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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, agosto 01, 2006

PEQUEÑO MANUAL DE USO PRÁCTICO PARA LOS JÓVENES ASPIRANTES A POETAS (I). Por Satanás, que no se interprete como petulancia nuestra altruista intención de aconsejar por su bien a los jóvenes que quieran ser poetas. No pretendemos hablar como expertos ni como iluminados, mucho menos como científicos: sólo queremos que alguien se beneficie de los frutos de nuestras pequeñas experiencias. Ante todo, una definición útil –aunque un poco amplia, quizá- de lo que hacemos cuando hacemos poesía: hacemos un uso del lenguaje ajeno a la literalidad de su sentido lógico. En los apropiados términos del Tractatus, escapamos a la relación isomórfica de parentesco estructural que existe entre el mundo y el lenguaje. En otras palabras, la poesía no es mímesis de cosas reales, sino que crea realidades nuevas. Ahora bien, pese a que no copia la realidad, se relaciona con ella, y se relaciona con ella de tres maneras básicas: la crueldad, la indiferencia y la piedad. A partir de estos tres colores primarios de la paleta del poeta, podemos, si nos place, desarrollar una tipología fundamental del fenómeno poético, a saber: hay tres clases de poesía, a las que llamaremos “irónica”, “maravillosa” y “sagrada”. Empecemos por la poesía irónica: la emoción que está en su génesis y que sus versos exhudan es la crueldad, la crueldad de la mirada irónica que se posa sobre las cosas del mundo. Busca la distorsión, la sátira, la inversión, la caricatura o la parodia de la realidad o revela sus aspectos más grotescos solazándose en ellos. Se regodea en la deformidad del ser que percibe, pero no propone, a diferencia de la maravillosa, un posible ser mejor o más bello, de modo que no trasciende –más que en la medida espléndida en que la lucidez siempre trasciende aquello que la mueve a carcajadas- el objeto de sus críticas; en esto reside tal vez, dicho sea de paso, su pequeña debilidad, en este su parasitismo de lo dado. Primer ejemplo: el brillante poema goliardesco Cygnus ustus: “(...) Era más blanco que la nieve, / más hermoso que las demás aves; / ahora soy más negro que el cuervo. / (...) Mejor en el vivir / desnudo, siempre en el, / que. / En la escudilla yazgo ahora, / y volar ya no puedo; / dientes rechinando veo. / Ahora negro / y bien asado estoy.” Segundo ejemplo: el tetrástico de Villón: “Yo soy Francois, lo cual me pesa, / nacido en París, cerca de Pontoise, / y en el extremo de una soga/ sabrá mi cuello lo que pesa mi culo.” Ejemplo tercero: el Aviso a los moribundos, de Jaime Jaramillo Escobar: “A vosotros los que en este momento estáis agonizando en todo el mundo: / Los buenos ejemplos de poesía irónica abundan; no podemos dejar de citar el delicioso Para hacer un poema dadaísta, de Tzara (“Coja un periódico / Coja unas tijeras...”) ni la Naturaleza muerta en Innsbrücker Strasse, de Cisneros (“Cuando han consumido todo el oxígeno / del barrio (el suyo y el mío), / pasan por mi puerta (bellos y bronceados). / Me miran (si me ven) como a un muerto / con el último cigarro entre los labios”). Como ya dijimos, a diferencia de la poesía irónica, la poesía maravillosa vuelve su mirada no hacia esta realidad, sino hacia otra realidad soñada, o, para ser más precisos, no hacia la realidad, sino hacia una soñada realidad otra. Su actitud hacia nuestro prosaico mundo cotidiano, más que desdeñosa –esto estaría más próximo a la ironía-, es autista. Es una huída, una evasión, un olvido, un poner entre paréntesis todo aquello que ut supra hemos llamado el prosaísmo de la cotidianeidad, percibida como “baja”, “no-poética”, “profana”, “fea”, y sustituyéndolo por el nuevo mundo que el poema crea. Se trata, dentro de nuestro esquema, del tipo de poesía sentimentalmente más próximo a Platón y más alejado de todo lo groseramente “real”. Es, también, a su manera, una forma de bovarismo. Casi todos los poemas surrealistas son buenos ejemplos de esto. Pongamos por caso Unión libre, de Bretón: “Mi mujer con cabellera de llamaradas de leño / con pensamientos de centellas de calor / con talle de reloj de arena / Mi mujer con talle de nutria entre los dientes de un tigre / Mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas de última magnitud...” O bien este fragmento de Piedra del sol, de Octavio Paz: “...vestida del color de mis deseos, / como mi pensamiento vas desnuda, / voy por tus ojos como por el agua, / los tigres beben sueño en esos ojos, / el colibrí se quema en esas llamas, / voy por tu frente como por la luna, / como la nube por tu pensamiento, / voy por tu vientre como por tus sueños, / tu falda de maíz ondula y canta, / tu falda de cristal, tu falda de agua...” El tipo de poesía que hemos llamado sagrada nace de un aproximarse a las cosas con un doloroso amor al que analógicamente podríamos llamar piedad, por así decirlo, para darles un rostro más bello y más verdadero, más digno de ellas y más acorde con sus hebras ocultas, pero que no