kurupí akärakú paraguay akärakú kurupí paraguay akärakú paraguay akärakú paraguay

KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, diciembre 31, 2005

Paratextuales en torno a musica ficta y hurras a bizancio de Morales

Muy buenas noches a todos. Me referiré muy brevemente a los dos libros de Joaquín Morales que se presentan hoy ante ustedes, pese a que encontraría, no un vanidoso, sino un humilde placer en hablar de ellos durante mucho tiempo, porque no deseo, con la intrusión de mis palabras, interferir en el encuentro personal de cada uno de los lectores con estos poemas a los que no escatimaré la calificación de extraordinarios. Conforme iba leyendo estos dos libros, musica ficta y hurras a bizancio, en la por otra parte irreprochable, sobria y bella edición de Jakembo realizada por el poeta Cristino Bogado, me iba percatando de que comentarlos sería un ejercicio de humildad, pues es infrecuente que un presentador, prologuista o crítico se encuentre frente a una obra ante la que tenga que admitir que siempre será más importante que todo lo que uno pueda decir sobre ella. Lo usual ―permítanme ser malvada― suele ser lo inverso. Wystan Hugh Auden ha señalado que de ninguna manera pude decirse que el placer sea una guía crítica infalible, pero sí que es la menos falible de todas. Quisiera matizar esta opinión, por otra parte cierta, refiriéndome al término "placer". Hay muchas formas de placer, y hay placeres leves y placeres extremos. Entre los primeros se cuentan, por ejemplo, el de disfrutar de una brisa agradable, el de apoltronarse en un asiento confortable o el de olfatear una copa de buen brandy. Todos ellos se caracterizan porque no comprometen la integridad de nuestro ser ni la estabilidad de nuestra consciencia. Pero los placeres realmente extremos, que suelen relacionarse con el vicio, el crimen y el pecado ―pienso en los placeres del asesinato real o simbólico, de todas las formas de la crueldad, de la embriaguez, de la lujuria y del arte―, inevitablemente enturbian la lucidez de la mente más cartesianamente "clara y distinta" y desarreglan la serenidad habitual de esa primera persona del singular que nos constituye y que se ajusta por lo general de acuerdo a la ordenada posesión de sí misma, y por esta razón presentimos en ellos un peligro que los emponzoña, pero que, paradójicamente, los hace aún más exquisitos. El verdadero placer es siempre un placer envenenado. Creo que esa guía crítica casi infalible de la que hablaba Auden debe contemplarse a la luz de esta noción de placer, que seguramente puede parecer perversa (que sin duda es perversa, en efecto), pero que resulta ineludible cuando el lector se aproxima a la destilación elegante, de factura ciertamente clásica y aparentemente distanciada, del delicioso veneno de los poemas de Morales. Hablar del doloroso placer de la existencia, doloroso porque la vida, como toda luz, se acompaña siempre de la sombra que ella misma proyecta y que le es consustancial ―en este caso, la Muerte―, puede dar la impresión de que hago filosofía barata con ocasión de este comentario. Pero, así como hay mentiras de apariencia muy brillante, existen también verdades de apariencia muy trivial. Creo que ésta es una de ellas, en especial si nos acercamos a esa parodia, que es también un homenaje, desencantado y nostálgico, burlón y tierno, en que consiste hurras a bizancio, enfrentamiento del hijo contra el padre análogo al de Pound contra el gran Whitman, sólo que aquí ese padre, a quien se invoca con desdeñosa burla y entrañable y desengañado afecto, se ha vuelto senil, o, más bien, es el tiempo mismo quien así lo ha vuelto, ante la melancolía y el irónico entusiasmo de su hijo, que sostiene él mismo con puntales el monumento de ese ídolo caduco, de su propio enemigo, para poder enfrentarlo sin que el yeso se caiga a pedazos. Y sin que con él se derrumbe también el gran y vano sueño, "el sueño triste y resbaloso", como dice Morales, "kitsch y cursi, cuasi-facho y sensiblero / de los niños, las palomas, / la tricolor flameando allá / donde el sol antes salía": el gran y vano sueño de la "bienamada y putísima bizancio", de la disglósica Arcadia que en verdad nunca existió, pero que, como todas las mentiras muy amadas, tampoco puede desaparecer. Todos nosotros, los aquí presentes, a quienes el Azar o la Providencia, por nacimiento o por sino, han destinado a habitar en la soñada Bizancio, paseamos por sus plazas, parques, jardines y museos, espacios recogidos en una sección del libro, entre sus bronces y piedras que "son mero accidente", o bien deambulamos por las cátedras, claustros, laboratorios y arsenales del espíritu bizantino, nombre de otro capítulo de hurras a bizancio, y nos movemos entre sus leyendas y entre sus fantasmas, en medio de la grávida presencia de los ausentes, a veces invocados, con resignada urgencia, si cabe la expresión, como en este poema que Morales dirige a sus muertos: "no quiero dejar la casa abierta esperando que vuelvas, / y amanecer contando las baldosas. / por eso te doy un libro como seña, / éste. / por si no quieras venir, / no hay mandamiento que te ordene. // por si te pierdas de venida, / el libro contiene sueños y encantamientos / para levantar más alta casa, / y más abierta y más nuestra: / desde allí, qué fácil vernos. // y por si quieras venir, / mientras estés viniendo, / al abrir tu libro –es éste- / se abrirán las ventanas, / y he de ver tu nombre en todos los libros, / y luz, la tuya, // retornando a casa". Casa que es la nuestra, celebrada por los ensalmos, al decir de Morales, "medio kachiäi de los decires cultos y de nación", alucinación colectiva que soñamos o que tal vez nos sueña, pobre madre nutricia de senos más bien secos, amado verdugo de sus mejores hijos, de los únicos que nunca la traicionan: Bizancio. Paraguay. Homenajeado, ¿es preciso decirlo?, como se lo merece: con amor y con áspera burla. Y también con tristeza. Por su parte, musica ficta, como su nombre lo indica, muestra el concierto silencioso de la mente: es música, pero imaginaria, sin la materialidad vibrante de las ondas sonoras estimulando el tímpano, hecha de rondós, pavanas y gallardas, de óperas bufas, de ragtimes y de blues. La voz principal se hurta tras el discreto hermetismo de las alusiones personales y se bifurca en voces diversas, permitiendo apenas adivinar fragmentos de una verdad última que quizá no exista: el supuesto autor, y, con él, el mundo, así llamado, "real". Si hay un rostro final, sólido y sin fisuras, detrás de todas las máscaras, o si en éstas consiste todo lo existente, es pregunta que el libro, sutilmente inquietante, obliga al lector a formularse acerca de sí mismo. lector al que interpela, desde su "fe de erratas", como "mi semejante, mi hermano, y otras invocaciones sin esperanza", con sarcasmo dulce y hasta piadoso: "chúlina mi pálido lector de largas orejas, / si no ancha ojera profesional, / príncipe en su tarde libre, / o esclavo de promedio masivo y / típica desviación estándar, / aquí se desencarna, cambia uniforme por piel, / frente a su chimenea mental, / carbones encendidos en su cabecita, / su brasero de angustias / donde se fríe la cultura empanizada, / complacido en que reconocerá públicamente / -círculo de elegidos o amigos de su barrio, pocos pero buenos- // que me lee, sí señor, / que confía en mis intentos de mago sin conejos aptos, / o imprudente magia excesiva para auditorio sin sombreros de copa..." Si ambos libros poseen una perfecta autonomía, algo los une: el humor los recorre a ambos por igual. El humor, esa muralla que la flaqueza levanta contra los horrores de la vida, como si una sonrisa los pudiera borrar. Recurso, digámoslo ya, propio de almas frágiles y quebradizas, pero que a él le deben su verdadera fuerza. Y, sin embargo, si bien el humor es una refinada e inteligente presencia en toda la obra de Morales, produce una risa, pese a que jubilosa ante el ingenio, más triste que una mueca de amargura: "y las cabezas, recién cortadas / (que así las quiero para siempre: / frescas, / intactas, / inolvidables, / horrorosamente puras, / y sobre todo, más que nada: / desde el horror vociferando / calladas, mudas // que así las quiero para siempre / y me importan un bledo / la gobernabilidad, / los pactos de silencio, / las puercas transas de conciencia,) // y las cabezas, ya para siempre / recién nomás cortadas, / ningún futuro, / don Eloy, che capelú, mi cuate, / ninguna arcádica visión veían / para contarnos". Se agradece también la gentileza para celebrar magnánimamente a las delicadas criaturas de este mundo; ya Baudelaire, quien también interpeló, como Morales, a su "hipócrita lector", rindió tributo a sus amados gatos: "Ven bello gato, a mi amoroso pecho, / retén las uñas de tu pata, / y deja que me hunda en tus ojos hermosos, / mezcla de ágata y metal". Morales admira también la gracia de esa "madre resignadamente gata", misteriosamente preñada en algún orgiástico ritual felino entre los murallones y azoteas de Bizancio por un secreto "dios de cuatro patas", y no podría ser más deliciosa la respetuosa invocación que le dirige: "señora del paso cauteloso". Sería una impudicia casi obscena aludir al secreto infierno en el que a veces se gestan los poemas que llegan al lector que nunca lo sospecha, y no lo haré, por ende, pues los poetas agradecemos que se guarde silencio al respecto. Sólo diré, a riesgo de sufrir condena por soberbia, que también lo conozco y que sorprendería al público saber cuán pocos, en verdad, entre la muchedumbre de escritores que publican libros y más libros, lo han visto o habitado realmente. Joaquín Morales es uno de esos pocos. Es de ese infierno ignorado de donde procede, por ejemplo, esta variación retórica mínima, perteneciente al libro musica ficta. Poema aparentemente inocuo, juguetón, casi naïf, un tanto cómico incluso, y, sin embargo, quizá por ello mismo, lo más siniestro que he leído en mucho tiempo: "que te agarre la muerte en medio del café con leche, / a solas con la gloria de tu mejor medialuna; / que te agarre la muerte / con helado a medio consumir, / y lo que resta, delicia de la mosca anónima; / que te agarre la muerte en calzoncillos, / plácido, indefenso, / rascándote el ombligo y la experiencia; / que te agarre la muerte con tu historia / poco florecida de fanfarrias, / casi todavía en plena afinación; / que te agarre la muerte tal tropiezo / en vals de maniquí de escaparate, / descompuesto el tres por cuatro, / el charol pisoteado; / que te agarre la muerte como en broma, / un empujón nomás hacia un costado". Muchas gracias. Presentación a cargo de Montserrat Álvarez de musica ficta semitonia subintellecta y hurras a bizancio, de Joaquín Morales, Jakembo editores, en el Centro Cultural de la República El Cabildo, Asunción, viernes 30 de diciembre, 2005

