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lunes, junio 19, 2006

Los secretos de la bomba atómica

El físico norteamericano Jeremy Bernstein (1929) -- practicante en Los Álamos, investigador en Harvard y el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, actualmente profesor en el Instituto de Tecnología Stevens -- nos ofrece una fascinante visión y un balance de los momentos más cruciales del espionaje nuclear desde 1945 hasta el presente, incluido el preocupante actual caso iraní. Él es conocido por su habilidad para escribir con claridad, y para el público general, sobre complejos asuntos científicos y tecnológicos.
Los secretos de la bomba atómica . Por Jeremy Bernstein
Reseña del libro de Jeffrey T. Richelson Spying on the Bomb: American Nuclear Intelligence from Nazi Germany to Iran and North Korea [Espiando la bomba: La inteligencia nuclear estadounidense, desde la Alemania nazi hasta Irán y Norcorea], Norton, 702 pp. http://www.nybooks.com/articles/19010Traducción de Alberto Loza Nehmad.
"¿Cuál es la respuesta a la bomba atómica? La respuesta a una bomba atómica es una bomba atómica, nada más".-Atal Bihari Vajpayee, del Partido del Pueblo de la India, 1996
1.En 1944, cuando el proyecto atómico era algo muy subterráneo, si yo hubiera ido al bar del Hotel La Fonda, en Santa Fe, podría haber visto a algunos físicos a quieres habría reconocido. Por ejemplo, a Robert Serber, uno de los más cercanos asociados de Oppenheimer, y a su esposa, quienes fueron enviados a Santa Fe a plantar el rumor de que lo que sucedía en Los Álamos tenía que ver con submarinos. No estoy seguro de cuánto habría podido yo averiguar del seguimiento de las conversaciones de ambos con otros físicos, puesto que utilizaban un código cuando hablaban del proyecto nuclear. El uranio-235 era llamado "25" y el plutonio-239 era conocido como "49". Estos eran los isótopos fisionables. Niels Bohr era conocido como "Nicholas Baker" y Enrico Fermi, como "Henry Farmer". Los Álamos era llamado "Proyecto Y" y la bomba de plutonio era conocida como "el artefacto".Para septiembre de 1945, tales engaños habrían sido inútiles. Todos los detalles concernientes a la fabricación de la bomba de plutonio, el artefacto, ya eran conocidos por los rusos. Ellos fueron informados básicamente por un solo agente que tenían en el terreno: Klaus Fuchs. Fuchs, por ejemplo, estuvo en capacidad de revelar el secreto de cómo elaborar el plutonio utilizable en las armas atómicas, secreto que para los rusos habría sido muy difícil de descubrir por cuenta propia. El plutonio es el elemento más complejo de la tabla periódica. No se presenta naturalmente, y no solo tiene que ser manufacturado sino además tiene que ser puesto en forma metálica antes de poder ser usado en una cadena de reacción explosiva. Esto es lo que produjo la explosión que tuvo lugar en Nagasaki. El plutonio viene en por lo menos seis formas cristalinas diferentes -- alótropos -- que se manifiestan a diferentes temperaturas. A la temperatura ambiente se encuentra en la llamada fase alfa. A ésta no se la puede convertir fácilmente en metal. Por otro lado, a altas temperaturas existe la fase delta, de la que se puede hacer un metal bastante útil pero, cuando éste se enfría, vuelve a la fase alfa, de modo que es difícil de utilizar. En Los Álamos trabajaba el brillante metalurgista Cyril Smith, nacido en Inglaterra, quien había hecho carrera en el negocio de la fundición, donde las aleaciones son fundamentales para obtener diversos productos. Por medio de pruebas y errores encontró que si se aleaba plutonio con galio, se estabilizaba la fase delta, y se podía conseguir plutonio en forma metálica. Desde entonces hasta hoy nadie sabe por qué el galio funciona así, o cuál es la estabilidad de la aleación por un largo período de tiempo, algo importante para el tema del almacenamiento de las cabezas nucleares. El uso de esta aleación era información crucial, absolutamente esencial para la manufactura de armas nucleares basadas en plutonio, y Fuchs estuvo en capacidad de transmitirla. Cuando los físicos rusos se enteraron de la identidad de Fuchs, lo apodaron Santa Klaus.Fuchs, hijo de un ministro luterano, había nacido en Rüsselheim, Alemania, en 1911. Siendo estudiante se unió al Partido Comunista Alemán y cuando los nazis llegaron al poder, dejó el país. Consiguió