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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, junio 02, 2005

Disglosias liticas

El escritor y poeta Lito Pesolani, sobreviviente lúcido de la generación “Ortiz Guerrero”(la mayoría de cuyos integrantes originales han cedido a la resaca pos-estronista) vuelve a publicar oficialmente poesía después de 20 años exactos. Como anticipo a la edición de “Sermo” (Ediciones de la Ura) ha concretizarse el viernes 17 de junio, deslizamos estas lecturas divagatorias sobre una de las versiones del poema. “ Es un grito estructurado (o pretende erigir una plata-forma desde la cual histrionizar su rito, mito, grito) como una petit sinfonía cageana que empuja a un tal Lito al escenario del poema apostrófico, remotamente lírico o totalmente anti-líriko, con una batuta en mano en forma de batata, bardo loco, disglósico, macarrónico, con sus mil y una lenguas de fuego para azotar el letargo hiper-realista de su platea pati-difusa por interpósita persona que sirve de mediación-traducción: un coro que supuestamente filtra el mensaje violento, divino, para que éste se metamorfosee en blancas-azulosas (por lo de Darío) palomas espirituales o pájaros a lo Hitchcock… más que fusión de música y palabras, espectáculo de cabaret (volteriano) o exhibición de freaks en un circo, concierto de estómagos arremetiendo sobre el aparato fonador con sus regurgitaciones inhumanas (“Todos los hombres usan el lenguaje”, traducción gadameriana de la clásica definición aristotélica), teatro de marionetas c-úbicas agitando el avispero de sus manitas inerciadas por el hilo invisible sobre la gravedad del sentido, a veces alcanzando la luz de un protolenguaje o lenguaje del porvenir en el que el español paraguayo es curepizado, el inglés asume un rostro de paraguayo simulando hablar curepa ("shame sha shame sha"), el alemán es desmembrado por una interjección concretista o estirado como un chicle pos-caligramático o el latín es guaranizado (“ne-quá-m-qum”) o el griego se acuesta leve junto al guaraní en una helenización del guaraní (“olorosa Pilsen ñande mba’e Teeteto”)… sueño jesuita al fin cumplido en la ucronía que monta y habita éste poiético mester de ceremonias, un tal Ortiz Toledano. Se evocan todas las sectas lúdicas, como la del OULIPO (“aiseopoesia / iseopoesi / seopoes / eopoe / opo / p”), comparece Khlevnikov para romper el plano único de la lengua, esa dimensión tiránica que niega que lo puramente fonético signifique. Son los padres mentados con quienes practica la respiración boca a boca para salvar el cuerpo de la poesía .Sobre esta plata-forma, y no forma-plana, las perversiones tienen uniforme (“sadomaso -verde’o- quismo”). Gran fiesta cumbiambera del lenguaje cuyo tema leimotívico posible es la cachaca, esa murga supra nacional, pero intervenida microscópica y cronométricamente como una partitura aleatoria y la vez cósmica (“6.180.339 segundos”). Los instrumentos perfilan a veces una panoplia erudita (que va desde el Dolce Stil Novo o las rimas internas gongorinas hasta la fascinación por formas perfectas muertas, como el soneto de la parte final) y otras incurren en fonetizaciones multilinguísticas en su anhelo de acercar lo más posible el sentido al sonido, el significado al significante, el arpa paraguaya a la celta –que tienen ambas un denominador común, pues tanto los paraguas como los nativos de la verde Erín las tañen con las uñas largas, muy largas–, las flautas medievales a las de la narración fantástica, creadas para salvar y usadas para acorralar al lector junto a los abismos de la albúmina originaria de la lengua, antes de la mítica división babélico-política. Y, por encima de todo, resuenan las onomatopeyas sacadas del cómic más barato, las disonancias del virtuoso y estricto atonalismo, y ruido, mucho ruido, para evitar toda, aun la más mínima, eclosión lírica, pues se trata de despertar y no de narcotizar con los opios de la biblioteca de la evasión formalista convencional. El espacio burocrático se imprime de letras con una alegría de funámbulo desencantado. La electricidad del sistema nervioso central mentada por MacLuhan carbonizando su soporte como salvajes malones nómadas para que toda hierba lírica para rumiadores anacrónicos sea extirpada. La erudición latina colabora con sus rivales bárbaros en esta ruina que revela en su autopsia filo-lógica la dislexia de fondo que nos alimenta. El vértigo esquizoide de las letras ya no encuentra apoyo para sus certezas enraizadas antaño en el Diccionario de la Real Academia. La Gramática general del cristiano nuevo Nebrija (citado en algún punto del remolino verbal) sólo sirve para lanzar estertóreos crujidos en la orquestación final. Música para estos tiempos, el texto alcanza su cenit en el desmoronamiento de las vocales de su arquitectura ideal. El tiempo no es más que la cuarta dimensión del espacio poiético. Pero en el continuum espacio-temporal el texto se sitúa más bien del lado del estatismo de la extensión que del dinamismo musical del devenir. Texto fijo y como taxidermizado en la imagen, en lo icónico de la grafía, sin los altibajos emocionales de la melodía, fría música no para los oídos, órganos del sentimiento, sino para el ojo, correlato sensible del cerebro. No hay gradaciones en la intensidad del tiempo, del allegro molto vivace del júbilo a la perezosa lentitud de la melancolía, de la vivaz aceleración de la furia al tempo ralentizado de la serenidad: la lírica se ha congelado. Una instantánea que aquieta y desnuda la vida en la crudeza de sus estructuras inmóviles: música para el ojo. Sin embargo, algo se mueve, a la manera de una arborescencia pétrea, acaso las ramificaciones de la imprenta dentro de la composición de campo; incluso se puede hablar de una plasticidad de lo inmóvil que explicaría las metamorfosis constantes que aquejan a las palabras, la dinámica de los deslizamientos visuales y conceptuales, cuanto más ínfimos mejores, la mudanza de las letras de su emplazamiento ortodoxo, que nunca es mera errata sino cambio de lengua, de cultura, de mundo, bajo el imperio del “efecto mariposa”. El todo, si tal cosa existe, remite, no a una orquestación, sino a un landscape. A un paisaje que fusiona lo futurista y lo prehistórico: panorama del mundo mega-lítico. La emoción no habita en las variaciones sino en el golpe de vista sobre algo quieto, en la inmersión en un espacio predeterminado. Tinta sobre papel como piedras y hierbas sobre la tierra o como descarnadas osamentas de hierro y hormigón sobre el cemento. El sobrio metabolismo de lo inorgánico. Sólo estratos fijos en el espacio de la hoja, contrayéndose en el rectángulo vertical como la torre de un soneto, o desparramándose en una prosa que busca explicar su inadecuación poética. La realidad, la “verdadera”, la que ha expelido esta infamia literaria, es el fondo silencioso irredimible que acoge este grito atonal, estos versos polirrítimicos, este calidoscopio poético-visual, que volverá a cogerlo en su trampa ancestral si el lector no se despoja de sus antiparras y sus orejeras, si no patea el sillín del paraíso, si no se desanuda su black-tie ad hoc, si no la mastica y no salta, “a la mexicana” o con saltos de pogo punkiñho, para gritar a su chamán pos-apocalíptico: ¡da capo, da capo!”

1 comentario:

joaquín dijo...

kuru, hace 4 meses no me paseaba por acá. es un acto de coraje y buena onda el haber publicado este comentario acerca del supradicho sermo. glup.
ah, y la flia se agrandó ? xanto ?