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sábado, diciembre 31, 2005
Paratextuales en torno a musica ficta y hurras a bizancio de Morales
miércoles, diciembre 28, 2005
Dos libros del periodo 86-93 del huidizo Morales se enorgullece en publicar la gente de Jakembo
martes, diciembre 27, 2005
Suertes cambiantes del sumatrense león de alá, el malayo Julio Carrasco
martes, diciembre 20, 2005
Mbopí vuelve desplegar sus alas con su atávica burrez estruendosa y honesta
lunes, diciembre 19, 2005
Góngora Reloaded
sábado, diciembre 17, 2005
Escritores peruanos andinos y pitucos durante la FIl Guadalajara
Sin embargo, para nuestra sorpresa, Dante Castro, quien asistió también a dicha Feria, contradice abiertamente el testimonio: "Bayly jamás vio una escena así en Guadalajara. Simplemente se la imaginó, pues a la FIL no asistió ningún andino invitado (excepto que alguien considere a Edgardo Rivera Martínez, Oswaldo Reynoso o Miguel Gutiérrez como tales). Los "polémicos" que asistimos, lo hicimos por nuestra cuenta. Al revés de su versión, entre andinos y pitucos hubo cortesía, sabia discreción y hasta intercambio de obras. Pregúntenle a Alonso Cueto o a Jorge Eduardo Benavides acerca de esto y les dirá lo mismo que digo. No hubo tirantez, ni negativas de saludos, ni cambio de ascensores u otra estupidez. Hubo cortesía entre seres civilizados sin transigir respecto a nuestras discrepancias. Los papelones se los imaginó aquel que no tiene imaginación para hacer buena literatura. Y si en algo nos parecemos, es en que somos escritores. Jaime Bayly no lo es...".
Por su parte, Iván Thays, otro de los asistentes a Guadalajara (dentro de la delegación oficial), nos expresó también que en la FIL "la cortesía fue lo que primó en todo, por ejemplo vi cuando Oswaldo Reynoso abrazó a Alonso Cueto, lo felicitó por el premio y le dijo que las discusiones eran literarias y no personales, como debe ser".
Si las declaraciones de Bayly dieron a entender que en Guadalajara se había dado algo similar al ya famoso Encuentro de Narradores de Madrid (allí está la amplia y sostenida polémica que se dio a raíz del mismo), lo expresado por Castro y Thays nos está diciendo más bien que no ha sido, ni remotamente, parecido.
jueves, diciembre 15, 2005
Los relojes se han roto
martes, diciembre 13, 2005
Primer avatar limeño (peruano) del dios cuyos blasones son el juego de yankempo (paper, rock & scissors)
Jakembó editores empezó sus actividades inaugurando su colección de poesía Theis moira con el libro Dandy ante el vértigo, del poeta Cristino Bogado, en noviembre del 2004, y su colección de narrativa Ñe’ẽreí (en guaraní, fabulación, mentira, delirio, ficción) con el lanzamiento del libro de Javier Viveros la luz marchita, en agosto de 2005, y prevé, para inicios del 2006, la apertura de su colección de ensayo Bestias-oráculos (nombre que alude y homenajea al dandy y anarquista español Rafael Barret) con la edición del texto de reflexión filosófica sobre temas de arte y estética El comienzo de lo terrible, de Montserrat Álvarez. Hoy se complace en presentar al público peruano (la presentación al público paraguayo está prevista para el viernes 30 del corriente) el poemario Heautontimoroumenos, de Miguel Ildefonso. A riesgo de pecar de inmodestia, debemos decir que la vitalidad actual y en franca progresión de nuestra joven editorial se evidencia con la abundante agenda de futuras publicaciones, pues están en preparación los números 3 y 4 de su colección de poesía, dos libros del poeta asunceno Joaquín Morales: música ficta y Hurras a Bizancio, los cuales serán lanzados el ya mencionado día 30 de diciembre conjuntamente con este libro de Miguel Ildefonso, y en enero del 2006 se presentará La conspiración de los ginecólogos, de Jorge Kanese, así como alguna sorpresilla nuevamente por el lado de Lima, acaso ―así lo esperamos— un libro del talentoso autor de Arquitectura del espanto, el poeta Domingo de Ramos, y, dentro de ese mismo 2006 de inminente inicio, un ensayo del filósofo, poeta y aforismólogo mexicano Luigi Amara, además de estar prevista la apertura de una nueva colección de Jakembó dedicada a textos colectivos que llevará el nombre de Fuera de la grey y cuyo primer título recogerá las conferencias impartidas por jóvenes filósofos locales durante
Cristino Bogado.
