kurupí akärakú paraguay akärakú kurupí paraguay akärakú paraguay akärakú paraguay

KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, septiembre 12, 2006

Fuego cruzado

Racionalidad e irracionalidad. Más sutil y peligrosa, por lo sofisticada, aunque retrógrada, es una emergente resistencia conservadora disfrazada de intelectualidad progresista que resucita la extinta polarización de las humanidades y la ciencia (esas dos culturas de Snow). Esta visión teme a la ciencia y sus productos, descree del futuro y de la universidad creadora de nuevos paradigmas, desea permanecer en el mismo sitio y rescatar los "valores nacionales", ese mal definido ethos de nuestra cultura autóctona. Pero no crean que estas ideas se originan en la venerada y estoica tradición popular, más bien son ocurrencias pasajeras de distendidas charlas en algún café de París reproducidas en medulosas y bien financiadas "investigaciones" sociales en Boston...
Los científicos raras veces incursionan en el campo de las humanidades lo que es una pena. Suficiente con el dominio de su área, lo que es suficientemente arduo. Sin embargo, mientras que el éxito mundano de la ciencia estimula las bajas pasiones intelectuales de sus detractores, al mismo tiempo la ciencia les produce tal fascinación que irremediablemente introducen en su oscura jerga increíbles presuposiciones científicas. Este fenómeno ha sido genialmente analizado y ridiculizado por los doctores Sokal y Bricmont (1998) en su libro Imposturas Intelectuales. Critican estos autores la lamentable incursión (plena de triviales errores), de afamados intelectuales en el campo de los conceptos y del lenguaje científico. Hablando de la claridad del lenguaje citan a Felix Guattari cuando este dice: "Podemos ver claramente que no existe ninguna correspondencia biunívoca entre los vínculos significantes lineales o a la arquiescritura lineal y esa catálisis maquinal multidimensional y multireferencial".
Antonio L. Cubilla

1 comentario:

Dama Satán dijo...

Reforma universitaria: Fuerte resistencia a las ideas de cambio
Se ha señalado en seminarios, talleres, paneles, debates, revueltas docentes y estudiantiles sobre la necesidad de iniciar cambios profundos en las universidades paraguayas. También se ha discutido in extenso, aunque con distintos niveles de acuerdo, sobre cuáles son los problemas generales y específicos de nuestras universidades. Pero la resistencia al cambio es formidable, principalmente por los actores de la universidad y las autoridades educacionales que, sin subterfugios ni temor al ridículo, alegan que la universidad está bien, que requiere solamente algunos ajustes de acuerdo a criterios del Mercosur con una mejora de su financiamiento y que cualquier otro cambio sería irrealizable o un sueño lírico.



Racionalidad e irracionalidad Más sutil y peligrosa, por lo sofisticada, aunque retrógrada, es una emergente resistencia conservadora disfrazada de intelectualidad progresista que resucita la extinta polarización de las humanidades y la ciencia (esas dos culturas de Snow).

Esta visión teme a la ciencia y sus productos, descree del futuro y de la universidad creadora de nuevos paradigmas, desea permanecer en el mismo sitio y rescatar los "valores nacionales", ese mal definido ethos de nuestra cultura autóctona. Pero no crean que estas ideas se originan en la venerada y estoica tradición popular, más bien son ocurrencias pasajeras de distendidas charlas en algún café de París reproducidas en medulosas y bien financiadas "investigaciones" sociales en Boston.

Sus sofisticados cultores invariablemente del área humanística (hay pocos científicos detractores de la ciencia, unos pocos se oponen a la clonación de los primates erectos) usan su amplio tiempo para el café y sus privilegiados intelectos para profundizar, estimulados por la envidia de los logros de la ciencia, su aversión a la racionalidad, mundialización e idea del progreso (Sebrelli, 1995). Hay que admitir que esto puede interesar para una discusión literaria, filosófica o política en alguna torre de marfil, pero no es tema prioritario en un país que se debate en la miseria y que desesperadamente busca su destino.

Estos intelectuales predicadores de la pertinencia demuestran paradójicamente que su visión está totalmente disociada de las necesidades básicas de nuestra realidad. En esta época de crisis y fuerte retorno a la irracionalidad, es oportuno rescatar algunos valores de la racionalidad y de sus cultores, quienes adoptan una actitud de disponibilidad para escuchar argumentos críticos y aprender de la experiencia. Según Popper, un buen ciudadano en una sociedad abierta y democrática se comporta básicamente como un científico; esto es, avanza por ensayo y error, por conjeturas y discusiones críticas.

No debe olvidarse que la racionalidad es una condición necesaria para la libertad, la justicia y el progreso. De la misma manera, la crítica al irracionalismo es parte de la defensa de la civilización moderna. Dice Bunge que quienes venden de puerta en puerta mercancías irracionalistas apolilladas como lógica dialéctica, fenomenológica, existencialismo, hermenéutica o deconstruccionismo se beneficiarán con la lectura de Popper sobre la incompatibilidad del irracionalismo, esa filosofía oracular, y la democracia.

