kurupí akärakú paraguay akärakú kurupí paraguay akärakú paraguay akärakú paraguay

KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, abril 25, 2006

Breve interviu con Osvaldo Salerno

El siguiente bate-papo de Kurupi con el artista plástico paraguayo Osvado Salerno fue suscitado por dos obras: "Avión inflable atrapdo en un libro contable de 1938" y "Avión inflable atrapado en un libro contable de 1945", ambas del 2005 y que forman parte de la exposición internacional "Los nombres" que Osvaldo llevó recientemente a Chile bajo la curadoría de Ticio Escobar. Los agradecimientos para el artista por su predisposición a divagar sobre su obra van por descontado.
Kurupi: ¿Podrías extenderte sobre la gestación, el origen, el proceso de creación y particularmente la intención (si consideras que pude hablarse de “intención”, o aun, de ser así, si puede tenerse alguna consciencia de la misma en asuntos de arte) de “Avión inflable atrapado en un libro de contabilidad de 1938” y de “Avión inflable atrapado en un libro de contable de 1945”?
Osvaldo: Antes que nada, creo que no siempre, o casi nunca, en mi laburo existe una intención, en el sentido en que planteás entre comillas, por lo menos yo no me planteo y no me interesa volverla consciente; es más, me interesa mantenerla en ese estadio grisáceo del preconsciente, en ese territorio nebuloso, apremiante a veces desde el sótano. En un segundo momento (luego de ser mirado por el objeto y enfrentado a las condiciones del material presente en él), sí me planteo lo que podríamos llamar la propuesta, el concepto, la idea, los límites, los bordes, de lo que SÍ, me apetece hacer. Este momento configura una dirección, un rumbo, una intención si quieren, pero una meta posible sin ninguna garantía: el camino produce desvíos y, aun, repliegues; muchas veces, parálisis. En el caso de los aviones inflables, sin duda tendría que enumerar los insumos que ellos conforman. Un avión nos “mira” diferente después de la caída de las torres. Es una mirada contaminada ya por la historia, desviada, bizqueada. Uno debe responder esa mirada apelando a un conjunto de ideas, sensaciones, intuiciones, amenazas; siempre amenazas. Kurupi: Los objetos que emergen del excavamiento del libro de contable, o bien son productos de la sociedad de consumo más oligofrénica o infantilizada (avión inflable), o bien pertenecen al instrumental erudito (lupa), o bien se trata de remanentes corporales biológicos (vello púbico) o bien, por último, de las armas de la administración burocrática (sello), etcétera: ¿estás haciendo un discurso con cosas, en una inversión, deliberada o no, de la célebre frase de Searle acerca de “hacer cosas con palabras”, o sólo deseas mostrar la relación indisoluble entre el capitalismo y sus frutos mediante algo aparentemente tan trivial como un libro de contable?
Osvaldo: No conozco a Searle, pero me suena sugerente eso de “hacer cosas con palabras”. Las palabras son ,en cierto sentido, restos de un lenguaje anterior, de otro lenguaje; pienso que todo lo que enumerás en la primera parte de tu pregunta son todos restos, residuos. Yo vengo trabajando con esos insumos del excedente, el resto o el desperdicio del lenguaje (o de las cosas: que coinciden en el lugar de la falta o la sobra). El libro arcaico de contabilidad en su presencia artesanal y meramente administrativa permite connotar bien la necesidad (imposible?) de registrar los residuos, de inscribirlos en un lugar sin destino. El debe y el haber sin balance y sin resolución posible. Nunca checan la cosa y la palabra, aunque el resto pueda constituir un tercer lugar de (im)posible cruce, ya que no encuentro.
Kurupi: ¿Tienes la “intención”, o quizá el plan perverso y finalmente redentor (o aun vengativo, la venganza de los vencidos a través del arte) de desarrollar o incluso extremar los dispositivos subversivos aplicando ese humor ácido tan típico de Salerno, por ejemplo, reiterando el motivo del libro, pero, en vez de usar como soporte de la violación, la trasgresión o el desventramiento un libro asociado con la gran cultura erudita europea, pero no por eso desligado de la cruzada colonialista (pienso en algún incunable del virreinato, acaso en uno tasado en muchos miles de dólares en el mercado y casi rodeado de un aura sagrada entre los investigadores e historiadores), usando, por el contrario, uno asociado a los suburbios más humildes de la cultura occidental, casi podríamos decir que a sus algo sórdidos extramuros, si bien, pese a su modestia, también fundamentales? Pienso que la subversión, con todo y poder lograr un golpe de efecto más contundente a primera vista, perdería, en el primer caso, su sutileza y parte de su perversión a más largo plazo, que están logradas en otros ejemplos que ya has llevado a la práctica, pero que ganaría sin embargo contundencia e impacto, quizá incluso “masivos” o populares, al tocar la piel fina, pereri, del europeo culto y devoto de las cosas antiguas en cuanto testimonios de las conquistas pasadas de su civilización, cosas éstas (ya sean libros, o arquitecturas, etcétera; en todo caso, partes del patrimonio que testimonia que alguna vez fueron grandes o poderosos) supuestamente inocentes y neutrales, que además conservarían datos indispensables para reconstruir la forma de vida colonial, reconstrucción cuyo supuesto valor intelectual supone quizá tácitamente también el valor social de dicha forma de vida, no importando que ésta haya violado y humillado a hombres y culturas con valores distintos (y no precisamente en nombre de los valores espirituales de Occidente, sino de móviles más bien pragmáticos). Osvaldo: No me interesa la antigüedad aurática del libro gutembergiano (el valor de incunable que sella el tiempo), sino el destiempo, el anacronismo que se plantea un volumen bibliográfico ligeramente desfasado en relación a su propia contemporaneidad. Todo libro aspira a ser contemporáneo y está condenado a no serlo, porque no puede durar en el mismo registro que exige la obsolescencia capitalista (su unica redención sería la antigüedad, pero eso requeriría más tiempo: me interesa el entretiempo de la obra que no llega a ser antigua), recuerdo en este momento un trabajo que hice para un centro cultura en Lima que consistió en la adquisición en mercados de pulgas de esa ciudad de libros viejos con encuadernados eruditos (tapas símil cuero, pergamino: ediciones viejas, no antiguas…) El trabajo consistía en traer los libros a mi sitio de trabajo, Asunción, y retornarlos seis meses después a su lugar de origen, convertidos en libros-trampa, libros cavados en su interior y en su interior cargados de una amenaza (un presente griego oculto entre sus páginas o en el espesor de su volumen). Recuerdo que la obra se llamó “La reconquista de Lima” y la monté en una pequeña salita de un edificio originalmente destinado a otro uso, creo que era una entidad bancaria abandonada, quebrada. Otra vez restos: las ruinas del capitalismo y los restos de un libro que, acontecido entre su obsolescencia y su no antigüedad, circula (o se detiene) en terreno de nadie. En nuestros países no es posible encontrar incunable: ya nos resignamos a haber perdido la ilusión ilustrada erupea de encontrarnos con volúmenes valiosos, verdaderos incunables. Nuestras expectativas giran más en torno a los volúmenes símil cuero: restos de segunda. La ropa usada que se vende en nuestros comercios, previamente higienizada, no es ropa de marca es prenda masiva, industrializada, clasemediera. Lo mismo pasa con los libros (Y con ciertas ideas que ellos contienen?)

No hay comentarios.: