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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, octubre 19, 2005

Sarita Colonia cobija a Montserrat Alvarez

" Los animales de Nerópolis bajo mis caricias Que el desparpajo de la mano en su deriva perezosa, alejada de toda pretensión virtuosística, mero ejercicio para descontraer los músculos, confíe a la exposición pública su luz más plena, la solaridad que grafica toda cruz gamada en la luminosidad de sus extremos ahora extendidos como brazos sacados del cómic underground, la parodia infantil de lo que alguna vez fue parodia siniestra de un rito más antiguo, la infantilidad, que no reniega de un cierto poder destructivo, de la imagen formada a base de pequeños pedazos de letras a modo de un lego soñado por un poeta entregado a los juegos de un pintor también lego. Las seis partes del dibujo-poema, tres miembros acodados reflejando su nomenclatura caleidoscópica, jugando a una regularidad matemática, la que persigue el niño que juega siempre para salvar la seriedad del mundo y del papel blanco, cómo no, aluden al 666, cifras del maldito supremo, que corresponden también a su representante temporal típico según la denuncia paleocristiana, Nerón. Y es sobre la ciudad que palpita bajo su égida sobre la que medita la mano en su abandono. Es Lima, es Asunción... es Nueva York, aun mutilada de sus torres gemelas (estamos hablando del poema “Sólo para decadentes”, extraído de la revista El Augur, Asunción, número especial, octubre de 1993). Si la serpiente intoxicada por la secreciones tumultuosas de su veneno, el orgullo (Chirinos, Los largos oficios inservibles, Lima, 2005) aparece aquí como el sentido denotado y en su avatar crítico de serpiente despedazada (y no en la versión mítica y ya ortodoxa del ouroboros), también la volvemos a encontrar en “Tengo una serpiente”, poema de Underground (Arandurá, Asunción, 2000), en este caso enclaustrada en la covacha moderna del cuerpo burgués minado diariamente por las disciplinas de rigor, en apariencia definitivamente domesticada, salvo por una nota discordante no soñada por los ingenieros del nuevo orden del mundo, la del verbo, que serpea caliente y obsceno desde las ruinas hasta el lector en una enésima revirovuelta, en una cotidiana mutación, la de lo ctónico transfigurado en lo espiritual. La polis de Montserrat Álvarez podría ser definida, en un intento apenas sugestivo y provisorio, por su trasfondo totémico. Hay como un linaje, de realeza solar-incaica, de cognatio severamente pura y de blasones satánicos, que se remonta a una cópula originaria, la de la primera de sus mujeres con la serpiente totémica, esto por jugar con el posible mito primigenio de una estirpe necesariamente rizomática por definición. Porque, y no pocas veces, veremos que, dependiendo del poema, el animal totémico cambia, de elemento, de figura, de armas... Es el caso de “Raposa”, poema del mismo libro ya mencionado, donde el animal cognativo es identificado con un perro. La Raposa reconoce al poeta como uno de los suyos, concediéndole su gesto más valioso, el de la lengua que impregna con su saliva-panacea la mano que ella reconoce como la de un igual, el tendy que todo lo sana, las heridas, la soledad existencial, etc.; palabra ésta, tendy, que en guaraní tiene un extraña duplicidad en su valor semántico, pues también designa el fuego, la llama, la luz, el resplandor, lo que claramente nos retrotrae a lo solar. La Raposa habitaba hasta antes del encuentro los páramos interminables de la incomprensión y el ostracismo de los suyos, los mismos que habita el poeta, todo poeta “que la tiene”. (Acá nos es necesaria una pequeña digresión para acotar que la soledad plena y absoluta ya no le es posible al poeta modernizado e integrado a las redes de la civilización, aquella soledad mencionada en un artículo de Octavio Paz en relación con el indio chaqueño que se interna en lo oscuro, lanzado a la explosión obsesiva del canto durante toda una noche sin que intervenga oyente ni espectador alguno en esta escena y sin que queden huellas