Director de Jakembó editores.
Montserrat Álvarez.
Miembro del consejo editorial.
Asunción, Paraguay, viernes 16 de diciembre de 2005.
viernes, diciembre 09, 2005
El falansterio kantiano soñado en las tierras guaraníes por unos exiliados de la kaliningrado soviética
sábado, diciembre 03, 2005
el bigote de Nietzsche en un ropavejero de Calcuta
jueves, diciembre 01, 2005
Músicos analfabetos han precipitado nuevamente al vacío a Deleuze, esta vez junto con el empelucado de Leibniz
Vender un Leibniz “moderno”, actual. Para eso se recurre incluso al medieval argumento de autoridad: i. e., Nietszche comentando que Leibniz es más simpático que Kant (¿?). Es cierto, nadie se opone a la recuperación de la combinatoria, ni de la lógica, ni de la epistemología, pero… de la ¡Teodicea! Género literario, si los hay, que merecería inmediatamente las hogueras a las que se destinan, por su deshonestidad y su mal gusto, la pornografía, la autocomplaciente literatura epigonal y el periodismo amarillento.
La bifurcación y la disyunción de la serie más divergente se pasa por alto ruidosamente —el argumento es de Colli― que este filósofo áulico, ambicioso, merodeador de corredores infinitos y nulos, tocado por esa peluca de bucles rococó más que por el pliegue barroco, fue el que bifurcó fatalmente el saber en dos: filosofía y ciencias (a su vez, divididas oficialmente a partir del siglo XIX en ciencias humanas y ciencias exactas). Si desde Tales la filosofía había prohijado, educado, desbastado a las ciencias, Leibniz la entregó vilmente a los poderosos (ya Descartes, con sus escarceos con Cristina, realizó un primer intento mefistofélico en este sentido). La madre se convierte en la hija: Leibniz o el trastrocamiento de los saberes (la anécdota, disyucta o bifurcante, entre Fermi y Oppenheimer, es una variación “libre” y determinada de este minueto palaciego leibniziano). Bueno, decir que Borges (y también un best seller como Leblanc) es un discípulo de Leibniz es traficar gato por liebre; en rigor, habría que decir que Borges es más radicalmente leibniziano que Leibniz: ya en La lotería de Babilonia (y en el fondo éste es el tema también de El jardín de los senderos que se bifurcan), todos los mundos posibles son convocados y vividos bajo el imperio del azar primigenio de las portentosas actas de libertad: hoy la rifa me dice que habré de vivir boca abajo, mañana que tendré que suicidarme, etc. No hay predominio ni vivencia monopólica del Mejor mundo posible.
En realidad, Leibniz es un Borges timorato (matemáticamente) o tramposo (lógicamente): no lleva la lógica hasta las últimas consecuencias de su devenir de hierro, hasta el absurdo que esconden sus leyes internas, hasta los monstruos que duermen bajo la fantasía del infinito Mejor e insuperable.
Tampoco es cierto que tal Mejor lo sea realmente. Por ejemplo, si el reino leibniziano es el del despotismo ilustrado y aparece otro (radicalmente otro) constituido por un rey guerrero y melancólicamente decadente, cuyas leyes exijan sólo 5 horas laborales y dejen después de tal jornada libre el tiempo para la fiesta, etc., éste último habrá negado
Hablando de retórica, Deleuze —perdón por decir lo que siento— sucumbe a ella cuando trata de justificar la justificación (la teodicea). Allí la filosofía cae inexorablemente en la retórica vacua (por más que Leibniz insista en negar el vacío). No hace falta legitimar lo que ya no nos interesa. La teodicea ni siquiera puede sufrir el último avatar de formas más nobles del género literario, como, por ejemplo, el del soneto, que de Quevedo (barroco) acaba en los 100 sonetos de un Sabina desplegando su vacuidad nicotínica y opresiva.
