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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, abril 16, 2005

Camello parabólico

Dina, trotamundos y amiga de los kurupíes, que iniciara sus viajes con aquel primer periplo desde la ciudad del Cacique (Lambaré) hasta de la Fausto (Staufen), nos escribe acerca de un camello que conoció hace poco en Túnez. Posible consuelo de ricachones con mala conciencia, este giboso cuadrúpedo, si bien no ha atravesado todavía el ojo de la bíblica aguja, al menos ha subido por una estrecha escalera: “No he conocido gente más friolenta que los tunecinos. A pleno sol, con un calor que por momentos alcanzaba los 30 grados, todos estaban abrigados como sí fuese un día de invierno. Los extranjeros éramos detectados por nuestras mangas cortas. Algunos ancianos y niños tenían incluso gorras y bufandas. Otros, vestidos tradicionalmente, iban cubiertos con gruesas túnicas de lana. Sin embargo, están acostumbrados a veranos tanto o más calurosos que el paraguayo, con la desventaja de que no llueve y no hay mangos a cuya sombra encontrar refugio. Pero se puede caminar hasta las zonas costeras, que reciben la brisa fresca del Mediterráneo. Estuvimos hospedados en Hamammet, a la orilla del mar. Sólo algunos recios habitantes del norte europeo se animaban a zambullirse, pues, aunque el aire ya estaba tibio, el mar empieza a calentarse recién a finales de abril. En el zoco de Túnez están posiblemente los vendedores más fastidiosos e insistentes que puedan llegarse a conocer. Aseguran al turista curioso, por ejemplo, que cierta vasija antigua pertenecía a su tatarabuela y que cuesta 600 dinares. Al final, tras una persecución de diez cuadras, él lo comprará por 50, orgulloso de haber logrado tan buen precio, para ver el mismo objeto vendiéndose por 20 en la próxima cuadra. Sí eres una mujer que camina sola por las calles, te susurrarán los precios (en español, francés, sueco, portugués, alemán e italiano) casi en la cara. Pero si estás acompañada por un hombre te ignorarán para atacar sólo al que suponen poseedor de la billetera. La foto de un hombre de rostro paternal –el rostro que podría tener cualquier caudillo latinoamericano– se encuentra en grandes afiches en todas las calles, bares, tiendas, etc. El gran padre alzando niños, sonriendo bienaventurado en cada esquina. Se trata de Ben-Alí, el "presidente democrático", que rige, reprimiendo severamente a sus opositores, desde 1987. Aunque ha promovido reformas ejemplares, como el establecimiento de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, ha transformado Túnez en uno de los países económicamente más estables de África y ha promovido la unificación de diferentes grupos étnicos y diversas corrientes religiosas musulmanas del país, ha cometido quizás el peor error que un político puede cometer: apegarse al poder hasta perder la noción de sus límites. Kairouan es una de las ciudades más importantes del mundo islámico. Es la cuarta ciudad sagrada, después de La Meca, Medina y Jerusalén, y lugar de peregrinación de miles de creyentes durante todo el año. Los niños jugaban con sus trompos en las angostas callejuelas del centro histórico de Kairouan. Nosotros les prometimos a nuestros niños que les mostraríamos camellos. En Kairouan hay camellos; estábamos seguros. Lo aseguraba la infalible guía. Pero ¿dónde encontrarlos? Con nuestro pésimo vocabulario francés y sin nada de árabe, nos dirigimos a dos mujeres veladas y cubiertas de pies a cabeza. “Camelle, camelle”, insistimos, y Fatma, Samira y el pequeño hijo de una de ellas nos explicaron el camino. Como no entendimos una sola palabra, nos urgieron a seguirlas por un tortuoso dédalo de calles hasta llegar a un edificio de dos pisos. Nos in- dicaron que subiéramos por una estrecha escalera. Nos miramos desconcertados: ellas debieron entender otra cosa; era imposible que un camello hubiera trepado por esa escalerilla. Aún no lo entiendo: o el camello creció en esa sala o lo transportaron en helicóptero. Pues, efectivamente, estaba allí arriba, en una sala fresca y semioscura, totalmente adulto, enjaezado como para una boda, fortachón, con aire aburridísimo o quizá resignado, dando vueltas eternas al engranaje de una fuente de agua. Samira y Fatma nos sentaron entre ellas, a falta de un lenguaje común nos sonreímos todo el tiempo y nos dieron de beber el agua de la fuente del mismo tazón del que ellas, su niño y todos los demás bebían. Y, saltando sobre las consignas de no beber sino agua mineral embotellada, la bebimos con la libertad de sentirnos en casa con ellas y su niño, que nos dieron su tiempo y su aprecio sin conocernos ni entendernos, aceptando nuestras vestimentas y maneras tan distintas de las suyas. Antes de volver quise conocer las ruinas de la ciudad de Aníbal, el poderoso general cartaginés que puso en jaque al Imperio Romano en tiempos de su máximo esplendor. Cartago es hoy día sólo una región histórica, que ya no lleva ese nombre, a pocos kilómetros de la capital, Túnez. Las flores de primavera, recién abiertas en una multiplicidad de colores y formas, cubrían casi por completo los restos de murallas y paredes. Un jardín encantador invadiendo las piedras, con abejas zumbando, oloroso a hierbas aromáticas y frescura. Qué mejor destino para las ruinas de un sueño de grandeza y poderío que se diluyó en la historia como tantas otras ansias humanas que sólo mienten una eternidad que no poseen. P.D. El agua del camello no nos ha enfermado hasta el momento.”

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