kurupí akärakú paraguay akärakú kurupí paraguay akärakú paraguay akärakú paraguay

KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

domingo, septiembre 03, 2006

Por fin tenemos la posibilidad de ver "Hamaca paraguaya", la película de Paz Encina, ganadora del Fipresci en el Festival de Cannes. La historia de dos ancianos que aparentemente esperan a un hijo que ha ido a la guerra, y que tan naturalmente interpretan Georgina Genes y Ramón del Río. silencio es lo constante en la película porque, aunque escuchemos hablar a los protagonistas, nunca percibimos de que realmente lo están haciendo. O los vemos muy lejos de la cámara, o de espalda o de costado. Solo percibimos sus rostros cuando el dolor es más que evidente. Pero nunca de frente, como si rehuyeran de nuestra mirada, como si vivieran en la vergüenza. ¿Vergüenza de qué: de la pérdida, de la imposibilidad de superar sus penas, de sentir dolor, de su pobreza? Las respuestas pueden ser tantas como las que el espectador quiera. Y esa es la riqueza de este tipo de películas que tanto miedo da a los que creen que el cine debe ser simple entretenimiento: la posibilidad de generar preguntas acerca de la condición humana. Los mismos personajes buscan respuestas en los pájaros, en el ladrido de una perra a la que nunca vemos, en una mariposa muerta. Pero las respuestas las tienen ellos mismos, pero ¿quieren saberla? La historia se desarrolla en una especie de limbo, donde los diálogos se confunden como si fueran recuerdos, y con un sentido circular, como si se tratara de una situación sin salida, aunque, sin embargo, desde la butaca, la solución parece tan sencilla que uno se exaspera ante tanta ceguera o tozudez. Pero el goce de los personajes está en esa desazón que los une, en esa incertidumbre, en esa espera que no busca realmente un fin. En la negación de lo real.Con pocos elementos, Paz Encina construye esta historia que puede ser la metáfora de mucha gente que conocemos o incluso de la condición fatalista de nuestro país. Encina aprovecha el sonido de la naturaleza, el trueno entre las hojas, los insectos, los pájaros y ese ladrido en la lejanía, tan propio de nuestro universo sonoro, tanto suburbano como campesino. Y ese guaraní cuya riqueza sobresale de esa mezcla de dulzura, primitivismo y fatalismo, aunque en la traducción al castellano en los subtítulos se pierde esa gracia propia del idioma.
Sergio Ferreira

1 comentario:

Vendedor de gaseosa y pororo dijo...

Vendedor de ka'agaseosa y pororo:
Sí, vimos la película. Es una mezcla de aciertos y errores, en mi opinión.

Lo de la cámara fija y eternizadamente inmóvil creo que no cuadra, parece teatro.

Pero tenía escenas interesantes y lo que más me gustó es el rescate de la

sabiduría y poesía del lenguaje guaraní. Una película doliente y dulce, en suma.