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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, septiembre 20, 2005

Huesos hábiles

X2 sólo deja de fumar cuando duerme, cuando come o cuando está en el cyber. (Aunque lo de no fumar cuando se come ya fue desvirtuado por Barbara Loden, compañera de Elia Kazan, en la famosa secuencia final de Wanda –road movie primigenio de mediados de los 60–, donde la protagonista se atiborra de pastas, cigarrillos y cerveza, todo simultáneamente. Bueno, en algún cyber te proveen de ceniceros y hasta se puede chupar birra sin corte. Así que sólo queda incólume a los ataques del cigarrillo el tiempo del sueño. Esto nos lleva a la asociación de la muerte con el sueño, que los románticos alemanes ya habían proclamado. Claro, nada más alejado de la vida que la inmovilidad del durmiente, y quién vio alguna vez fumar a un muerto. Y lo digo sin ningún sesgo de ironía, ni alemana o paraguaya). Desprecia a todo aquel que se precie de intelectual pero que no haya hecho experimentos sobre su cuerpo y sus neuronas. Que no haya agitado esa cosa de por sí inercial y conservadora (el cuerpo) con todo tipo de agresiones fecundantes, ya sea con hongos o con hachís, con cocaína o con anfetaminas, con LSD o con tabaco, etc. Todo vitalismo de la letra se le antoja falso, fatuo, mentiroso; el de Nietzsche o el de Deleuze, famosos ambos por su condición enfermiza crónica, no merece más que su burla. Pues para él el cuerpo no es más que un campo donde las fuerzas planetarias se sumen en una lucha sin cuartel. Piensa que lo que subyace a la persecución actual del tabaco, a la búsqueda contemporánea de su extirpación completa a través de la movilización total, es un complot entre la ciencia de la salud y el confort burgués. Recordemos que el tabaco es un aporte de lo precolombino, de lo no occidental en términos puros, a la civilización de la cultura material mundial. Hoy no encaja del todo dentro de la lógica del confort burgués. Ésta, originada en la época más sórdida y humosa de la Inglaterra decimonónica, la era de la revolución industrial, ya no soporta hoy ese cuerpo extraño y advenedizo, ese agregado foráneo a su ideología tout court europeo-occidental. A X2 ya le es prácticamente imposible visitar a sus contados amigos. Últimamente, las “incompatibilidades” provocadas por el humo de su cigarrillo barato los ha separado (casi) definitivamente. Un objeto, un gesto, el rito del humo y del tatatina, han quebrado esos años igualmente rutinarios e inerciales a los que en el fondo se reduce la “amitié”, en vista de las prohibiciones que rigen. (Prohibiciones que no sabemos bien si empezaron desde una abstracción –la salud, la ciencia, etc.– o confluyeron desde puntos ínfimos y relativos –las mujeres, los asuncenos, los paraguayos, mis vecinos, etc.–. O si se dio el consenso entre lo universal y lo relativo: la ciencia y el prójimo concreto que me fastidia allí en mi barrio). X2, antes de caer en este estado de postración que lo ha obligado a recurrir a los buenos oficios de Huesos hábiles, fue un pintor, un artista. Un artista del huevo, uno, dos, diez, cincuenta, cien, quinientos huevos. Exposiciones de huevos en la Chacarita (el primer artista top en ocupar la chacarita con sus huevos), en el Chera’a Tom, en Loma Plata, en los museos más fashioned de la capital. Su método, genial desde donde se le mire, y que llegó a hacer escuela y dejó un reguero desleído de imitadores sin talento, era como sigue: tomaba un pack de huevos, de media o una docena, del Mercado 4, del Mercado de Abasto o de la cadena de supermercados más frecuentados y lo depositaba en una galería de arte. El huevo, atrapado ahí como una bestia acosada bajo la luz cenital de la galería, con ese mínima alteración, tipo efecto mariposa, trastocaba todo un mundo de prejuicios, supersticiones e ilusiones cotidianas sobre la realidad. Pues el huevo que había pasado, a cambio de unas calderillas, el sistema de control del super era ofrecido en su gratuidad cósica elemental a la contemplación de los amantes del arte. Es cierto, ya no era el mismo y vulgar huevo, quebradizo o a punto siempre de caducar hacia la fetidez del huevo huero: era contemplado bajo la reja del arte. Adquiría el status mutante de un conejillo de indias enloquecido por el laboratorio científico, o la desnaturalización a la que son sometidos los murciélagos en medio de las corroboraciones de la naturaleza de sus aptitudes perceptivas, o el apresamiento aséptico de la mariposa bajo el yugo de la taxidermia. Sólo algún crítico huevón llegó a quebrar la atmósfera de pasmo admirado que rodeaba al genio del huevo. Fue la excepción que confirmaba que la gente cultivada no había sido objeto de una alucinación colectiva. Cuando se cansó, encumbrado ya en el olimpo de nuestras artes, se retiró y procedió a subastar todas sus creaciones. De las ventas obtuvo lo suficiente para ir tirando en su vida retirada y solitaria. Con ese dinero se pagaba las visitas de nuestro perro. De hecho, yo mismo, cuando llevé al perro para su primer trabajo en su casa, recordé que había adquirido uno de sus célebres huevos. Lo reconocí y lo felicité inmediatamente. X2, fastidiado, hizo entrar al perro y me despidió dándome con la puerta en las narices. Como los perros le dejan fumar, sólo a ellos los deja entrar y hacerle compañía. No rompen las bolas con ninguna perorata acerca de la situación trágica de los indefensos fumadores pasivos.

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