ingresar a la Universidad de Bristol, donde obtuvo su doctorado en 1937. Cuando vino la guerra, fue recluido en Canadá como extranjero enemigo, pero Max Born, uno de sus profesores, consiguió que lo liberasen. Entonces se le acercó Rudolf Peierls, quien había hecho los primeros cálculos de la "masa crítica" necesaria para hacer una bomba de uranio. Peierls quería que trabajara en armas nucleares. Desde el momento en que los alemanes invadieron Rusia, Fuchs comenzó a dar información a los soviéticos acerca de la bomba. Cuando Peierls se unió a la delegación británica de Los Álamos, se le pidió a Fuchs que también ingresara. Recientemente se ha dado a conocer una notable carta que James Chadwick, director de la delegación británica, dirigió a Peierls. En ella Chadwick describe el desgano de Fuchs para unirse al grupo. Fuchs pensaba que podría ser más útil para el proyecto si se quedaba en Inglaterra. Si hubiera sido así, la historia subsiguiente de la bomba atómica rusa habría sido muy diferente. Una vez en Los Álamos, Fuchs se hallaba en el centro mismo de las operaciones. Él sabía todo y lo transmitía a través de un correo llamado Harry Gold.Fuchs despertaba simpatía en Los Álamos. Era una persona solitaria, trabajaba duro y siempre estaba disponible como niñero cuando los científicos más sociables necesitaban uno. Después de la guerra, a los británicos no se les permitió llevar consigo documentos clasificados. En el caso de Fuchs eso no importaba puesto que tenía una memoria fotográfica y memorizó el diseño final del artefacto, el mismo que vio probar en Alamogordo. Ese fue el mismo diseño de bomba que un mes después destruyó Nagasaki. En octubre de 1945 se le entregó un informe a Laurenti Beria, a quien Stalin había encargado el programa de la bomba rusa; el informe contenía todo lo necesario. Acerca del plutonio éste dice: "El elemento plutonio de la fase delta con gravedad específica de 15.8 es el material activo de la bomba atómica" . El informe es igual de específico acerca del resto del diseño. Cómo así esta información ayudó a los rusos, es materia de algún desacuerdo. Beria no la compartió libremente con los científicos. Probablemente no confiaba enteramente en la fuente. Había, por lo menos, otra fuente, un joven físico llamado Theodore Hall, quien también transmitía información aunque independientemente de Los Álamos. A los científicos soviéticos se les dio información que con seguridad tuvo un efecto. Lo que los espías dijeron acerca de la metalurgia del plutonio y sobre el uso del galio debe haberles ahorrado a los rusos meses de pruebas y errores.En todo caso, la primera bomba que pusieron a prueba los rusos -- bomba que ellos llamaron "Primer Relámpago" y que EEUU llamó "Joe 1" -- explosionó el 29 de agosto de 1949. Era un duplicado del "artefacto". Los servicios de inteligencia de los Estados Unidos estaban totalmente desprevenidos. Los norteamericanos no tenían ningún agente en el terreno en la URSS, y confiaban en un sistema de seguimiento basado en aviones que simulaban ser patrullas rutinarias del clima. Los aviones estaban equipados para recolectar muestras radiactivas del tipo que podría producir un accidente en un reactor nuclear. Mientras no se reunieron y analizaron esos datos, lo cual tomó varias semanas, hubo una considerable incredulidad -- incluso por parte del presidente Truman -- en la posibilidad de que los rusos hubieran en realidad probado una bomba atómica. Una vez verificado esto, comenzó la carrera armamentista nuclear de la guerra fría. Fuchs fue identificado en 1950 y pasó nueve años en prisión en Gran Bretaña. Después se le permitió retornar a Alemania, donde murió en 1988.El lector quizá se pregunte por qué no he mencionado la bomba de hidrógeno ni cualquier parte que Fuchs habría tenido en el programa soviético para producirla. En el caso de la bomba de hidrógeno, tanta información permanece aún "clasificada" que es muy difícil llegar a un balance completo de la contribución de Fuchs a ese programa. En el caso de la bomba de fisión ese balance es posible por la actual accesibilidad a la información pertinente. Sabemos que lo que Fuchs hizo fue proveer a los rusos de un plano de la implosión de la bomba de plutonio que se sometió a prueba en Alamogordo y que después cayó sobre Nagasaki. Los rusos copiaron este plano. Fuchs dejó Los