octubre 03, 2006

Del blog de un pariente kurepí

SEDIENTA PORNOGRAFÍA
Ante todo, claridad. La fotografía periodística debe ser clara, debe tener la suficiente ausencia de ambiguedad como para evitar la interpretación erronea, debe poder documentar y dejar “en claro” aquello que sucedió… La fotografía, como todo lenguaje, trate de atrapar el acontecimiento y encuadrarlo en los márgenes de un código autosuficiente y calculable. La imagen aparecida en la portada del número 1914 de la revista del diario La Nación, publicada el pasado 12 de marzo, es, por sobre todo, clara. La “ambiguedad” interpretativa parece un lujo perverso que el lector no puede darse frente a la crudeza informativa del copete:“Cuando faltan pocos días para el IV Foro Mundial del Agua, el plantea enfrenta la mayor crisis en torno a ese recurso esencial. La Argentina cuenta con una de las reservas acuíferas más importantes del mundo, pero más de 1000 millones de personas carecen de agua potable. ¿Podrá revertirse este flagelo?”El texto se pliega en torno a la imagen, interrumpiendo el espacio abierto del margen izquierdo (totalmente calculado como para que entre el resto de la información de la tapa) y reforzando (al igual que iluminando) ciertos aspectos semánticos de la imagen en cuestión, que podrían enumerarse muy rápidamente en los siguientes puntos:- El niño bebe agua desesperado de una canilla. - El agua caída en su boca desborda y cae en el suelo.- El niño mira a la cámara, o sea, al fotógrafo.- La canilla, adherida a una estructura que facilmente puede reconocerse como una pared, ocupa todo el margen derecho.
fuente:http://www.deviantart.com/

5 comentarios:

KuruPicho dijo...

El flujo irreductible de significados es territorializado en los márgenes de estas características que la estructura de la portada no se cansa de subrayar.
Sin embargo, esos mismos puntos son los elementos compartidos por la imagen por un tipo de fotografía diferente al de la periodística pero que, como trataremos de argumentar, confluye en un mismo juego de estrategias: la fotografía pornográfica. Para hacer más “claro” el desarrollo de este texto, lo dividiremos en 4 secciones en donde abordaremos cada uno de los puntos señalados.

Rostro/Rastro: Identidad y pertenencia

La preferencia por la escena en la cual un hombre eyacula sobre la cara de una mujer es bastante clásica de cualquier publicación o película pornográfica: suele ser, generalmente, el tipo de toma elegida para mostrar al sujeto masculino llegando a la culminación del coito con el hecho de solo registrar la visualización del semen. La imagen evita caer en ambigüedades que podrían llegar a producirse por la simple toma de una cara gesticulando exageradamente (y es quizá la “exageración” lo que identifique a este placer por la documentación de la pornografía) sin enfocarse en los organos reproductivos o los posibles fluídos que cada uno de ellos segregue. Dejar un rastro de semen en el rostro del sujeto pasivo (rastro/rostro, el rostro como huella o “rastro” de la identidad del sujeto) es, en alguna medida, ejercer una escritura que busca plegarse sobre cualquier identidad y dejar una marca fuerte de pertenencia… marcar con semen el rostro del otro es marcar la pertenencia de ese rostro al campo de lo propio, o sea, subyugar y dominar al agente pasivo, quien no demuestra ninguna clase de resistencia a la posesión (con excepción de películas que buscan lo explícito en el campo semántico de la violencia física y la violación, siempre aludida pero nunca “clara” en el lenguaje pornográfico suave y apto).
El rostro del niño, en la foto en cuestión, bebe con placer el agua que la canilla deja caer, permitiendo que esta invada el territorio del rostro y deje el trazo de su paso alrededor de la zona de la boca. Antes que nada, el sujeto pasivo es presa de la necesidad, su identidad se ve invadida por el chorro de agua, rastro que marca la pertenencia de ese rostro a un campo social y cultural delimitado (ese inmenso campo semántico al cual, cada tanto, diversas campañas de ayuda internacional regresan: “los niños hambrientos del África”) que siempre se ha visto subyugado por un sujeto activo de nombres diversos, pero que podemos establecer bajo el nombre de “hombre blanco de país europeo/americano”.

