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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, julio 22, 2006

Enfrentamientos sofísticos

El escritor y su sombra ¿Hay algo de cierto en la oposición que suele establecerse más o menos inconscientemente en la opinión popular entre vitalidad -la vitalidad tiene algo de salvaje, de desordenado- y “refinamiento” –armonía y equilibrio de ánimo, mesura en los hábitos y en los modales, etcétera-? En todo caso, a favor de ella se podría citar más de un ejemplo –tal vez más los que podrían citarse en su contra-. Pensemos, verbigracia, en los cafés de Florida como representantes del segundo y en las tabernas de Boedo como emblemas de la primera, o, para concretar más las cosas, en Borges y en Arlt. El uno precisa la pequeña tragedia de una contusión sobre su delicada frente para aprender a escribir (pese a ser excelente, la educación que brindan los colegios suizos no garantiza una reacción emocional en los lectores de sus pupilos). El otro no recibe los golpes, sino que los propina, con la fuerza de un cross a la mandíbula, a su maltratada Underwood “hora tras hora, hora tras hora”. Indudablemente, Borges es el más refinado de los dos, pero ¿ cual es el más interesante? Puede que la prosa de Borges sea más precisa, más rigurosa, gramaticalmente más correcta, mejor sazonada para el gusto europeo –o el de los que querrían ser europeos-. Puede incluso que sea el más inteligente. Pero, en primer lugar, el mundo está lleno de personas inteligentes. Y, en segundo lugar, de existir semejante agencia turística, ¿no compraríamos de inmediato un pasaje al Buenos Aires de Arlt, dejando desierta la boletería “babélica” de Borges? ¿Cómo no paga gustosos por ver morir desangrándose y pidiendo perdón por su vida de proxeneta, con la mueca póstuma de un crucificado, al Rufián Melancólico? Y, al mismo tiempo, ¿cómo dejarse estafar por una esquina rosada y sin embargo lunfarda repleta de compadritos expertos en la cábala? Como dice el bueno d Piglia, Borges pertenece al siglo XIX, mientras que Arlt inaugura el siglo veinte –no hay nada malo en pertenecer al siglo XIX, por supuesto, siempre, desde luego, que se haya vivido en él-. Pero nos extendemos demasiado en este ejemplo y ya conviene hacer un zapping. Salto a otro párrafo. ¿Cómo no evocar aquí la silueta desgarbada y granujienta, actualmente tan de moda, de Hank Chinasky, o Charles Bukovski, célebre levantador de enaguas (si bien de enaguas mercenarias) y militante del único partido en el que es posible militar –el del alcohol? Para buscar el contraste, recurramos a la beat generation. Concierto de jazz en la playa, suaves saxofones, aromático humo de cannabis, las alegres y frescas carcajadas de las hipsters, los “símbolos de la libertad” estacionados en la vereda, la magia de una estudiada penumbra. In the other hand, la luz macilenta de un foco de cien vatios (osram 100) refractándose sobre las manchas de grasa y los dudosos charquitos de la barra contra la que reposa la amargura de dos o tres cansados cuerpos torpes de sendos solitarios. ¿La música de fondo? No es otra que los ruidos de la calle rompiendo la atmósfera viciada del bar en el cuadro perfecto de Hopper más proletario que Hopper. Pero sigamos con la comparación. Al día siguiente, los jóvenes reyes de mayo, de largo pelo de Adán, desperezándose bajo el radiante sol del mediodía de San Francisco, que haría germinar en todo la vanidosa sofisticación de su narcisismo los aullidos de Ginsberg, los almuerzos de Burroughs, los subterráneos de Kerouac, las Coney Island de Ferlinghetti, más tarde lánguidamente degustados y calurosamente ovacionados en algún bar del Village. In the other hand, la madrugada trasnochada e implacablemente prematura del señor Bukovski, en medio de una resaca de vino barato, peleón y de humo de mal tabaco (acaso húngaro), que se incorpora para ir a la fábrica o al matadero en busca de monedas que cambiar por cerveza –el LSD sería, obviamente, demasiado oneroso