Álamos en 1946 y retornó a Inglaterra, donde tuvo un papel importante en el desarrollo de las armas nucleares británicas.Esto tuvo lugar antes de que, en 1951, debido al trabajo de Stanislaw Ulaw y Edward Teller, se produjeran descubrimientos importantes en el programa estadounidense para la bomba de hidrógeno. No obstante, Fuchs ya había participado en trabajos relativos a la bomba de hidrógeno antes de dejar los Estados Unidos. En 1946, él y el matemático de origen húngaro John von Neumann patentaron lo que ellos pensaron era el diseño de una bomba de hidrógeno.Ese tipo de bomba nuclear obtiene su energía de la fusión de elementos ligeros -- posible pero no necesariamente del hidrógeno -- para elaborar otros elementos ligeros, con la consiguiente liberación de energía. Este es el proceso que hace brillar a las estrellas. Desde el comienzo de la guerra, algunos científicos se dieron cuenta de que si podían repetir ese proceso, se podría construir una bomba de energía casi ilimitada. El truco estaba en calentar los elementos fusionables a temperaturas como las del interior del sol. Esto se tenía que hacer en dos etapas, mediante la utilización de la energía de una bomba atómica de fisión. Primero, se tenía que "encender" los elementos livianos fusionables; después, una vez encendidos, la reacción de fusión tenía que "propagarse"; es decir, mantener su estado encendido. Este último proceso era la parte difícil, y todos los diseños previos a los de Ulam y Teller resultaron en un enfriamiento antes de que pudiera lograrse la propagación. Este problema no fue resuelto por Fuchs y von Neumann, pero ellos propusieron una nueva forma de encendido, que fue un antecedente del diseño Teller-Ulam, y esto es lo que Fuchs le dio a los rusos. No hay consenso acerca de la medida en que los rusos lo utilizaron, pero hay un creciente acuerdo en que fue de significativa ayuda para su programa.
2. Yo pensaba en todo esto cuando leía el fascinante y más reciente libro de Jeffrey T. Richelson, Spying on the Bomb [ Espiando la Bomba Atómica]. El autor es uno de los directivos del Archivo de Seguridad Nacional [National Security Archive], entidad privadamente financiada, y ha escrito otros libros sobre inteligencia militar. Aunque parte de estos materiales aparece en otras fuentes, éstos nunca habían sido reunidos de manera tan exhaustiva. Él también ha entrevistado a algunos de los participantes. El libro comienza con una historia de los intentos estadounidenses de enterarse, durante la Segunda Guerra, de lo que estaban haciendo los alemanes, y continúa con una descripción de los esfuerzos norteamericanos para obtener información acerca de los programas nucleares de los iraquíes, norcoreanos, sudafricanos, israelíes e iraníes. El tema que recorre todo el libro es que si no se cuenta con agentes en el terreno y con gente competente para interpretar lo que ellos han descubierto, uno está jugando y apostando a ciegas, con riesgos e intereses muy altos por cierto.Hasta donde sé, los alemanes nunca hicieron grandes intentos de enterarse sobre nuestro programa nuclear. Pienso que simplemente no tomaron en serio la posibilidad de que EEUU tuviera uno. A inicios del verano de 1945, diez científicos nucleares alemanes fueron confinados en una casa solariega en las afueras de Cambridge, Inglaterra. Sus conversaciones fueron grabadas. Cuando se anunció el bombardeo de Hiroshima, su reacción colectiva inicial fue de incredulidad. Por otro lado, nosotros sí tomamos con mucha seriedad la posibilidad de un programa alemán. Fueron los británicos quienes primero concluyeron, a partir de una inteligencia limitada, que no había un programa intensivo en Alemania para construir una bomba. El profesor Peierls me dijo que él estaba convencido de esto porque él había conseguido catálogos de cursos de las universidades alemanas y vio que la gente de siempre estaba enseñando los cursos de siempre.Sin embargo, en el otoño de 1943 se instaló un temor. El verano anterior, en Copenhague, un físico nuclear llamado Hans Jensen había visitado a Niels Bohr. Jensen no era parte del programa nuclear alemán, pero era cercano a gente que sí era parte de éste. Jensen le transmitió a Bohr noticias de lo que Werner Heisenberg y la gente que lo rodeaba parecían estar haciendo. Bohr obtuvo de Jensen un dibujo o algo que él pensó era un arma