miércoles, diciembre 28, 2005

Dos libros del periodo 86-93 del huidizo Morales se enorgullece en publicar la gente de Jakembo

minuciosidad arquitectónica de sus paisajistas, o razones del fracaso de toda escuela exquisita sobre el puente de Aviñón sólo están sus señoritas señoritas de Aviñón y un pintor impresionista bajo el puente de Aviñón escapados del artista baila el agua con el pez y entre peces los bañistas hacen así, así las lavanderas que bautizan sus jabones como san juan el bautista hacen así, así hacen las paseras que navegan sus jamones amigadas con el vista presta el sátiro su peine a la bella oficinista se emborracha el marinero con su amigo el travestista juegan fútbol las señoras y vóley los futbolistas suenan gritos y cachaca en río de cervecitas hacen así, así me gusta a mí: bajo el puente de Aviñón corretean señoritas señoritas de Aviñón y un señor con corbatita ¿sobre el puente de Aviñón? un manchón impresionista el místico turiferario salve oh salve objeto de conocimiento aquí en el umbral me arrodillo, planto mi estandarte, alzo mi tienda ante tu guarida que es tu templo prendo velas, quemo incienso mirra azufre un poco de cannabis altoparanaense entono sarta de encantamientos en idioma que desconozco lengua muerta, manual de instrucciones libro de las transmigraciones y exilios y muertos en Vos confío y pido perdón por lo que pueda conocer sin tu aquiescencia cierro los ojos para ver en claridad me sumerjo en nubes interiores, floto en la luz y el origen fuente de bondad, géyser del espíritu emanación de las ideas eternales no puede mi entendimiento mirar con certidumbre lo que busco está en todas partes y yo no veo dentro de mí y cerca de mí y yo no siento me apoyo en el báculo y la vara y el cayado por no tropezar con el objeto equivocado (qué vergüenza!) me humillo, me prosterno, me flagelo, ay, me duele pero me gusta más! más! todo sea por el placer... del conocimiento Ezequiel, 37 háganse a un lado, déjenme un hueco quiero depositar aquí entre ustedes el ramo fresco de mis huesos, recientes en esta brusca dádiva de muerte. quiero esparcirme para sentir menos intensa esta extraña cantidad que me visita. que el blanco oficio del olvido me calme, del tiempo la lengua apasionada lamiendo ya la gelatina que solía recordar ser alguien. carne que ignora su dura flor subyacente, costumbre de tendones de organizar un movimiento, historias y alimentos por no dejar en paz las quijadas son lo primero que olvidamos. después crece porosa oscuridad por dentro, indiferencia por quién engendró a quién, quién a qué pertenecía, si hay más dignidad en cráneo que en costilla. sólo les une el viento que odian, que arma y desarma genealogías para reunir al hueso con su contrario exacto, al hijo disperso con el padre repartido entre huesos de otro tiempo. ¿y qué es el tiempo, sino más huesos? el sonido hueco al entrechocarse hace creer a los que observan que hueso y hueso conversan pero sólo hay anónimo color blanco inconexo comemos nuestra muerte y nos lavamos en fluido en que volvemos a nacer: el abuelo en la copa que heredamos, yo en el cuenco de su cráneo. con las sílabas de antiguos nombres rastrillamos un abra de los dos en el boscaje ajeno. y en la pequeña fogata donde ya somos el humo una salamandra se duerme y escapa hacia otro fuego a mis muertos, para que vuelvan no quiero dejar la casa abierta esperando que vuelvas , y amanecer contando las baldosas. por eso te doy un libro como seña, éste. por si no quieras venir, no hay mandamiento que te ordene. por si te pierdas de venida, el libro contiene sueños y encantamientos para levantar más alta casa, y más abierta y más nuestra: desde allí, qué fácil vernos. y por si quieras venir, mientras estés viniendo, al abrir tu libro -- es éste -- se abrirán las ventanas, y he de ver tu nombre en todos los libros, y luz, la tuya, retornando a casa De hurras a bizancio, de Joaquín Morales, Jakembo editores, Asunción, Paraguay, diciembre, 2005 ragtime cartesiano y cruel pega miss piggy una luna en el pegajoso cielo de su balcón ¿qué clase de luna pega? una luna despegable de cartón pegan pestañas a miss piggy (a los párpados pegados a mis piggy) y una mirada pegajosa pestañea despegándose de los ojos sin pestañas verdaderas (sin párpados sin ojos sin miradas sin miss piggy ni nada) ¿de qué color es el iris? del mismo color que miss piggy graciosamente pegada a miss piggy piensa su cabeza pigmentada, piensa en bigotes de poliéster masculino cosquilleando sus mejillas de tiernísima marrana ¡atención! que este pícnico amor en pensamiento no se pliega a la razón cartesiana - ¿qué clase de amor a miss piggy mejor se adapta? un chancho amor bien espigado en cuatro patas ¡atención! miss piggy no es su trenza ni su pelo de hilo y de goma ni la pana lujosa que tapa la pena de su corazón de lona miss piggy al parecer ni piensa si piensa se deja de parecer no pareciendo desaparece sin que aparezca su ser: ¡ni siquiera es pensamiento! De musica ficta, de Joaquín Morales, Jakembo editores, Asunción-Paraguay, diciembre, 2005

