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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, agosto 06, 2005

La reina de Asunción

He roto un tabú consensuado a medias por la oligofrenia creciente y la ceguera desenfrenada de mis contemporáneos: escribir enervado por la fiebre. Eso de omitir el paladeo solitario de su calor, de no respetar la calma extática de la enfermedad, la aureola de su verdad. La escritura, que es un modo de la frivolidad, de la banal e impotente salud, transgredió sus fronteras profanas. La enfermedad evocada arbitrariamente –ella, hermana del éxtasis psicodélico, dislocamiento de la perpendicularidad humana del engaño, descoyuntamiento de la perspectiva habitual saludable, rozagante y boba– en los paisajes de lo incurable (o insanable), debe ejercer su terapéutica revulsiva e impopular. El enfermo en su esplendor gnóstico o epistemológico despliega, forastero en tierra fofa y estéril, toda la gama cromática de su melodía insomne: si los toba qom no tienen dinero para comprar leche ni para sus propios hijos, es justo que comercien con el tamanduá cachorro (jurumi, oso hormiguero chaqueño, por cierto en peligro de extinción), que, como mamífero que es en edad lactante, aún no preparado para la adultez formicofágica, requiere un litro de leche diario. Sudamericanito empotrado en el capitalismo de los laberintos ilusorios, tu mundo se llama frivolidad. Si todos, absolutamente todos, lacayos de rancia escuela, alabarderos recién graduados, se la chupan al tío Sam, al FMI, al Banco Mundial, al betún, a los plásticos y a los timos multiplicados ad infinitum de la tecnología guillermoportiana... Si la Miseria es la reina de Asunción, si el fantasma hecho andrajos nos interpela a la vuelta del viejo y confortable hogar... En los 90 me he internado en todos los vericuetos asuncenos y sus alrededores; en los 2000, ya recluido convenientemente en mi bunker, parapetado tras mi paranoia indulgente, cuando salgo a inspeccionar la vida canina que prospera en la vereda de pisos destrozados... el fantasma hecho andrajos me interpela inequívocamente. Un amigo me pregunta en qué terminará mañana todo esto, puesto que es intolerable. La Miseria es la reina de Asunción. Visítela con su cámara de última generación y verá el porvenir, sí, usted, citoyen despreocupado de la eurocomunidad neoliberal, vegetariano, sacudido habitualmente por leves y espasmódicas convulsiones ante la simple mención de Nueva York, Madrid, Londres... Asunción resolverá satisfactoriamente el mal de Parkinson que se agita timorato en el fondo de la solidez imperturbable de su comodidad. La enfermedad nos ha imbuido de un coraje inaudito en nuestros por lo general fofos y contraídos músculos. La enfermedad de la verdad, de la intuición pura y sin mediaciones de la miseria, me empuja a reaccionar, a gritar, a señalar, a negar. La furia auténtica, la sublevación, germina de la desesperación, pero completando el ultraje hasta el desgarramiento, la penetración, el estrangulamiento, el entarquinamiento, el emporcamiento a través de todos los agujeros del devoto cuerpo de Viridiana en un levantamiento real, no surreal, de mi mendigo, hoy fantasma hecho andrajos, alucinación callejera de una cotidianeidad fantasmal, volviendo puros andrajos lo real, digo mendigo unskilled, sucio y gorrón, de esa putrefacta sanidad de Viridiana, la gran puta del adolescente cinéfilo evasivamente masturbatorio. Llenaremos de fotos de la miseria de Asunción prontamente este blog contrito y arrepentido por su nihilismo práctico inerte, su seudobohemia melancólica y su decadentismo alegre, apocalíptico, a lo finis austriae. Suban a la red y miren cuán abajo está Asunción, tembladeral fantasmático de la pobreza alucinada que os espera por vuestra sangre vampírica y solidaria.

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