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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, mayo 10, 2005

El cansancio de Occidente

Si el concepto kühniano de “paradigma” y el foucaultiano de “episteme”, al plantear la inconmensurabilidad de los sucesivos mundos históricos y sus logros científicos o culturales, han dado un coup de grace a la noción de una historia acumulativa del saber, en la que cada nuevo estadio supondría una superación o un “cambio para mejor” respecto al precedente, esto pone definitivamente en entredicho la vieja idea, tan bien sustentada, primero por el iluminismo dieciochesco y después por el positivismo decimonónico, de “progreso”. Habríamos pasado, más que de un estado de ánimo optimista a uno pesimista, del avance seguro del que pisa firme sobre sus cimientos a los gateos y pininos de un desorientado infante muy escéptico sobre la solidez de los mismos. Occidente desconfía de sus supuestos y se inquieta ante sí mismo… ¿comienza a envejecer? En todo caso, más allá de los ámbitos relativamente especializados del pensamiento epistemológico y filosófico en general, hay en la actitud vital de cuantos hemos nacido después de la época “gloriosa” del apogeo de las últimas generaciones de jóvenes “idealistas” (los años 60 e incluso los 70) un cierto desencanto. No carecemos, sospecho, de sentimientos de descontento, ni siquiera de impulsos francamente subversivos, pero no poseemos el catecismo ideológico imprescindible para canalizarlos, no digo ya con eficacia, sino incluso con “sentido”. Viejos hoy, aquellos “jóvenes idealistas” de las pasadas generaciones nos reprochan tácita o abiertamente nuestro conformismo. Es ésta (al menos en los casos más o menos dignos) una visión un tanto superficial, un tanto, si se quiere, “psicologista” de la cuestión: la obsolescencia contemporánea de las utopías políticas y de las convicciones revolucionarias sería una cuestión de “temperamento”, más rebelde en el caso de nuestros padres, más cobarde en el nuestro. No creo que esto sea verdad en todos los casos (sí lo es en muchos, pero me temo que siempre ha sido así, incluso en los míticos años 60). Personalmente, diría que constituimos un epifenómeno generacional de la senectud de una cultura, del gran y melancólico crepúsculo de un Occidente definitivamente desencantado.

1 comentario:

Xavier dijo...

Disiento con el concepto de paradigma de Tomas Kuhn. Soy de las carpas de Jurgen Habermas. Aguante Jurgen!