martes, diciembre 27, 2005

Suertes cambiantes del sumatrense león de alá, el malayo Julio Carrasco

Cuando rescaté a Sofía Muchas veces soñé con rescatar a sofía de un incendio, un secuestro o algo así Mis sueños tenían finales de película, delirios infantiles que sólo yo me perdono Pero una vez la salvé realmente, aunque ella no lo sabe Estábamos sentados uno junto al otro en su departamento Habíamos empezado a hablar cuando el sol estaba alto y ahora, con la llegada al balcón de las últimas luces del día (no tan diferentes de las últimas de mi vida, pensaba yo) no quedaba nada por decir Sofía estaba de espaldas al balcón y frente a mí por eso su cara había quedado parcialmente en penumbras Siempre la exasperó no saber nen qué estaba pensando En ese momento no pensaba en nadfa Mi vista iba y venía entre ella y el atardecer Primero el balcón, después ella, de nuevo el balcón, mecánicamente Hasta que, encandilado por la diferencia de luz empecé a perder los contornos de su figura cada vez la veía más borrosa; se estaba desvaneciendo Sentí miedo, Sofía se estaba desvaneciendo entonces yo la rescaté y la traje a este poema donde será siempre bonita como esa tarde y nada podrá hacerle daño nunca. Y nada podrá hacerte daño nunca Sofía del libro Sumatra, de Julio Carrasco, Ediciones Tácitas, Santiago de Chile, noviembre, 2005

martes, diciembre 20, 2005

Mbopí vuelve desplegar sus alas con su atávica burrez estruendosa y honesta

La literatura es indispensable para nuestro enriquecimiento cultural.No es una costumbre muy folclórica en nuestro medio ambiente, pero creemosque es fundamental que los jóvenes se interesen por los libros, sean estosnovelescos, de historia, testimoniales, ficticios, románticos, biográficos,poéticos, terroríficos, satíricos, clásicos… en fin sea cual sea el tema, esnecesario elevar el nivel cultural de los jóvenes, y una forma de lograrlo,es mediante la lectura.El intelecto se desarrolla, el espíritu crítico se enriquece, la visión demundo se amplía, los criterios se agudizan, los conocimientos dejan de estarlejos para estar al alcance de todos.Una forma de lucha contra la dominación, la dependencia, la opresión y lamanipulación de la información, de pensamiento, de opinión, una forma deabrazar la libertad, se logra mediante el estímulo, el afianzamiento y elfortalecimiento del nivel intelectual y cultural de los pueblos…Mientras más ignorante y analfabeto es un pueblo, más fácil de dominarlotiránicamente se hace: por eso las dictaduras combaten a la cultura, a laeducación, prohíben y censuran obras artístico – culturales, pues porque el pueblo que sabe, no se deja aplastar.A lo largo de las próximas ediciones del Mbopí, dedicaremos este espacio alarte de la Literatura y la Poesía, para de paso recomendarles obras dedistintos géneros, estilos, latinoamericanas y extranjeras…Muchas de las letras que nos aprendemos de memoria, de nuestros grupos“ídolos” están inspiradas en grandes obras de literatura, que el Headbangerno debe desconocer…Nos grupos roqueros quieren compartir con su público ideas, pensamientos,críticas y opiniones, y nosotros podemos descifrarlas con mayor claridad yaprender a valorarlas auténticamente, si nos sumergimos en la lectura y enel análisis crítico de las cuestiones.Hoy presentaremos a grandes maestros del Terror, de la Ciencia Ficción y dela Fantasía…STEPHEN KING: autor contemporáneo norteamericano de conocidísimas obras deterror y suspenso, muchas de las cuales fueron llevadas a la pantallagigante. Su estilo es una atractiva combinación entre el buen humor negro ymacabro, con la crítica político – social y una negra descripción de lasmonstruosidades de las cuales son capaces los seres humanos y otrosfenómenos.Muchos títulos los publicó bajo el seudónimo de Richard Bachmann; de entresus obras más taquilleras podemos destacar: “It”; “Cujo”; “Maleficio”;“Cementerio de animales”; “Christine”; “Carrie”; “La zona muerta”; “Ojos defuego”; “El fugitivo”; “El misterio de Salem’s Lot”; etc. Les garantizo unexcelente pasatiempos, no sólo provechoso sino que fundamentalmenteentretenidísimo…H. P. LOVECRAFT: cuentista clásico de principios de siglo, experto en obrassumamente negras y morbosas… sus libros huelen a azufre… tuvo una vida muyagitada, que en parte explica la visión oscura que nos transmiten sus obras:“Los Mitos de Othulhu”; “El Horror de Dunwich”; “Viajes al otro mundo”; “Lasombra sobre Innsmouh”; “La habitación cerrada y otros cuentos”…Este autor es la principal fuente de inspiración temática de la mayoría delos grupos cultores del Black y el Death Metal.EDGAR ALLAN POE: a este clásico de la literatura terrorífica, sin duda almenos de nombre lo conocerán muchos de ustedes. Nacido en Batilmore en 1813y muerto en 1849, alcohólico, creativo, irónico, morboso, oscuro, perosumamente poético, fue y es fuente de inspiración de la mayoría de losautores posteriores y contemporáneos del género, y sus obras tambiéntentaron a grandes cineastas de nuestros tiempos y músicos roqueros ni quedecir. Sus obras son miles, pero destacaremos: “Relato de A. Gordon Pym”;“El gato negro”; “El Rey peste”; “Los crímenes de la Rue Morgue”; “Elcorazón revelador”; “El escarabajo de Oro”; “El hundimiento de la casaUsher”; “El entierro prematuro”; “La aventura sin par de un tal Hans Pfaal”,etc.En ciencia ficción y fantasía destacaremos a la genialidad de clásicos comoJULES VERNES y ALDOUS HUXLEY (“Un mundo feliz”) y algunos un poco máscontemporáneos como J. R. R. TOLKIEN (“El señor de los anillos”; ANTHONYBURGESS (“La naranja mecánica”; ISAAC ASIMOV (“I, robot”, “Los propiosdioses”; “Trilogía de las fundaciones”), GEORGE ORWELL (“1984”, “Rebelión enla granja”, etc.En los próximos números hablaremos de más clásicos y contemporáneos dedistintos géneros, extranjeros y latinoamericanos, que DEBEN conocer yaprender a apreciar.- de Felipe Vallejos (*) Músico: integrante de los legendarios grupos locales RAWHIDE (trashmetal), KAOS (1ra. banda punk paraguaya) y SHAMÁN. Periodista del Diario LANACIÓN, y por aquel tiempo Coordinador del Fanzine “Mbopí”.Nota de la Redacción: El presente artículo fue extraído del FANZINE “MBOPÍ –El vocero del subterráneo”, Número Tres, del mes de febrero de 1991, editadoen Asunción, Paraguay.

lunes, diciembre 19, 2005

Góngora Reloaded

Para Franz K. y el Dr. Bucéfalo Tenemos un nuevo arquero en el fútbol paraguayo, Martín Góngora. A su cuidado está el arco del Club Guaraní. Suelo seguir por radio el desarrollo de los encuentros de primera división del fútbol local y me llamó siempre la atención el casual apellido literario del guardameta aborígen. Hace poco tuve la oportunidad de ver los partidos por el vice-campeonato absoluto que disputaron Guaraní y Libertad y fue sólo entonces que cai en la cuenta de la verdad. En realidad, Góngora ha cambiado bastante su aspecto. Otrora invadido por una casi completa calvicie, ahora gasta una tupida melena. El que nació en el mismo suelo que Séneca no conserva ya su tono español. El mismo le ha sido sustituido por una voz rioplatense. Muy escaso es el parecido físico con el que solía ser durante el Siglo de Oro. Ahora está enguantada la mano que antes labraba versos y latines; esa mano de jugador dostoievskiano que temblaba de deseo ante la visión de unos naipes. Pero si uno observa bien y con mucha atención podrá ver que el que cuida los tres palos del arco legendario no es otro que el legendario escritor barroco. Hay algo en su forma de moverse, tiene un no-se-qué que delata una filiación indiscutible con su antepasado culterano. Mirando con detenimiento los primeros planos de las cámaras durante un tiro libre se puede ver reflejado en el rostro del arquero las heridas que el inmortal Quevedo infligió a su alma; es también fácilmente visible el orgullo quebrantado por las pullas de Lope de Vega. Al observador minucioso no se le escapa la manera en que sale a cortar un tiro de esquina. Ese modo de saltar y levantar las rodillas está unido indisolublemente a quien escribió la Fábula de Polifemo y Galatea. La obscuridad manifiesta y los diversos trucos engañosos que emplea para desorientar a un delantero rival remiten directamente a las elaboradas metáforas y enrevesados hiperbatones que antes forjaba. El nuevo Góngora ya no escribe “A batallas de amor campo de pluma”. Una vez cuando estaba por enfrentarse a un penal pude leerle los labios, y podría jurar que -entre toda su jerigonza- decía “A batallas de amor campo de fútbol”, como corresponde a su nuevo oficio.
Pero qué hermoso es el fútbol. Y qué linda es la literatura. Y qué pena que el domingo último no pudo Guaraní vencer a Libertad. De haberlo hecho, todos hubiéramos podido disfrutar viendo al gran poeta culterano disputar la Copa Libertadores del 2006 con un modesto equipo sudamericano. De todos modos, viva el fútbol. Y larga vida a la reencarnación.

