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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, septiembre 28, 2005

Catorce cuentos inmarcesibles

Reseña de un libro escrito por Javier Viveros y recientemente editado y presentado por Jakembó Editores. * Blas Brítez Periodista dedalus729@yahoo.es Vida, muerte, infamia, ironía, ternura. Éstas son algunas de las palabras en las que el lector del primer libro de Javier Viveros, titulado La luz marchita, quizás pensará mientras se abra paso por entre sus páginas. Nacido en Asunción en 1977, el autor es un legítimo representante de una generación emergente de escritores cuya obra editada es apenas la punta de un iceberg literario en constante y silenciosa ebullición. Se trata de jóvenes escritores, muchos de ellos colaboradores del semanario cultural El Yacaré, que, quiérase o no, son invisibilizados –más allá de la previsible acusación de “actitud de victimización“ que se puede adivinar en lontananza– por todo un entramado de razones, que incluye, entre otras cosas, la pauperización económica creciente, la falta de oportunidades y, de alguna que otra forma, el bajo perfil característico del arte que surge en los enclaves de la resistencia cultural en tiempos de imperio y globalización. Es esta una generación de creadores que se abre paso entre las dificultades para decir lo real sin la ampulosidad de otros tiempos y otras expresiones, pero que lo hace de una manera auténtica y pretendidamente nueva. Con un lenguaje cercano al melódico barroquismo de Carpentier, y desde una matriz poética quevediana con grave acento senequista, los relatos de La luz marchita hallan su basamento esencial en el concepto estoico de la brevedad, de la fugacidad inexorable de la vida. Es por ello que en gran parte de los relatos –en “Apocalipsis de un alma”, en “La pólvora del destino” o en “Para cuando regreses”– los personajes son arrastrados a la antesala de la muerte, o a ella misma, con una ternura, una ironía y una violencia sutiles. La definición pindárica de los seres humanos como “seres de un día” es, además, una clave para la interpretación de estos relatos como una especie de puente entre la vida y la muerte. Somos seres efìmeros que luchan por vivir y no morir, personas que se debaten entre el alumbramiento primero y el ocaso último dentro de las entrañas de un destino cuyo nombre desemboca siempre en las aguas de la muerte. “Soy un fue, un será y un es cansado“, parecen repetir los personajes, junto con Quevedo, en muchos de los cuentos que conforman este libro. Las sutiles interrelaciones que tienen entre sí todos los relatos es otro de los elementos a tener en cuenta en el momento de a lectura: desde la primera hasta la última narración, hay personajes que reaparecen fugazmente en otros cuentos para participar del mismo mundo trágico en el que vive toda esta galería de seres, para sufrir y gozar de la misma tristeza y de la misma alegría comunes a todos ellos. Es decir, para Javier Viveros aquello de Cortázar –de que todos los fuegos son el mismo fuego– parece ser una divisa importante y fecunda. Locaciones sin nombre los de este libro; sin embargo, se puede adivinar una leve tensión entre los ámbitos rural y urbano del Paraguay, como una de las características justamente no desdeñables de esa literatura joven que habita las aguas por debajo de la superficie exterior. Y en cuanto a la estructura, sigue el modelo de los autores clásicos del género, con algunos aportes desde la novela y su renovación en el siglo XX, como el de William Faulkner en el cuento “Polvoriento transitar”, donde el tiempo trastocado se llena de calles desiertas y helenismo anacrónico. Cuentos inmarcesibles los catorce que integran este libro, porque la realidad de la ficción no se marchita cuando se vertebra sobre un lenguaje y un mundo auténticos, o porque, como lo dijo Roland Barthes, estos relatos están signados por “esa idea simple y, en suma, intratable, de que la literatura se hace siempre con la vida”. Fuente: Correo Semanal, Ultima Hora.

2 comentarios:

edwardhuron94910337 dijo...

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Anónimo dijo...

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