kurupí akärakú paraguay akärakú kurupí paraguay akärakú paraguay akärakú paraguay

KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, junio 25, 2005

La patologización del Mal

¿En qué momento de la historia de Occidente desapareció el Mal propiamente dicho, como necesidad del libre albedrío del que se suponía estaba dotado el hombre, como requisito indispensable para seguir acariciando el sueño de la Libertad, como uno de los elementos fundamentales –quizá el más fundamental de todos– de la dignidad humana, y reapareció degradado, envilecido, reducido a mera y oprobiosa "enfermedad"? ¿Qué cifra histórica podremos señalar para datar esta "Muerte del Mal", con el cual hemos muerto también un poco nosotros mismos? Existió una gran época, demasiado lejana, en la que el hombre tenía derecho a reivindicar para sí la libertad de hacer el Mal: fue la época del Monstruo, la del Gran Criminal, la del Blasfemo, la del Demonio –Satán, el Tentador, el Enemigo, a veces horrible, a veces el más hermoso de los ángeles rebeldes, como en Milton–, quizá la del Vampiro, la Bruja y el Licántropo. Hoy, reducidos por la asepsia médica a carne de diván, sólo podemos aspirar, a lo sumo, a ser esquizofrénicos, paranoicos o psicópatas. Perdida para el Mal toda posibilidad de gloria –la gloria del abismo y la de la condena–, ya no puede aspirar más que a la compasión –que no es sino la cara cursi, relamida y pegajosa del desprecio– y a la terapia. Antaño éramos libres para optar entre el Bien y el Mal, entre Dios y Lucifer, y Baudelaire aún podía decir que "hay que tener el valor de llegar tan lejos en el vicio como en la virtud". Hoy, la nobleza y el mérito del Bien y lo impresionante y lo siniestro, lo Enorme, del Mal, han sido reducidos a las categorías moral y metafísicamente paupérrimas de la Salud y la Enfermedad. Probadlo: haced el mal: se os dirá que no poseéis un super-ego lo bastante fuerte, que habéis sufrido traumas en la infancia, que vuestra personalidad es "inmadura" o, en caso de que el delito cometido sea lo bastante grave, que padecéis algún tipo de "psicosis". Eliminada la responsabilidad por el determinismo de los condicionamientos de vuestro "subconsciente", no produciréis ya horror, sino lástima: seréis "explicados". El enigma del Mal ha sido "resuelto" por la ciencia, y, así, vaciado de su poder auténticamente subversivo: de su Verdad. Hoy en día, el mismo Belcebú sería psicoanalizado, o, a lo sumo, recluido en una institución psiquiátrica: pues estas profanaciones del gran misterio del alma humana han sido institucionalizadas, materializadas en edificios, codificadas en tratados, mecanismos todos ellos equivalentes a una suerte de canonización vaticana del "saber". Un saber que no sabe, en verdad, nada: un saber que soslaya el fondo caótico de lo incognoscible y su ultimidad de ser superior a todo lo que pueda conocerse. ¿En qué momento se despojó al Mal, al Gran No, al Gran Rechazo, de toda su dignidad, de toda su oscura y magnífica gloria y de todo su poder? ¿En qué momento se patologizó al Hombre y al Demonio? Esta es una pregunta que tendrán que responder los historiadores. ¿En qué momento, en el sentido profundo en que el misterio del libero arbitrio preocupó a tantas grandes inteligencias de Occidente, dejamos de ser libres?

2 comentarios:

Zaxia dijo...

Glorificar el mal sería también glorificar el sufrimiento (moral),celebrar el dolor.

Desde el mismo origen del pensamiento religioso y filosófico surge la teodisea del dolor en particular y la justificación del mal en general.

Estas justificaciones cobran diferentes aspectos que podemos resumir en tres actitudes claramente diferenciadas:
I) Aquella que reconociendo la existencia del mal intenta combatirlo de alguna forma, manifestada de manera evidente en todas las formas de maniqueismo

II)La actitud resignada que se yuxtapone a la combativa. El mal, en este caso, es inevitable y hay que afrontarlo con serenidad para poder comprenderlo y así eliminarlo.

III)Y la postura que afronta el dolor intelectualmente, por así decirlo. Su posición no es de combate ni de resignación, sino de comprensión y justificación. De alguna manera en esta actitud participan las dos anteriores hasta cierto punto. Pero lo que predomina aquí es la voluntad de interpretación del mal, única manera de salvarse de él.

También podríamos hallar otra forma de afrontar el mal a través de un deseo de dolor. O como una especie de maniqueísmo en el cual, reconocida la inevitable superioridad del mal, se admite que el alma debe plegarse a su potencia hasta reconciliarse con el mal.

En cuanto a la fecha en la cual se pudo inciar "La patologización del Mal", supongo que habrá sido cuando empezó a consumirse alguna pastilla abuela o visabuela del Prozac o, por qué no, cuando apareció la aspirina. Je

Viudo Beodo dijo...

zaxia: no se puede interpretar adecuadamente el Mal, ni afrontarlo intelectualmente, como tú indicas que haría la postura III, porque no es susceptible de comprensión intelectual ni se deja encerrar dentro de teorizaciones, ya que excede la medida de lo humano/antropomorfo: es lo Monstruoso, lo Demoniaco, ya sea prometeico o satánico: es un fenómeno se exceso; la razón no puede reducirlo a la pequeña estatura de los conceptos.