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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

viernes, septiembre 29, 2006

Cara y cola de mar

CARACOLA Para cierta señora que conozco y cuyo nombre carece de importancia Tienes en tu elegante salón como un bibelot más una espléndida caracola marina Reposa, mansa, inofensiva por descontextuada insípida por cotidiana educada y discreta domesticada y cortés nada intempestiva, se diría plácida aunque un tanto aburrida en ocasiones casi tan familiar como un bostezo, que imperturbable delata la rutina sin perturbar a nadie —banal, para decirlo sin rodeos— El mar, pero sin sus desventajas Más cómodo, más limpio, más higiénico, incluso tranquilizador Se la ve junto a una cajita de limoges y unas cuantas figurillas de sévres, convenientes y caras, por supuesto Me observas mientras la contemplo con cierta fijeza un tanto impropia por un minuto y comentas con tono suave y cómplice “el nácar es bellísimo, ¿verdad?” Sabes bien como recuperar con eficacia la atmósfera adecuada en cada situación Pero lo que no sabes —porque, querida, todo hay que decirlo, tú no sabes prácticamente nada— es que no deberías haberla introducido en tu salón porque es cifra y emblema de algo que ruge y de algo necesariamente desordenado que se pone bajo el signo siniestro de la luna que encrespa las mareas y desata tormentas El mar es un elemento peligroso La gente como tú no debería pensar jamás en él y aún menos invocarlo con presencias de esta naturaleza El mar es un lugar de muerte y alegría Su olor es fuerte y tónico como el de las bestias, repugna y embriaga como el de éstas cuando se aparean o se devoran, hiede a peces podridos por momentos y a veces su perfume es exquisito y seduce a los hombres para que en él se internen como en lo imprevisible Está lleno de espanto y carcajadas porque es el sitio de lo inesperado Y esta caracola, oh mi pequeña e irremediable imbécil, yacía abandonada en una sucia playa —el más plebeyo de todos los lugares, como sabes (entre las cosas ínfimas que sabes) porque es el más público— pero su honda hendidura hablaba de secretos fantasmas a los hombres, oh cretina aunque correcta dama, que no puedes saber lo que es un hombre Eran presumiblemente hombres muy pobres, pobres pescadores que vivían del mar y que frecuentemente en él morían Hombres que habitaban chocitas muy distintas de este tu elegante y espantoso salón en el que dices “el nácar es bellísimo, ¿no crees?” Esos hombres, como es por demás obvio, no podrían sentarse con nosotras en tu salón, querida (“tenemos que reservarnos el ‘derecho de admisión’, jajá, ¿no crees?”) Pero lo que no sabes —porque no sabes prácticamente nada— es que la vida se reserva también ese derecho como lo hace el mar a su manera cosa que ignoras de la misma forma porque lo ignoras prácticamente todo y crees que algo tan enorme y terrible como el mar puede caber tornado en suave nácar en tu bonito estrecho mojigato salón o en tu alma enana siendo la verdad —oh amable ramera vendida por un plato de lentejas a tu esposo empresario de éxito que te pone los cuernos con putas como tú, pero no tácitas— que tu alma y tu salón son muy pequeños y no hay lugar en ellos más que para versiones de juguete de todo lo que tiene alguna realidad y no sabes tampoco, y ésta es tu tragedia y será tu condena para siempre, que Dios también se reserva el derecho de admisión Y que esos hombres tan pobres, desaseados y vulgares atravesarán Sus puertas por más que esto te parezca algo de todo punto inverosímil aunque no sepan beber té y masticar con delicadeza pastelitos de nata como hacemos nosotras e incluso pasarán por Sus puertas por más que no posean adecuados hábitos de higiene ni sean capaces de decir frases sutiles apropiadas e ingeniosas querida y es más te diré más ¿puedes creerlo? ellos lo harán incluso aun cuando sus modales sean terriblemente repugnantes porque lo que tú no sabes —entre las incontables cosas que no sabes y que son todas las cosas importantes, y ésta es tu tragedia y será para siempre, mi querida y respetable puta, esposa y madre, tu condena— es que a Dios no le interesan los modales y peor aún aunque no te lo creas la verdad es que a Dios no le interesa