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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, julio 23, 2005

Corónica pajera de boludeces de punta

Volvamos al Word Perfect, o si quieren más atrás aún, a la Remington de suavidad memorable. A estas alturas de la oligofrenia novedosa no se puede callar que el Word de Guillermo Puertas es un gran timo, un súper bluff. ¿Será que el PDF podrá salvar la edición de nuestros libros? Debe existir una especie de fuerza de Koridis (la que altera la estructura molecular de organismos complejísimos y delicados como el vino) que llega a alear naturalezas cuando éstas cruzan de un hemisferio a otro. Realidad dura y pura, objetiva, a pesar de ser casi intangible. Muralla divisoria, límite que metamorfosea o deshace las realidades desarraigadas de determinadas coordenadas espaciales. ¿Regreso disparatado al terruño de lo telúrico? ¿Defensa de lo autóctono y local por sobre el cosmopolitismo universal? ¿Imposibilidad de la aldea global? Pero dirán ustedes, últimos defensores de la comunicación total, la telemática traspasa lo propio sin tocarlo. Lo aureola sin gastarlo. Lo deja intacto en sus redecillas hologramáticas de aura fantasmal. El puritanismo más célebre y aceptado casi por unanimidad: el económico-soteriológico. Trabajar, trabajar para alcanzar logros económicos, y, por una triquiñuela metonímica, también alcanzar un plus supraeconómico: la prueba anticipada de la salvación. Pero existe un puritanismo de nuevo cuño, alternativo, enésimo bucle de la perversión puritana, cuasi desapercibido por los Weber de la actualidad. Estos neopuritanos no se afanan por medios materiales exacerbados para lograr un éxito a la vez material y plus-material. Por ejemplo, si el neopuritano postweberiano se reúne con amigos para hablar, barajar ideas, citar todas las enciclopedias y las entradas de los diccionarios de las ideas, no lo hará para simplemente acotar ese acto al campo lúdico, del ocio culturoso o la lucha tenaz e inane contra el tedio (el famoso y evasivo "pasar el rato"). Subyacerá en él siempre una obsesión mayor, acaso concienciar espíritus dormidos, conspirar contra los conspiradores aristocrático-monopólicos, modificar el olvido ecológico del ser, o la tradicional ambición de cambiar el mundo junto a una panda de niños delirantes, etc. Reprende nuestros tics, que para él tienden a la oligofrenia inocente (pero no del todo carente de culpabilidad). Censura en nuestros divagues el tono decadentista con que parodiamos los banquetes platónicos. Exige un fin para todos los actos. Fin dirigido por una eticidad obviamente provisoria para estos tiempos de la mayor indigencia, basada en el fondo en la mejorabilidad de nuestra modesta y pacata existencia. No permite actitudes que coqueteen o ejerzan estrategias nihilizantes o de un evasionismo alambicado. Reclama finalidad hasta en el baño. No se preocupen por su aparente discreción en la escena actual, lo verán muy pronto en la TV arengando a los telespectadores hundidos en estupores ya definitivamente anacrónicos. Poetas-empresarios, agitadores de sí mismos o de su horda autocomplaciente, poetas autopromocionados o alabarderos insomnes de su propio y envidiado guetto, poetas-viajeros llevando la buena nueva de la Poesía Más Avanzada del Mundo a las ciudades-babilonias. Poetas-bululú, poetas-ventrílocuos, poetas-espectáculo de sí mismo o de su cohorte genuflexa. Poeta-mafioso. Verbigracia enciclopédica: la generación del 27. Profesorcillos de corbata pajarita que coparon todos los libros de texto de secundaria simplemente porque se defendieron a ultranza contra las asechanzas envidiosas del exterior bárbaro, el de los no-poetas auténticos, como ciertas hormigas laboriosas protegen su colmena. Muerden a todos los que no llevan su marca sectaria de judío temporalmente humillado y ofendido, pero en el futuro ya se vislumbra para ellos una forma de vida parasitaria a costa de alemanes, malos poetas envidiosos, que les pagarán indemnizaciones eternas por su antigua persecución culposa y criminal. En fin, politización de la poesía. Un trabajo perdido desde mi modesto punto de vista. Nada más frívolo que la Poesía. Poesía leída sólo por poetas o en su defecto por sus legitimadores. Poetas súbitamente reanimados de su condición zombi por cirujanos-mafiosos. Toda la "poesía" ni siquiera llega a un malentendido. Racionalizaciones de amigos bienintencionados, o de bobos útiles varios. Poesía neobarroca; pues bueno, es poesía, dicen los que saben. Poesía trola; pues bueno, es poesía, dicen nuevamente. Poesía minimalista, lo mismo. Poesía poundiana, OK, y así un largo etcétera, totalmente prescindible. Dime qué lees y te diré qué posiciones políticas (mafiosas) defiendes. Post scriptum: prometo a los fieles (y ociosos) lectores de blogs que me pondré las pilas esta semana. Tengo que escribir algo que pegue, que sea serio, o chistoso, y comentable. Sí, esta semana debería dar una vuelta por el Salazar y echarle un vistazo a la Expo Gay, Lesbo, Bi y Trans. Tengo que ir; iré, seguro. Además, mi amigo Fredi tiene allí montada una instalación con dos heladeras enfrentadas, una con el logo típico de "caballeros" y la otra con el de "damas", según me han susurrado al oído. También debería aceptar dar un paseíto por Villarrica y cumplir con la invitación poética de Jorge. Debería. Debería, por otro lado, llamar al autor de Sermo y pedir las más encarecidas y sinceras disculpas por no haber asistido a su fiesta-presentación. Debería, sinceramente, dejar de colaborar con la realidad. Soportarla sólo por sus ultrajes y violaciones, por su matonismo que juega con mi pobreza crónica, mi debilidad esencial, mi indolencia cultivada, mis gustos de burguesito con pretensiones de sibarita sogue. Debería –es una resolución jurada– poner una bomba en el canal Gourmet, aunque sea por Navidad. Debería, por ejemplo, robarme un auto y alcanzar Baires para sacarle una foto a Cecilia Pavón desnuda. O arrumar un perro y enseñarle a pintar para vivir como gran gorrón de sus autorretratos escatológicos.

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