o testigos de su poema-canto. Se trata sólo del poeta ante el mundo natural, de la lengua que en su actividad salivosa forma un engrudo-mandala para mantener la estabilidad del cosmos, su permanencia originaria y plena, con su canto chamánico como humus y energía inagotables para la continuidad de los seres). Que el lugar de aparición de La Raposa, según fuentes de primera mano, haya sido el Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos, de orientación jesuítica, casa de estudios en aquel momento de la autora, no es un simple hecho anecdótico sino que viene a completar el contexto satánico que une íntimamente el poema con su correlato empírico. Para ahondar en el concepto de lo satánico que hasta aquí hemos desarrollado sería bueno traer a colación la lectura que hace del mismo la teórica de lo fantástico Rosmary Jackson. Para esta autora inglesa, la forma de lo fantástico en literatura, y en especial la de su variante de lo siniestro, no es más que el minucioso y permanente socavamiento de lo real burgués-capitalista. Uno de los topoi que lo fantástico frecuenta para realizar este trabajo de subversión es el de lo satánico, junto a temas o motivos como el del doble, el de lo vampírico, el de los fantasmas y un largo etc. La literatura de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, la literatura “gótica” y la romántica, que hacían uso y abuso de ellos, fue considerada como una literatura inferior, alejada de la seria y respetable literatura realista. Por sus orígenes y el desprecio que por lo general ha recibido de parte de los detentadores de la “gran cultura”, en general lo fantástico ha pugnado siempre por la problematización de lo real. Y en el siglo XX, que es cuando empieza a ser estimada en su auténtico valor esta corriente, las aportaciones del psicoanálisis, por ejemplo, revelan que lo demoníaco o lo satánico pueden ser interpretados modernamente ya no como simples supersticiones retrógradas sino como simbolismos portadores de verdades profundas e íntimas para el sujeto moderno. Lo satánico o demoníaco aparece así como el otro yo reprimido por la conciencia burguesa, que se concreta y al mismo tiempo se independiza del sujeto. Se externaliza y mira desde fuera al yo que lo había negado siempre. Es por ese lado que convendría leer lo satánico en Montserrat Álvarez Pues si la figura totémica es, las más de las veces, proteica, no ocurre lo mismo con el “espíritu de su raza”, invariablemente satánico. Los animales totémicos rotan su danza verbal alrededor de un centro descentrante, vacío en su satanismo. El poema “A Satanás” es la reivindicación de esa sangre matrilineal, ya lo dijimos, quebrada, rizomática, devorada por el olvido, pero irrestañable por esencia. Las posturas que ha asumido su cuerpo y el pescuezo de las botellas de cerveza rotas remiten sin piedad al mundo sin exorcismos posibles de Linda Blair, a ese mundo de las mil voces que la penetran en su célebre postura más esquizo que yogui, con el cuello que gira 90 grados sobre el eje del bien y del orden y la boca que lanza escupitajos de locura, poética, chamánica y mental, sobre la letanía agnativa del sacerdote y su cerebro falogocéntrico y del mundo que ha confeccionado esos vaqueros para aprisionar a sus hijos réprobos. “Tomates, tomates, hijos de la sangre / grandes nabos, blancas / fibras de la luna...”: he aquí el conjuro satánico en su vitalidad gastronómica, acaso caníbal también, para seguir con las asociaciones; canibalismo, por otra parte, achacado a todo espíritu cuando no se deja someter a las nuevas leyes indiferentes a toda consanguinidad que no sea exclusivamente blanca, humana, patrilineal. A la Epístola a los corintios se remonta la tradición que acredita a la posesión satánica tanto la esquizofrenia del cuerpo como la multiplicidad verbal que sobrepasa el pequeño coto del lenguaje o idioma dominante, mayor, codificado por el poder. La Blair se expresa con toda la variopinta lengua de la familia totémica, la del perro, la de la serpiente, desde el bisbiseo hasta el aullido, formas que la