sábado, diciembre 17, 2005

Escritores peruanos andinos y pitucos durante la FIl Guadalajara

El pasado jueves 08, el periodista César Hildebrandt entrevistó en su sintonizado programa de televisión en Lima a Jaime Bayly, quien dio una particular visión de la Feria del Libro de Guadalajara, en la que escritores andinos y criollos supuestamente se evitaban hasta en los ascensores: "Yo, la verdad, esto lo veo con mucho humor porque entre ellos mismos se pelean mucho. Ahora lo vi en la Feria de Guadalajara. Era graciosísimo. Yo no estaba en el hotel en que ellos estaban alojados, por suerte. Ya esa era una razón por la que me odiaban, porque yo estaba en un hotel que tenía una estrella más. Entonces había el bando de los andinos y el bando de los costeños o de los pitucos. Creo que ni los andinos son tan andinos ni los pitucos son tan pitucos. Y se parecen entre ellos mucho más de lo que sospechan. Entonces se evitan, uno sube a un ascensor, el otro sube al otro. Se mandan mensajes cifrados, insultos, se jalan el mantel. Da un poco de pena. Cuentan a ver quién llevó más gente. Yo llevé 18, yo llevé 21 a mi acto. Es un esperpento y es un reflejo un poco de lo que somos".

Sin embargo, para nuestra sorpresa, Dante Castro, quien asistió también a dicha Feria, contradice abiertamente el testimonio: "Bayly jamás vio una escena así en Guadalajara. Simplemente se la imaginó, pues a la FIL no asistió ningún andino invitado (excepto que alguien considere a Edgardo Rivera Martínez, Oswaldo Reynoso o Miguel Gutiérrez como tales). Los "polémicos" que asistimos, lo hicimos por nuestra cuenta. Al revés de su versión, entre andinos y pitucos hubo cortesía, sabia discreción y hasta intercambio de obras. Pregúntenle a Alonso Cueto o a Jorge Eduardo Benavides acerca de esto y les dirá lo mismo que digo. No hubo tirantez, ni negativas de saludos, ni cambio de ascensores u otra estupidez. Hubo cortesía entre seres civilizados sin transigir respecto a nuestras discrepancias. Los papelones se los imaginó aquel que no tiene imaginación para hacer buena literatura. Y si en algo nos parecemos, es en que somos escritores. Jaime Bayly no lo es...".

Por su parte, Iván Thays, otro de los asistentes a Guadalajara (dentro de la delegación oficial), nos expresó también que en la FIL "la cortesía fue lo que primó en todo, por ejemplo vi cuando Oswaldo Reynoso abrazó a Alonso Cueto, lo felicitó por el premio y le dijo que las discusiones eran literarias y no personales, como debe ser".

Si las declaraciones de Bayly dieron a entender que en Guadalajara se había dado algo similar al ya famoso Encuentro de Narradores de Madrid (allí está la amplia y sostenida polémica que se dio a raíz del mismo), lo expresado por Castro y Thays nos está diciendo más bien que no ha sido, ni remotamente, parecido.

Paolo de Lima, en La insignia, Perú, 16 de diciembre del 2005

jueves, diciembre 15, 2005

Los relojes se han roto

Los relojes se han roto: Muestra de la nueva poesía peruana (Ediciones Arlequín/ Selección y prólogo de Enrique Bernales y Carlos Villacorta) ‘¿Para qué poetas en tiempos de miseria?’ dice un famoso verso de Hölderlin, ciertamente la misma honda preocupación rondaría por la cabeza de los jóvenes muchachos peruanos que a comienzos de los noventa empezaban a manifestar su voz en diferentes recitales de poesía por la ciudad de Lima, una ciudad quebrada por una guerra civil rampando por cada una de sus esquinas, ciudad próxima a caer en manos de un movimiento maoísta mesiánico llamado Sendero Luminoso, pero que finalmente cayó en manos de una cruel y postmoderna dictadura cívico-militar organizada desde el mismo Estado. Lima, la capital del Perú, como todo el resto del país, vivía en las tinieblas, por las continuas voladuras de torres de alta tensión, sufriendo asimismo carestía de agua potable y de otros servicios básicos. Pero no sólo eso, en pleno reino de la noche, los más horrendos crímenes secretos del Estado y los continuos atentados de los subversivos irrumpían en los sueños de los jóvenes, que no volvieron a dormir jamás con tranquilidad. A diferencia de épocas pasadas en la poesía peruana, los nuevos creadores de fines del siglo XX crecieron bajo el efecto de una sangrienta guerra civil y esta crucial experiencia marcó sus vidas profundamente. Estos son los poetas que constituyen la que denominamos, la generación de la violencia, la generación del noventa: Carlos Oliva, Montserrat Álvarez, Victoria Guerrero, Chrystian Zegarra, Martín Rodríguez-Gaona, Xavier Echarri, Roxana Crisólogo, Miguel Ildefonso, Lorenzo Helguero, Josemári Recalde y José Carlos Yrigoyen. Estos son algunos de los jóvenes que crecieron bajo el efecto de las bombas y de los asesinatos selectivos, practicando el oficio poético destacadamente, haciendo frente, a través de su arte, al miedo impuesto por una dictadura. Enrique Bernales

martes, diciembre 13, 2005

Primer avatar limeño (peruano) del dios cuyos blasones son el juego de yankempo (paper, rock & scissors)