Humanistas como científicos

Los científicos raras veces incursionan en el campo de las humanidades lo que es una pena. Suficiente con el dominio de su área, lo que es suficientemente arduo. Sin embargo, mientras que el éxito mundano de la ciencia estimula las bajas pasiones intelectuales de sus detractores, al mismo tiempo la ciencia les produce tal fascinación que irremediablemente introducen en su oscura jerga increíbles presuposiciones científicas. Este fenómeno ha sido genialmente analizado y ridiculizado por los doctores Sokal y Bricmont (1998) en su libro Imposturas Intelectuales. Critican estos autores la lamentable incursión (plena de triviales errores), de afamados intelectuales en el campo de los conceptos y del lenguaje científico.

Hablando de la claridad del lenguaje citan a Felix Guattari cuando este dice: "Podemos ver claramente que no existe ninguna correspondencia biunívoca entre los vínculos significantes lineales o a la arquiescritura lineal y esa catálisis maquinal multidimensional y multireferencial".

O cuando Gilles Deleuze dice "las singularidades-suceso corresponden a series heterogéneas que se organizan en un sistema que no es estable ni inestable, sino más bien metaestable, provisto de una energía potencial en la que se distribuyen las diferencias entre las series". De Baudillard cuando usa lenguaje "científico" dice Sokal que la terminología se encuentra confundida con vocabulario no científico, el cual se utiliza con igual descuido. Cuando todo se ha dicho y hecho uno se pregunta qué quedaría del pensamiento de Baudrillard si se removiese el barniz verbal que lo recubre.

Otra joya oscurantista de Derrida dice " si se sostiene el desituacionismo dialéctico, debemos elegir entre el discurso habermasiano y el paradigma subtextual del contenido. Podrá decirse que el sujeto es contextualizado en un nacionalismo textual que incluye la verdad como realidad. En cierto sentido, la premisa del paradigma subtextual del contenido afirma que la realidad proviene del inconsciente colectivo".

Dice Sokal de Lacan: "Si bien Lacan utiliza un reducido número de palabras provenientes de la teoría matemática de la solidez, las confunde arbitrariamente y sin el más mínimo cuidado de su significado. Su definición de solidez no solo es falsa, ¡es un disparate! (Sokal y Bricmont; Dawkins, 2005).

Ideología: Igualdad y libertad.

Otra posición de resistencia a los cambios en la universidad identifica las nuevas propuestas como sesgadas ideológicamente, cuanto que esta discusión ha sido planteada exclusivamente en el plano académico. Son estos críticos quienes probablemente no pueden despojarse de su propio sesgo ideológico. Si bien se discute sobre la temporalidad de las tradicionales posiciones políticas de derecha o izquierda (Bobbio, Fukayama, Barnett) no hay duda que esta discusión ha perdido actualidad, porque los límites entre lo que se consideraba derecha o izquierda son cada vez más imprecisos y porque la ideología no es un tema actual en la frontera del conocimiento. Por eso no interesa para definir una nueva universidad, que está más allá de la discusión ideológica y se ocupa del futuro y no del pasado. Países de gobiernos comunistas ortodoxos, dictaduras de derecha, gobiernos socialistas, socialdemócratas y esa especie casi en extinción que son los gobiernos liberales, todos buscan su universidad de investigación. ¿Acaso la búsqueda de los propios paradigmas científicos y culturales no sería la manera más digna de romper con las perdurables cadenas del neocolonialismo? Lo absurdo de pretender categorizar las opiniones como de derecha o de izquierda en temas de la modernización de la universidad se hace obvio en algunas cuestiones como en los debates sobre la biotecnología actual.

Confirmando sus orígenes históricos comunes y las naturales y frecuentes alianzas históricas, se está observando una extraordinaria comunión de ideas entre propulsores de ideas de izquierda y derecha, cuando ambos se oponen de una manera irracional al proceso tecnológico en esta área (bioconservadores).

Aun el ultraliberal, hoy en la derecha, Fukayama, se une a la izquierda verde que es crítica de la ciencia cuando predice que la manipulación genética y la investigación de células madre llevarán al ser humano de una poshumanidad a un transhumanismo (Bailey, 2005; Fukayama, 2002). Valdría redefinir algunos conceptos. Ya no es suficiente identificar la derecha con la reacción y la izquierda con el progreso. Los reaccionarios actuales son los que se oponen a los cambios, se oponen o temen a la libertad y a las vaguedades de la ciencia, prefriendo restablecer el nostálgico pasado que creen superior (Postrel, 1999).

Los progresistas son los que aceptan los desafíos del imperativo de la ciencia y el progreso, con sus inmensas posibilidades, aun con el riesgo de sus incertidumbres.

Antonio L. Cubilla