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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, agosto 25, 2005

Baudelaire de sartre III ( y última parte)

e) La nada en Sartre en primer momento parece negativa pero termina siendo considerada positivamente. Sartre está de acuerdo en principio con Parménides: El ser es y el no ser no es. Pero los juicios de negacion están condicionados y sostenidos por el no ser. Este no ser es parasitario, posterior en relación al ser, que es a su vez positividad plena. Pero el ser está infestado de no ser. La nada infesta el ser porque hay un ser en que el la nada es una presencia constante: el hombre. Porque el hombre siempre pregunta, cuestiona, duda, y en el preguntar queda implícita la posibilidad de la respuesta negativa. El no posible es la condición primera de la conducta interrogativa y, en general, de toda indagación filosófica o ciencia. (Aquí hacemos un paréntesis para destacar el hecho de que la nada que está incrustada en el hombre es el origen también de la filosofía). Esa fuerza interrogadora del ser, presente sólo en el hombre, es el no-ser, la nada, que emerge del ser parasitariamente como la base de la estructuración de todos los juicios de negación. Estos no son abstracciones, sino que tienen un sustrato real en el hombre. Esa capacidad de nihilización intelectual y aun material que hay en el hombre es su nada, su libertad de interrogar y de destruir. Si la negación no existiera no podría formularse pregunta alguna; es preciso, entonces, que la nada se dé de alguna manera, y, en efecto, la nada se da en el meollo mismo del ser, pues para nihilizar es preciso ser, y el ser por el cual la nada adviene a las cosas es el hombre, y, como la interrogación introduce en el mundo cierta dosis de negatividad, el hombre se presenta, por ende, al menos en este caso, como el ser que hace surgir y desplegarse la nada en el mundo. Como el hombre no tiene una esencia que cumplir, se hace en su existencia; por eso dirá Sartre, jugando con los axiomas escolásticos, que la esencia del hombre es su existencia, su libertad. Si tuviera alguna esencia sería su nada, es decir, nuevamente, su libertad. La libertad del hombre precede a la esencia del hombre: el hombre no es primariamente para ser libre después: no hay diferencia entre el ser del hombre y su ser-libre. La libertad es el ser humano en cuanto pone su pasado fuera de juego y segrega su propia nada. La libertad empírica se concibe, así, como nihilización del hombre en el seno de la temporalidad y como condición necesaria de la aprehensión trascendente de la negatidades. Resumiendo, el ser es primero, y después la nada: para poder negar algo, previamente debe haber algo, y el lugar donde se da constantemente esa negación o posibilidad de negación teórica y de destrucción material es el hombre. “La nada del ser es el hombre”, se podría postular como la filosofía portátil de Sartre. Como vemos, la nada es positiva en nuestro autor, casi totalmente positiva, pero con visos de negatividad, con cierta sombra leve y oscura que se cierne sobre su concepto positivo. Recordemos que cuando se define lo positivo de la libertad humana él dice que el hombre está condenado a la libertad. Hay un lastre, una connotación ligeramente negativa, aun a su pesar, en el concepto sartriano de la nada. Como si su libertad fuera un callejón sin salida, inderogable, solo asumible sin mayores miramientos, como si hubiera una fatalidad en la libertad. Es el lado dark, sombrío, que está obligado a llevar por siempre el existencialismo, a pesar de todo el compromiso y la responsabilidad sobre los actos fruto de la propia libertad que Sartre haya querido después concederle. Me perdonaran que les haya obligado a hacer una inmersión atropellada en toda esta jerga filosófica, de retórica autotélica y cerrada, altamente tribal, un paseo por los vericuetos de la pequeña historia del nihilismo moderno y terminar diciéndoles que la ‘nada’ en el Baudelaire de Sartre no va por estos carriles ‘canónicos’ de esa filosofía trágica sino por otros muy distintos, literarios, divagatorios, maniáticos, menos graves, casi frívolos. La excusa de este libro va por carriles como los esgrimidos por Ingeborg Bachmann para toda su poesía. “Lo que me gusta al escribir es en el fondo, la tinta negra sobre el papel blanco, el movimiento o la configuración que adquieren esas pequeñas hormigas sobre el desierto blanco que es el papel...” (La cita es de memoria). Claro, nada más alejado de las intenciones de Sartre que coquetear con cualquier clase de estética formalista, en la onda del ‘arte por el arte’, por ejemplo, eso seguro. Como prueba basta leer las citas extractadas al comienzo de nuestra charla y corroborar que el uso de la nada en sentido filosófico estricto, técnico, como la utilizada por Sartre y aun por los otros antecedentes es mínimo, predomina el uso de ‘nada’ como uso cotidiano, elemental, como pronombre, de ese término que nos viene a la perfección para totalizar un ser al cual negamos su intervención en la realidad del enunciado. Incluso, vemos la fascinación de Sartre por el término citando, cada vez que tiene un resquicio para hacerlo, a gente que nadie acusaría de nihilista ni en estado de intoxicación alcohólica o en levitación onírica, es el caso cuando cita la famosa frase de Sócrates “Sólo sé que no sé nada”. En otras palabras, lo que guía el texto de Baudelaire no son objetivaciones menores o vulgatas de alta filosofía para lectores de ensayos o novelas, a la manera de El mundo de Sofía o Menos Platón y más Prozak, literaturas preparadas para una digestión suave y cómoda de grandes ideas, digamos bajar a la tierra al dios y hacerlo pasear con los pobres mortales hablando su lengua profana e inofensiva. Nada de ejemplificaciones reductivas o simplificadoras donde las aristas son gastadas por la intención pedagógica o populizadora. No, se trata de pura y simple estrategia literaria, con casi nada de ‘filosófico’, como cuando Hemingway monta los contenidos de sus cuentos sobre el previo corte de sus oraciones. La elección previa de una estructura de trabajo para no perderse en lo ilimitado del mero contenido. La nada, si la hay, en el texto sobre Baudelaire, se halla en otro lugar, muy distinto del que piensan los lectores avispados del Sartre filósofo. Con Sartre literato y ensayista se necesita de un lector más inocente, sin prejuicios constreñidores para su correcta lectura ‘primigenia’. Soltar todo el bagaje teórico, que nosotros ya hemos desechado previamente al hacer una versión portátil del mismo, y enfrentarlo como un texto solamente cruzado de virtudes literarias. La nada sartriana del Baudelaire se apoya en la libertad de la invención, el proyecto experimental o suicida de lanzarse a la creación más allá de las meditaciones que precisa supuestamente todo texto filosófico. Eso de que la invención es una liberación de supuestos que antecederían a su realización concreta, De que toda elaboración literaria crea sus propias reglas de juego sin someterse a modelos empíricos o a finalidades puramente miméticas. La obra ENSAYÍSTICA DE SARTRE NO LE debe NADA al pesado aparato teórico de sus obras filosóficas, sino que es la prueba de su ejercicio de libertad literaria. El malentendido que supone que un filósofo llegue a abrir un espacio distinto al que tiene acostumbrado a sus lectores, un espacio liberado de plan a realizar, un espacio de literatura pura, donde las verdades emergen autónomas tanto de los referentes exteriores ( la realidad) como de los de los referentes internos ( los de la teoría filosófica del autor), lanzados a la intemperie de la libertad pura, sin sombras pesadas, la creación literaria, donde los conceptos naufragan y el placer galvaniza virtudes de otra naturaleza. Proyecto menos ambicioso y esteticista dirán ustedes, no acorde con los lauros del papa del existencialismo, pero la subjetividad sartriana conoce de caminos más amplios que los de la sola filosofía sesuda que en general lidia en los campos de su frondosa tradición. La creación literaria, en cambio, puede partir de la nada pura, inventar un mundo nuevo, con valores y reglas instaladas ad hoc, y poder perderse en ella sin culpas de ningún tipo. Para terminar, recordemos que sus propias novelas siempre han confundido a sus críticos más sutiles, pues las reducían a simple novelización de sus graves aporías filosóficas, sin otorgarles mayores logros en lo literario. Eso ha acabado hoy, la interiorización total de la realidad por el sujeto narrador, o la objetivización obsesiva de la escritura que termina en una subjetivización extrema de lo real, distorsión de lo dado por el filtro de una subjetividad arrojada a su nada, libre de montar un mundo desde su nada particular e intransferible. Toda la nueva literatura latinoamericana que aparentemente venía de Arlt y Onetti y del Nouveau Roman tiene a Sartre como ejemplo secreto y no reconocido de liberación de las formas del género de la novela y aun del ensayo. Cuando el narrador o el ensayista se lanzan sobre el papel o sobre la luz catódica de la computadora saben que están jugando, en el fondo y nada más, su nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Debo decirte, en primer lugar, que Sartre no tenía idea de la vida real de Baudelaire. Falla en la forma y en el fondo mismo del análisis. Es un libro sacado de sus conclusiones para la realidad, y no de la realidad para sus conclusiones. El apoyo que se da, en la figura de Brunetiere es por decirlo menos, "Extraño", risible diría cualquiera con algo de sapiencia de la obra y de la vida Baudeleriana. En fin, Sartre cometió muchos errores, pero el que tiene que ver con Baudelaire, es más que nada la reiteración, con muy malas armas por parte suya, del mito de Edipo.

Max