Jakembó editores empezó sus actividades inaugurando su colección de poesía Theis moira con el libro Dandy ante el vértigo, del poeta Cristino Bogado, en noviembre del 2004, y su colección de narrativa Ñe’ẽreí (en guaraní, fabulación, mentira, delirio, ficción) con el lanzamiento del libro de Javier Viveros la luz marchita, en agosto de 2005, y prevé, para inicios del 2006, la apertura de su colección de ensayo Bestias-oráculos (nombre que alude y homenajea al dandy y anarquista español Rafael Barret) con la edición del texto de reflexión filosófica sobre temas de arte y estética El comienzo de lo terrible, de Montserrat Álvarez. Hoy se complace en presentar al público peruano (la presentación al público paraguayo está prevista para el viernes 30 del corriente) el poemario Heautontimoroumenos, de Miguel Ildefonso. A riesgo de pecar de inmodestia, debemos decir que la vitalidad actual y en franca progresión de nuestra joven editorial se evidencia con la abundante agenda de futuras publicaciones, pues están en preparación los números 3 y 4 de su colección de poesía, dos libros del poeta asunceno Joaquín Morales: música ficta y Hurras a Bizancio, los cuales serán lanzados el ya mencionado día 30 de diciembre conjuntamente con este libro de Miguel Ildefonso, y en enero del 2006 se presentará La conspiración de los ginecólogos, de Jorge Kanese, así como alguna sorpresilla nuevamente por el lado de Lima, acaso ―así lo esperamos— un libro del talentoso autor de Arquitectura del espanto, el poeta Domingo de Ramos, y, dentro de ese mismo 2006 de inminente inicio, un ensayo del filósofo, poeta y aforismólogo mexicano Luigi Amara, además de estar prevista la apertura de una nueva colección de Jakembó dedicada a textos colectivos que llevará el nombre de Fuera de la grey y cuyo primer título recogerá las conferencias impartidas por jóvenes filósofos locales durante la Semana del Pensamiento Alemán de la Universidad Iberoamericana de Asunción en noviembre de este año 2005. El nombre de Jakembó para una editorial dedicada a la literatura, en sus modalidades de poesía, ensayo, narrativa, textos colectivos de reflexión y creación y traducciones, implica un desafío y una denuncia en su posible error ortográfico. Dado que la escritura del guaraní nunca se ha estandarizado, esa adopción de la “j” en vez de la más usual “h” manifiesta la indeterminación de la realidad paraguaya. Para el logotipo de la colección Theis moira se ha recurrido a una reproducción de la placa de arcilla mesopotámica recientemente expuesta en el Museo Británico que representa a la Reina de la Noche, la Lilith legendaria de los textos judíos, especie de Afrodita maléfica sumero-acadia rodeada por su guardia de corps de lechuzas, cuyas garras y alas ella misma posee, y cánidos felínicos vagamente leoninos. En cuanto al logotipo de la colección Ñe’ereí, es un apyka (en guaraní, silla, banco, asiento) zooomorfo de los mbya-guaraní. Su elección fue impulsada por la definición de Bartomeu Meliá de esta silla como “el acto místico por el cual el chamán guaraní, en su sueño, recibe la palabra que se da asiento en él; el chamán sentado en su banco ritual, en su ‘tigre’ de cedro, queda preñado de una palabra que es concebida, es engendrada y nace como lo haría un ser humano”. No hemos podido resistir la tentación de darle a esa visión religiosa un pequeño toque irónico, juguetón, en un ámbito por demás solemne: el nombre elegido para la colección, Ñe’ẽrei, indicador de que en la palabra sagrada hay un punto de inflexión en el que olvida su seriedad primigenia y la destruye, operación esencial para que el lenguaje recomience, con más frescura y pureza “sagrada”, dentro de los parámetros del nihilismo contemporáneo. Por el contrario, Theis moira, nombre de su colección de poesía, sitúa la palabra poética dentro del ámbito sagrado que le asigna el Platón menos frecuentado dentro de los ámbitos académicos, es decir, no el Platón que expulsa a los poetas de su polis utópica sino el que transmite una visión mística del arte. Jakembó editores, que tendrá en breve su propio sitio web, tiene interés en creaciones inéditas; los autores que deseen contactar con Jakembó editores para fines de publicación pueden dirigirse a la dirección electrónica jakemboeditores@gmail.com. Diversas posturas y opiniones de los editores sobre literatura y otras áreas de pensamiento, creación y cultura en general están expuestas en el sitio on line http://kurupi.blogspot.com. Jakembó, palabra que en el yopará (híbrido urbano de español y guaraní) del Paraguay designa el juego infantil de azar conocido en Perú como “yankempó”, en Inglaterra como “paper, rock & scissors,” y en Alemania como “schnik, schnack, schnuk”, quiere apostar por la creación de calidad y mérito de todos los países de habla española y aspira a constituirse en vehículo de conocimiento y comunicación entre los escritores de Paraguay y los del resto del continente. Jakembó presenta con orgullo esta noche el libro Heautontimoroumenos de Miguel Ildefonso, a quien se complace de incluir en su joven catálogo de autores, ante el público peruano, y saluda a los amigos lectores de Lima con un guaranítico y muy cordial maiteí, palabra que entre nosotros quiere decir “saludos”, y quienes trabajamos en Jakembó alzamos desde la ciudad de Asunción con mucha alegría una copa de caña paraguaya y otra de pisco peruano en un brindis con Miguel y todos los amigos de Lima que anula las distancias del espacio geográfico del mundo físico y nos reúne con ellos en el espacio inmaterial de la literatura del futuro.

Cristino Bogado.

Director de Jakembó editores.

Montserrat Álvarez.

Miembro del consejo editorial.

Asunción, Paraguay, viernes 16 de diciembre de 2005.

viernes, diciembre 09, 2005

El falansterio kantiano soñado en las tierras guaraníes por unos exiliados de la kaliningrado soviética

Nota sobre la edición y la traducción Estas conferencias fueron escritas y pronunciadas en la lengua de los habitantes de Nueva Königsberg, es decir, en alemán. El texto fue inmediatamente traducido al español y, más tarde, al inglés, aunque estas versiones no han sido, a día de hoy, recuperadas. En realidad, hay que hablar de dos textos principe. La primera versión, conocida como argentina o Ur-Botul fue redactada antes de que pronunciara la conferencia, probablemente en Buenos Aires. La segunda versión, paraguaya, contiene el texto efectivamente pronunciado, transcripto por la esposa del Dr. Borowski. Existen notables diferencias entre ambas versiones. Nos hemos decidido por ofrecer la versión argentina, indicando los pasajes voluntariamente suprimidos por el orador. En el caso de que faltan palabras y aun frases completas, el fragmento vendrá señalado. Hemos mantenido ciertos giros familiares para reflejar mejor el carácter vivo de la exposición oral. De La vida sexual de Immanuel Kant, Jean- Baptiste Botul, Arena Libros, Madrid, setiembre de 2004. del 27 de mayo de 2001 (294) Mensaje para CULTURA de Fernando Arrabal (Sátrapa del Collège de Pataphysique) Definiciones, jaculatorias y arrabalescos LA VIDA SEXUAL DE IMMANUEL KANT Literatura: Enemiga de su época y de los pintureros de la moralina (¡fina!). Gloriosa (¡y piojosa!) se alza cual historia de la libertad. Varios ínclitos editores de Literatura (incluído el gallo Fayard) han publicado ¡literalmente! "La vida sexual de Immanuel Kant". "Texto escrito por Jean-Baptiste Botul presentado, traducido del alemán y anotado por Frédéric Pagès profesor ‘agrégé’ de filosofía". ¡Agregado y agredido! * Sacrilegio: Profanación o violación practicada asidua e inconsciéntemente por los marchosos carnavalescos en "desfiles pluriculturales del orgullo exhibido". ¡Ar! Botul reconoce que es "consciente de cometer un sacrilegio al aceptar esta conferencia sobre la vida sexual de Kant... Lejos de constituir un tema anecdótico u obsceno es la vía real que nos conduce al conocimiento del kantismo". ¿Canticio hecho cántico? * Castidad: Ex-virtud absurda para quienes "cultivan la terapéutica postmoderna de la reintegración libidinal" (sic). Botul cuenta que "María Carlota (sosia de Laetitia -Doña Alegría- Casta) y esposa de un banquero, escribió a Kant, filósofa y falósofa ("le transmito un beso que no perderá nada de su fuerza ‘simpática’"); lasciva y preservativa ("le he confeccionado una funda para su espada"); y erudita y voluptuosa ("mañana por la tarde le esperaré: he dado cuerda a mi reloj")... aludiendo a la ceremonia celebrada por el pastor de ‘Tristram Shandy’ cada vez que tenía que cumplir su deber conyugal. Botul recuerda que Kant en "Antropología" afirma: "el puritanismo del cínico y la castidad del anacoreta les privan de los placeres... son deformaciones de la virtud...; ambos abandonados por las Gracias no pueden pretender al ideal...". Botul concluye asegurando que Kant, durante sus años de ayo, halló doncellas bellas y serviciales sirvientas... "¿a las que conoció carnalmente?" se preguntó el agregado. Y agregó que aunque medía medio y metro, y tenía una testa descomunal ..."Kant se interesaba por las mujeres y las mujeres se interesaban por Kant". ¿A causa de su cabeza? * Biografía: Historia de la vida de una persona a quien lo que más le asustaría hoy sería pasar por carroza. La de Jean-Baptiste Botul no se "conoce suficiéntemente" aunque es capicúa. "Únicamente se consideran ciertas sus fechas y lugares de nacimiento y su muerte": 1896 y 1947, ambas el 15 de agosto y en Lairière del Aude francés. ¡Palandromo espacio-temporal! * Amores: Relaciones sentimentales que los perritos falderos (¡o lobos-policías!) de la gran "fiesta descentralizada y sin inhibiciones" husmean para denunciar a los que "no se conforman con los valores irreversibles de la sociedad liberada, tolerante y a-machista" ¡ Y sin a-narquistas! Según la "Asociación de los amigos de Jean-Baptiste Botul", el filósofo en 1920 conoció bíblicamente a la princesa Marie Bonaparte, y diez años después platónicamente (aunque por correos) a doña Lou-Andréas Salomé, ex, a su vez, de varios de sus colegas. A pesar de su enfado final con Jean Cocteau poco se sabe de sus relaciones con Stephan Zweig, y a pesar también de su colaboración con Malraux se ignoran las peripecias de su participación en la liberación de Alsacia. ¡Heroica! * Nueva Königsberg: Deslumbrante atlántida atlántica... pero aún no atlantista y no por solana. Según el filósofo Pagès, cuando en mayo de 1945 "Rusia conquistó Königsberg para kaliningradarla, un centenar de familias integristas kantianas, bajo un diluvio de fuego y acero", consiguió escapar naúticamente (¿o submarinamente?). Tras un periplo increíble cruzaron el charco en barco y en vez de convertirse en píos ladinos o en latinos de pro "se vistieron, comieron, vivieron y durmieron como Kant". Precisamente para ellos Botul dictó la conferencia "La vida sexual de Kant" en Nueva Königsberg... "Era de noche y sin embargo llovía..." bajo los paraguas del Paraguay. * Jaculatorias (del latín ‘ejaculare’): Nietzsche en su última carta (6-1-89) dice que ha descubierto "un nuevo concepto: el criminal honesto". * Como anoréxico rencoroso sólo tiene dos ideas: una para destruir a la otra. * Ramalazos ardientes de inteligencia. * Otro arrabalesco: El horroroso puritano americano dijo: "¿Puta o liberada?... ¡to close to call!"

