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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, febrero 01, 2006

Polémika'í

Estimados kurupíes de todos los continentes terrestres, etéreos y submarinos: de vez en cuando hay que afilarse los dientes con un poquillo de chismorreo, pues de esa manera se los mantiene en forma y siempre listos para morder. Así que es deseo de vuestra amiga Dama Satán y del malvadillo de Kuru Picho, con la anuencia del amigo Xanto, compartir con ustedes este breve (y, quizá, interrumpido ya, ¡ay!, for ever and ever and ever, por las razones que en seguida se verán) pero suculento epistolario deliciosamente punzante que hace muy poco fue intercambiado en el éter virtual del cyberespacio entre dos de nuestros más reconocidos escritores made in Paraguay. Disfrutad, pues, oh hipócritas lectores, prójimos y hermanos, de esta venenosa joyita, pues pocas ocasiones nos brinda el destino de ver a seres tan espirituales e ilustres como los poetas tras bambalinas (por no decir en el cuadrilátero). Allá va; masticad bien. E-mail de Fernández, del 29 de diciembre de 2005 (la víspera del lanzamiento de los dos libros de Morales editados por Jakembo): "Estimados amigos, felicitaciones por la edición del volumen de Lito Pessolani, un poeta que ha sabido romper la chatura de la expresión poticoide dominante en las letras de este país. No estaré, sin embargo, con ustedes en el acto de presentación del mismo por una cuestión, digamos, de incomodidad: si no recuerdo mal, hace un par de años (y ustedes lo sabían) Lito me pidió que prologara lo libros que ahora se publican. Pasó el tiempo y no se volvió a hablar del asunto. Ahora, enhorabuena, sacan la edición ustedes. Pero, ¿ no les parece que, por cortesía o, mejor, lealtad, alguien debía avisarme que, por los motivos o razones que hayan, se había prescindido del prólogo? Pero tengo la impresión de que lealtad y franqueza no corren estos tiempos "posmodernos". Mala cosa, amigos, para la poesía y la amistad. Miguel Ángel." Respuesta de Morales, del 8 de enero de 2006: "Miguel Angel: Agradezco tus felicitaciones y el cumplido aquél de que supe "romper la chatura de la expresión poeticoide dominante en las letras de este país". Como verás más adelante, no he sabido romper con otras chaturas igualmente extendidas. Dejando de lado la introducción al tema (la de tu mensaje y ésta), te cuento que sinceramente no comprendo el punto de tu mensaje. O sí, puede que lo comprenda, pero el dibujo que se me aparece no es tan favorable y prefiero asumir que no entiendo nada. Voy por el camino de lo que pude comprender. Te cuento que con Montserrat y Cristino he discutido, en la vorágine de los días previos y ciertamente no con todo el tiempo que quería, el tema del acto de presentación de estos dos libros. En pocas palabras, y como ya antes dije y lo repito, la presentación de mis libros me importa tres coños (o me importaba, como se verá). Es un acto puramente social, como un bautismo o una presentación en sociedad o - más apropiadamente, para mi particular perspectiva - como un entierro, donde el difunto es el libro. Entierro desde el punto de vista del autor, claro; otra cosa si asumimos que el enterrado será, con suerte y con marketing, diseminado entre supérstites lectores. Y, de paso, también se entierra una parte del ánimo y la vis, la energía del autor. Y a otra cosa mariposa. En esta mi perspectiva resulta coherente que no haya querido presentación alguna para mi primer libro, Postales de Bizancio, allá por A.D. 1984. Y que en la de Poliedro simplemente no haya estado presente, ni siquiera con aviso... Pero como todo es cambio y una parte de mi persona se complace en ello, 20 años después consentí en asistir y disponer de la logística del back-end de esta nueva presentación. A los eruditos, certeros y amigables comentarios, que vuelvo a agradecer, de los presentadores (Montse, Alvarez pater, Cristino y Moncho) siguió un breve pero intenso intervalo de socialización durante el cual de veras que me divertí alternando con los presentes. Y juro que las últimas 20 personas - algo más de la tercera parte de los presentes -- se retiraron leve si no ostensiblemente achispadas y contentas. Y así también creo los de Jakembo, en razón de la venta conseguida. Fue una buena velada, como se dice. Todo esto cuento para resaltar que, aunque no hayas estado presente, lo cual de veras lamento, no fue impedimento para mi para disfrutar de la primera presentación de un libro mío en toda mi vida. No sé si lo volveré a hacer, pero valió la pena. Tu presencia en mis libros, como prologuista, sin