En plena Nueva Armonía (¿New Order nazi?), del leibnizianismo reciclado, contrahecho como un Frankestein post-neobarroco, Deleuze sigue manteniendo un prejuicio alemán (francés), europeo, hacia el jazz. Porque, digámoslo claramente, lo de Adorno contra el jazz era un simple prejuicio continental hacia las excolonias (el prejuicio que ya mostraba Kant contra los negros en el siglo XVIII). Es cierto, Deleuze cita a Cage en esta nueva constelación musical (o nueva pléyade), pero la música aleatoria, el piano preparado de 1939 cagiano, es de raigambre europea también, azar supurado entre lo schonbergeriano y lo duchampiano. Forma parte de la dilatada tradición de la música clásica que se critica a sí misma y se vuelve vanguardia después de cruzar por los territorios de lo dodecafónico y lo atonal. ¿Y el noise? (La música ruidosa por qué no pinta nada en esta historia. El casi absoluto afuera, el adiós a la melodía, a la armonía e incluso al yo de la monodia rousseauniana.) ¿Por qué no hace acto de presencia? ¿Es demasiado dada? ¿Por su turbia filiación ñembo futurista-fascista?
Bueno, no importa. (En todo caso, desde mi perspectiva tercermundista y progre-prole, sigue siendo muy de vanguardia del siglo XX, cerebral e intelectual, eso de dejarse llevar por el desmoronamiento de lo aburrido, como los cuerpos de Beckett, por la absoluta permanencia y ausencia de rictus, de cadencias, de la más mínima variación de movimiento del “ruidismo”, sólo energía (¿mística?) abismal zumbando en el nirvana de nuestra inanidad.)
Si existe alguna música propiamente proletaria cuál mejor que la de los negros de Nueva Orleáns y su jazz (los gitanos quedan fuera ahora a pesar de su nomadismo y de sus escarceos con lo delincuencial, porque en realidad no “trabajan”y, por ende, no sufren ninguna imposición social). Sí, el jazz es creación de analfabetos (de músicos que no saben leer las partituras, por lo menos), creación que nada sabe de teoría y solfeo, que nada tiene del aristocratismo de
Creo que voy a terminar afiliándome a la herejía de Graham Greene (cercana a la de Bloy, si lo miras bien: aquélla que propugna para los pobres la inmediata entrada en el cielo por su simple existencia o presencia física y fáctica de menesterosos sin remedio).
¿Por qué la controversia contra
La percepción alucinatoria quizá tenga una faceta “barroca” en el caso del suicida Von Kleist, pero monsieur Deleuze olvida que el romántico Novalis es quien explícitamente define la actividad de la mente como “alucinatoria” en sus fragmentos.
La invaginación de las mónadas “desnudas”, no iluminadas, negras, de las metástasis del cáncer y de las virosis del sida (espantosas melodías de la naturaleza), merecería un desarrollo ulterior por parte de un deleuziano del siglo XXI, más sombrío e insobornable ante la batuta del optimismo leibniziano, digamos una especie de Cioran perdido en el laberinto de la matemática de los transfinitos teniendo sólo para orientarse en él las monstruosidades frankensteinianas del tardodieciochesco y decimonónico horror gótico.
Si estamos de acuerdo con Baudelaire de que el hombre es un animal adorador, hay que decir que la adoración nos puede llevar al vacío. Que Deleuze caiga solo, asumiendo su nombre, en todo, caso lo podemos ayudar a dar un impulso al vacío, pero no caer con él. La filosofía que impera o trata de imperar es mera literatura con investidura de mayor seriedad. No hay monopolio o mayor acercamiento de la verdad en la filosofía, eso es claro. Son juegos virtuosistas, forzando la verosimilitud, lastrando su jerga de la autenticidad académica. Y los adoradores sucumben como moscas. Digamos adiós a todo eso de una buena vez.