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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, febrero 06, 2006

Las intermitencias de Saramago

Copio a continuación el artículo de mi amigo Blas Brítez, aparecido en el Correo Semanal del Diario Ultima Hora, del 28 de enero del corriente: A estas alturas de la carrera literaria de José Saramago, sus lectores, aquellos que lo siguen desde hace años y conocen las señas de su escritura, pueden abordar una nueva obra suya con la certeza de que será, especialmente, un objeto literario originalísimo en cuanto al argumento, a la trama que lo vertebra. Hay que recordar, si no, a las hordas de ciegos de Ensayo sobre la ceguera, a la Península Ibérica desprendida de Europa en La balsa de piedra o a los espontáneos votantes en blanco de Ensayo sobre la lucidez, por poner tres ejemplos. En Las intermitencias de la muerte (Alfaguara 2005), el escritor portugués vuelve a sorprendernos con una historia original, historia que por momentos se acerca peligrosamente a la cornisa del juego literario del absurdo, por momentos kafkiano, y se vuelve osada inclusive comparándola con otras novelas suyas: un día los habitantes de un país, cuyo nombre no es mencionado, dejan de morir. Es decir, aquel sueño varias veces milenario de la humanidad, el de alcanzar la inmortalidad en vida, se ve de pronto realizado y las consecuencias del hecho no tardarán en manifestarse. Así, durante la primera mitad de la novela, Saramago despliega una gama de personajes colectivos –el Estado, la Iglesia y la Mafia– y los convierte a ellos en los protagonistas que intentarán sacar provecho de la situación hasta que ella se vuelva insostenible. Es en esta primera mitad en donde, en mi opinión, la obra de Saramago flaquea. Hay digresiones a las que ya nos tenía acostumbrados, pero no de una manera a ratos aburridamente arbitrarias, digresiones que muchas veces no hacen más que interrumpir el fluir del discurso general, ensuciarlo si se quiere; no hay un solo personaje en dicha primera mitad que se erija con fuerza literaria por sobre los demás, y ello es mucho más patente cuando se trata de poner el ojo creador sobre las tensiones entre la vida y la muerte, como plantea a fin de cuentas la novela, cuando de lo que se trata es de encarnarlas para que el lector las sienta. Sin embargo, las cosas cambian radicalmente en la segunda mitad del libro. Allí la muerte como ente personificado cobra gravitación y hace levitar la imaginación de Saramago, que ahora sí discurre con formidable maestría en una historia que parece no tener vínculos demasiado especiales con la de la primera mitad del libro, a tal punto que uno olvida el hecho de que la muerte había cesado su trabajo y se centra en tomar la narración, en su tramo final, como algo independiente y nuevo. Entonces uno sí puede volver a prestar atención a la prosa tersa del escritor portugués, esa prosa que en otras creaciones había mantenido siempre en vilo al lector, desde la primera hasta la última página. Habría que preguntarse si esta novela no será una de esas intermitencias a las que nos tienen acostumbrados los grandes escritores ya en la etapa descendente de su oficio literario, cuando después de una buena obra, dos o tres arremeten tras ella para pisarle los talones y tratar de opacar el trabajo de su creador. El cono de sombra cernido sobre poco más de ciento cincuenta páginas y la luz cenital que redime a aquéllas en las últimas cien, parecen demostrar que, efectivamente, esta novela es el resultado de una intermitente lucidez creativa. No obstante, deberíamos esperar a que el mejor Saramago regrese de su sueño isleño y desembarque, otra vez, en las playas de la firme tierra sobre la que en otros tiempos posó su pluma para enseñorear el mundo con espejos y metáforas magistrales.

1 comentario:

Teófilo Huerta dijo...

PREMIO NOBEL CONSTRUYE NOVELA DE UN CUENTO MEXICANO
Teófilo Huerta
· El defensor de causas sociales es a la vez violador de los derechos de autor.

· Las intermitencias de la muerte de José Saramago contiene sucesivas ideas afines de mi cuento ¡Últimas noticias! registrado desde 1987.

· El escritor portugués derivó su novela sin la autorización del titular del derecho de la obra primigenia, de acuerdo con el Artículo 78 de la Ley Federal del Derecho de Autor.

· Son los dos primeros capítulos de la novela los que contienen la mayor parte de similitudes y planteamientos del cuento

· Entregué en 1997 mi obra a Editorial Alfaguara en México cuando Sealtiel Alatriste era su director.

