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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, agosto 21, 2006

Tomando ora la espada ora la pluma, parte 1

Dice Cervantes en El Quijote: "Las armas requieren espíritu como las letras". "Las armas requieren espíritu como las letras", leemos en la versión corregida de Pierre Menard. Justamente en esa conjunción de armas y letras enfocaremos estas líneas, pues no son pocos los jefes de estado que han tomado la pluma y han inferido uno que otro libro a la imprenta, con temáticas que van desde la onda política, pasando por la economía, las insoportables autobiografías y llegando inclusive a los vaporosos territorios de la ficción. La lista sería extremadamente larga, y en ella no faltarían los Jeffersons, los Fernando Henrique, los Vaclav Havel, los François Mitterand, los Perón y los Clinton umía kuera. Tampoco podemos dejar de mencionar -en tanto jefes de estado- a los ensotanados/ensatanados como Juan Pablo II y Benedicto XVI. El primero, autor de la obra teatral El taller del orfebre -convertida luego en ópera rock- y el último, padre de algunos divertidísimos títulos como ¿Democracia en la iglesia? y El camino pascual: ejercicios espirituales dados en El Vaticano en presencia de Su Santidad Juan Pablo II. Es nuestra intención profundizar aquí en nada más que un puñado de estos polifacéticos individuos. Francisco Franco, generalísimo de las letras En 1922 el mundo editorial recibió estremecido la obra titulada Diario de una bandera, firmada por el entonces Comandante Franco; en ella, el culto lenguaje de Castilla alcanza nubes altísimas. Con el tiempo, el pequeño hombre de armas publicó Raza, un libro salpicado de tropos dictatoriales y metáforas militares. El eje temático de la obra literaria franquista lo constituye una obsesión antimasónica. Hay quienes dicen que la misma se originó al no haber sido aceptado en la geométrica hermandad; otros sostienen que se debió a su expulsión de la misma (famoso oñemose por puerco). Lo cierto es que Franco basaba su fobia en la comprobada filiación masónica de las principales autoridades que hicieron posible la desmembración del imperio español en América en el siglo XIX y la pérdida de las últimas colonias (Puerto Rico y Cuba). O sea que Franco opillá la onda de los masonmenos y les dio con todo -pa que tengan-, pero como sabemos gracias a Michael Douglas que toda obsesión puede ser fatal, bajo esta acusación, qué decimos, bajo esta sola sospecha de pertenecer o tener algún contacto mínimo con los nenes de la escuadra y el compás, el generalito arrasó con toda la perrada de ondaité nomás. Fito Hitler, el horror después del terror Presencia ineludible en esta selección es la del no ya tan misterioso libro Mein Kampf, del inefable Adolf Hitler. Hay que decir que intentar leer este libro es una verdadera lucha, ya que su prosa es tosca y no ofrece atractivos mayores al del acercamiento de primera mano a las megalómanas ideas nacionalistas y racistas del amigo Fito, quien no llega ni a los talones a la prosa falangista del generalísimo Franco, y esto, si tomamos en cuenta la mínima estatura de estos próceres de la literatura y otras sangres, ya es mucho decir. Pero de todas formas se podría rescatar el coraje en su publicación. Ahora, nos queda la duda sobre qué técnica hubiese adoptado Adolfito de haberle permitido su padre desarrollar su talento para la pintura ("tan fuera de duda", según sus propias palabras). No podemos evitar el pensamiento de que se hubiese inclinado por pintar una onda El Bosco, con sus orgías de sangre, fuego y mambos negros, puesto que, a juzgar por su legado político y militar, era ese el panorama que se dibujaba en su cabeza. Parece ser que, actualmente, Mein Kampf es uno de los libros más vendidos, ya que se lo puede ver en cualquier casa de venta de libros compartiendo el espacio con biografías del Che, estudios sobre los papos y verdades del Código de Da Vinci, enciclopedias didácticas sobre cómo volver a hacer el amor a los setenta, y algún que otro libro de literatura. O a lo mejor hay tantos libros de/sobre Hitler porque nadie los compra. ¡E’ana!, ¿cómo pio era el mambo ese de la oferta y la demanda?

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