nuclear. Nunca se aclaró quién lo había hecho. En octubre de 1943, Bohr huyó a Inglaterra llevando consigo la información que había obtenido de Jensen. En diciembre de 1943, Bohr vino a los Estados Unidos y fue interrogado por el general Leslie Groves, quien estaba a cargo del proyecto de la bomba. Heisenberg le mostró el dibujo a Groves y éste se interesó sobremanera. Insistió en que Oppenheimer detuviera todo lo que estaba haciendo y que se reuniera con expertos de Los Álamos tan pronto como Bohr llegara. En los años setenta pude contactar a los científicos supervivientes que habían asistido a esa reunión, incluido al hijo de Bohr, Aage, así como a Hans Bethe y Edward Teller. Teller me dijo que él no recordaba la reunión pero Bethe me dijo que él le echó una mirada al dibujo y vio que se trataba de un reactor. Su primer pensamiento fue que los alemanes debían estar locos. Aparentemente, pensó, ellos querían hacer caer el reactor sobre Londres. De lo que él ni ninguno de los demás presentes en la reunión se dieron cuenta es que los alemanes de ningún modo estaban locos. Hacia 1940, los alemanes comprendían que se podía usar el plutonio como un explosivo nuclear y que esto se hacía en reactores. Nunca tuvieron éxito en construir un reactor que funcionara pero ellos sí sabían qué hacer con uno.En el otoño de 1943, el general Groves autorizó la creación de una misión de inteligencia para que siguiera a las tropas aliadas por Europa y se enterase, de una vez por todas, de qué habían hecho los alemanes para producir armas nucleares. La misión fue llamada Alsos y su jefe científico fue el físico Samuel Goudsmit, nacido en Holanda. Hacia la navidad de 1944, Goudsmit había visto lo suficiente para estar seguro de que los alemanes nunca habían tenido un programa nuclear factible. En su libro él se mostró algo burlón con los esfuerzos alemanes. Él incluso, equivocadamente, reprendía a Heisenberg por no haberse dado cuenta de que el plutonio era un posible explosivo nuclear. Que Goudsmit pudiera cometer un error como éste muestra solamente cuán difícil es reunir información de inteligencia e interpretarla.Richelson tiene mucho que decir acerca de los informes acerca de una supuesta explosión nuclear que nunca pudo ser confirmada. Su historia no depende de testigos oculares sino de información de los satélites "Vela", los que estaban equipados con un "bangómetro", un sensor óptico que puede registrar fluctuaciones de luz que no duran más de un milésimo de segundo. Esos aparatos son cruciales para detectar el flash inicial de la explosión de una bomba de plutonio, que dura tan solo cerca de un milésimo de segundo. Lo interesante de este episodio es que aunque se pensó que algún tipo de explosión tuvo lugar el 22 de septiembre de 1979, aún no hay un acuerdo acerca de en qué consistió. No se ha encontrado testigos oculares. Ese día, un satélite Vela detectó los dos eventos luminosos que son característicos de una explosión nuclear atmosférica. El satélite no estaba equipado para detectar la ubicación precisa de la supuesta explosión , aunque después se estableció que los destellos luminosos ocurrieron en un lugar del Océano Índico cerca a la Isla del Príncipe Eduardo.Hasta entonces, los satélites Vela tenían un récord impecable en la detección de explosiones nucleares, de modo que era natural asumir que se trataba de una de ellas. Sin embargo, ¿quién la desencadenó? Había dos posibles candidatos, Israel y Sudáfrica, y quizá los dos juntos. Aunque para entonces el programa israelí era bien conocido, pocos se habían enterado de que Sudáfrica también tenía un programa de armas nucleares, el que finalmente abandonó en 1991 cuando firmó el tratado de no proliferación; este tratado abría el programa a las inspecciones internacionales.Aparte de que Sudáfrica había vendido algo de uranio a Israel, nunca se estableció cuáles fueron las conexiones, si las hubo, entre los programas israelí y sudafricano. Después, en septiembre de 1979, los expertos norteamericanos concluyeron que Sudáfrica no tenía suficientes materiales nucleares como para una bomba; en 1979, no obstante, esto aún se consideraba como una posibilidad. Si Israel o Sudáfrica realmente habían realizado una prueba con un arma nuclear, eso podía tener muy serias consecuencias diplomáticas, así es que se decidió que la información Vela