para tan magros bolsillos-. Y en busca de experiencia que cambiar por poemas, por poemas, sin embargo, demasiado prosaicos para poder hablar de las delicias de las expansiones del yo –sólo hablarán de banalidades, de miserias, del músculo que se tensa para ejecutar su tarea, de las aventuras pedestres de algún antepasado de Homero Simpson ( o de Kid Rock) con la cirrosis como único futuro, e incluso de cosas aún menos elevadas-. Pero busquemos un ejemplo más distante, tal vez dieciochesco, en la frontera con lo decimonónico (una época encantadora)…No sé…¿Goethe y Von Kleist? Goethe coqueteando con la madre de Schopenhauer, Goethe cenando con Napoleón, Goethe adornando con su brillo los de salones, Goethe concibiendo las más nobles ideas ante alguna ruina romana bajo la mirada embelesada de toda una nación o principado al menos, de cuya literatura será proclamado el padre oficial, Goethe primer provocador en la historia de un suicidio colectivo –un Goethe moderno-, Goethe difusor de ideas originales de amigos oscuros, Goethe best sellers, Goethe irrumpiendo en todas las enciclopedias de la posteridad con su versión novelada de la Fenomenología del Espíritu de Hegel (el Fausto, claro), Goethe, por fin, indiscutiblemente talentoso en su Teoría de los colores, ¿Goethe homo?...Eso insinúa una publicación reciente. ¡Los enigmas de los genios! Mientras tanto, su desdichado contemporáneo von Kleist en la cárcel o el ,paro, o como preceptor de vástagos de amigos más o menos intelectuales, o invocando infructuosamente algún mecenazgo que no llegó nunca, o lanzando panfletos antinapoleónicos y siendo apresado, o fracasando rotundamente –fracaso promovido por Goethe- en el estreno de El cántaro roto, o siendo víctima de la censura, pero escribiendo la Pentesilea –que Goethe no entendió (le llamó “histérico”)-, el Teatro de marionetas, el Michael Kohhaas (texto cuyo estilo seco y casi jurídico admirará Kafka) o La Marquesa de O…(obra que prefigura la concepción posterior de la ambigüedad contradictoria de la vida moral), y, finalmente, suicidándose, cansado de esperar el auxilio económico prometido por Schiller, el burgués. ¿Qué más? Vendría a cuento cita aquí el caso paradigmático de Hegel –uno de los filósofos más aburridos que ha producido Europa (lo cual ya es mucho). Y su rival Schopenhauer –uno de los más fascinantes-, pero tal vez es demasiado, tópico, conocido. Por supuesto, no siempre se cumple con rigor matemático esta fórmula de pares dispares, esta parodia de la Vidas paralelas de Plutarco (Para leerlas, decía Guillermito Cabrera Infante, que merecería en otro encarpetado post una compulsa con otro personaje, esta vez no literario, el camarada Fidel, que le sobrevivió al autor de trabalenguas fantásticas) : hay escritores sin sombra y sombras sin escritor. Ejemplos obvios: por un lado, Bloy, el menesteroso autor de las protokafkianas Historias desagradables, llevando su vajilla al monte de piedad o intentando vender, entre lágrimas, al conde Robert de Montesquiou-Fézensac las cartas que le dirigiera el dando cristiano Barbey D’Aurevilly: por otro, Heidegger pagando religiosamente hasta 1935 su carnet de afiliado mal, partido nazi, o sufriendo un ataque de mutismo ante la destitución de su maestro judío Husserl, o distando su célebre Discurso a la juventud alemana, o creando toda una línea de pensamiento dentro de la filosofía contemporánea, u obligando a sus alumnos a hacer el saludo nazi al inicio de sus clases (la anécdota la cuenta Haberlas, o Farías, no recuerdo bien, no lo sé). Dejo en manos de loslectores de la blogosfera la tarea de buscar al escritor correspondiente a Heidegger y la sombra proyectada por Bloy

1 comentario:

Rain dijo...

Mi apreciadísima Dama Satán, estos enfrentamientos sofísiticos han ejercido sobre mí una sacudida tal

(ya debiera estar prevenida )

que la tarea que ha dejado me resulta una exquisita búsqueda, una tarea de envergadura y a la par deliciosa.

He de ampararme en los dioses.




Un gran salute.