Políticas de desborde

Es trascendente señalar que lo importante en el lenguaje XXX no es el sujeto activo específico, sino el órgano de dominación por el cual se convierte en tal: la ausencia de rostro, el plano detalle en el miembro masculino, etc. permite que cualquier sujeto capaz de poseer el órgano reemplace al presente en una suerte de sistema infinito. Relación paradigmática: cualquier miembro N capaz de reemplazar al miembro A-presente entra como elemento determinante del valor de A; o sea, el miembro de tamaño natural de un hombre blanco tiene valor en cuanto no es el miembro de tamaño superior al normal de un hombre de tez negra y viceversa.
Esta posibilidad de reemplazo es fundamental para que una escena pornográfica funcione: en primer lugar, la posibilidad de reemplazo da la idea de un coito infinito que solo, por momentos, se detiene en segragación de semen… Apenas un punto y seguido en la estructura de una relación “inacabable”; en segundo lugar, la posibilidad de reemplazo dá también la idea de que el lector/espectador del hecho pronográfico pueda, eventualmente, reemplazar al personaje participante de la relación.
¿Como operan estos factores en la foto? La imagen entabla relación con los rasgos que todo miembro activo de dominación debe poseer: el chorro de agua dá la impresión de ser interminable, eterno, poderoso. El flujo masculino, en cuanto elemento sígnico de la pornografía, debe tener estas características; la canilla es en sí un objeto claramente fálico que ve reforzada esta estructura a partir del chorro desbordante. Y es esta capacidad de “desborde”, de otorgar más de lo necesario, lo que liga al flujo de agua con comportamientos encuadrados en las ya conocidas prácticas del potlacht. El sujeto pasivo ve desbordado su requerimiento, se siente invadido por un sujeto activo que da de más y obliga al receptor a una sumisión, a una posición de dependencia que no puede ser rota facilmente.
El reemplazo genera esa sensación de que el lector/espectador está en una posición superior con respecto al niño sediento más allá de sus condiciones de vida infrahumanas: cualquiera puede darle de beber, cualquiera está en posición de calmar la angustiante sed del muchacho, cualquier lector puede dominar al niño a través de la desmesura.
Si en el apartado anterior observabamos la sumisión del sujeto pasivo a partir del rastro en el rostro como signo de pertenencia, aquí obseravamos como esa dependencia se ve reforzada por un sujeto activo que da de más, que obliga/endeuda al otro a algo que ese otro no puede entregar.

Vouyerismo

¿Puede la mirada del espectador sustraerse de la mirada del niño? Tal como los ojos de la servidora enana o las doncellas en “Las meninas”, el niño llama a concentrarnos en sus dos ojos, entrecerrados, apenas abiertos por el desfallecimiento ocasionado por la sed.
¿Puede el espectador del video pornográfico olvidarse que los ojos del sujeto pasivo están clavados en los suyos? No, nunca. Tal como la ausencia del rostro del sujeto activo, la fuerte presencia del rostro dominado del sujeto pasivo y la absoluta primacía de sus ojos son estrategias de este tipo de imagen para operar en el plano de lo XXX.
Descubrir al Voyeur es parte de una retórica que apunta a la identificación completa del espectador. Si cualquiera puede ponerse en el lugar del sujeto activo, entonces cualquiera debe poder sentirse parte de la escena a partir del reconocimiento de la misma escena de su presencia, identificación que se realiza en la mirada del sometido, ahora puente entre espectador y espectáculo.
El hecho de mirar la cámara participa del juego de dominación: el sujeto pasivo gusta de ser mirado o dominado, de participar de un juego en donde se vera sometido por un sujeto imposible de actualizar, eterno por ser indeterminado.
Mirar a la cámara siempre ha sido un gesto de relavamiento del medio por sobre el mensaje (o, en palabras de Mc Luhan, “el medio es el mensaje”). Al mirar a la cámara, el sujeto sometido hace consciente a la escena de su naturaleza: consciencia de sí, la imagen sabe de su naturaleza pornográfica, sabe del juego en que participa, conoce las reglas que hay que seguir para generar un producto apto y confiable y las pone en un primer plano. El niño, por mirar a la cámara, convierte a la escena en una fotografía; o sea, hace consciente a la fotografía de su naturaleza, porque el niño está mirando el lente del fotógrafo, esta mirando al fotógrafo por sobre el lente, le esta diciendo en ese silencio de su boca tapada por el agua que esto es solo una imagen, no el terror de la vida sin agua, sino la sedienta necesidad de una imagen que transmita eso, que sea la tapa de una revista que hable de eso.

