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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, mayo 26, 2005

horadando los estratos simbólicos

Creo que el único lugar del mundo en que los perros (muchachos, socios, shera’as) tienen pendejas (chicas, minas, amigovias) es ñandé Paraguay. Entre los chamacocos del chaco paraguayo los anabsonro son sus seres demoníacos primigenios. Los anabsonro tienen un punto vulnerable, el tobillo, una prueba de su carácter demoníaco. Bueno, el jefe de los anabsonro es Poitchúwo, interpretado como gran can mítico. El hombre-can es un motivo difundido entre los pueblos circuncaribes, sin embargo aparentemente sólo sobrevivió entre nosotros. La interioridad, que solemos hacer proceder o atribuir su origen a Platón, tiene una realidad más cotidiana y cercana entre nosotros a través de la lengua materna, se siente su realidad por medio del habla. Así wátswot (interior-corazón). Idiomáticamente todos los términos referentes a la emoción, volición, memoria, carácter son en realidad simples verbos de acción con el agregado de wátswok, uno de los más notables, característica de las lenguas de filiación maskoy, por ejemplo. “tamhaaha wátswot” es “sentirse con ánimo tumbado” (“trabajar en el interior”, literalmente); “pytsyinnyngyyi abwátswot” es “sobrecogido de miedo” (“estremecerse por dentro”); “intlenchy abwátswot” es “pensar” (“dirigirse hacia dentro”), etc. En Guayakí “yapó” (hacer/trabajar) significa trenzar/cestar. Siguiendo con la cestería y artes aledaños, entre los chaqueños los motivos en las bolsas de caraguatá (bromeliácea) son una consciente estilización geométrica de las pieles de animales silvestres, por ej.: las bandas continuas se interpretan como “el lomo de los armadillos”, las discontinuas como “piel de víbora yarará”; las paralelas como semillas de cañas; las alternadas como gusanos, especialmente ciempiés; las quebradas como patas de psitácidos; los motivos romboides como ojos del tigre chaqueño (yaguareté) o frutos de tunas; los triángulos se identifican con las escamas de los peces (pilcomayenses) o nidos de avispas (centrochaqueñas); los motivos hexagonales con cáscaras de frutas, caparazón de tortuga o de tatú (armadillo); los pentágonos con el ojo de búhos o de caranchos; las grecas con el lomo del ñandú (avestruz chaqueño), iguana, etc. Para terminar este divague nostálgico culturalista, nosotros que habitamos la tierra estéril de lo simbólico o en todo caso su reducción al acotado campo del arte, mencionemos a la mujer-caraguatá, mujer-chamán que manipula los fenómenos meteorológicos. Podríamos seguir con el “tatú rapé” (camino del armadillo): una suerte de entretejido en la cestería. Sin olvidar el camino de los ñandú, constelación que veneran los chaqueños….

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