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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, abril 03, 2006

Suicidio de uno de los tres "hijos" de Josefina Plá

En su solitario y último fin de semana, que en realidad fue para él el fin de todas las posibles semanas, al parecer durante el transcurso de la noche del sábado primero al domingo 2 de abril (en la mañana de ese domingo —ayer —se encontró su craso y feo cadáver yacente en el lecho revuelto y vagamente sórdido de su caótico departamento de solterón sexagenario), quien fuera sin duda un mal escritor, pero también un hombre desdichado, el obeso y sombrío pederasta Roque Vallejos, se quitó la vida. Las supuestas autoridades en materia literaria de nuestra irrisoria escena local, entrevistadas para la ocasión hace unos momentos en algunos medios de prensa, han reconocido unánimemente, y lo seguirán haciendo, qué duda cabe, la grandeza del difunto como poeta y escritor y su “peso” (le mot juste, realmente, en este caso) y relevancia como intelectual. No ocultaré, aunque sea extemporáneo tratándose de un muerto, que discrepo de tales pareceres y que siempre encontré cómicamente pomposa y algo vacua la producción de Vallejos (que sin embargo, lo admito, he frecuentado muy poco), e incluso algo impostados su pretenciosos alardes de una erudición libresca que nunca me convenció del todo. Ni siquiera consideré jamás que escribiera con la intachable corrección que cabría esperar en un académico de la lengua, y debo decir que, en particular, nunca entendí en dónde tenía la cabeza cuando puntuaba (excúseme el vicio profesional: he sido correctora de texto desde los dieciséis años, y creo, sin falsas modestias, que pocos manejan como yo el idioma, incluyendo a docenas de escritores de presencia más barbuda, venerable e imponente que la mía —así como, in the other hand, huelga decirlo, a mis pedantes y contemporáneas “jóvenes promesas” casi sin excepción). Por ir hasta el fondo de esta cruel memoria, ni siquiera podía evitar cierto espontáneo desdén ante la paquidérmica apariencia del poeta en persona, desplazando con esfuerzo su mole inverosímil entre soplidos disneicos y pronunciando cada sílaba con tanta dificultad como si su propia lengua padeciera sobrepeso y le costara moverla. Pero esta mañana escuché unas líneas, escritas por él antes de darse muerte, que modificaron definitivamente mi opinión. No recuerdo textualmente ese párrafo póstumo, pero intentaré reproducir, aun cuando de forma inexacta, lo que decía: “Declaro que nunca he robado, asesinado ni cometido felonía alguna. Pero también declaro que me he inclinado, en el pasado, públicamente ante el dictador, cometiendo traición a mi consciencia. Me he vendido, y cuando un intelectual se vende, pierde la única riqueza que le será dada en toda su vida: su capital moral, que es irrecuperable. Me mato porque no puedo soportar la vergüenza que me abruma permanentemente y porque no puedo escapar por otro medio a los remordimientos que me atormentan sin descanso”. Escuché esto, y el sarcasmo con el que siempre había reaccionado ante Roque Vallejos se esfumó. Pensé brevemente en los numerosos seres que hacen eso y mucho más y llevan longevas y felices vidas sin ningún tipo de tormento interior, y que, si tuvieran noticia de los motivos del suicidio de Vallejos, reirían groseramente y escupirían: “¡Qué pobre idiota! Yo hago cosas peores todos los días y estoy de lo más contento”. Así que ahora, si bien ya es tarde, no tengo más deseos de reírme a costa de este hombre desgraciado que fue tan tonto (para muchos, todo lo que posee algún rastro de grandeza denota estupidez) como para tener escrúpulos. Aunque no dudo que para los más comenzará a serlo precisamente ahora, para mí Roque Vallejos ha dejado por fin de ser ridículo.

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