tenía que ser examinada muy cuidadosamente. Se reunió a un panel de expertos, con amplios poderes, bajo la dirección de Jack Ruina, profesor de ingeniería eléctrica del MIT. En el momento de la detección, el satélite Vela en cuestión se encontraba funcionando más allá de su esperanza de vida, de modo que sus resultados eran sospechosos.La conclusión general del panel fue que no había razón para preocuparse por los resultados Vela. Sin embargo, había otras observaciones concernientes a ondas acústicas oceánicas y a perturbaciones en la ionosfera que podrían indicar que había ocurrido una explosión nuclear. Pese a todo, no se observó la presencia de restos radiactivos. Era imposible que se tratara de una prueba exclusivamente israelí puesto que ella habría supuesto una expedición naval, que parecía estar más allá de las capacidades israelíes. Hasta donde puedo afirmarlo, la opinión prevaleciente es que el satélite Vela observó algo más, aunque no está claro qué fue. Esto nuevamente ilustra la afirmación de que sin agentes en el terreno tales como Fuchs o como Hall, es difícil obtener información confiable, especialmente si el país en cuestión es al mismo tiempo ingenioso y engañador. Siempre que se trató de armas nucleares, los israelíes demostraron ambas cualidades.
El programa israelí es tan antiguo como el estado mismo. Ben-Gurion lo autorizó en 1952. Pronto los israelíes desarrollaron nuevos métodos para extraer agua pesada a partir del agua ordinaria, y para transformar el uranio en una forma gaseosa de modo que pueda ser enriquecido y usado como combustible de una explosión. Después de lograr interesar a los franceses en este proyecto, los físicos israelíes empezaron a visitar Saclay, en las afueras de París, que era el centro del programa nuclear francés. Cuando el ya fallecido Amos de Shalit visitó los Estados Unidos, me encontré con él. Él era un distinguido físico nuclear teórico israelí, y después de haber pasado un tiempo en el MIT, trabajó en Saclay por cuatro meses. Estuve casi tentado de preguntarle si había conseguido algunos consejos prácticos de científicos del MIT como Víctor Weiskopf, científicos que eran tanto veteranos de Los Álamos como partidarios de Israel. Nunca me animé a hacerlo. Por otro lado, sí tuve la oportunidad de hablar acerca de asuntos nucleares con Benjamin Netanyahu en una pequeña reunión social en Nueva York. Esto fue mucho antes de que él se convirtiera en un importante miembro del gobierno israelí. Fui presentado a él como alguien que había trabajado en física nuclear y que había sido practicante durante un verano en Los Álamos. No debería sorprender que surgiera el tema de la bomba israelí. Me dijo que los israelíes la usarían si la supervivencia del país estuviera en juego, y que se preocuparían de las consecuencias después. A fines de los cincuenta, con ayuda francesa, los israelíes habían comenzado a construir un gran reactor en el desierto del Negev, y unas instalaciones para procesar las barras de combustible necesarias para hacer plutonio. Luego, en 1959, De Gaulle llegó a ser presidente de Francia y dijo que la ayuda francesa podría continuar solo si Ben-Gurion ofrecía públicas seguridades de que el reactor sería usado solo para fines pacíficos. Éste así lo hizo, sabiendo perfectamente que el reactor iba a ser usado para hacer plutonio para armas nucleares. El reactor fue terminado en 1963. Durante ese tiempo los israelíes y los norteamericanos se enfrascaron en una suerte de teatro de lo absurdo. Los americanos exigían inspecciones y los israelíes salían con una ingeniosa maniobra tras otra para evitarlas. Por ejemplo, se les informó a los americanos que el complejo nuclear de Dimona era una fábrica textil. Antes de ser asesinado, el presidente Kennedy y sus expertos estuvieron cerca de descubrir que se estaba usando un reactor nuclear para hacer plutonio. Los israelíes continuaron manteniendo la ficción de que ellos no habían manufacturado armas nucleares. Lo que puso fin a esta farsa fue el testimonio de un judío marroquí llamado Mordechai Vanunu, quien había llegado a Israel como inmigrante.En 1977, después de un breve curso básico sobre la producción de armas atómicas, Vanunu consiguió un puesto como director del turno de amanecida en una planta nuclear, trabajando entre...

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