El escritor portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago ha abusado tras de que la novela Las intermitencias de la muerte es una derivación sin el debido consentimiento de mi cuento ¡Últimas noticias! dentro del compendio La segunda muerte y otros cuentos de fúnebre y amorosa hechura registrado en 1986 ante el hoy Instituto Nacional del Derecho de Autor en México.

¡Últimas noticias! fue escrito en 1983 para el Primer Concurso de Cuento de Ciencia Ficción convocado por la representación del CONACYT Puebla (1984), sin que allí obtuviera premio o mención alguna. Posteriormente, registré mi obra de cuentos, incluido aquél, ante la entonces Dirección General del Derecho de Autor hoy INDAUTOR, bajo el título La segunda muerte y otros cuentos de fúnebre y amorosa hechura. El número de registro otorgado fue el 8369/86.

También publiqué mi obra bajo el mismo nombre en una edición limitada en 1987 por Editorial Quetzalcóatl.

Posteriormente participé en 1997 en el concurso Cuento triste convocado por el diario Reforma y Editorial Alfaguara, con el relato La mujer rojinegra y obtuve por el mismo una mención honorífica. Fue allí que entré en contacto con Grupo Santillana-Alfaguara en México y entregué mi pequeña obra sin ningún acuse de recibido en la puerta de la editorial. El sobre estaba dirigido a Laura Lara cuando en ese entonces Sealtiel Alatriste era el director de la editorial y quien a la postre estuvo físicamente muy cerca del portugués radicado en España cuando fue cónsul de México en Barcelona e íntimamente ligado a él en sucesivas presentaciones literarias. Hoy el sospechoso intermediario (o escritor fantasma del Nobel) se desempeña como director de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El 26 de mayo de 2006 comparecí ante la Dirección Jurídica del Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDAUTOR) en relación a la junta de avenencia promovida para dirimir la derivación de la novela. Por la contraparte no asistió persona alguna que representara legalmente al señor José Saramago, toda vez que no ocurrió la notificación porque el domicilio particular de éste no coincide con el de Editorial Santillana al que se dirigió el citatorio. Se levantó un Acta de la comparecencia y se archivó el procedimiento administrativo.

A pesar del escenario en que una lucha legal implicaría más de cinco años para demostrar la verdad de mis dichos y otros cuatro años para resarcir los daños inherentes, y también ante las actuales circunstancias de no poder contar hasta ahora con un peritaje literario serio, además obviamente a las limitaciones presupuestarias para la titánica lucha, no agoto aún los cauces jurídicos y mantengo mi convicción sobre los hechos.

No por sorpresivo el hecho deja de tener veracidad. Mi intención no es el escándalo, el protagonismo, la fama o el dinero. Simplemente elemental justicia.

José Saramago podrá escudarse en argucias como el cliché, la inter e hipertextualidad, aducir mera inspiración, coincidencia o influencia y sostener que las ideas son universales y esas no se protegen, no obstante el hecho es que la creación es un acto único e individual y basarse en la de otro finalmente constituye un hurto. La novela de Saramago es una obra derivada pero que no puede ser explotada sin la autorización del titular del derecho de la obra primigenia, de acuerdo con el Artículo 78 de la Ley Federal del Derecho de Autor.

Hay un evidente parafraseo en situaciones particulares; una coherencia textual (pasajes paralelos); las construcciones sintácticas son similares; el modo de narración es satírico en ambas obras; no hay coincidencias fortuitas ni clichés, sino una clara concordancia de ideas.

A continuación las pruebas textuales del despojo.

El cuento ¡Últimas noticias!, de mi autoría inicia así:

“Los científicos, los religiosos y el hombre en general, no se explicaban las causas de tan singular fenómeno que afectó a toda la Tierra...El hecho ocurrió de pronto en todos los países, en unos de día en otros de noche. La noticia se comenzó a difundir...la gente.... no daba crédito a los titulares de los periódicos de ese día: “NO MURIÓ NADIE AYER!”...

La novela de José Saramago lo copia así:

"Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme... ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido in fenómeno semejante, que pasara un día completo, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas.”

El cuento aborda la investigación de los reporteros:

“’Nuestros reporteros realizan en este momento una acuciosa investigación en todos los velatorios y hospitales, pues, al parecer, ayer tampoco murieron enfermos graves’”

Y la novela de Saramago expresa de manera sorprendentemente similar:

“...Se realizaron llamadas a los hospitales , a la cruz roja, a la morgue, a las funerarias...y las respuestas llegaban siempre con las mismas lacónicas palabras, No hay muertos”.