poesía de Montserrat, como sobrina del zoofílico Lautréamont, a través de una palingenesia retoma para minorar, como diría Deleuze, toda liturgia fiel al lenguaje mayor, reiterativo, ultracodificado, abriendo dentro de él una zona huamaniana, paródica, descoyuntándolo hasta el paroxismo con versos como estos: “De verdes anhelos está llena mi alma, / de jugo de berro, de sangre de palta, / de los entremeses, los engañabobos, / la lengua del pato, la boca del lobo, / el huevo del dodo y el del avestruz...” En “Elogio de la noche” no sólo accedemos a ese espacio superior, el del alma que ha pasado por todas sus figuras, sino también a aquella noche del chamán que busca a través de su vigilia poética la novedad del verbo al mismo tiempo que su reintegración a la hermandad de sus iguales. El poema “Instante” quiebra la ilusión burguesa del paso del tiempo y fija sus versos sobre la eternidad de X con su vaso de cerveza, eternizado por la gracia con que convoca al poeta para retratarlo, y el poema realiza la transfusión de esta gracia con la que aquél escancia la cerveza a los lectores. Idas y vueltas de la vida al poema, del poema a la felicidad del lector, que no sabrá nunca acaso con certeza que ha quedado ineluctablemente atrapado en la palpitante corriente de un saber originario. “Dios del sueño”, poema de la colección Alta suciedad (Buenos Aires, 2005) no es una imprecación desesperada de un insomne ante el Sueño que se niega aparecer, sino que va más bien por el camino alquímico de encontrar al dios que nos hace “susurrar el universo”. “Cuán grato...” fluye escandido en la prisión de una prosodia que se quiere dorada, antigua, acaso la de los ancestros españoles. La serie de negaciones aparentemente condescendientes con la ideología de la resignación de la España negra de Felipe II se cierra, como con un portazo, con un sí moderno, antihumanista, corroborado hoy día en la práctica cotidiana más que en el ocasional devaneo pesimista que segregan las horas muertas. De Zona dark (Lima, 1991), lo que nosotros podemos agregar a lo mucho y bien que otros autores han dicho al explayarse sobre él es, modestamente, poco: señalar, acaso, para reforzar alguna postura planteada en estas páginas, por ejemplo, en su “Ars poética” aquella definición de la poesía como ”...asunto raro de bichos raros de largos dedos...”, y, en “La metamorfosis”, cómo las manos de Gregorio Samsa en aquella fatídica mañana se convierten en “precarios recortes de papel”. Sin olvidar a “Circe”, con “mis animales bajo mis caricias”, ni, por último, a “Paradoja”, poema gracias al cual hemos aprendido que “todo hombre bueno tiene dos ojos como dos peces...” Hablar de la poesía de Montserrat Álvarez, que ahora Sarita Colonia pone en nuestras manos, es tan fácil y, al mismo tiempo, tan difícil, que uno en algún momento tiene que romper el tenor ex cátedra, la retórica academizante, para poner en claro eso, como sería necesario hacerlo para hablar de su acento limeño impregnado de tics españoles –y, por supuesto, bien sazonado con algún vocablo guaraní, porque así lo exige su respeto de las reglas de la cortesía–, pero aquí no hemos hecho más que esbozar un ápice de la vasta gama de lecturas de las que su obra es susceptible, y si hemos privilegiado la faceta totémica o zoomorfa no ha sido más que con el objeto de abrir un nuevo espacio allí donde ella no ha hecho más que socavar y agrandar el mundo para así poder reconciliarnos con la poesía y sus inagotables formas de vida y de placer. Cristino Bogado, poeta y editor paraguayo." ( De inminente aparición en el libro de poemas Nerópolis, de Montserrat Alvarez, E. Sarita Colonia, Lima)

2 comentarios:

Lito dijo...

como soy muy materialista, me gustaría un ejemplar de Sarita Colonia, hermana de leche de Eloìsa Cartonera. o más de 1.

yoa dijo...

Hey, yo hice la publicidad para ese libro y tome la foto paar la misma.
cHinea en esta pag. que aqui sale

http://yamileolivas.blogspot.com/2008/03/betty-boo-y-monserrat-alvarez.html

y aqui paar q escuches un oco e musiquita
www.myspace.com/elboomerang