sábado, diciembre 03, 2005

el bigote de Nietzsche en un ropavejero de Calcuta

“El bigote de Stalin encontrado en un ropavejero de Calcuta.” Accidents Polipoètics, “De aquí y de allá”, Ten years after, G3G Records, Barcelona, 1999.
El bigote del Gran Hermano no es el de Stalin sino el de Nietzsche. Nietzsche. El mismo que, como una señorita hipersensible, se oculta bajo la pollera de Rohde ante los ataques del que después será reconocido como princeps philologorum, Wilamowitz. El que saquea a Novalis, Creuzer, Shelling y Schegel, a quienes después tachará de resentidos, enfermos hasta los tuétanos y nihilistas pasivos. El misógino, el aristócrata del espíritu, el que nunca cita a autores judíos, el gurú del siglo XX. El profeta delirante de un mesiánico Zarathustra que ya ha llegado pero al que nadie ha reconocido aún. El padre de la Gran Política, la de los Borgia (el Soberano que se sitúa más allá del bien y del mal, cruel y sanguinario, entronizado por personajes como su maestro Burckhardt y el conde de Gobineau), la del que descansa la mano en el corazón, la del devenir del Kapital que se hamaca sin Ariadna en la red rizomática del eterno retorno (fuerza de trabajo-dinero-mercancía ad infinitum). ¿Cuántos alumnos tuvo su Sócrates y la tragedia? Bingo, respuesta correcta: ninguno. El legitimador de mediocridades como Taine (porque éste no tuvo mejor idea que mandarle flores por culpa de un texto intempestivo). El dionisiaco que se creía loco, maldito y underground porque simplemente perdía la sobriedad de la moralidad de los esclavos y chandalas bajándole drogas permitidas y prescritas por la entonces incipiente farmacocracia: cloral. Por supuesto, la cerveza es cosa de intelectuales taberneros, y la amanita muscaria y el cornezuelo del centeno aún no habían sido relacionados con los misterios eleusinos. El vitalista teórico, que hurta el cuerpo a los enteógenos en general, asceta en el fondo, que alcanza el estado de estupor del rapto con la tortura del cuerpo y, a la vez, con la sobriedad del cerebro ante los entes psicoactivos, como sucede en el caso de los yoguis canónicos. El melómano desmelenado que nunca abandonó las rejillas de la pauta. ¿No existía acaso la música árabe en el siglo XIX, y no era merecedora de que un dionisiaco la promocionara ante unos europeos pasmados por la música de Wagner? Sin embargo, al parecer, los árabes existían: Delacroix, por ejemplo, los pintó. Nietzsche despreciaba a los románticos, pero ellos eran capaces de ver algo más allá de las fronteras de Europa. No obstante, como lo demuestra el silencio eterno del Laocoonte, a la pintura y a la escultura les está vedada la manifestación de esa “forma pura de la intuición sensible”, el tiempo. No hubiera sido superfluo, pues, hablar un poco de su música. Pero Nietzsche sólo tenía ojos para Grecia, la prehelénica. El asunto de fondo en realidad no era lo dionisiaco: de lo que se trataba en primer lugar era de relacionar esa aurora de la humanidad, el mundo griego anterior a la decadencia socrática, con el renacimiento de ese esplendor antiguo, de esa fuerza primigenia, en la ópera wagneriana y, por extensión, en el mundo alemán, de forma pareja a lo que más tarde, aunque ya no recurriendo a la música, sino al lenguaje, haría Heidegger al afirmar que el griego y el alemán eran las lenguas más aptas para la filosofía. De cualquier manera, cualquiera puede percibir que lo dionisiaco guarda mucha más relación con culturas ágrafas, como la correspondiente al chamanismo sibero-americano, o con la de los árabes del Magreb, que con la Alemania de Wagner. Pero, claro, como se dijo ya, Nietzsche estaba bajo el embrujo de Grecia. La Grecia de la “lineal B”, escritura que, por cierto, ningún filólogo clásico, como lo fuera él mismo, ha podido descifrar todavía, llamativamente. Entonces, de griego en sentido estricto, nada. ¿Dionisio era oriundo de Creta o de Tracia? De Creta, digamos, pues el nativo de Tracia, hoy Rumania, era Zalmoxis. Nietzsche. La momia que pasea su ecce hominidad como un Galileo incomprendido de la filosofía, ahora perfectamente maquillado, por los pasillos académicos de París o de Madrid. El lector del Quixote en sus momentos de desfallecimiento (otra deuda no reconocida con la gente del Atheneum, pues fue Schlegel quien tradujo la más célebre obra cervantina; a no ser que Nietzsche hubiera aprendido secretamente el idioma español). El hoy filósofo ilustre y venerado por los académicos, ya no por los nazis o los fascistas. El poeta de muy malos versos (por lo menos en las traiciones de Sánchez Pascual y de Ovejero y Maury). El peregrino en Nápoles para rendir veneración a san Genaro. El genial inventor de la muerte de dios, después de Hegel y de Jean Paul, claro. Otra vez sale a su paso esa caterva de románticos que tanto detestaba. La genealogía, dicen, es su gran legado para sus pocos lectores atentos y desapasionados: es el padre de la arqueología foucaultiana, de la desconstrucción heidegeriano-derridiana. Pero, atención, un detalle: El Anticristo sólo cita la Biblia en griego, pasando por alto todos los dolores de cabeza que sufrieron los exégetas, comentadores, rabinos, alegoristas, filósofos, cabalistas, al tratar de acomodar el qere y el ketib (disculpen la ausencia de coronas, pero las fuentes de mi programa contemplan grafías griegas y latinas y ello no obstante carecen de esas tildes árabe-judaicas), lo que “debe ser leído” y el “cómo está escrito”, la ordalía de rellenar las lagunas entre las consonantes ebraycas y las posibles vocalizaciones. El famoso idiota de Cristo, ¿cómo se escribe en hebreo bíblico o en la versión aramea? ¿Qué dicen al respecto el Targum palestinense, Maimónides, Rasi, Abrabanel o el Zohar? De todos modos, dirán ustedes, qué importa todo eso si El nuevo testamento es básicamente una narración griega, un metarrelato que utiliza como hipotextos parasitarios mitologías de Judá e Israel, a partir de un sustrato hebreo que funciona como simple excusa narratológica. Bueno, en ese caso pisemos terreno más seguro y firme. El maestro del aforismo, del discurso inconcluso, fragmentario, asistemático, poético, antimetafísico, el precursor de Kierkegaard, Bloy, Létaud, Valéry, Benjamin, Wittgenstein, Jünger, Braque, Krishnamurti, Cage, Cioran, Jankelevich. ¿Y qué se supone que hacían Montaigne, Pascal, Hamann, Jacobi, Lichtenberg, los moralistas franceses y sus anexos, Novalis, los románticos alemanes, Goethe, Schopenhauer, para no remontarnos a los clásicos de la filosofía griega, a los fragmentos literales de los inexcusables presocráticos editados por Diels-Kranz, de los líricos arcaicos, de los Siete Sabios, de los órficos, de Epicuro, del Corpus hermeticum, de los Oráculos caldeos, de Pitágoras, del Pseudo-Empédocles, del Pseudo-Plutarco, del Pseudo-Aristóteles, del Pseudo-Platón, del Pseudo-Heráclito, de Hegesías, o bien a los taoístas, o a Marco Aurelio, etcétera, etcétera? Es sabido que tres son