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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, julio 30, 2005

Casaccia atrabiliario

Sobre narrativa paraguaya del siglo XX en general mis preferencias siguen este orden: en primer lugar, Gabriel Casaccia Bibolini, autor que, a diferencia de Roa Bastos, es prácticamente desconocido fuera de nuestras fronteras, y por el que sin embargo experimento personalmente más interés. Lleno de escepticismo ante la especie humana y sus posibilidades, hipocráticamente envenenado por la negra bilis melancólica, escritor situado verdaderamente bajo el signo de Saturno, planeta frío, lento y triste, Casaccia presenta un mundo desencantado, del que toda la magia, si alguna vez estuvo ahí, ha huido para siempre. Su Paraguay, el Paraguay de Casaccia, es un pálido infierno moral y físico de mezquindades, miserias, sudores y calores omnipresentes y cotidianos en el que resulta imposible concebir un acto noble o desinteresado o un gesto de grandeza. Amargamente desfilan con sus ruines destinos sus personajes, entre los cuales es imposible admirar a ninguno y frente a los cuales casi serían rasgos candorosos propios de un ridículo exceso de sentimentalismo la compasión o la simpatía. Humanos, demasiado humanos, no tienen otro mérito ni poseen otro imán que el de su autenticidad descarnada y sin rastros de maquillaje. Pobres diablos como todos nosotros, dispuestos a vender su primogenitura por un plato de lentejas, muestran el rostro acre de un creador que no se hace falsas ilusiones sobre sus criaturas y que no alimenta expectativas demasiado optimistas con respecto a ningún ser humano. Leer a Casaccia es tonificante, depurativo, como caminar unos cuantos kilómetros bajo el calcinante sol de la siesta paraguaya por las empinadas calles de Asunción, pateando pedruscos y sorteando excremento de perros, caballos y vacas: despoja al espíritu de todo decadente exceso de emotividad empalagosa y de toda propensión a la cursilería y a los idealismos moralizantes. Nada de superfluos ornamentos retóricos, nada de pretenciosas moralejas, nada de postizos happy-end a lo Disney, nada de esperanzas: la lección de Casaccia y su crudo Paraguay de sol agobiante, polvo, barro, alcohol barato y letrinas llenas de robustas moscas excluye toda falsificación, toda bisutería embellecedora: de hecho, excluye quizás la misma "belleza". Deja en pie sólo un principio, un principio duro, seco, árido, inclemente, pero un principio superior: la honestidad. La honestidad sin pelos en la lengua y sin una sola de esas "buenas intenciones" con las que el camino del Infierno está empedrado. De manera para mí inexplicable, jamás escuché hablar de Casaccia antes de habitar en Paraguay, y aún entre los paraguayos mi primera impresión de este autor notabilísimo fue la de una de esas medianías que, convertidas en cada país en "clásicos" locales, son relegadas a lecturas obligatorias de los estudiantes de secundaria. Impresión, según supe después, completamente errónea. Casaccia es puro Paraguay hecho tinta, tinta atrabiliaria y negra, tinta acerba y ruda que solamente sabe escribir la verdad.

1 comentario:

Tamandua dijo...

Me han parecido magníficos estos párrafos que vienen a rescatar a Gabriel del olvido en que se halla sumido, injustamente por cierto.

Creo firmemente que es uno de los tres mejores escritores paraguayos, "contado entre primeros", parafraseando al poeta florentino que vio el infierno guiado por el mantuano vate.

Definitivamente, Gabriel es nuestro Dostoievsky.