es un rostro prestado u obsequiado a ellas por el poeta, un rostro exógeno, sino uno endógeno, de manera tal que dárselo no es más que devolverlas al lugar primigenio de su esencia. Un rostro que ya estaba en ellas, que ya les pertenecía, pero que permanecía ignorado y que el poeta, al bucear en la entraña de todo lo gastado, de todo lo banalizado por el uso, rescata para dar nueva vida al cadáver del mundo al tiempo que revela su fuerza secreta y la perenne juventud de su osamenta. Así, el poeta se aleja radicalmente de lo real en el sentido en el que solemos entender “lo real”, como la rutina asignificativa de los entes habituales, pero, en el fondo, se acerca al núcleo de lo real más que ningún otro hombre sobre la tierra. Por todo esto, su obra es percibida más que cualquier otra obra como la creación absoluta de una nueva realidad. Su obra, que no hace sino mostrar la cara desconocida de las cosas conocidas, el rincón en el que lo fantástico anida en lo cotidiano, lo que estaba ahí y no se veía, ilumina y rejuvenece las cosas oscurecidas por los prejuicios del sentido común, por la ceguera del hábito. En Sombra, Apollinaire nos habla de aquello que pasa más desapercibido, precisamente por ser lo más próximo: “Sombra múltiple que el sol te guarde / Tú que me amas lo bastante para no dejarme nunca / y que bailas al sol sin levantar polvo / Sombra tinta del sol / Escritura de mi luz / Arcón de penas / Un dios que se humilla.” Ejemplo segundo: de Poema para jefes de personal, de Bukowski: “Elígenos / Nunca fuimos niños / como vuestros niños / No entendemos canciones de amor / como vuestras amadas // Nuestros rostros son linóleo resquebrajado, / resquebrajado por las pisadas / fuertes, seguras, de nuestros amos. // A nosotros nos han criado con hojas de zanahoria, / con semillas de sésamo y una gramática violenta; / malgastamos los días como mirlos enloquecidos / y nos entregamos al alcohol por las noches...” O este otro ejemplo, de Tabaquería, de Pessoa: “Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla, / aunque no viva en ella; / seré siempre el que no ha nacido para eso; / seré siempre el que tenía condiciones; / seré siempre el que esperó que le abrieran la puerta al pie / de una pared sin puerta / y cantó la canción del Infinito en un gallinero, / y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.” Cuarto ejemplo: Tablero de ajedrez, de Gervasi: “La plaza tiene una soledad de cuadros de de Chirico: / silencio de la memoria que va hasta una lejanía arcada. / Con una delgada nube de horizonte / las campanas iluminan la ciudad. / Caballos, torres, reinas, / en el aire los árboles que florecen en las calles. / Pasaron los festejos de las máscaras / y los barrenderos reunieron colores / en los rincones de la madrugada.” Conviene aclarar que, como ya habrá notado el lector, los tres tipos fundamentales de poesía tienen en común el no poder ser considerados “realistas” sensu stricto, ya que ninguno imita la realidad: el uno la distorsiona, el otro la niega, el tercero se dirige a su oculta médula para reorganizar los elementos que conforman su habitual apariencia y, así, recrearla. Ninguno la imita como un espejo imita lo que refleja, devolviéndole su superficie. Es por esto que la poesía escapa a la categoría de lenguaje significativo en el sentido wittgensteiniano –en el sentido de mimesis de lo empírico- y es por esto también que se trata de un lenguaje, hablando con propiedad, más significativo que cualquier otro, porque no repite, sino que crea. Otro punto que conviene aclarar antes de concluir es este: pese a que la crueldad y la indiferencia son emociones menos simpáticas que la piedad, la poesía sagrada es más autónoma con respecto a lo considerado “real” que la irónica y la maravillosa, puesto que nunca se depende tanto de algo como cuando se lo ataca –ya sea negándolo, ya distorsionándolo-. Desde este punto de vista, la poesía sagrada, que encuentra, en lo real, lo inédito, por su carácter autorreferencial debido a su naturaleza, por así decirlo, de “mala lectura” –de lectura no literal, es decir, original, propia, que en su unicidad crea algo nuevo- del mundo, podría ser considerada la más perfecta de las tres. Sin embargo, también es cierto que, ojeando las creaciones de los poetas notables de las más diversas latitudes y épocas, prácticamente no encontramos en forma químicamente pura ninguno de los tres tipos de poesía que hemos señalado, sino que se entremezclan y confunden frecuentemente en una sola inspiración, pues no se trata de tres géneros literarios, sino de tres movimientos del espíritu. Y la última aclaración: no hemos citado entre nuestros ejemplos poetas locales, en primer lugar, porque nuestro conocimiento de ellos, dicho sea con vergüenza, dista de ser exhaustivo, y, en segundo lugar, para no herir susceptibilidades con omisiones justas o injustas. El espacio ha terminado; lo que quedó en el tintero, lo desarrollaremos en la próxima entrega.

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