embargo, es un tema más delicado y matizable. O mejor: tu ausencia como prologuista. Ciertamente te pedí que prologaras esos libros en el primer intento de este proyecto, hace poco más de 2 años. Ese primer intento no cuajó, por varias y atendibles razones solamente mías. El segundo intento sí, y debo el empuje a la insistencia de un amigo que ya la primera vez se había comprometido a financiar la edición y esta vez efectivamente lo hizo. Tuve tu palabra de que prologarías esos libros, pues, hace algo más de dos años. Algo así como un año después de aquel acuerdo pro-prólogo, en alguno de nuestros aleatorios encuentros (restaurantes, patios de comida) te pregunté una vez, de una manera indirecta como para no parecer que presionaba, qué tal iban los prólogos, y supe que todavía no habías tenido tiempo de comenzarlos etc etc. Todo muy atendible también. Todavía no teníamos prólogo. Otro año más tarde, por consiguiente: últimamente, ahora; pregunto: ¿tenías por ventura escritos esos prólogos prometidos más de dos años atrás? Tengo para mi que no. Si el primer año no pudiste y lo supe porque pregunté, otro año más sin preguntas ni noticias indicaban que no. Es casi aritmética, si no fuera más bien lógica. Y en medio de la vorágine de este proyecto, que ya mencioné, que se ejecutó en menos de un mes, sinceramente ya no tuve coraje ni tiempo de volver sobre el tema de los prólogos. Y esto de los largos lapsos me hace acordar de lo que llamo el affaire presupuesto. Estos mismísimos libros ahora publicados pasaron antes por la ordalía de ese affaire que los que me conocen y conocen el tema se resisten a creer del todo, por increíble. Tres veces (muy biblíco, sí, pero fueron tres veces) pedí a un conocido, muy conocido editor de libros de literatura y sobre todo poesía que me diera un presupuesto para la edición de estos libros que ha ahora ha editado Jakembo. Ninguna de esas tres veces tuve respuesta! El editor simplemente me ignoró. No estaba en la oficina cuando yo llamaba. No tenía tiempo. No se qué. Y cuando contactaba de vuelta con él, también aleatoriamente (¿te suena?), por ejemplo en alguna feria de libros donde se exponían los de su editora, él se excusaba vagamente y me prometía esto y aquello, péa ha amóa. Tres veces. Y esos tres pedidos de presupuesto a ese conocido editor, como se diría en inglés: neglected, o ninguneados, ocurrieron en el lapso de casi 12 años. ¿O por qué se piensa que estos libros terminados en 1993 fueron editados a fines del 2005? Por eso: por el tranquilo lapso que se toman algunas personas en honrar sus compromisos o evitarlos. (Y porque me mantuve fiel a un espejismo, por supuesto. El conocidísmo editor era recomendado de algunos amigos que lo aprecia[ba]n). Claro que el compromiso de un editor con un autor que desea una edición del autor (esto es, pagada por él o por su mecenas y no asumida por el editor) no va más allá del compromiso de un empresario con un cliente. Esos 12 años de completo ignorar al autor hablan de la necedad del editor, nada más. Y de la fidelidad del autor a la recomendación de sus amigos. Que puede ser necedad también, lo admito. Muy diferente es el caso de quien se compromete a prologar libros. Aquí no hubo compromiso económico (ya que sabemos de casos de prologadores profesionales que se explayan a tanto la página), pero tampoco hubo compromiso de amistad. Si el crítico literario está de acuerdo, entonces prologará. Lo que diga es potestad del crítico. Y el autor, que le pidió el prólogo, no puede interferir. Son las reglas. Y el amigo del autor que habita ese crítico literario no tiene voz, no debe tener, no puede ser él quien comprometa al crítico profesional. Es una cuestión de oficio: profesional. Que ciertamente puede facilitarse dado el conocimiento personal de crítico y criticando, por más aleatorio que sea y alejado de una verdadera amistad (que no puede nutrirse de aleatorios encuentros, por ejemplo). Pero quien habla, quien se compromete, es el crítico profesional. Y él tiene toda la libertad de decir por escrito (¡scripta manent!) lo que le plazca, sin condicionamientos del autor. Y bueno: como en el caso del editor renuente, tampoco tuve respuesta en el caso del crítico profesional. Es muy sencillo. Ninguno de los dos casos me ha quitado el sueño; no pudo ser y ya está. En un mes yo tenía que editar esos libros. Y lo hicimos. Por eso tampoco concuerdo con tu posición de no asistir a la presentación por tus razones aducidas ni concuerdo con tu exigencia de que deberías haber sido avisado. No. (Esto es: la no asistencia a la presentación es asunto tuyo, pero la razonabilidad