o fueron las interpretaciones clásicas de Aristóteles en la Edad Media: la de Alejandro de Afrodisia, la de Averroes y la de Tomás. Nietzsche, que es una especie de Aristóteles (en cuanto a autoridad, no en cuanto a espíritu o estilo) de la modernidad inconclusa o de la posmodernidad, tiene más interpretaciones clásicas que las que una mano puede contar. Tenemos la de Vattimo, que es como la de un Heidegger que se hubiera cruzado con un Marcuse vuelto patas arriba; tenemos la de Heidegger, que es nazi; tenemos la de Klossowski, que es pura mística teresiana; tenemos la de Bataille, que es hegeliano-dialéctico-negativa y sádico-antropológica; existe por ahí incluso alguna lectura jesuítico-cristiana; tenemos la de Deleuze, que es deleuziana, es decir, sesentayochista, rizomática, vitalista-positiva; tenemos la de Fink, que es esencialmente lúdica; tenemos la de Vaihinger, que es “como si” Kant alucinara; tenemos la de Jaspers, que es existencialista, varada en el fracaso y la inconclusión, tenemos la de Palante, anárquica, intimista... Tenemos la de Adorno (recordemos su libro de aforismos y notas sueltas Minima Moralia) y Horkheimer, su denuncia de la razón instrumental, su miedo a todo tipo de síntesis; tenemos la de Habermas, según la cual el polaco es un heredero directo de los ardores de un romanticismo redivivo en una época en la que lo irracional, la hybris, la voluntad de poder ya no asombran, por su presencia omnímoda, asfixiante y cotidiana... Tenemos la de Ricoeur, quien ve en Nietzsche a uno de los maestros de la sospecha, a una especie de híbrido de Sherlock Holmes y algún cabalista paranoico cuyos textos esconden tras su faz visible, patente o exotérica una verdad más profunda e invisible, esotérica y latente. Y, dicho sea de paso, el francés demuestra mucho ingenio al hermanarlo con el judío Freud, pues la hermenéutica de este último, que busca lo escondido detrás de lo manifiesto, es claramente heredera de la exégesis bíblica de los hebreos de al-Andalus. Pues también este otro epíteto —Nietzsche, el maestro de la sospecha— muestra las flaquezas de su presunta originalidad cuando nos remontamos a esta vieja tradición judía. Pero, ya que hemos caído en esta materia, es preciso reconocer que el antisemitismo de Nietzsche, como, por ejemplo, el de Céline, es un antisemitismo alturado, filosófico, bien argumentado, no rastreramente populista, buscador de chivos expiatorios, primario y bestial como el de los nazis. El texto clave está en El origen de la tragedia, en el pasaje en el cual compara, valorando positivamente a uno y negativamente al otro, dos escritos fundamentales de ambas cosmovisiones: por un lado, el relato, contenido en el Génesis, de la expulsión del Paraíso de Adán y Eva como castigo por el delito de la desobediencia; por otro, la historia del robo del fuego de los dioses por parte del titán Prometeo. La transgresión, en el mito hebreo, es fruto de la debilidad, porque resulta de haber cedido al engaño de la serpiente tentadora, mientras que en el mito griego la transgresión obedece a una decisión libre fruto del propio arbitrio, es decir que nace, por el contrario, de la fortaleza. La voluntad fuerte, activa y orgullosa del mundo pagano contra la voluntad pasiva y medrosa del mundo semita. Nuevamente, fascinación exclusiva y excluyente de Nietzsche por la cultura griega. Si repara en la judía, ello se debe meramente a que, en su circunstancia histórica particular, posee una innegable importancia, dado el predominio de la mentalidad cristiana en Occidente y dado que el cristianismo no es sino, a fin de cuentas, una herejía del judaísmo fuertemente arraigada en Europa. Si el poder de marcar su impronta en las ideas de la época hubiera estado en manos de los árabes, de los turco-mongoles o de los guaraníes, hubiera atacado de igual manera y con la misma furia de partisano, cometiendo igualmente actos de terrorismo teórico contra ella, su civilización. Recordemos, por ejemplo, su percepción negativa de la cultura budista, tan diversa de la que de ella tuviera su maestro Schopenhauer. (Empero, quizá llegó a coquetear con el sistema de castas de la religión brahmánica, pero no disponemos de demasiados datos al respecto. Además, hay que tener en cuenta que, al menos según los lingüistas alemanes de comienzos del siglo XIX, los indostánicos eran arios, al igual que los zoroástricos o parsis, de los que tomó en préstamo a su inspirado profeta, Zarathustra, de manera que el dualismo ario-semítico de Nietzsche, al menos en lo tocante al lenguaje y la cultura —no incurre en la vulgaridad del racismo propiamente dicho, es decir, del referido a caracteres físicos o biológicos—, queda intacto). Para ser absolutamente nietzscheanos deberíamos terminar aquí, abruptamente, sin pretender redondear las ideas expuestas en esta prolija parrafada, en esta divagación frívola, festiva y farragosa. Pero es necesario aclarar que las dinamitas han sido colocadas contra el Nietzsche académico, aburguesado, adecentado, vendido ahora a plena luz del día, totalmente manumitido de su antigua y deliciosa censura de escritor no reconocido ni mucho menos reinterpretado y que habitaba la clandestinidad del mercado negro de las ideas. Aquel Nietzsche todavía no gastado de nuestra primera juventud, tan políticamente incorrecto, tan zafado, tan enemigo de los socialistas, aquel Nietzsche que un lector ingenuo, sin tanto aparato crítico-bibliográfico, podía encontrar aún en toda su frescura. Es como si la paranoia última que habita las neuronas de ese Gran Hermano que esconde todo mejorador de ideas radicales hubiera terminado por imponer la idea de que la filosofía debe buscar ante todo la decencia, la presentabilidad, la cortesía, las buenas maneras, y no la peligrosidad. En ese punto, la filosofía toca sus propios límites. “Te bendecimos como filosofía digna de tal nombre justo cuando ya has dejado de ser peligrosa”, parecen decir cuantos hacen del corpus nietzscheano la materia de una nueva escolástica y la Biblia del pensamiento oficial de estos días paradójicos en los que, pese a que, quien más, quien menos, todos se sienten con derecho a reclamarse sus discípulos y los alumnos aplicados lo conocen de memoria, Nietzsche parece estar ausente incluso de sí mismo. Cristino Bogado.

jueves, diciembre 01, 2005

Músicos analfabetos han precipitado nuevamente al vacío a Deleuze, esta vez junto con el empelucado de Leibniz

Vender un Leibniz “moderno”, actual. Para eso se recurre incluso al medieval argumento de autoridad: i. e., Nietszche comentando que Leibniz es más simpático que Kant (¿?). Es cierto, nadie se opone a la recuperación de la combinatoria, ni de la lógica, ni de la epistemología, pero… de la ¡Teodicea! Género literario, si los hay, que merecería inmediatamente las hogueras a las que se destinan, por su deshonestidad y su mal gusto, la pornografía, la autocomplaciente literatura epigonal y el periodismo amarillento.