que se coma con delicadeza o sin ella ¡que no le interesa en absoluto! ¡que jamás le importó! ¿puedes concebir esto? ¡que no sería Dios si le importara! Y estos hombres estos despreciables hombrecitos vulgares atrincherados contra en frío y el hambre en sus chocitas sórdidas infectas tan distintas de tu hermoso salón cuando esa caracola yacía en su plebeya y primitiva playa sin hoteles ni restaurantes dignos de tal nombre sabían lo que tú no sabes ni sabrás nunca entre las muchas cosas que no sabes pero que sin embargo que ironía son precisamente las que importan ¡las que a Dios, si es que existe, le interesan, querida! ¿puedes explicarte esto? (es tan absurdo) Ellos sabían estremecerse ante el misterio de esta caracola Por eso, mi querida, para ellos, no para ti, dice Dios, si es que existe, Su palabra, y, aunque no te lo creas, los poetas —que existimos, espero que te conste— para ellos, no para ti (que sí sabes leer, lo reconozco), escribimos versitos como éstos, “tan bellos como el nácar, ¿no crees?” Porque ellos llegan a lo profundo del misterio de esos espectros que aúllan en tu sofisticada pero en su origen rudamente enigmática caracola de mar porque ellos saben que el mar es peligroso porque saben que el mar es el peligro y la alegría que hay un peligro y un júbilo muy bárbaro y de pésimo gusto puesto que algo caótico y desesperado y triste en Dios y en el poema que en Dios y en el poema está el peligro Porque ellos saben de lo profundo del océano que ciega mata trae la desgracia y trae también la dicha el hambre y la muerte y la fortuna saben de su hondo y tenebroso abismo y por eso en sus almas también hay más penumbra y más hondura y en sus casas —chabolas o chocitas si prefieres— también habita un esplendor más grande y muchísimo más impresionante pese a su fealdad y sordidez que en tu perfecto y exquisito salón Sus lujos no proceden de Sévres o Limoges Proceden del espíritu —justamente por eso no tienen precio, pues lo que hay en ellos es valor, de tal manera que por desgracia querida no los puedes comprar con tu dinero que solamente accede a lo que cuesta pero no a lo que meramente vale Por eso tu saber y tu dinero no llegan nunca a nada de lo que es importante Y (ésta es tu tragedia y será tu condena) Dios también forma parte de lo que no se compra— Ellos no son vulgares para Dios, si es que algún Dios digno de tan antiguo nombre existe, querida Tú eres inenarrablemente más vulgar Tu vulgaridad es infinitamente más profunda Es casi metafísica ¿cómo podré explicártelo? como una categoría filosófica, digamos Es lo único profundo que posees Ellos no son los pobres eres tú y no son sus chabolas las horribles en ellas Dios se encuentra más a gusto Este hermoso salón iluminado con gusto tan sutil es lo verdadera genuinamente sórdido es infinitamente más horrible que todas las letrinas de esos hombres impresentables de ordinario trato pero que en su alma irreflexiva pueden imaginar el lujo de los cielos que no se compra como los de la tierra y llevan ese lujo por entre la miseria que tú ves —porque tú casi nada puedes ver— quizás a causa de ella podríamos pensar igual que pueden soñar con el oído pegado a esa caracola en fastuosas deslumbrantes hermosas pesadillas de tritones ballenas y seres fabulosos distantes de las costas de su hambre y de su frío llevando existencias de dioses y demonios celebrarlos con himnos elevarles patéticos altares de pobres ramas y hojas coloridas que no se compran porque lo sagrado no se puede comprar que saben —y tú no— crear y decir mitos cosmogonías mundos librar guerras entregar la vida arrebatarla y saben amar tan bien como saben matar Pero tú sólo puedes beber tu té importado desde cierta específica zona de China —“no soporto otro blend— y comentar que “el nácar es bellísimo, ¿no crees?”, porque tú no puedes saber nada de todo esto, porque tú y todos los que son como tú todos vosotros sois el necio agujero el lugar vacío el vacante centro el muerto hueco la fatua cavidad la fosa fatua la conejera sin vida ni vivientes el socavón desierto el pozo huero la casa abandonada sin memoria ni espectros el sepulcro sin muerto el en el que fuera olvidado el misterio

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