El cuerpo: sometedor y sometido

El niño está frente a un cuerpo. Antes que nada, el cuerpo corresponde al de una pared que tapa todo el márgen derecho: no vemos su fin, no vemos su comienzo, la pared es solo un bloque de color que en lo que respecta al espectador podría continuar indefinidamente. Mediante esta estrategia se crea la sensación de que la pared es alta, altísima, como mínimo más alta que el niño africano. En la imagen pornográfica, el sujeto pasivo se encuentra sometido por un sujeto activo más alto, alguien que se alza por sobre el dominado y que, en su posición erguida (erguida doblemente, tanto en postura como en miembro fálico), controla la imagen, controla el significado de la imagen, somete al sometido: la altura es una característica importantísima del sometedor.
Una nueva significación se pliega sobre esta disposición estructural: la altura del sometedor lo acerca a la Cabeza (con mayúscula), al espacio corporal cercano a la luz, iluminado, la cara que ve a dios y a donde dios reconoce a su creación… El “Rostro” levinasiano fundante de la ética, si queremos usar una afirmación un tanto salvaje. Por el contrario, la ubicación del sometido lo aleja de esta perspectiva de reconocimiento divino e iluminación racional, condenándolo a la oscuridad de lo bajo, de lo demoníaco, de un reconocimiento degradante: el rostro del sometido solo ve a la cabeza (con minúscula) del miembro fálico, solo puede reconocerse en tanto sujeto pasivo subyugado por la altura, la fuerza y la iluminación del sujeto activo. Nuevo juego estructural: la no-visibilidad de la cara de la Cabeza carga a la escena de un significado metafeisico trascendental importante, en donde la visión del rostro del sometido genera un cariz prohibitorio y a la vez tentador de la escena… Se ve lo bajo, lo oscuro.
La disposición de los elementos y la manera en que esos espacios vacíos son llenados por el rostro de un niño africano y una canilla deja en claro el rol bajo del niño sediento con respecto a la pared-canilla-sometedora… La irracionalidad de alguien desesperado por obetener agua es observada con indiferencia por el rostro no visto pero implícito en la imagen: el rostro del que ve desde el arriba, el rostro espectador del lector.

Conclusión: AGUA-SEMEN-SEMÁNTICA

Los campos operacionales y semánticos de los dos lenguajes se unén confusamente en una sola imagen que debe verse rodeada por eleméntos extra fotográficos (como el copete) que busca evitar el evidente desborde. En alguna medida, esta preferencia enfermiza por el detalle acerca a la fotografía periodística-documental a la fotografía pornográfica, crea un espacio de relación que desarma una estructura institucional que busca presentar una mera nota de color que se convierte, leída nuevamente, en un espacio de deconstrucción.
La pregunta “¿Podrá revertirse este flagelo?” parece el hueco, el “gap” en términos ingleses, que deja ver ciertos resquicios de operaciones pornográficas en el copete: el flagelo del niño, una suerte de castigo masoquista, ¿puede o no ser evitado?… Pregunta del captor, pregunta racional y no grito desesperado. El agua-semén-semántica, el significado-uno de un lenguaje se encuentra desterrirorializado por el accionar de otro que se cuela, en una revista de amplia tirada; en una imagen que debería conmover y solo causa placer en el espectador que mira todos estos horrores con la “altura” de una distancia de varios kilómetros en una “clara” fotografía.

FERNANDO EMMANUEL BOGADO

KuruPicho dijo...

http://letristefebo.deviantart.com/
Esta es la dire correcta del blog

KuruPicho dijo...

Jornadas Nietzsche-Derrida, Buenos Aires desde el 18 de octubre.
Viernes 20/10
9.30 a 10.00 horas
Fernando Emmanuel Bogado.
"La despedida del Género: Texto, Huella, Filosofía"

Rain dijo...

Acerca d ela desterritorialización, hay tantos rollos...
el análisis es riguroso, en este artículo.
Y suscita un meditación que da ciertovértigo, porque está involucrado un niño. Es un vértigo que contiene tristeza y desazón.


Xtino, además el tema d ela pornografía es puntual. Me hace pensar en cómo, cala más hondo en los hombres que en las mujeres. Es porq' las mujeres se ven , se reconocen como pasivas en estas pelas porno. ¿o no?

Sonia Marcus Gaia dijo...

En "Profanaciones", de Giorgio Agambén, se hace un análisis (pensando en la, digamos violenta, "lectura" de la portada en cuestión) de dicha mirada al lente, en tanto las imágenes pornográficas de antaño captaban a la mujer pasiva que habla Rain, pero que en las actuales se focaliza directamente al lente descaradamente. En dicha objetivación (y focalización) es que radica el cambio de los tiempos. No existe la sorpresa de la cortina abierta por azar de la bañista desnuda, como afrenta lúdica, sino el desparpajo de convertirse en el objeto en sí del deseo.

Más o menos así es el rollo.

Debo admitir que tuve la misma sensación de Rain ante el descubrimiento "fotolectural", algo de verguenza, no sé si por considerarlo siquiera, por creerlo una lectura viable o por pensar que nuestra imaginación es una morbosa asesina.
Hay veces que todavía pienso que deberíamos volver a los televisores de piedra. Nada, conflictos baudelaireanos, según Berman, supongo.

El Caribe truena como todas las tardes. Saludos. S.