de tu no asistencia, una vez dirigida a mí, sí lo es.) Quien debería haber sido avisado de que no tendría prólogos de M.A.F. era yo. Así de simple. Y fueron 2 años, como el editor aquél tuvo 12. Ambos tuvieron tiempo suficiente. Si no lo hicieron es porque - como profesionales - no les interesó. Punto. Yo puedo separar los ámbitos. Finalmente, hay un aspecto medio nebuloso que me cuesta aclarar y poner por escrito. Es el de la justificación de base que tengo hacia mi personal y profunda tirria hacia todo lo que es contacto con el mundillo literatoso asunceno, al menos (y de otros no sé pues no estoy cerca de otros). Porque, de lejos, he estado viendo toda mi vida que todos, en tanto ejemplares de esa fauna, se comportan de un modo particularmente quisquilloso e hipersensible; todos prestos a mostrar los dientes y las uñas (aun cuando de acrílico y de fantasía); aunque en excepcionales casos las personas son claramente distinguibles de sus máscaras; y en otros todavía más raros casos hacen méritos como para no pertenecer a ese mundillo. A partir de tu mensaje anterior (que engañosamente empieza con "¡Felicitaciones ! " ) y teniendo en cuenta las particularidades mencionadas de la fauna en cuestión, no tengo inconvenientes en ser sincero, como siempre soy, y contar que supongo que lo que alguna vez fue una poesía estimada y vista como ruptura con el chato ambiente poeticoide será de ahora en más cualquier otra cosa excepto atendible. Hasta los críticos literarios son humanos, y los humanos actúan de acuerdo a su sentir antes que a su razonar. Y el razonar se viste por lo general con las ropas que el sentir le ofrece. En otras palabras: estoy seguro de haberme ganado un enemigo, para decirlo pronto. Espero al menos que me deteste con fundamentos. Otra cosa, para mí, sería dolorosa, no por el puro detestar, sino por sus razones. Finalmente, la apelación a estos tiempos posmodernos me descoloca, y más si va entre comillas. No me siento aludido; si lo posmo anida en mis textos, como algunos dicen, no es asunto mío sino de mis textos o mejor: de su interpretación. La tal posmodernidad no habita en mí. Las comillas menos. Personalmente, no creo en mucho, pero algunos valores insisten en fascinarme como para que no los haya abandonado, y todavía los recupere, a cada vuelta de esquina, puros y mellados, maltrechos pero respirando. Y son los que me mueven a escribir esta respuesta. No sé si son malos tiempos éstos para la poesía. Por ejemplo, si fuera cierto lo que expresan tus " Felicitaciones " no lo serían. Mis libros son un intento de saltar por encima de esos malos tiempos, es lo que entiendo. Pero esto no me preocupa. Creo que la poesía siempre habitó malos tiempos. Por pensar así es que intenté, como homenaje, como documento, exponer al público - con bastante trabajo - pequeña parte de tu obra poética en mi sitio postumodern.com. No me arrepiento de ello y volvería a hacerlo. Y, entre paréntesis, así como el presupuesto esquivo que nunca fue, así como el prólogo que tardaba y nunca vino, todavía espero los jpgs de los Cuadernos de la Piririta, de lo que hablamos hace casi de 2 años. Bienvenidos los jpgs. Una vez más: Yo puedo separar los ámbitos. Tampoco estoy seguro de si éstos son malos tiempos para la amistad. Depende del concepto personal de amistad. Para la auténtica amistad, la incondicional, la que se basa en el compromiso, en la tenacidad de querer ver lo mejor del otro, en la que obvia los descuidos y los olvidos del otro: ocurre como con la poesía: siempre fueron malos sus tiempos. En eso estoy de acuerdo. La pobre recibe ataques de todas partes. Y los que le son fieles deben responder y explicar y aclarar, como si fueran ellos los que están en falta, como si fueran ellos los que la atacan. No señor ! Pero como ya dije: son las reglas del juego. Sin embargo, ciertamente siempre fueron buenos los tiempos para la amistad chata, la amistad perërï: la quisquillosa, la hipersensitiva; la que siempre está dispuesta a descalificar lo que sea por cualquier (sin)razón nimia y vaporosa. La que se refugia en acusaciones y condenas pero no puede dar cuenta real de su condición de amistad, ni en doce años, ni siquiera en dos. La chatura de la amistad perërï es la que más se usa en estos días tan posmo. Y no corre riesgos. Hay muchos, tantos que la cultivan! Siempre son, serán buenos los tiempos para ella... Como verás, Miguel Angel, tus breves "¡Felicitaciones!" no dejaron de tener eco. Si un tanto extenso, no menos sincero. Atentamente y con el cariño y el respeto habituales, Lito."

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