La bifurcación y la disyunción de la serie más divergente se pasa por alto ruidosamente —el argumento es de Colli― que este filósofo áulico, ambicioso, merodeador de corredores infinitos y nulos, tocado por esa peluca de bucles rococó más que por el pliegue barroco, fue el que bifurcó fatalmente el saber en dos: filosofía y ciencias (a su vez, divididas oficialmente a partir del siglo XIX en ciencias humanas y ciencias exactas). Si desde Tales la filosofía había prohijado, educado, desbastado a las ciencias, Leibniz la entregó vilmente a los poderosos (ya Descartes, con sus escarceos con Cristina, realizó un primer intento mefistofélico en este sentido). La madre se convierte en la hija: Leibniz o el trastrocamiento de los saberes (la anécdota, disyucta o bifurcante, entre Fermi y Oppenheimer, es una variación “libre” y determinada de este minueto palaciego leibniziano). Bueno, decir que Borges (y también un best seller como Leblanc) es un discípulo de Leibniz es traficar gato por liebre; en rigor, habría que decir que Borges es más radicalmente leibniziano que Leibniz: ya en La lotería de Babilonia (y en el fondo éste es el tema también de El jardín de los senderos que se bifurcan), todos los mundos posibles son convocados y vividos bajo el imperio del azar primigenio de las portentosas actas de libertad: hoy la rifa me dice que habré de vivir boca abajo, mañana que tendré que suicidarme, etc. No hay predominio ni vivencia monopólica del Mejor mundo posible.

En realidad, Leibniz es un Borges timorato (matemáticamente) o tramposo (lógicamente): no lleva la lógica hasta las últimas consecuencias de su devenir de hierro, hasta el absurdo que esconden sus leyes internas, hasta los monstruos que duermen bajo la fantasía del infinito Mejor e insuperable.

Tampoco es cierto que tal Mejor lo sea realmente. Por ejemplo, si el reino leibniziano es el del despotismo ilustrado y aparece otro (radicalmente otro) constituido por un rey guerrero y melancólicamente decadente, cuyas leyes exijan sólo 5 horas laborales y dejen después de tal jornada libre el tiempo para la fiesta, etc., éste último habrá negado la Mejoridad de esta “quididad” ficticia y retórica...

Hablando de retórica, Deleuze —perdón por decir lo que siento— sucumbe a ella cuando trata de justificar la justificación (la teodicea). Allí la filosofía cae inexorablemente en la retórica vacua (por más que Leibniz insista en negar el vacío). No hace falta legitimar lo que ya no nos interesa. La teodicea ni siquiera puede sufrir el último avatar de formas más nobles del género literario, como, por ejemplo, el del soneto, que de Quevedo (barroco) acaba en los 100 sonetos de un Sabina desplegando su vacuidad nicotínica y opresiva.

En plena Nueva Armonía (¿New Order nazi?), del leibnizianismo reciclado, contrahecho como un Frankestein post-neobarroco, Deleuze sigue manteniendo un prejuicio alemán (francés), europeo, hacia el jazz. Porque, digámoslo claramente, lo de Adorno contra el jazz era un simple prejuicio continental hacia las excolonias (el prejuicio que ya mostraba Kant contra los negros en el siglo XVIII). Es cierto, Deleuze cita a Cage en esta nueva constelación musical (o nueva pléyade), pero la música aleatoria, el piano preparado de 1939 cagiano, es de raigambre europea también, azar supurado entre lo schonbergeriano y lo duchampiano. Forma parte de la dilatada tradición de la música clásica que se critica a sí misma y se vuelve vanguardia después de cruzar por los territorios de lo dodecafónico y lo atonal. ¿Y el noise? (La música ruidosa por qué no pinta nada en esta historia. El casi absoluto afuera, el adiós a la melodía, a la armonía e incluso al yo de la monodia rousseauniana.) ¿Por qué no hace acto de presencia? ¿Es demasiado dada? ¿Por su turbia filiación ñembo futurista-fascista?

Bueno, no importa. (En todo caso, desde mi perspectiva tercermundista y progre-prole, sigue siendo muy de vanguardia del siglo XX, cerebral e intelectual, eso de dejarse llevar por el desmoronamiento de lo aburrido, como los cuerpos de Beckett, por la absoluta permanencia y ausencia de rictus, de cadencias, de la más mínima variación de movimiento del “ruidismo”, sólo energía (¿mística?) abismal zumbando en el nirvana de nuestra inanidad.)

Si existe alguna música propiamente proletaria cuál mejor que la de los negros de Nueva Orleáns y su jazz (los gitanos quedan fuera ahora a pesar de su nomadismo y de sus escarceos con lo delincuencial, porque en realidad no “trabajan”y, por ende, no sufren ninguna imposición social). Sí, el jazz es creación de analfabetos (de músicos que no saben leer las partituras, por lo menos), creación que nada sabe de teoría y solfeo, que nada tiene del aristocratismo de la Gran Cultura desplegando su infinito espíritu en la obra. Es el puro imperio de la improvisación, colectiva o individual, sin rastros de armonía pre-establecida, por supuesto. (A lo más “cool” que llega es a la “libertad controlada” de la que habla Miles Davis.) Es el reino de lo incondicionado e imprevisible, de las mónadas iluminadas, de la garrapata agotada en tres principios, del tercer mundo caótico y “pobre”, efecto de una causa: haber sido, acaso, conquistados por la España “perezosa” y no por la Inglaterra puritana y “laboriosa” (¿y Jamaica?).

Creo que voy a terminar afiliándome a la herejía de Graham Greene (cercana a la de Bloy, si lo miras bien: aquélla que propugna para los pobres la inmediata entrada en el cielo por su simple existencia o presencia física y fáctica de menesterosos sin remedio).

¿Por qué la controversia contra la Gestalt? Hay quien ha sabido sacarle provecho a la psicología de la Gestalt —estoy pensando en la adopción que hiciera de ella, en contra de la corriente freudiana dominante en psicología, la poesía concreta brasileña de los años 50, para la cual el yo lírico que deposita sus efusiones en el poema, postulado del subjetivismo cristianoburgués, del subjetivismo guarecido bajo la sombra muelle del academicismo y los vales para ir tirando de la becas de estudio (¿y por qué diablos no hay presupuesto para investigar el XTC, el THC u otro tipo de drogas como la ese producto mundialmente usado que circunstancialmente se descubrió sería la causante del parkinson?) se desliza hacia la materialidad de las palabras, o hacia el equilibrio entrópico de su visualidad, desde luego también hacia la fisicidad de su fonética, es decir, finalmente, fuera de ese yo, al modo, en todo caso, del primitivo programa del Eliot de The waste land...—para mi gusto, también sobrevalorado.

La percepción alucinatoria quizá tenga una faceta “barroca” en el caso del suicida Von Kleist, pero monsieur Deleuze olvida que el romántico Novalis es quien explícitamente define la actividad de la mente como “alucinatoria” en sus fragmentos.

La invaginación de las mónadas “desnudas”, no iluminadas, negras, de las metástasis del cáncer y de las virosis del sida (espantosas melodías de la naturaleza), merecería un desarrollo ulterior por parte de un deleuziano del siglo XXI, más sombrío e insobornable ante la batuta del optimismo leibniziano, digamos una especie de Cioran perdido en el laberinto de la matemática de los transfinitos teniendo sólo para orientarse en él las monstruosidades frankensteinianas del tardodieciochesco y decimonónico horror gótico.

Si estamos de acuerdo con Baudelaire de que el hombre es un animal adorador, hay que decir que la adoración nos puede llevar al vacío. Que Deleuze caiga solo, asumiendo su nombre, en todo, caso lo podemos ayudar a dar un impulso al vacío, pero no caer con él. La filosofía que impera o trata de imperar es mera literatura con investidura de mayor seriedad. No hay monopolio o mayor acercamiento de la verdad en la filosofía, eso es claro. Son juegos virtuosistas, forzando la verosimilitud, lastrando su jerga de la autenticidad académica. Y los adoradores sucumben como moscas. Digamos adiós a todo eso de una buena vez.