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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, julio 30, 2005

Paraguay hoy

Me han preguntado por escritores paraguayos de punta de menos de 50 años. La respuesta es muito fácil. Joaquín Morales aún no ha alcanzado esa edad y ahora lo vemos en plena forma. Con Sermo su poesía va adquiriendo toda la potencialidad de su estética in nuce. Kurupi no lo ha comentado pues sólo conoce la versión de 50 páginas y no la última que acaba de salir por Ediciones de la Ura. Sería oportuna la aparición alguna obra de narrativa que siguiera sus obsesiones lingüistas en la línea de Historias de babel, de las que en alguna ocasión el propio autor, rodeado de botellas de birra ñande mba’e tee te, ha mencionado una versión más dilatada que por imperativos de los concursos literarios quedó reducida a su brevedad conocida. Jorge Kanese (1947) ha sacado este año El chamán chapucero. Como en el caso de sus clásicos Alegrías del purgatorio y Papeles de Lucy-fer, esta plaquette es una versión posmo, miniaturizada, de textos en principio voluminosos, modernos, de densidad macarrónica, acotados al campo del hastío o al abstract de lo urgente demorado por la canícula paraguayensis. En suma, concesiones caseras de tumultos generacionales y fantasmas masticados por décadas en manuscritos hoy en alguna universidad eurocomunitaria (sic). En cuanto a Helio Vera, de fama más mediática por un cuento célebre ("Angola") y sus reeditadas travesuras ensayísticas que pretenden ahondar con informalidad en mitologemas y taras autóctonas (En busca del hueso perdido: se trata de un divertido y por muchos momentos superficial buceo en lo paraguayológico gimenezcaballeresco, que al menos proporciona una bibliografía bastante jugosa a la clase media sedienta de que se piensen sus mediocridades), en su penúltimo libro de cuentos La paciencia de Celestino Leyva, incluye relatos de su tradicional prosa paladeada a lo Durrell y alguno con la característica mímesis de Borges, preciosista y afectado como la obra del maestro invidente. Ese cuento borgiano-oriental fracasa no sólo por su parasitismo flagrante sino por su cojera final. Pierde gas y sorpresa en su desenlace. Debió terminarlo con la descripción del atentado, con un zoom sobre los ojos desesperados del visir... tal vez. Para mí, quedan dos cuentos: el primero, de título homónimo al de la colección, con un resonante retintín mauppasantiano, pero en el caso de Helio la obsesión corporal pasa por las orejas y no por la mano. La extirpación de orejas me parece de una genealogía más bien occidental, disciplinaria, que indígena. Aunque no faltará alguien que la considere un deslizamiento sutil y compasivo del escalpe guaicurú o en todo caso amerindio. El cuento más importante, y que me parece es la cima, hasta ahora, de este autor, es Un problema de volúmenes. En él se vislumbran los mecanismos altamente colaboracionistas del régimen dictatorial del stronismo. Por un lado, el brazo ejecutor, la mano de hierro que administra la violencia represiva movida por virtuales ascensos en la buró sangrienta. Y por el otro lado tenemos el brazo espiritual, legitimador, colaboracionista hasta los tuétanos. La ironía final, cruel como todo conocimiento auténtico, muestra que eliminar, enterrándolos, a 12 presos políticos, es algo irrealizable sin la bendición literal del colaboracionismo ñembotavy, ka’i mano, silencioso, pragmático. La hermenéutica de la yapa con un sesgo truculento en negocios que generalmente la omiten es el triunfo definitivo del cuento. Hay piedad económica, solidaridad comercial, ajuste del presupuesto, diríamos, también en el duro arte de la matanza.

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