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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, mayo 18, 2005

Arqueología personal

El chiste de las computadoras en realidad se encuentra en otro lado y no en el lugar desde donde todos los promotores lo propalan y vocean. En el trasvase de las viejas y apergaminadas hojas garabateadas en una época lejana, como escritas bajo la luz penumbrosa de una cueva troglodita, al cuadrado cool de luminosidad que expande el artilugio catódico. En el año 90, Kurupicho y una panda de persons sacaron un fanzine pretencioso y confuso llamado “Tiempo Indigente”, que conoció apenas dos números y un tercero impreso pero ya sin distribución, fanzine plagado de galimatías nihilistas y desplantes oraculares. Si la prensa asuncena, amiga y legitimadora de efemérides cada una más absurda que la otra, anda en plena campaña conmemorativa-nostálgica de recordación de la visita papal del 88, el kurupí pide perdón por sucumbir a la exhibición puramente personal de rescatar un texto de esa época ingenua y pedante. Acaso esto sirva para demostrar el poder sofístico de las teorías que manipulan realidades con una solvencia falsa y mixtificadora. La capacidad simpática aunque perversa de manipular conceptualmente lo real mediante la última jerga en boga. Hoy sería difícil refrendar posiciones tan totalitariamente teóricas como las expuestas en este texto rescatado del olvido, cuya víctima propiciatoria fuera entonces el judío simplón de Woody Allen. Les dejo con el escrito de marras, comentando la anécdota de que, durante la repartición gratuita de las hojas fotocopiadas, éstas producían un rechazo instintivo entre los chicos y chicas de la facu de Itá Pyta Punta, comprensible hoy, a la distancia, como un gesto sabio y sin visos de prejuicios anti-ilustración . “El antinietzscheanismo de Hannah y sus hermanas. “Hannah y sus hermanas, como la mayoría de las películas de Woody Allen, tiene a Nueva York como escenario. En ella mora Hannah (Mia Farrow), una mujer delicada y sencilla, cuyo marido le pone los cuernos con su hermana Lee (Barbara Hershey); la otra hermana es Holly (Diane West), la eterna desgraciada que salta de fracaso en fracaso. Woody hace de Mickey (ex-marido de Hannah), que, de ser un exitoso productor de películas, sucumbe a la angustia existencial ante un universo absurdo y, súbitamente, sin Dios; desesperado, recurre a la sabiduría de los grandes filósofos, el cristianismo y el Hare Krishna, sucesivamente, en una progresión que va del desaliento a lo grotesco. En realidad, la médula de la película se encuentra en Mickey y las “hermanas”, en especial Holly. Hannah tiene más bien un valor formal y cohesionador de las historias individuales. El segundo y último movimiento del filme da la solución a todos los problemas que había planteado el primero. Lee abandona el adulterio, Hannah recupera a su marido, Holly supera su cocainomanía temporal y su auto-obscurecimiento al frecuentar antros de música punk y Mickey, después de pasar revista a todas las estructuras fuertes, considerándolas estériles, cede al matrimonio y a la familia casándose con Holly. “Friedrich Nietzsche concebía el mundo como una obra de arte continuamente creándose a sí misma. Lo que caracteriza al mundo, por detrás del orden y la estabilidad –estos son sólo máscaras, identidades temporales–, lo “duradero”, es la microagitación caótica del devenir de las fuerzas, que subyace y engloba a la historia. El “Ser” de Nietzsche es un devenir, por oposición a la identidad estable de la metafísica tradicional, devenir articulado como fenómeno radicalmente contingente, como pura e imprevisible potencialidad sin fin, como una “tirada de dados”, como una “inocencia del devenir”. En suma, mera y orgullosa ontopoética. “En Woody Allen sucede todo lo contrario. Si hay desorden, caos, un devenir aleatorio, éste se da sólo como convulsión, como un accidente temporal y superable. El fondo primordial y literalmente estable es el Orden de la historia y de una sociedad racional y necesariamente disciplinaria. Margueritte Duras tiene razón al decir que no existe una Nueva York-Woody Allen, como por ejemplo existirían una Nueva York-Chaplin y aun una Nueva York-Scorsese. Él carece de una luz personal que pueda dislocar y deshacer esa ciudad. Él la atraviesa, pero todo queda incólume, en su lugar y sin sufrir ninguna modificación radical. És un artista del inmovilismo y de la reconciliación. Para él, Nueva York sólo tiene una cara. (Recordemos que, entre todos los personajes, Hannah es la que menos accidentes dramáticos sufre; ella es el símbolo de Woody en la película.) Tampoco estamos de acuerdo, porque la peli empiece y termine en un Día de Acción de Gracias, como lo han hecho algunos, en considerarlo un pesimista que da gracias a Dios. En realidad, se nos hace imposible no ver en él al típico norteamericano conservador. Aquel que hace la apología del orden, la homogeneidad, el consenso, el sentido común (el de la estadística, los test, el rating, etc.). En fin, aquel que sufre la fobia ante lo heterogéneo, multiforme, azaroso, fantástico, el sentido equívoco, el LSD, el fluir de la conciencia, el Kaoskosmos. Woody Allen es uno de esos nihilistas pasivos de quienes había dicho Nietzsche que prefieren creer en un dios antes que soportar la Nada. Cristino Ivanovich”

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