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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, junio 17, 2006

Razonamiento del ladrón, o el robo justiciero.

«Si tienes más que yo no es porque seas mejor, sino porque juegas frente a mí con ventajas. Gracias a ellas, y no porque los merezcas más que yo, posees bienes de cuyo disfrute me excluyes. Si te los pido no me los darás. Me darás a lo sumo sucedáneos de menor calidad y más baratos, que te costarán muy poco y a mí me pondrán en deuda por tu generosidad, lo que acrecentará mis desventajas, pues recibirás de mí más de lo que tú me diste, ya que la gratitud de un hombre vale más que tus mezquinos dones. Incluso de tus obsequios tú haces buenos negocios. O, en el mejor de los casos, sencillamente no me darás nada. Al robarte no hago un mal, sino que lucho contra él. Jugar con ventajas es desleal; en ese sentido, eres tú el ladrón: tú robaste primero. No ves nada de esto porque no conviene a tus apetitos. Tú tienes algo que también es mío, pues como tú, o más que tú, me esfuerzo y me fatigo, y un hombre como tú, o quizá mejor, soy (o pude haberlo sido, y, si no llegué a serlo, esta merma en mi propia contextura es un robo aún más grande, en el que tienes al mundo como cómplice), y como tú tengo una sola vida que cual la tuya sabe disfrutar el placer, la dicha y la belleza que acaparas y me hurtas. Lo que tú tienes, a mí se me arrebata; de lo que gozas tú a mí se me despoja; guardas para ti solo lo que era para todos: el ladrón eres tú. ¿Cómo podría respetar las reglas de un juego en el que tú y los tuyos hacéis trampa? Es más, ¿cómo podría jugar regularmente en un juego tramposo cuyas reglas son esas mismas trampas que a los tuyos y a ti os dan vuestras ventajas? ¿Por qué me sometería a un orden que es mi enemigo y que ha sido forjado para mi perdición y tu victoria? Al robarte, yo tomo con mis manos lo que en justicia es mío y tú no me darás. Si me das algo, tu caridad barata de oferta a precio módico se mofa de mi desventajosa situación al reclamar de mí el agradecimiento por dos o tres migajas irrisorias de todo aquello que me corresponde. Tus limosnas me ofenden como una burla que se sumara a una golpiza y un asalto previos, y aun debo sonreír al recibirlas. Al dármelas me usas para tranquilizarte, y cuando la miseria codiciosa me debilita al punto de obligarme a aceptarlas, comprendo claramente que tu bondad insidiosa me hace un daño aún mayor que la obtusa indiferencia o el cruel ensañamiento de aquellos que, entre los tuyos, tienen la fortaleza necesaria para saberse y aceptarse viles y convivir con esta certidumbre. Ellos al menos asumen su ruindad sin confusiones y no se esconden que son unos canallas. Tu bondad necesita enturbiar todo, nublar el entendimiento, esconder tras su mueca mentirosa de fofa simpatía el hecho último de que eres mi enemigo y de que me has robado. Sin rastro de vergüenza y sin sentir que el término me ensucie te robo, tomo de tus riquezas lo que apetezco y no veo por ello culpa en mí. Con la frente bien alta disfruto mi botín, con afilado y acre colmillo desgarro los untuosos manjares de tu mesa de rico en mi sordo banquete clandestino, y en el silencio que ampara mi rapiña bebo y derramo sobre mi sucio cuello tus costosos licores. Me gusta en demasía la palabra “pirata”, y en ella me solazo; te despojo con gusto de un pequeño trofeo, precario y fugaz triunfo, efímera ventaja en un combate que de antemano tú has ganado ya y que te adornará, por tu trapacería, con el galardón de la decencia. Revuélcate en tu premio como un cerdo en el lodo; es una recompensa inmerecida y fácil que corona tu gloria hecha de trampas. Es así, a tu manera, favorecidos por la inequidad, como triunfan los cobardes. Es así como los peores se ponen a la cabeza. Si soy yo quien te roba, mi robo, simple efecto, manifiesta su causa: que el ladrón eres tú.»

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