En otro pasaje de ¡Últimas noticias! se dice sobre los accidentes:

“...los vehículos quedaron prácticamente deshechos, pero sus ocupantes están ilesos, repito, los ocupantes de los dos autobuses que acaban de chocar están ilesos...”

Y en otro pasaje Saramago lo repite así:

“...de acuerdo con la lógica matemática de las colisiones, deberían estar muertos, pero que, pese a la gravedad de las heridas y de los traumatismos sufridos, se mantenían vivos...”

Al explicar “científicamente” tan peculiar fenómeno el cuento revela:

“’Otra de las teorías es la que mantienen especialistas de Moscú, quienes atribuyen la existencia del fenómeno a una variación de la órbita de la Tierra...”

Y Saramago lo copia así:

“....no se debería excluir la posibilidad de que se tratara de una alteración cósmica meramente accidental...”

Ante tan característica situación la gente celebra así en el cuento:

“Un ambiente de fiesta surgió en todos los hogares, en muchos de ellos había auténtica algarabía....“El júbilo era casi general, aun los que no habían atravesado por peligro alguno se sentían seguros de que nada les pasaría. Los niños jugaban sin cansarse y repetían las frases de los adultos: “no vamos a morir, no vamos a morir”.

Y así similarmente, sólo con cambio de palabras, celebran en la novela:

“...alegría colectiva que se extendía de norte a sur y de este a oeste, refrescando las mentes temerosas y arrastrando lejos de la vista la larga sombra de tánatos..se fueron uniendo al mare mágnum de ciudadanos que aprovechaban todas las ocasiones para salir a la calle y proclamar, y gritar, que, ahora sí, la vida es bella.”

En el cuento se ven afectados esencialmente los intereses de hospitales, funerarias, cementerios y compañías de seguros:

“...mientras que otros intentaron ejercer diferentes actividades, lo mismo que los empleados, gerentes y dueños de velatorios y panteones.”

En la novela de Saramago sospechosamente también se ven afectados los intereses de hospitales, funerarias, cementerios y compañías de seguros:

“Importantes sectores profesionales, seriamente preocupados con la situación, ya comenzaron a transmitir la expresión de su descontento...las primera y formales reclamaciones llegaron de las empresas del negocio funerario.”

El cuento le da un peso esencial como eje de la trama a los titulares periodísticos:

“...sin faltar aquellos encabezados ingeniosos: ‘THANATOS VENCIDO’, ‘LA TILICA Y FLACA DE VACACIONES’....Los encabezados seguían siendo sumamente llamativos: ‘EUFORIA MUNDIAL’, ‘¡SOMOS INMORTALES!’, ‘¡SÓLO FALTA QUE RESUCITEN LOS MUERTOS!’...”.

La novela de Saramago también le da ese peso al aspecto periodístico:

“...los más diversos y sustanciosos titulares...Y Ahora Qué Será De Nosotros...páginas convulsas, agitadas, manchadas de titulares exclamativos y apocalípticos...Tras el paraíso, el infierno, La muerte dirige el baile, Inmortales por poco tiempo, Otra vez condenados a morir, Jaque mate...”

El cuento justifica así el regreso a la mortalidad:

“De pronto, después de quién sabe cuántos días o meses, en una ciudad en la que se construía un edificio, un trabajador, tras caer desde un piso doce, no se levantó de la acera...todos clavaron su mirada en el hombre inmóvil.”

La muerte de la novela de Saramago sin ningún empacho la imagina así con el mismo trabajador:

“En esa obra tendrá que entrar (la muerte) de aquí a dos semanas para empujar de un andamio a un albañil distraído que no se fijará dónde va a poner el pie...nuestro turno de caer del andamio todavía no ha llegado... ”

El final del cuento expresa:

“Sin manifestaciones de júbilo, pero tampoco de desesperación y llanto, los seres de todos los confines acogieron la vuelta a la normalidad y, más que eso, a la naturalidad.”

La novela en páginas avanzadas también retoma los mismos términos:

“...para festejar el ya no esperado regreso a la normalidad, lo que pareciendo ser el cúmulo de la indiferencia y el desprecio por la vida ajena, no era, en resumen, otra cosa que el natural alivio...”
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Ver:
http://saramagoplagiario.blogspot.com